Sumario. Entrevistas. Carmen Posadas
Carmen Posadas Carmen Posadas
por Maria Tena
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Carmen Posadas.1953. Montevideo (Uruguay) reside en Madrid desde 1965. Ha publicado varios libros de literatura infantil, dos libros de relatos y tres ensayos, además de haber colaborado en guiones cinematográficos y de televisión. En 1998 obtuvo el Premio Planeta con Pequeñas infamias. Sus novelas son Cinco moscas azules (Alfaguara, 1996) Nada es lo que parece (1997), El señor viento Norte, Kiwi, Hipo canta, Dorilda, La Bella Otero (Planeta, 2001), Por el ojo de la cerradura (Temas de hoy, 2001) y La hernia de Viriato (2002) esta última junto a su hija Sofía Ruiz del Cueto.

EL BUEN SIRVIENTE

Quedamos en su casa del centro de Madrid. Una casa de techos altos y ventanas grandes. Detrás de los cristales llueve a cántaros. Una vez dentro, los sofás amplios y la sonrisa entre tímida y abierta de la escritora pintan la atmósfera de calidez.
Vista desde cerca Carmen Posadas sorprende. No parece, como algunos podrían suponer, la mujer de alta sociedad que pisa con soltura salones alfombrados, sino más bien una persona que ha leído mucho y que está imbuida de las dudas y las inseguridades que tienen las personas inteligentes. Destaca en su discurso la voluntad firme e inequívoca de ser juzgada por lo que escribe y no por todas las leyendas de papel couché que han rodeado su vida, ni siquiera por lo guapa que es.
En el momento que la entrevisto dos editoriales de la envergadura de Penguin y Random House se han estado peleando por publicar Pequeñas Infamias la novela con la que ganó el Planeta que bate cifras de venta en Francia, en Italia. Le pido que hablemos sobre el oficio de escritor porque el éxito, la fama que le acompaña desde hace años o las infinitos números de ventas de sus libros son bien conocidos por sus lectores.


¿Por qué empieza a escribir?

En realidad no empecé muy joven. Tenía ya catorce o quince años, hay gente que empieza antes. No conservo nada de esa época, escribía un diario y textos breves.
Fui una niña muy preocupada por temas espirituales. No era algo impuesto por mis padres, simplemente me interesaba, lo cual era raro en un país tan laico como el Uruguay donde por ejemplo a la Semana Santa se le llama "Semana de Turismo" y a la Navidad "Fiesta de la Familia". Pasé por muchas fases. Fui atea, budista, anglicana, católica una especie de búsqueda. Me recuerdo de niña preguntándome que si fuera cierto que había una sola religión verdadera los mahometanos cuando llegaran al cielo se iban a sorprender mucho. Luego esa búsqueda se fue haciendo más elaborada, más sofisticada.

¿De alguna manera escribir es preguntarse?

Así, preguntándome, empecé a escribir cuentos para niños. Me había casado a los diecinueve años. Mientras mis hijas eran pequeñas intenté ser la madre perfecta, la esposa ideal. Como lo había hecho todo tan rápido, a los veinticuatro años ya tenía a las niñas criadas y me preguntaba ¿qué hago el resto de mi vida?
Sólo asistí a la Universidad un mes, luego me casé y siempre he sido una persona muy individualista. Sabía que me iba a ser difícil adaptarme a trabajar con un jefe o con otras personas así que la literatura fue la salida perfecta. Retomé textos que tenía escritos y los llevé a publicar.
Escribía muy de vez en cuando, un libro al año, pero he seguido escribiendo literatura infantil regularmente desde entonces.

¿Y libros para adultos?

Estaba viviendo en Londres. Me encontré con Vallejo Nájera y me propuso que pensase en escribir algo para la colección Temas de Hoy. En ese momento se me ocurrió hacer uno de esos libros tan de moda en el ámbito anglosajón, los libros que aquí se llaman de ayuda o de autoayuda y allí se encabezan siempre por How to. El tema del momento eran todos esos nuevos ricos que querían ser elegantes, ser conocidos, salir en el Hola, etc. Pensé que sería gracioso hacer en broma un libro de instrucciones para ellos y le puse de título Manual del perfecto arribista. Era un libro hecho con mucho humor que se vendió estupendamente, fue un best seller.
Lo que no sabía es que ese comienzo iba a marcar tanto mi carrera literaria y me iban a identificar con la caricatura que, desde la ironía, yo había creado en ese primer libro. Es decir, como era sudaca y conocida, la arribista acabé siendo yo o por lo menos pareciéndolo. Todo ello coincidió con mi vuelta a Madrid y me sentí arrastrada de pronto por una vorágine completamente involuntaria. No era precisamente la imagen que quería dar. Era una broma, jamás pensé que lo iban a identificar conmigo. Eran los años ochenta, el dinero fácil, una onda muy frívola en la sociedad madrileña y fue también cuando empecé a salir con mi segundo marido. Esos condicionamientos personales han marcado mi carrera posterior y el concepto erróneo que muchas personas tienen todavía de mí.
Dado el éxito del primer libro me pidieron otro para la misma colección y escribí El Síndrome de Rebeca sobre lo que significa ser la segunda mujer de alguien que también se vendió muchísimo.

¿Por qué tardó tanto en escribir su primera novela?

Tardé mucho en atreverme. Nadie me tomaba en serio, había escrito esos libros desde la ironía, con sentido del humor y eso me condicionaba. Además soy autodidacta, no me atrevía.
Empecé a escribir una novela y coincidió con una serie de circunstancias personales que me afectaron mucho. La tuve que dejar porque tenía un componente autobiográfico que la hacía difícilmente publicable en ese momento, aunque la había escrito antes. Tenía ya más de doscientos folios, fue muy duro tener que abandonarlo, lo pasé muy mal.
Un año más tarde escribí "Cinco moscas azules" y a partir de entonces sólo me dedico a escribir, vivo de eso.

¿Cómo es el camino que sigue. Cómo aprendió?

Los niños son lectores exigentes, te obligan a emplear todos los trucos posibles. Se trata de instrumentos para arrastrar al lector que valen también para la escritura para adultos. Recetas necesarias para que el lector no cierre el libro que es en definitiva de lo que se trata. Con la literatura infantil aprendí que es necesario enganchar al lector desde la primera frase.
Fui también al taller de Clara Obligado y al de Mario Merlino. Lo que enseñan los talleres literarios es a perderle el miedo a escribir. Allí por primera vez empecé a leer como leen los escritores. Siempre he leído, mi padre era un gran lector y nos lo contagió, recuerdo haber leído muy joven a los clásicos, pero otra cosa es leer como escritor, ver la carpintería que el escritor ha utilizado. Pierdes algo de la ingenuidad y del placer de la lectura pero es como se aprende a escribir.
Lo más importante para un escritor es leer, eso es la verdadera escuela del escritor.
Allí me enseñaron también a escribir cuentos para adultos, a medir las frases, a redondear un relato.

Desde donde parte para escribir su primera novela

Fue como una receta de cocina. Cuando me planteé Cinco moscas azules lo primero que me pregunté fue si yo podía aportar algo nuevo, qué podría escribir que sólo lo pudiese escribir alguien como yo. Me propuse entonces retratar a un mundo que normalmente no está bien reflejado en la literatura actual. Hasta el XIX toda la literatura trata de ese mundo pero a partir de ahí cuando los escritores actuales intentan retratar a las clases sociales que no conocen, frecuentemente las deforman, llegan a retratar en las clases altas a señoras que van con pamela y que fuman en boquilla, las ridiculizan demasiado. Pensé que yo podía dar una visión más realista de ese mundo por mi experiencia vital.
Fue todo muy premeditado. Me leí para prepararme todo Truman Capote y Dickens. Dickens tiene dos características que me interesaban especialmente: fue capaz de llegar a un público muy amplio pero también interesaba a un lector más literario. En él están tanto el folletín como el retrato social, el retrato psicológico, la sátira. Tiene esos trucos de cocina literaria que me fascinan.
Pensé, hagamos un retrato psicológico, una sátira social sin estereotipos y una trama de intriga que sea la percha de donde colgar todo eso. La trama se me ocurrió sobre la marcha. Pretendía así llegar a varios tipos de público.

¿En su primer libro hay algo de venganza contra ese mundo? ¿cree que en la Literatura hay algo de venganza?

No fue algo deliberado. En Cinco moscas... salió ese personaje del subconsciente que podía ser identificado con un personaje real. Pensé: lo camuflo, lo disfrazo, pero era tan importante para lo que yo quería contar que no podía prescindir de él. Al final las cosas salen del subconsciente, de otro camino.
Creo que todo lo que no tiene punto de partida en la literatura no vale. Si dices por ejemplo: "voy a escribir un libro feminista", no vale en literatura. Otra cosa es partir de la literatura y que te salga un libro feminista.

¿Pero el odio sirve en literatura?

Sí pero si sale sólo, no si es algo premeditado, voluntario. Lo que tiene que ser premeditado es querer escribir un buen libro.

Así que elaboró la novela como un producto de laboratorio.

No tenía ni idea de lo que iba a pasar. Empecé por el capítulo seis en el balneario y tuve que volver atrás. Había una idea central. Notaba en mí como una autocensura permanente. Un complejo que a veces se tiene por pertenecer a una determinada clase social. Es un complejo estúpido porque las pasiones humanas son igual en cualquier clase social, la clase social en una novela es el decorado, nada más.
Cuando ponía palabrotas y cosas que podían molestar a personas que conozco pensaba:¿qué va a decir mi padre cuando lea esto? Utilicé el sistema de poner en un personaje lo más alejado a mí -un homosexual de 60 años- todo lo que yo pensaba, con eso me quedé tranquila.

Y ese libro tuvo mucho éxito...

Fue un gran éxito también gracias a la editorial, esas carambolas de la suerte. Lo publicó Alfaguara. Me había hecho una entrevista Vázquez Montalbán para un libro que se llamó Un polaco en la Corte del Rey Juan Carlos. Seguramente tenía una opinión tan mala sobre mí que al conocerme personalmente se debió sorprender y eso hizo que Juan Cruz diese la novela leer a unos lectores más literarios de lo que me hubiera correspondido. Se hicieron 50000 ejemplares de entrada. Hubo una campaña de promoción muy profesional. Nadie esperaba que pudiese escribir un libro así. En principio mucha gente piensa que soy imbécil, es la tónica general.

Después surgió lo del Planeta.

Al Planeta también le debo muchísimo, hay un antes y un después de ese Premio. La proyección internacional es enorme. Pequeñas Infamias se ha traducido ya a varios idiomas. En Francia se han vendido más de cien mil ejemplares, acaba de salir en Italia, sale en Alemania el año que viene, en Rusia, en EEUU en primavera, en Inglaterra etc.

¿Cómo influye la fama en el contenido de lo que escribe?

Mi caso es atípico. Me ha costado muchísimo borrar esa imagen creada por una serie de circunstancias y no por lo que he escrito. Hace unos días todavía me pelee con una persona porque decía que yo tenía un negro. Juego con desventaja total, nadie me cree.
Soy poco sociable: Me produce mucha angustia, mucho vértigo la relación con la gente pero a la vez es una esquizofrenia. Me digo ¿cómo te vas a quedar en casa? Hace poco vi una foto de la casa de Herman Hesse que tenía un cartel en la puerta que ponía NO PASAR, me sentí muy identificada con él. A la vez me gusta el contacto con los lectores, es muy gratificante.

¿Para quién escribe?

Pienso mucho en el lector aunque al final el modelo que tengo soy yo. Me gusta hacer del lector un cómplice. El narrador tiene que decir "Ven que te voy a contar...vamos tu y yo a descubrir..." Esa actitud de la literatura oral, esa complicidad Y no la superioridad que exhiben algunos escritores. Me gusta que la novela tenga dos movimientos: un movimiento de rotación, es decir que la frase sea perfecta, la idea clara, atractiva, y al mismo tiempo un movimiento de traslación que te vaya llevando al desenlace sin hacer trampas.


¿Corrige mucho?

Corrijo más que escribo. Lo que más hago es corregir. No hago estructura, me pongo directamente a escribir, en eso cada persona tiene su sistema. Cuando escribo tengo la sensación de ser la primera lectora y la más sorprendida. Surgen cosas que la vas hilando con otras. Como si el texto tuviera su propia vida, su propia coherencia que a veces es ajena a ti o por lo menos a tu parte consciente. Se dan incluso casualidades que no se habían previsto y surgen solas.

¿Tarda mucho en escribir un libro?

Con Cinco moscas tardé casi tres años. Pequeñas Infamias, un año y medio, La Bella Otero más o menos lo mismo.
Me doy un año de vacaciones después de cada libro pero no dejo nunca todas esas cosas accesorias que conlleva ser escritora, la promoción las charlas, las entrevistas... Que los lectores te conozcan directamente es importante. Llegar a la fama por otras vías es muy engañoso y enseguida te cuelgan etiquetas, te dejan de tomar en serio.

¿Cuáles son sus libros, sus autores fundamentales?

En Shakespeare está todo, fue el que mejor describió las pasiones humanas y consiguió también escribir genialmente sobre lo más pequeño, lo banal. La Biblia es un libro inacabable. Lo que intento cuando escribo es que haya algún territorio común de referencias clásicas más allá del texto. Lo que pasa es que se han perdido muchas referencias, hay un desconocimiento general del Nuevo Testamento, de los clásicos. Sólo se pueden hacer ya juegos de palabras con Caperucita Roja o con el cine, si se hiciesen con Conrad el lector mayoritario no lo entendería. Me gusta ir dejando piedrecitas como Pulgarcito. Que haya varios niveles de lectura
De los españoles vivos me gustan sobre todo Luis Landero y Eduardo Mendoza. Tengo muchos amigos en ese mundo, pero individualmente, ya no existen las tertulias como antes cuando los escritores se veían mucho y si hacía falta se comían crudos unos a otros.


¿Qué está escribiendo ahora?

He tenido problemas espantosos, tuve por primera vez el writers block porque lo que empecé a escribir tenía una fuerte connotación autobiográfica y no conseguía avanzar.
La novela para mí al principio es una cosa informe en la que tengo que encontrar el camino para entrar y no había manera, estuve casi un año y lo dejé. He empezado algo distinto y va muy bien. No hay que emperrarse, hay temas que se encasquillan. Me salía todo artificioso. Ahora escribo sobre una madre y una hija. Me interesan los conflictos dentro de la familia.
Estoy en pleno trabajo creativo.

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