Como el agua
Miguel Baquero
Andrés Trapiello es un escritor extraordinariamente prolífico.
Abrumadoramente prolífico, cabría decir. A razón
de un par de títulos por temporada, más sus célebres
diarios (de los que anda ya por el tomo diez u once), más
sus poemas y ensayos, más columnas y colaboraciones y discursos,
más cartas y otras páginas sueltas... con toda esta
obra Trapiello se ha convertido ya en el paradigma actual del escritor
copioso y, a poco que no se refrene, en un par de años va
a alcanzar las cotas del mismísimo Tostado, ya saben, aquél
que escribía tantísimo. Podría decirse que
en Trapiello la escritura, en metáfora que le será
grata, fluye como el agua, continua y permanentemente; pero ya se
sabe que las propiedades del agua son ser incolora, inodora e insípida
y, además, cuando sale calentorra, francamente inapetecible.
Los amigos del crimen perfecto es, en el momento de escribir esta
crítica, la última obra en los escaparates de Trapiello.
Se trata de una novela con la que el autor ha ganado el premio Nadal
2003. Los amigos del crimen perfecto se centra en un grupo de amigos
de las novelas policiacas que se reúnen semanalmente en un
bar, para discutir los mecanismos de las obras de este género.
Se trata, más que de un club, de una tertulia de amigos que
funciona, por cierto, de manera francamente increíble (a
veces informal y tabernaria, a veces excesivamente burocrática,
con carnets incluso y actas de las reuniones). Al final, como no
podía ser menos, sucede un asesinato que se ven obligados
a esclarecer. Y ocurre entones que Trapiello plantea y resuelve
este crimen usando los mismos mecanismos tramposos y las mismas
argucias novelísticas que hace sólo unas páginas
ha tachado de ilegítimas, es decir, los datos guardados,
las identidades secretas, las corazonadas, las tramas del pasado.
Una denuncia en la que se había metido demasiado alegremente
(tacha Trapiello a De Quincey, por ejemplo, de mediocre, y se queda
tan pancho).
Pero esto es lo de menos, porque todos sabemos que el interés
de la buena novela policiaca, más que en el misterio en sí,
está en el clima creado alrededor. Tocante a esto, en Los
amigos..., al hilo de este club, se van narrando las vidas y, sobre
todo, los amores de los distintos componentes, formándose
así una mezcla de novela policiaca y sentimental que acaba
por quedarse a medio camino de ambas, es decir, en tierra de nadie,
es decir, en el limbo. Y esto así porque el estilo de Trapiello
es pulcro, aseado, correcto, algunas veces brillante cuando rescata
una palabra o un vocablo antiguo, pero es un estilo sin músculo,
sin fuerza, flojo, como el agua, ya se dijo, fluido pero incoloro,
inodoro, insípido
Los personajes se mueven de un sitio para otro ante la mirada cada
vez más indiferente del lector. Trapiello echa incluso mano
de la truculencia (recurso legítimo para tensar una novela)
que supone el que uno de los protagonistas haya sido violado incestuosamente,
pero el personaje lo confiesa con tan poco sentimiento y el autor
lo narra con tan poca convicción que el lector no se implica
en absoluto y, lejos de tensar la novela, esta truculencia se añade
(uno más) al cesto de los recursos utilizados en la novela.
Uno podría nombrar en este punto a muchos escritores que
se dice "con oficio", es decir, autores que, a fuerza
de experiencia, cuentan con los suficientes trucos y efectos especiales
para sacar adelante una novela. También podría nombrar
a escritores "profesionales", que es otra cosa, un escalón
más bajo si se quiere dentro de una gradación. Los
escritores profesionales no es que se sirvan de esos trucos y recursos,
es que son su principal materia prima, pero, en cualquier caso,
también son dignos de respeto, como cualquier trabajador.
Y por último, y también respetable como todo ser humano,
está el escritor "funcionario", el autor que ha
ocupado un negociado, un lugar en el sistema y, rodeado de papeles,
rellena sus obras como un trámite (así también
las lee el lector), como un aburrido formulario, como un documento
más. Y el premio Nadal que con Los amigos del crimen perfecto
ha ganado Trapiello ha uno le suena ineludiblemente a paga extra
por reconocimiento de trienios, ya me entienden...
Miguel Baquero
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