Sumario. Entrevistas. Ana Pérez
La adolescencia es una cosa bárbara
Ana Pérez Cañamares por Miguel Baquero
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En días idénticos a nubes, un verso extraído de un poema de Luis Cernuda, es el título del primer libro de Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968), colaboradora habitual de esta revista y autora que ya ha participado, como cuentista, en varias antologías. Publicado por la editorial Mileto, de Madrid, En días idénticos a nubes reúne una veintena de cuentos centrados en el tema de la adolescencia, esa época que tanto acostumbra a idealizarse pero que en realidad, y podemos dar fe todos los que hemos pasado por ella, es una época terrible, llena de dudas, complejos y zozobras, una edad que nos marca (nos afianza o nos arruina) para siempre. Decía Gregorio Marañón que "toda la vida seremos lo que seamos capaces de ser desde jóvenes", en esos años, añade, "de la santa rebeldía".
Ana Pérez Cañamares, armada de un estilo rico y bello, y de una visión de su alrededor rebosante de sensibilidad, se lanza en esta su pequeño, humilde, pero enorme libro de cuentos a explorar ese tramo de la experiencia humana, cuando con un asombro infinito vamos abriendo los ojos a la realidad. Lejos de los tópicos, de las frases hechas, de las historias remanidas, lejos a partes iguales de la exaltación juvenil y estupidizante a lo Disney y de la visión catastrofista y traumatizada, Ana Pérez Cañamares arma sus retazos de vida con el único apoyo de la sinceridad, la honradez y el deseo de describir la adolescencia como realmente es.

1) ¿Opinas, como dice Ramón Gómez de la Serna, en una cita que incluyes al comienzo de tu libro, que "la adolescencia es una cosa bárbara"? ¿La calificarías de una época terrible, como hacen tantos otros autores?
Si me gustó la cita de Gómez de la Serna desde un principio fue por esa palabra, bárbara, porque recogía el sabor agridulce que yo quería trasmitir, en sus dos acepciones. Recuerdo la época de la adolescencia sobre todo como intensa, de una intensidad casi dolorosa. Creo que en general se dan dos circunstancias: todavía tienes restos de curiosidad infantil, los ojos están abiertos a todo, con lo cual la vida te entra a borbotones; y sin embargo no se tienen las herramientas o la capacidad crítica o de análisis para ponerle freno a todo eso que te inunda. Hay una identificación con lo que te ocurre, todo te parece lo más, eres incapaz de pensar que los gustos, las pasiones, las fobias cambian. Esta, por un lado, es una actitud casi suicida, pero por otro es una forma apasionada de vivir, rica en experiencias que sin darte cuenta se van almacenando, como un tesoro al que se puede recurrir en momentos más áridos y grises. Yo le estoy agradecida a la adolescente que fui, siento por ella mucha ternura, aunque, probablemente, si la tuviera cerca ahora, también pensaría que le vendrían bien un buen par de pescozones.

2) Y, sin embargo, es tal vez la época más idealizada del ser humano. Más incluso que la niñez.
Sí, porque está el brillo de lo nuevo, no como cuando eres niño y los demás te guían, te van poniendo las cosas delante y las vives un poco a través de ellos, sino de lo nuevo sumado a que tú comienzas a tener las riendas, a tomar decisiones, a hacer elecciones... Conviven el asombro infantil con una sensación y con un ansia de mayor libertad e independencia. Y empiezas a tocar, ya con conciencia, los "grandes temas": el sexo, el amor, la amistad... Pero, por mucho que me gusten su intensidad y su pasión, y admire su energía y su vitalidad, no pretendo idealizarla. Se sufre mucho con la necesidad de autoafirmación, las culpas, la dependencia de la mirada y la aprobación ajenas... Nada que no continúe después, pero vivido con una inocencia, una entrega y una cabezonería a veces peligrosas para uno mismo y para los demás.

3) En cada uno de tus cuentos, un protagonista adolescente entre catorce y veinte años va descubriendo una porción de la realidad, un nuevo concepto: la amistad, la belleza, la dignidad, pero también la crueldad, la muerte... Háblanos un poco sobre esta estructura.
Nunca pretendí hacer un recorrido exhaustivo por las diferentes emociones o situaciones que pudieran darse en la adolescencia. Fui escribiendo los cuentos a lo largo de unos cuantos años, sin tener conciencia de que podían convertirse en un libro hasta hace bien poco. De hecho, cuando lo di por cerrado, me asaltó el miedo de si me habría repetido mucho en las historias, y fue un alivio ver que hay temas o situaciones o personajes que se repiten pero que también hay variedad en la forma de tratarlos. Sobre todo me interesa la "disección" de las emociones. Hay temas, como podría ser el miedo al abandono, los celos, que algunos cuentos tratan con más ingenuidad, mientras que en otros aparecen de una forma seca y hasta cruel. De lo que sí ha habido voluntad es de huir de los tópicos, haciendo las historias muy personales, yendo a los detalles y a los matices, que me parece que es lo que diferencia experiencias que por otra parte son comunes a casi todas las personas. Los benditos detalles, que decía Nabokov.

4) La atmósfera del libro está dominada por esos "terribles secretos" que guardan los mayores y que los adolescentes, poco a poco, comienzan a entender. Flota, al fondo de todo, un clima truculento que poco a poco se irá apoderando de la vida...
Es que para mí gran parte del proceso de crecer es empezar a entender la complejidad del mundo adulto, comenzar a vislumbrar las contradicciones, los pactos que uno tiene que hacer entre él y el mundo. Y de eso te das cuenta en carne propia pero también observando a la gene que tienes alrededor. Ser consciente, por ejemplo, de que tu madre no siempre fue madre, y que además de madre es una mujer con sus deseos y sus frustraciones. De que quizás no tenga la vida que una vez soñó, por mucho que te quiera o esté orgullosa de su familia. De que los mayores fueron una vez jóvenes y que a lo largo de su vida han tenido que hacer de tripas corazón e ir dejando atrás sueños, ilusiones... o de que simplemente aquello que les interesaba ya no es prioritario. Darte cuenta de que la vida es elección, y que tú, a tus quince años, ya has empezado a hacerlas.

5) Uno de los temas principales, por ejemplo, es el del "incesto", la atracción intensa que los jóvenes sienten hacia sus hermanos o sus madres y que se ven obligados a refrenar porque, aunque ellos sientan esa atracción como natural, entienden que es el tabú social más importante de todos.
Ese es uno de los temas no premeditados del libro, pero que a la larga he tenido que aceptar que de una forma u otra es central. En el deseo prohibido hay algo visceral, que no se puede evitar, y a la vez hay un algo desesperado, imposible, que lo convierte en una forma de amor muy pura, muy inocente en el fondo. Muy romántica y melancólica... Una de las historias que más me toca en el libro es la de la niña enamorada de su hermano homosexual. Esa doble imposibilidad me produce mucha ternura y tristeza por el personaje. Quizás por eso le he dedicado dos cuentos, en el primero el amor toma la forma de la admiración incondicional, en el segundo de la rabia, que se convierte en un deseo de vivir la propia vida, de librarse de la sombra del hermano. En otros cuentos el tema del incesto aparece de forma más cruda, o recreándome en el aspecto más erótico... En cualquier caso, creo que es un tema que merecería tratar con mi terapeuta, porque se repite casi obsesivamente.

6) En mi opinión, uno de los mayores logros de tus cuentos es la complicidad que se establece con el lector, el hecho de que, en cualquier momento, en cualquier relato, uno pueda sentirse identificado con lo que se está contando, y decir "algo parecido me pasó a mí", o "eso mismo sentí yo".
Esa es una de las cosas que más me está viniendo en los comentarios al libro que la gente me hace. No deja de sorprenderme y de agradarme. Es bueno que un libro dialogue con el lector y se confunda con su propia memoria. Una cosa que me ocurre es que la gente me cuenta muchas historias de su propia adolescencia. Vamos, que podría hacer la segunda parte con todo este material...

7) Al hilo de esto, la pregunta es tópica pero inevitable: ¿partiste de tus propias experiencias?, ¿"aprovechaste" las de otros?, ¿parte todo de la imaginación?
Ninguna de las historias que se relatan me pasó de forma literal, pero indudablemente hay mucho de mí en los cuentos, de la gente que compartió conmigo esos años, de las emociones que recuerdo haber sentido. Está la sensación de secreto y de tener una gran herencia que me ha dado el ser la pequeña de una familia muy grande, una familia con muchas historias que sucedieron casi todas antes de que yo naciera, lo cual me dejó en un lugar desplazado pero bueno para observar. Está el amor por mi primer novio, cuyo aliento sobrevuela un buen puñado de páginas. También hay homenajes, a mis hermanos, que me sirvieron de guías en varios sentidos, y a mis padres, a los que tengo que agradecer, entre otras muchas cosas, que jamás me negaran dinero para un libro. De todos los cuentos, el más cercano a lo autobiográfico es "El bikini rojo", aunque la historia no sucediera tal cual se cuenta.

8) Sabemos que entre tus cuentistas preferidos se encuentran Chejov y Carver, maestros en llevar el relato hasta el borde del precipicio y dejarlo allí, en suspenso. En muchos de tus cuentos, los finales se encuentran apenas sugeridos...
Me gusta la sugerencia en la literatura, los escritores que confían en el lector y no le dan las historias cerradas, explicadas, sino que le dejan que siga construyéndolas por su cuenta. Me gustan las historias que se parecen a la vida, que la recrean y que como la propia vida no admiten reducciones, simplificaciones, sino que son resbaladizas, tienen varias lecturas. Eso es lo que busco cuando leo -ahora mismo estoy obsesionada con un relato de John Cheever que parece no contar nada y sin embargo lo cuenta todo- y también, cada vez más, cuando escribo.
9) La adolescencia, mágica o terrible, lo que está claro es que es muy atractiva para el escritor por las posibilidades que le ofrece. ¿Vas a seguir ahondando en esta línea?
Me temo que aún no la he abandonado o que ella no me ha abandonado a mí, literariamente hablando. Por el momento, la adolescencia es mi Yoknapatawpha, ¡si me permites la osadía!
10) Y, por último, me gustaría que nos contaras en qué proyectos estás trabajando y cuáles son tus objetivos como escritora.
Los amigos me han animado a que me enfrente a la novela, y el cuerpo también me lo pide. Me apetece comprometerme con una historia a largo plazo. Es un reto, porque tengo tatuado el esquema del cuento y me cuesta salirme de él. ¿Mis objetivos como escritora? En lo primordial están claros: seguir escribiendo, y dedicar cada vez más tiempo a escribir. A partir de ahí, si publico, si el libro tiene buenas críticas... mejor que mejor, pero no hay nada comparable a la convicción de vivir una vida más rica y más plena que me dan la lectura y la escritura.

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