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En días idénticos a nubes,
un verso extraído de un poema de Luis
Cernuda, es el título del primer libro de Ana
Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968),
colaboradora habitual de esta revista y autora que ya ha participado,
como cuentista, en varias antologías. Publicado por la editorial
Mileto, de Madrid, En días idénticos
a nubes reúne una veintena de cuentos centrados en
el tema de la adolescencia, esa época que tanto acostumbra
a idealizarse pero que en realidad, y podemos dar fe todos los que
hemos pasado por ella, es una época terrible, llena de dudas,
complejos y zozobras, una edad que nos marca (nos afianza o nos
arruina) para siempre. Decía Gregorio
Marañón que "toda la vida seremos lo que
seamos capaces de ser desde jóvenes", en esos años,
añade, "de la santa rebeldía".
Ana Pérez Cañamares, armada
de un estilo rico y bello, y de una visión de su alrededor
rebosante de sensibilidad, se lanza en esta su pequeño, humilde,
pero enorme libro de cuentos a explorar ese tramo de la experiencia
humana, cuando con un asombro infinito vamos abriendo los ojos a
la realidad. Lejos de los tópicos, de las frases hechas,
de las historias remanidas, lejos a partes iguales de la exaltación
juvenil y estupidizante a lo Disney y de la visión catastrofista
y traumatizada, Ana Pérez Cañamares arma sus retazos
de vida con el único apoyo de la sinceridad, la honradez
y el deseo de describir la adolescencia como realmente es.
1) ¿Opinas, como dice Ramón Gómez
de la Serna, en una cita que incluyes al comienzo de tu libro,
que "la adolescencia es una cosa bárbara"? ¿La
calificarías de una época terrible, como hacen tantos
otros autores?
Si me gustó la cita de Gómez de la Serna desde un
principio fue por esa palabra, bárbara, porque recogía
el sabor agridulce que yo quería trasmitir, en sus dos acepciones.
Recuerdo la época de la adolescencia sobre todo como intensa,
de una intensidad casi dolorosa. Creo que en general se dan dos
circunstancias: todavía tienes restos de curiosidad infantil,
los ojos están abiertos a todo, con lo cual la vida te entra
a borbotones; y sin embargo no se tienen las herramientas o la capacidad
crítica o de análisis para ponerle freno a todo eso
que te inunda. Hay una identificación con lo que te ocurre,
todo te parece lo más, eres incapaz de pensar que los gustos,
las pasiones, las fobias cambian. Esta, por un lado, es una actitud
casi suicida, pero por otro es una forma apasionada de vivir, rica
en experiencias que sin darte cuenta se van almacenando, como un
tesoro al que se puede recurrir en momentos más áridos
y grises. Yo le estoy agradecida a la adolescente que fui, siento
por ella mucha ternura, aunque, probablemente, si la tuviera cerca
ahora, también pensaría que le vendrían bien
un buen par de pescozones.
2) Y, sin embargo, es tal vez la época más idealizada
del ser humano. Más incluso que la niñez.
Sí, porque está el brillo de lo nuevo, no como cuando
eres niño y los demás te guían, te van poniendo
las cosas delante y las vives un poco a través de ellos,
sino de lo nuevo sumado a que tú comienzas a tener las riendas,
a tomar decisiones, a hacer elecciones... Conviven el asombro infantil
con una sensación y con un ansia de mayor libertad e independencia.
Y empiezas a tocar, ya con conciencia, los "grandes temas":
el sexo, el amor, la amistad... Pero, por mucho que me gusten su
intensidad y su pasión, y admire su energía y su vitalidad,
no pretendo idealizarla. Se sufre mucho con la necesidad de autoafirmación,
las culpas, la dependencia de la mirada y la aprobación ajenas...
Nada que no continúe después, pero vivido con una
inocencia, una entrega y una cabezonería a veces peligrosas
para uno mismo y para los demás.
3) En cada uno de tus cuentos, un protagonista adolescente entre
catorce y veinte años va descubriendo una porción
de la realidad, un nuevo concepto: la amistad, la belleza, la dignidad,
pero también la crueldad, la muerte... Háblanos un
poco sobre esta estructura.
Nunca pretendí hacer un recorrido exhaustivo por las diferentes
emociones o situaciones que pudieran darse en la adolescencia. Fui
escribiendo los cuentos a lo largo de unos cuantos años,
sin tener conciencia de que podían convertirse en un libro
hasta hace bien poco. De hecho, cuando lo di por cerrado, me asaltó
el miedo de si me habría repetido mucho en las historias,
y fue un alivio ver que hay temas o situaciones o personajes que
se repiten pero que también hay variedad en la forma de tratarlos.
Sobre todo me interesa la "disección" de las emociones.
Hay temas, como podría ser el miedo al abandono, los celos,
que algunos cuentos tratan con más ingenuidad, mientras que
en otros aparecen de una forma seca y hasta cruel. De lo que sí
ha habido voluntad es de huir de los tópicos, haciendo las
historias muy personales, yendo a los detalles y a los matices,
que me parece que es lo que diferencia experiencias que por otra
parte son comunes a casi todas las personas. Los benditos detalles,
que decía Nabokov.
4) La atmósfera del libro está dominada por esos
"terribles secretos" que guardan los mayores y que los
adolescentes, poco a poco, comienzan a entender. Flota, al fondo
de todo, un clima truculento que poco a poco se irá apoderando
de la vida...
Es que para mí gran parte del proceso de crecer es empezar
a entender la complejidad del mundo adulto, comenzar a vislumbrar
las contradicciones, los pactos que uno tiene que hacer entre él
y el mundo. Y de eso te das cuenta en carne propia pero también
observando a la gene que tienes alrededor. Ser consciente, por ejemplo,
de que tu madre no siempre fue madre, y que además de madre
es una mujer con sus deseos y sus frustraciones. De que quizás
no tenga la vida que una vez soñó, por mucho que te
quiera o esté orgullosa de su familia. De que los mayores
fueron una vez jóvenes y que a lo largo de su vida han tenido
que hacer de tripas corazón e ir dejando atrás sueños,
ilusiones... o de que simplemente aquello que les interesaba ya
no es prioritario. Darte cuenta de que la vida es elección,
y que tú, a tus quince años, ya has empezado a hacerlas.
5) Uno de los temas principales, por ejemplo, es el del "incesto",
la atracción intensa que los jóvenes sienten hacia
sus hermanos o sus madres y que se ven obligados a refrenar porque,
aunque ellos sientan esa atracción como natural, entienden
que es el tabú social más importante de todos.
Ese es uno de los temas no premeditados del libro, pero que a la
larga he tenido que aceptar que de una forma u otra es central.
En el deseo prohibido hay algo visceral, que no se puede evitar,
y a la vez hay un algo desesperado, imposible, que lo convierte
en una forma de amor muy pura, muy inocente en el fondo. Muy romántica
y melancólica... Una de las historias que más me toca
en el libro es la de la niña enamorada de su hermano homosexual.
Esa doble imposibilidad me produce mucha ternura y tristeza por
el personaje. Quizás por eso le he dedicado dos cuentos,
en el primero el amor toma la forma de la admiración incondicional,
en el segundo de la rabia, que se convierte en un deseo de vivir
la propia vida, de librarse de la sombra del hermano. En otros cuentos
el tema del incesto aparece de forma más cruda, o recreándome
en el aspecto más erótico... En cualquier caso, creo
que es un tema que merecería tratar con mi terapeuta, porque
se repite casi obsesivamente.
6) En mi opinión, uno de los mayores logros de tus cuentos
es la complicidad que se establece con el lector, el hecho de que,
en cualquier momento, en cualquier relato, uno pueda sentirse identificado
con lo que se está contando, y decir "algo parecido
me pasó a mí", o "eso mismo sentí
yo".
Esa es una de las cosas que más me está viniendo en
los comentarios al libro que la gente me hace. No deja de sorprenderme
y de agradarme. Es bueno que un libro dialogue con el lector y se
confunda con su propia memoria. Una cosa que me ocurre es que la
gente me cuenta muchas historias de su propia adolescencia. Vamos,
que podría hacer la segunda parte con todo este material...
7) Al hilo de esto, la pregunta es tópica pero inevitable:
¿partiste de tus propias experiencias?, ¿"aprovechaste"
las de otros?, ¿parte todo de la imaginación?
Ninguna de las historias que se relatan me pasó de forma
literal, pero indudablemente hay mucho de mí en los cuentos,
de la gente que compartió conmigo esos años, de las
emociones que recuerdo haber sentido. Está la sensación
de secreto y de tener una gran herencia que me ha dado el ser la
pequeña de una familia muy grande, una familia con muchas
historias que sucedieron casi todas antes de que yo naciera, lo
cual me dejó en un lugar desplazado pero bueno para observar.
Está el amor por mi primer novio, cuyo aliento sobrevuela
un buen puñado de páginas. También hay homenajes,
a mis hermanos, que me sirvieron de guías en varios sentidos,
y a mis padres, a los que tengo que agradecer, entre otras muchas
cosas, que jamás me negaran dinero para un libro. De todos
los cuentos, el más cercano a lo autobiográfico es
"El bikini rojo", aunque la historia no sucediera tal
cual se cuenta.
8) Sabemos que entre tus cuentistas preferidos se encuentran Chejov
y Carver, maestros en llevar el relato
hasta el borde del precipicio y dejarlo allí, en suspenso.
En muchos de tus cuentos, los finales se encuentran apenas sugeridos...
Me gusta la sugerencia en la literatura, los escritores que confían
en el lector y no le dan las historias cerradas, explicadas, sino
que le dejan que siga construyéndolas por su cuenta. Me gustan
las historias que se parecen a la vida, que la recrean y que como
la propia vida no admiten reducciones, simplificaciones, sino que
son resbaladizas, tienen varias lecturas. Eso es lo que busco cuando
leo -ahora mismo estoy obsesionada con un relato de John Cheever
que parece no contar nada y sin embargo lo cuenta todo- y también,
cada vez más, cuando escribo.
9) La adolescencia, mágica o terrible, lo que está
claro es que es muy atractiva para el escritor por las posibilidades
que le ofrece. ¿Vas a seguir ahondando en esta línea?
Me temo que aún no la he abandonado o que ella no me ha abandonado
a mí, literariamente hablando. Por el momento, la adolescencia
es mi Yoknapatawpha, ¡si me permites la osadía!
10) Y, por último, me gustaría que nos contaras en
qué proyectos estás trabajando y cuáles son
tus objetivos como escritora.
Los amigos me han animado a que me enfrente a la novela, y el cuerpo
también me lo pide. Me apetece comprometerme con una historia
a largo plazo. Es un reto, porque tengo tatuado el esquema del cuento
y me cuesta salirme de él. ¿Mis objetivos como escritora?
En lo primordial están claros: seguir escribiendo, y dedicar
cada vez más tiempo a escribir. A partir de ahí, si
publico, si el libro tiene buenas críticas... mejor que mejor,
pero no hay nada comparable a la convicción de vivir una
vida más rica y más plena que me dan la lectura y
la escritura.
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