Sumario. Entrevistas. Luisa Castro
Viajes con mi padre
Luisa Castro por Antonia Ortega Urbano
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Luisa Castro, Foz (Galicia) 1966. Vive en Santiago de Compostela. Licenciada en Filología Hispánica, estudió Cine en Columbia y New York University. Publicó su primer libro de poemas en 1984, 'Odisea definitiva: Libro Póstumo'. En 1986 recibe el Premio Hiperión de Poesía, por 'Los versos del Eunuco'. 'Baleas e Baleas' (1988), es su primera obra publicada en lengua gallega. En 1988 le adjudican el VI Premio Rey Juan Carlos de Poesía con la obra 'Los Hábitos del Artillero'. Ese mismo año publica el libro de artículos: 'Diario de los años apresurados', Hiperión. Su novela, 'De mí haré una estatua ecuestre', aparece en 1997, Hiperión. 'El somier' (1990) , quedó finalista del VIII Premio Herralde de Novela. 'La fiebre amarilla' (1994), Anagrama. El poemario 'Ballenas' (1992), Hiperión. Recibió el premio Azorín por la novela 'El secreto de la lejía'. Y en su última novela publicada, 'Viajes con mi padre', Planeta, 2003, encontramos una maravillosa retrospectiva del universo poético de Luisa Castro.

Antonia Ortega Urbano.- En su novela, escribir, desde la perspectiva de su madre, es sintomático de mentes infradotadas y obstinadas, receptivas a vicios, bajezas, etc... ¿Es destino irremediable de un escritor reflejarse en semejante tragedia?

Luisa Castro.- No quise decir eso en absoluto, aunque entiendo que se haga esa lectura. Pero puntualizar lo escrito me cuesta, sólo puedo decir que la escritura es una actividad suplementaria, no complementaria. Escribe el que necesita razonar, y esa sí que es una tragedia.


Pregunta.- 'En el patrimonio cultural de mis padres, la mueca de sorpresa o admiración no existía. La alegría y la tristeza sí, pero la sorpresa no. Los pobres carecen de sorpresas y por ello el mundo no resulta más aburrido'. Los pobres han aprendido a adelantarse a los acontecimientos de tal manera que nada grave o extraño sucede que no sea previsible. Ese fatalismo en cambio no les impide soñar.... Un pobre que sueñe es peligrosísimo'... ¿La sorpresa y la felicidad, adquieren diferentes matices en referencia a la clase social?

Luisa Castro.- Todas nuestras expectativas, nuestras exigencias, nuestras satisfacciones, están en función de la educación recibida. Yo vengo comprobando que cuanto más limitada de recursos es esa educación, cuanto más humilde el núcleo familiar, más profundo y rico es el tesoro personal. Y siempre hay excepciones. Mangantes los hay en todas las clases sociales.

Pregunta.- Su visión del dolor en Viajes con mi padre me hace pensar en Kahlil Gibrán: ¿El amor y la traición en la misma vía son los fundadores del dolor del que no se aprende, del dolor que 'es necesario transformar en otra cosa'? ¿Qué lugar ocupa el olvido en este proceso?

Luisa Castro.- No he leído a ese autor. Por otra parte, olvidar, lo mismo que recordar, como dice Platón, exige una experiencia previa. La memoria perfecta, según Platón, es aquella que ni siquiera necesita recordar, porque nunca olvida, vive siempre consciente, siempre en presente. Esa es la memoria que a mí me interesa, no la memoria nostálgica o descubridora, ni siquiera la memoria indagadora, sino la memoria actual, la memoria sin fondo.

Pregunta.- ¿Las palabras, el lenguaje, configuran vidas, tramas, historias? ¿La etimología está perdiendo su función de origen?

Luisa Castro.- El lenguaje es un gran estorbo. Es mentira que las lenguas sean tan ricas, como se suele decir. El español concretamente es pobrísimo, cada vez más. Cada vez nos cuesta más expresarnos, cada vez el lenguaje se revela más inútil, se escribe más cuanto más difícil se vuelve el hablar, en realidad se escribe porque hay cosas de las que no se puede hablar. Y esas cosas de las que no se puede hablar crecen en proporción inversa a la capacidad del lenguaje para expresarlas.

Pregunta.- ¿En el mar, para los marineros, que significado tienen los nombres de barcos? Las metáforas traspasan el agua, o simplemente son palabras pintadas en la madera?

Luisa Castro.- Cursilerías no, por favor. No voy a ser yo quien las diga. Pregúntele a otro, hay mucha gente dispuesta a contestar este tipo de preguntas.

Pregunta.- ¿Qué hubiera sido de la literatura, si como soñaba su madre, usted hoy estuviera sentada en una torre de vuelo, regulando el tráfico aéreo?

Luisa Castro.- No se hubiera perdido nada.

Pregunta.- ¿Un lenguaje constituido de vocales, exento de consonantes y suficiente para una comunicación perfecta? ¿Cómo se imagina las lenguas del futuro?

Luisa Castro.- Es difícil hacer pronósticos, a mí en general me sobran siempre las consonantes. La consonante es un freno, un corte, un límite. Es más propia del lenguaje escrito, ese que aparece para dejar fe. Hablar a mí cada día me da más pereza. Y escuchar. Adoro el silencio.

Pregunta.- ¿Para cuándo un nuevo libro de poesía?

Luisa Castro.- Estoy corrigiendo las pruebas de mi obra reunida, en Hiperión, un compendio de mis cinco libros de poesía publicados hasta ahora. Durante los últimos tres años he ido escribiendo poemas, pero me cuesta mucho desprenderme de ellos, de modo que cuando se publiquen ya serán viejos, muy viejos. Ahora todavía me parecen demasiado jóvenes.


Pregunta.- ¿Cómo se lleva con la Providencia?

Luisa Castro.- Yo bien. Hay la Providencia de Dios, la Providencia con mayúscula, que hace referencia a un ser superior que nos protege sin que nosotros tomemos parte, y hay otra providencia, las prevenciones o disposiciones que uno se toma en la vida para que le ocurran unas cosas y no otras. Yo me pongo en las manos de Dios. No un Dios que está dentro de mí ni nada de eso, sino un Dios de las afueras, un Dios que me vigila y me cuida. Prefiero verlo así.

Pregunta.- ¿Piensa que una de las mejores armas para enfrentar a posibles fantasmas es comenzar a reírse de la muerte? ¿Trocar ese efecto dramático de fin por el de tránsito?

Luisa Castro.- No creo que el hecho de la muerte sea una cosa de risa, pero sí que tiene que ver con la felicidad. Yo pienso por ejemplo que si me tengo que morir, cosa bastante probable visto lo visto, debo intentar hacer de mi vida la cosa más placentera posible, y por placer yo entiendo estar conforme conmigo misma y pasar por este mundo haciendo algo de provecho, así de sencillo. A mí todos los días la vida me da muchas cosas, y quisiera que al llegar la muerte el deber y el haber estuvieran a pré, si es posible. No me gustaría irme al otro mundo con deudas.


Pregunta.- El poder vaticinador que a veces se alumbra con la escritura parece proporcionarle escalofríos... Usted refiere a Borges y a Calderón, para aseverar que lo que un escritor está trajinando en un papel puede estar sucediendo cerca o lejos... Dice que los escritores actúan como magos impostores, conocedores de trucos que reflejan las mentiras que el público necesita encontrar, escuchar, reconocer. 'El hombre necesita de la superstición, creer en algo. Eso lo apacigua.' ¿Los lectores piden mentiras, engaños, clavos ardiendo a los que aferrarse?

Luisa Castro.- Cuando veo lo que le gusta a la gente me asusto. A la gente le gusta la vulgaridad, los tópicos, les gustan las constataciones, las cosas fáciles, digeribles, y a ser posible con muchas calorías. Verse reflejado y verse satisfecho, verse comprendido. A la gente le gusta pasar el rato y al mismo tiempo sentirse inteligente.


Pregunta.- Situándonos en el panorama literario de este siglo, y observando las escrituras que colonizan los medios de prensa y literatura escritas, ¿estamos dominados por una escritura artística, o como diferencia en su novela, por una escritura primaria (no artística)?

Luisa Castro.- No lo sé, a mí me interesa más la escritura primaria, cuando leo algo que noto que está escrito desde las entrañas, algo que el escritor tiene ante sus narices y que me lo presenta a mí sin saber muy bien qué es. Prefiero eso a un pastel.

Pregunta.- En el 2000, recién comenzado el siglo, en una presentación de un libro de José Luis Sampedro, a cargo de su amigo y compañero José Saramago, los dos advirtieron que el lenguaje está siendo transformado en una herramienta de destrucción masiva, y que estaba en las manos de sus buenos hacedores impedir este acoso por parte de los medias. ¿Cuál es su posición al respecto?

Luisa Castro.- Creo que los escritores tenemos una obligación absoluta de ser veraces, aunque esta palabra no me gusta mucho. Creo absolutamente que un escritor está comprometido con el lenguaje y con la veracidad del lenguaje. Veracidad frente a mendacidad. Pero luego te encuentras que algunos que van de salvadores de la humanidad son los más mendaces y flojos y misérrimos. A un escritor verdaderamente comprometido yo le exijo una excelencia estética; eso ya conlleva una excelencia moral. Una excelencia estética nunca se puede discutir, es indiscutible. Las excelencias morales son todas, a priori, falsarias. ¿En qué se basan, sobre qué se erigen? ¿Sobre la iniquidad de las civilizaciones y la sociedad, que deben, como guerreros, de combatir? Una excelencia estética siempre tiene, sin embargo, una apoyatura real, intrínseca, algo que esa persona está dando, entregando.

Pregunta.- ¿Ser prosaico, no dar por listo al listo y explicarse mejor en diversos planos, aceptar la impostura de que nada es real en este mundo a no ser que sea contado de un modo realista? ¿Son así las armas de la madurez de escritora para Luisa Castro?

Luisa Castro.- Cuando usted hace injertos de mi libro se me cae el alma a los pies. Usted, o cualquiera, perdóneme. A un libro no se le puede hacer la autopsia, ni la biopsia, mi libro no está muerto, ni siquiera enfermo. Mi libro es un ser vivo.

Pregunta.- ¿Dónde quedan ahora sus Itinerarios Astrales? ¿Podría mostrarnos un Itinerario Literario en el mundo, configurar una ruta literaria ideal? (Lo que creas que nadie debería desconocer, bien libros, lugares, cafés, museos, puentes, frases, calles, ciudades, cualquier posibilidad, etc.,)

Luisa Castro.- Podría hacer muchas, pero creo que cada uno debe tener la suya.

Pregunta.- ¿El futuro para usted es un reto, una losa pesada, o solamente un tiempo verbal conjugable?

Luisa Castro.- El futuro para mí es algo maravilloso, es todo lo que aún no he leído, lo que aún no sé.

Pregunta.- ¿Cómo a su padre, le gustaría a veces estar en el mundo de permiso?

Luisa Castro.- En realidad así me siento, de permiso. Conozco a gente que vive la vida como una condena, yo la vivo como un permiso, como si me soltaran de la cárcel y estuviera aquí para disfrutarlo cada día. No pienso en volver a la cárcel, pienso en disfrutar.

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