Sumario. Libros. Reseña. Kasandra
Kasandra  
Alicia de la Fuente  
Entrelineas Editores, Madrid 2002 Ver anteriores
Amor con música de fondo
Alejandro Pérez-Prat Madera

Este primer libro de la escritora canaria Alicia de la Fuente, editado por Entrelineas, consta de una novela corta (Kasandra) y nueve cuentos, algunos de ellos hiper-breves, agrupados bajo el título de El cajón de los botones. En Kasandra asistimos a los inicios de una conflictiva relación de amor entre dos mujeres, a sus primeros encuentros sexuales, descritos con una lograda sensualidad, por cierto, y a las dudas existenciales que todo ello provoca en las dos. Kasandra es una violinista profesional y Ana, que nos narra la historia de forma autobiográfica, una pintora vanguardista, moderna, intelectual y tatuada. Acompaña a las dos protagonistas un tercer personaje, Kalem, un homosexual amigo de Ana que es su paño de lágrimas y su consejero sentimental.
La narración indaga en la psicología de Ana (también en la de Kasandra pero menos intensamente), en su miedo al compromiso, a la desilusión y en su imposibilidad para expresar los sentimientos. Así, Ana nos traslada en algunos momentos a su infancia y, a la par nos muestra sus inquietudes en el presente. Buceamos junto a ella por sus sentimientos, intentado encontrar el origen de sus miedos.
De todo esto se entera uno si consigue superar los tres primeros capítulos, durante los cuales el lector no acaba de situarse. La prosa de Alicia de la Fuente brilla por momentos y por momentos enerva. La profundidad de la indagación psicológica queda en ocasiones oscurecida e inaprensible debido al uso de forzadas comparaciones y párrafos un tanto intrincados ante los que el lector tiene la sensación de que faltan palabras, falta claridad para la adecuada interpretación del texto. El lector suele ser listo y las cosas las más de las veces quedan mejor expresadas si solo son sugeridas, evitando aclaraciones superfluas, pero tampoco tiene la sobrehumana capacidad de leer el pensamiento del autor y desentrañar sus intenciones. Hay en la obra una alternancia entre párrafos grandilocuentes y otros casi coloquiales que desconcierta y, peor aún, dificulta la lectura que, por otro lado, en muchas ocasiones, resulta fluida y muy sugerente.
Los capítulos llevan un doble título, el suyo propio y el de un tema musical que flota en el aire de cada uno de ellos -salvo en el que se relata una intensa crisis de ansiedad y que lleva el adecuado subtítulo de Silencio-. Es un recurso original y funciona como una especie de hilo musical de la narración -sólo deja de oírse durante esa puntual caída en el abismo-, pero perderá el adecuado valor ambiental en cuanto el libro caiga en manos de un lector que no conozca dichas canciones, restringiendo con ello el abanico de edades que podrán comprender íntegramente el contenido de la novela. A una determinada generación, de la que el que suscribe forma parte, les parecerá un recurso simpático aunque muy coyuntural. En el final, que no voy a desvelar, las canciones también juegan un papel importante, quizá demasiado.
El estilo un tanto desequilibrado de Kasandra pasa a ser bastante más uniforme en cada uno de los nueve cuentos que completan el libro. Son textos también intensos e intimistas, un tanto abstractos y, algunos de ellos, parecen formar parte de un todo más amplio.
A pesar de todo, los gratos e innovadores momentos brillantes de esta escritora revelan un gran potencial narrativo. Los que, como yo, tienen un particular interés por los nuevos escritores que empiezan a publicar en pequeñas editoriales independientes, esperarán con expectación sus próximos frutos.
Alejandro Pérez-Prat Madera


Literaturas.com