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Mucho
mejor que escribir libros es vivirlos |
Juan
Manuel de Prada por José Ángel Barrueco
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Juan
Manuel de Prada. Baracaldo (Vizcaya) 1970. Pasó su niñez
y adolescencia en Zamora. Realizó estudios de Derecho. Su primer
libro, Coños
(1995), sorprendió al público y a la crítica
más exigente por su audacia imaginativa y su deslumbrante uso
del lenguaje. El volumen de relatos El
silencio del patinador (1995) ratificó
las expectativas despertadas por ese primer título y lo situó
a la cabeza de los escritores de su generación. En 1996 saca
a luz Las máscaras del héroe.
Con La tempestad,
obtuvo el Premio Planeta 1997 y también su consagración
internacional: ha sido traducida al francés, alemán,
italiano, inglés, holandés, sueco, danés, noruego,
finés, griego y turco, La prestigiosa revista The New Yorker
lo seleccionó como uno de los seis escritores menores de treinta
y cinco años más importantes de Europa. En 1998 publicó
su libro de artículos Reserva
natural .Colaborador habitual de ABC
y la revista Tiempo en España, su labor periodística
ha merecido diversos galardones.
Ha obtenido el VII Premio Primavera de Novela 2003 con su obra La
vida invisible.
Juan
Manuel de Prada ha vuelto a deleitar a sus lectores más acérrimos
con una certera exploración sobre los abismos infernales de
la culpa y la redención. Con esta novela Prada regresa al mundo
de los perdedores, ajustándose a una actualidad que significa
un cambio en su obra. Para el lector apasionado de los guiños
y los homenajes a la literatura y, sobre todo, al cine, La
vida invisible, cuajada de ellos,
supone una delicia. El escritor analiza con el bisturí de su
extraordinaria prosa el ambiente de los suburbios, de la degradación,
de la sordidez, del viaje interior hacia el infierno. Recientemente,
los críticos de "El Cultural" lo elegían como
uno de los diez mejores narradores menores de cuarenta años.
Sólo hay que leer las primeras páginas de su última
novela para confirmarlo.
José Angel Barrueco. En los primeros capítulos del libro,
el personaje protagonista, Alejandro Losada, llega a afirmar: "Mucho
mejor que escribir libros es vivirlos". ¿Suscribes esa
afirmación de tu protagonista? ¿Crees que haber viajado
o corrido ciertas aventuras ayuda al escritor? ¿O, por el contrario,
lo más venturoso es el viaje interior, espiritual?
Juan Manuel de Prada: No me identifico plenamente con esa afirmación
de Alejandro Losada. No creo tampoco que la formación de un
escritor haya de venir de las muchas aventuras o viajes, sino más
bien de la propia vida, por muy anodina que aparentemente sea. Así,
la vida, las lecturas y también ese viaje interior al que haces
referencia serían el acervo del escritor. Lo que sí
es cierto es que el escritor siente envidia del hombre de acción;
acostumbrado a vivir aventuras mentales, siente con frecuencia el
deseo (platónico) de experimentarlas. Pero, a la hora de la
verdad, el escritor suele ser bastante miedica.
Pregunta. A lo largo de "La vida invisible" se repite, como
una letanía, la palabra "cadáver", casi siempre
con uso metafórico. Sobre la novela planea un aire fúnebre,
aunque el pesimismo, a mi juicio, no termina devorando a los personajes.
¿La esperanza de los protagonistas es una droga o sólo
una brújula que ayuda a guiarse en el camino hacia la redención?
Juan Manuel de Prada: La esperanza es, más bien, el inicio
de ese camino que lleva a la redención. En esta novela, como
en otras mismas anteriores, coexisten en los personajes la tentación
del abismo (la sordidez, la abyección, etc.) con una tendencia
también natural hacia la pureza (simbolizada en la novela en
la historia de las Hostias volátiles).
Pregunta. Uno de los cambios que en esta narración has podido
permitirte es la constante referencia a la actualidad: el chat, el
correo electrónico, Bin Laden, la
"hamburguesa con sabor espongiforme"... ¿Te has sentido
cómodo ajustándote a esa actualidad?
Juan Manuel de Prada: No es una cuestión de comodidad, sino
de necesidad: me apetecía escribir una historia muy apegada
a nuestro tiempo; y yo mismo vivo inmerso en esa actualidad. Algunas
personas me han reprochado el hecho de haber reflejado en la novela
algunos acontecimientos recientes de sobra conocidos por todos, pero
yo no estoy de acuerdo con este reproche, pues no debemos olvidar
que lo que hoy nos parece superfluo por eso mismo, por ser algo que
ha ocurrido recientemente y que hemos visto reproducido hasta la saciedad
en todos los medios de comunicación, para el lector de dentro
de unos años será un acontecimiento más difuso.
Pregunta. En algunas ocasiones has afirmado ser admirador del director
Ed Wood. ¿Podríamos decir
que, en la novela, Fanny Riffel es
el reverso de Marilyn Monroe, como Ed Wood
lo era de Orson Welles en la película
homónima de Tim Burton?
Juan Manuel de Prada: Algo de eso hay, sin duda. Aunque Fanny Riffel
en cierto momento de su vida llegó a alcanzar cotas nada desdeñables
de algo parecido a la gloria. Digamos que me interesa hablar de esas
personas que mueren devoradas por su vocación (la de modelo
en Fanny, la de escritor en Pedro Luis de Gálvez,
el protagonista de Las máscaras
del héroe, etc.)
Pregunta. Las referencias cinéfilas son admirables y numerosas.
El hallazgo del dedo nos remite a David Lynch
y a su Terciopelo azul; hay alusiones
a Rutger Hauer, a "Xena, la princesa
guerrera" y a Lady Halcón,
entre otros y, en algunos momentos, la relación entre Fanny
y el padre Burkett (uno de los grandes personajes del libro) nos recuerda
a la que mantenían el predicador y su mujer en La
noche del cazador. Háblanos un poco de esas referencias
y de la influencia del cine en tu literatura.
Juan Manuel de Prada: David Lynch es uno de los directores de las
últimas generaciones de cineastas que más me han interesado:
su interpretación tan personal de la realidad y la capacidad
de crear un mundo propio, con una base de índole surrealista
y una estética que coinciden mucho con mis gustos y mi imaginario
personal es lo que más me interesa de él; en definitiva,
yo admiro su capacidad para, partiendo del molde clásico, romperlo
y crear su propio molde, su propio estilo, desembocando todo ello
en un universo estético en cierto modo afín al mío.
De Rutger Hauer, lo que puedo decirte es que es uno de mis actores
favoritos, y lo es desde que interpretase el papel del replicante
en Blade Runner, llegando a robarle
el protagonismo nada menos que a Harrison Ford.
Su carrera, en los últimos años, parece un tanto errática,
no sé muy bien a qué se debe eso, pero es difícil
encontrar un actor capaz de encerrar en su mirada mayor abismo. Lady
Halcón es una de sus grandes películas.
Eres el primero que me pregunta por La noche del cazador, y debo reconocer
que su influencia en alguna parte de mi novela es esencial. Tanto
la película de Charles Laughton
como la novela de Grubb me parecen dos
verdaderas obras maestras. De ellas me interesan el tratamiento apocalíptico,
onírico, presidido por un exacerbado sentimiento de culpa,
que se da a la religión. De forma muy parecida entiende el
embaucador Burkett el hecho religioso, que es para él coartada
y medio para dar rienda suelta a su crueldad, sus trapisondas y sus
latrocinios.
También hay homenajes en mi libro al cine negro (muy particularmente
en el tratamiento de la ciudad, tanto Chicago como Madrid y en el
homenaje al forajido Dillinger), a Rompiendo
las olas de Lars Von Trier, a Murnau
(el personaje de Bismili es una especie de Nosferatu) y el cine expresionista
en general, a Orson Welles, a David Fincher, etc. Y muy especialmente
el gran maestro de la culpa y la expiación, Martin
Scorsese, autor de esa gran obra maestra que es Taxi
Driver. Mi literatura, en líneas generales, es una literatura
de atmósferas morales opresivas; y, para mostrarlas, trato
de crear un clima envolvente y muy enfermizamente perturbador, muy
próximo al de ciertos cineastas "turbios".
Pregunta. "La vida invisible" muestra el miedo americano
tras los atentados del 11 de septiembre, a través de policías,
guardias y encargados de facturaciones. ¿Viviste algún
episodio similar en tu viaje a Chicago? ¿Sentiste tú
algo de ese miedo?
Juan Manuel de Prada: En cierto modo sí, pues aunque yo no
llegué a vivir esas experiencias, ni mucho menos, sí
se podía constatar un trato muy hosco y ceñudo en todos
aquellos a quienes se encomienda velar por la seguridad. En ciertos
momentos y lugares (te puedes imaginar un aeropuerto) la sensación
que se experimentaba era la de estar viviendo en un verdadero estado
policial. Esto quizá ya era algo propio de las obsesiones americanas,
cosa que, como era de esperar, se ha llevado hasta límites
para nosotros insospechados tras el 11 de septiembre.
Pregunta. El retrato que el protagonista hace de Chicago, Madrid y
la ciudad levítica, abundante en descripciones, es magistral.
¿Cuál de las tres ciudades te parece más literaria?
Juan Manuel de Prada: Cada una en su propio ámbito. Como es
lógico, para la historia de Fanny se necesita una ciudad como
Chicago, difícilmente Zamora o Madrid me darían juego
para desarrollar al personaje y su mundo. Madrid me resultó
imprescindible para recrear todo el submundo que vive agazapado en
la trastienda de una gran ciudad, pero ya entre nosotros, en nuestro
país. Pero si tenemos en cuenta que la literatura se alimenta
en buena medida de la propia vida y de la memoria, debo decir que
para mí la más literaria de las tres es, lógicamente,
Zamora. En todo caso, muchas gracias por los elogios que haces de
las descripciones.
Pregunta. En un pasaje de la novela, dos de los personajes se adentran
en una fábrica abandonada. El hombre que encuentran recuerda
a Nosferatu y el ambiente sórdido, tétrico, lleno de
palomas y paredes desvencijadas, a "Blade Runner". Esos
párrafos (exquisitos, por otra parte) entroncan, pues, con
el fantástico y el terror, del que encontramos pinceladas en
otros de tus libros. ¿Cultivarás algún día
una novela en la que predominen el terror y el fantástico?
Juan Manuel de Prada: De nuevo, gracias por los elogios. En El
silencio del patinador ya había algún relato
que creo podría merecer la consideración de fantástico,
lo que ocurre es que sería un fantástico a la manera
de los surrealistas -o, más bien, de la imaginería surrealista-
o a la manera de Cortázar y, sobre
todo, de Felisberto Hernández. En
La vida invisible creo que a algunas de las cosas que ocurren y a
algunas ambientaciones les he dado un tratamiento, en cierto modo,
de literatura fantástica. De todas formas, contestando a tu
pregunta, he de decirte que, aunque no tengo un proyecto concreto,
ni remotamente esbozado, es algo que no descarto. El género
fantástico es el que más me interesa en cine y uno de
mis predilectos en literatura.
Pregunta. Los mendigos, los yonquis, las arpías que regentan
siniestras pensiones, las fulanas de Montera y de la Casa de Campo,
las gitanas del metro, las esclavas de los rumanos, los desheredados
que vagan por los subterráneos... ¿Cómo te documentaste
para esos ambientes miserables y arrasados por las llagas? Imagino
que recorriste muchos rincones oscuros y peligrosos de Madrid y Chicago...
Juan Manuel de Prada: Sobre todo de Madrid. En Chicago quizá
habría sido un poco temerario. Aquí en Madrid, procuré
ver por mí mismo alguno de esos sitios y también me
documenté fundamentalmente con voluntarios que se dedican a
trabajar a favor de las gentes que viven en los arrabales de nuestra
sociedad. Puedes creerme que, aunque a ciertos lugares fui, después
de haber escuchado muchos testimonios, no daba crédito a lo
que veía.
Pregunta. Una vez más, regresas a los perdedores...
Juan Manuel de Prada: Sí, es cierto. En mi literatura hay una
patente predilección por los perdedores. Quizá porque
en ellos las pasiones humanas, nuestra grandeza y nuestra miseria,
se muestran de forma más prístina y arrebatada. Pero
creo que casi siempre queda al final un resquicio de esperanza.
Pregunta. ¿Cuánto hay de ti en el protagonista, ese
escritor atormentado por la culpa?
Juan Manuel de Prada: Lógicamente, algo hay. Incluso se podría
considerar que bastante, esto ya depende de lo que cada uno crea que
el escritor debe poner de sí mismo en su obra. Pero no es,
ni mucho menos, una novela autobiográfica, ni Alejandro Losada
es un trasunto de mí mismo. Aunque muchas cosas que ocurren
en la novela parten de algo que he vivido yo mismo, el tratamiento
que les doy las aleja de la realidad. Debo añadir, no obstante,
que todo escritor, por muchas ficciones que sea capaz de crear, cuando
escribe siempre está contando algo de sí mismo.
Pregunta. Supongo que el dolor propio de escribir te redime de tus
pecados o de tus culpas...
Juan Manuel de Prada: Como sabes, la literatura es mi gran vocación
y la dedicación a la que me entrego de manera insomne; en ese
sentido sí puedo encontrar una redención en la literatura.
Pero quizá la mejor vía de redención la tengo
en mi propia vida.
Pregunta. "A veces, para salvarse, hay que perderse". ¿La
redención siempre exige un sacrificio?
Juan Manuel de Prada: Creo que sí. Si has causado un mal, si
has infligido un daño a alguien, por poco que haya sido, seguro
que la redención no será algo fácil.
Pregunta. La ceguera actual de los críticos, ¿te causa
daño o risa?
Juan Manuel de Prada: Quizá esto resulte un tanto extraño,
pero hace ya bastantes años que dejé de leer las críticas
que se hacían de mis obras. Dependiendo del periódico
o medio que las publique, ya me sé el tono sin necesidad de
leerlas: sé dónde voy a encontrar elogios, dónde
reticencias, dónde mala baba... Desde hace mucho me hice impermeable
a los denuestos, también a las alabanzas.
Pregunta. Has dicho que, entre tus próximos proyectos, quizá
esté el del regreso al cuento. ¿Puedes adelantarnos
alguno de esos proyectos?
Juan Manuel de Prada: De momento no puedo adelantar nada, por la sencilla
razón de que sí me gustaría volver al cuento
como género que cultivé en su momento y en el que me
siento muy a gusto, ya que me parece un género más puramente
literario que la novela, pues en el cuento todo debe quedar más
esbozado, más sugerido. Pero todavía no sé cuándo
lo haré. |
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