El Premio del  concurso "23 razones para leerte al oído" ha sido para el relato número 13 de la autora española Maria Tena.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

 

 

         

        

         Año 2001- Revista de Actualidad - Hiperbreves Unios 

 

El Premio del  concurso "23 razones para leerte al oído" ha sido para el relato número 13 de la autora española Maria Tena.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

***

Primer  Premio

"23 razones para leerte al oído"

por  

María Tena

 Para contarte que hay un mundo entero más allá de tu oficina, tu jefe, tu sueldo, tus cafés de media mañana, tu secretaria. Para explicarte que algunas páginas encierran más emociones que un gol de Raúl en partido de Liga. Para enseñarte como tienes que leerle a nuestros hijos por la noche abriéndoles puertas que sólo a esa edad se convierten en mágicas. Para empezar leyéndote al oído y seguir por los ojos y la boca y el cuello y después por algunos otros 23 sitios secretos. Para que leyendo conjuguemos todos los verbos que nos acerquen y que todas las declinaciones nos hagan felices. Para que aprendamos los adjetivos que nos ayuden a entender el mundo desde los ojos que amamos, y encuentre contigo los sustantivos que te inventen cada día. Para que las palabras que te lea no se escapen por la escalera, ni se metan en la nevera, ni se vayan a la calle y se queden aquí con nosotros debajo de las sábanas, metidas en tu oído y sólo puedan desde ese hueco cálido y oscuro llegar, sin perderse por el camino, hasta tu corazón. Para que las recuerdes cuando estés solo, cuando estemos muy lejos uno del otro y quizás ya te hayas olvidado de mi cara y además mi cara no sea ya la misma sino mucho más vieja y más bella marcada por todos los soles y los mares que no quisiste compartir conmigo. Para que si te quedas, que si te leo lo que esperas, no dejes nunca de amarme, aunque mis gafas sean cada vez más gordas, yo cada vez más torpe, mis pelos cada vez más blancos y mis pasos más lentos y para que mi voz te haga imaginarme delgada, alta y rubia como era cuando nos conocimos. Pienso mientras la vida pasa y aún tenemos eso como el mejor regalo: Que me dejas leerte todavía al oído. 

María Tena


Relatos participantes en la  edición 2001

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Hiperbreve 45

EL TRANSISTOR

            Seguro que se santiguó. Llevo toda mi vida viendo como lo hace cada vez que sale del portal, cómo no lo iba a hacer para un viaje así de largo, siendo como es, tan vieja, tan supersticiosa, tan para ella misma. La imagino preparándose; el bastón encajado entre los dos asientos, bien a mano; la almohada para las cervicales que le regalaste antes de que marchara; el billete en la mano para que no le pasara como la última vez, cuando le pusieron la cara colorada por no encontrarlo entre los cachivaches del bolso. Y el transistor. Te hubiera sorprendido verla tan contenta con su transistor, lo compró en el decomisos de abajo especialmente para el viaje. Hoy el niño me ha dicho entre lagrimas que antes de que saliéramos para la estación él le quitó las pilas para ponérselas a la maquinita. Pobrecilla, seguro que empezó a golpear el aparato, maldiciendo al de la tienda y sintiéndose engañada por ser una vieja que no entiende de esas cosas. Supongo que al final tuvo que recurrir al Hola que le compré pesé a sus negativas de que no lo iba a leer, que se le cansaba la vista, que por algo gastó ella los cuartos en el transistor. Ahora no hago más que imaginarla encajonada en el asiento, con el Hola y un transistor inútil sobre las piernas, santiguándose al ponerse en marcha el tren.

Y ahora encima el niño que me está volviendo loca con los llantos, dice que no ha gastado las pilas por completo, me pregunta que si se las podemos llevar y yo ya no sé cómo decirle que él no tiene la culpa de nada, que las pilas no tienen nada que ver con que el tren de su yaya descarrilase.  

 José Alcatraz


Hiperbreve 44

23 razones para leerte al oído.

 Un sabio anciano, con el fin de trasmitir sabiduría y ayudar a la recuperación de su joven rey, contó una historia que vio alguna vez en un libro de un reino acaso imaginado. El cuento, trascrito por un descendiente del sabio, dice así:

Así como en Las mil y una noches, él debía pagar el tributo para continuar con vida. Sólo que no tenía que narrar cuentos, más bien se trataba de dar una razón por la cual ella, con el consenso de todas, se acercaría a su oído para leerle la antigua tradición y contarle una historia, luego lo desasiría de la túnica de lino fino, lo tendería sobre el lecho de púrpura, ónice y jade para entregarse a sí misma como un sacrificio; de otra manera, un cuchillo sagrado le traspasaría la garganta. Estaba escrito en la ley que si un hombre sobrevivía, dando cada noche la razón correcta, al ciclo de los sacrificios, tendría el derecho de tomar posesión de la mujer. Por lo general, las mujeres que copulaban con los hombres en el ciclo quedaban embarazadas, de esta manera, la tribu permanecía, pues ningún hombre de esa nación había pasado la decimoquinta noche, menos se habían acercado a sobrepasar las veintitrés noches del ciclo, número por demás cabalístico en esa región. Él había llegado más allá que cualquier otro. La vigésima tercer noche ella se le acercó, como las noches anteriores, con el cuchillo de oro y detalles de topacio recién afilado. Él, amarrado a la silla de piedra, cumpliendo el destino de todos los hombres, no supo qué decir.

Del rey y del joven sólo se supo que cuando acabó el cuento, cumpliendo la más antigua de las tradiciones, el anciano encontró a su rey con los ojos muy cerrados. 

David Aguilar


  Hiperbreve 43

Mi voz se esconde en tu respiro y yo te observo, callada, llena de nostalgia, mi delirio...  Contar palabras, una o dos, contar veintitrés.  Contar un sin fin de oraciones, de razones, mientras tú, diminuta  flor silvestre te derramas en sangre y olvido. Mujer osada, han callado tus labios de locura infinita tras cada verso que sale de mi boca, de mi garganta... y yo, como si fuese un Tenor de esos que cantan la “La donna è mobile te canto al oído en un susurro de mil frases que  convergen en una sola imagen, tu imagen, mi reflejo sonante.  Así, muda y sin respuesta te presiento desnuda, estremecida ante mis besos, ante mi trova y mi delirio. Mujer ola de naufragio ¿a dónde miran tus ojos? Ojos que ya no existen, que observan a la nada, como si la nada fuese en realidad palpable, y mientras, mi voz se diluye en tu no hablar, y mi lengua susurra en tu oreja mil versiones en idiomas distintos... Mudo oído silente que está resuelto a percibir cada sonido, cada palabra, aunque ya no la escuche, aunque su sensibilidad se haya perdido para siempre, aunque sus ojos mientan y mueran y callen en el tiempo.

Arianna Corredor


Hiperbreve 42            

 

Me han dicho que no logro apartar tu sonrisa de mí, que cada vez que camino imagino tu cálido cuerpo meciéndose entre mis brazos.  He notado que eran tus lágrimas de niño las que me hacían no pensar y volver a amarte con frenesí mientras sentía tus manos acariciando mi espalda desnuda, en tanto adivinaba lenta y segura tu alma bebiéndose mi voluntad.  Tu voz que me ordenaba suavemente a meterme en tus ojos y enredarme en tu cabello.  Mi corazón se ha dado cuenta que está aún enamorado de ti, que no piensa mas que en tu boca con ese sabor azucarado, que no puede esperar para rodearse en tus brazos que temblaban al tocarme.  Recuerdo que me asustaba escuchar tu corazón latiendo estridente dentro de tu fuerte pecho que  siempre me robaba la tranquilidad; entretanto, con esas palabras que solo tu conocías me llevabas a un mundo nuevo donde no existía nada mas que tu mente ideando la nueva travesura y tus piernas moviéndose firmes,  constantes hasta donde estaba.  Me he encontrado esta noche muy sola evocando lo que se fue: tus ganas de explotar para colmándome de besos; tu ternura bañándome en la ducha fría, tu timidez diciendo muy quedo que me amas.  Empiezo a llorar sintiendo que perdí para siempre tu aliento  que me nutría en las madrugadas, sabiendo que nada de lo que haga traerá de regreso tu humor y tu nostalgia.  Entonces cierro los ojos y empiezo a recordar cuando cansado dormías volviéndote la visión más bella en el sillón;  yo, queriéndote decir todo lo que te amaba, como cada una de estas cosas me volvían loca y sin despertarte me acercaba a tu rostro para muy suave leerte al oído lo que escribía mi corazón.

ALEJANDRA REYES G


 

Hiperbreve 41 

23 RAZONES PARA LEERTE AL OÍDO

Porque te quiero. Porque después de la lucha recuerdo cómo enroscabas tu cuerpo desnudo, de ninfa juguetona, a mi corazón de gigante embobado. Apretabas fuerte, bien fuerte, con tus brazos de piel de melocotón, y yo besaba tu cuello de oro, tu pelo de plata, acariciaba tu oído con la poesía del amor que brotaba de tu  lujuriosa fragancia. Felicidad. Ilusión.

Porque cada segundo deseo sentirte, mirarte, desnudarte, descubrirte, saciarme con tu agua, beber de tu alma, soñar con tus ojos, llorar en tu sexo; sólo fatuas esperanzas. Porque tu risa se repite incansable, inunda las habitaciones de mi mente, cuela su sombra entre las sábanas apuñalando la paciencia. Y yo mientras, espero, pienso, recuerdo. ¿Qué hay de aquéllos días jubilosos de paseo en barca, de palomas atontadas, de empacho de vainilla, regaliz y nata? ¿Qué ha sido de la pasión entre los setos de la ignorancia? Acechando siempre un terrible fantasma. Sólo un velo que pierde transparencia, tintándose de negro con el paso del tiempo, aliento a aliento, semana a semana.

Porque quiero volver a inundar de secretos tu arca, existir, amar, volar, florecer, madurar, lanzar mis redes, matar con mis flechas, perderme en tu esencia, renacer; porque ansío de nuevo mentirte al oído.

Veintidós razones para recordarte, para susurrarte mi vida. Una más: porque tu suicidio  ha hecho que yo contemple mi triste final desde la altura de tu alma. Ahora mi cuerpo cae, tus brazos envolverán mi esperanza.

 Ivan Humanes Bespín


 

Hiperbreve 40

TÚ Y YO, Y UNA CANCIÓN DESESPERADA

Escuchaba leves gritos y lamentos. Su trabajo era desactivar minas terrestres. Eso debió ocurrir, pensó, y terminó postrado en un hospital. Tuvo consciencia del hecho y recordó el estallido. A la sazón supo que había perdido las manos, que no veía y que tampoco oía porque su rostro debió despedazarse con el impacto. Nunca más dejó de llorar. Día tras día ahogaba su tristeza en lágrimas desconsoladas. Deseó no haberse involucrado en esa guerra miserable. Tenía dieciocho años, y seis los había pasado en el ejército. Su vida se había desvanecido en los horrores de la batalla.
Al vigésimo día, la respiración se le hizo más trabajosa, lo poco que inhalaba le quemaba las entrañas, se desesperó, intentó gritar pero no tenía voz, si se movía le ardía todo el cuerpo como si sus venas acarrearan fuego en vez de sangre. Certeza tuvo de que había llegado la hora, y, aunque estaba asustado, se sintió aliviado. Percibió, en su solitaria agonía, un aroma exquisito y refrescante que lo tranquilizó, sabía que era una mujer, a pesar de que nunca había olido el perfume de una. En la lejanía, como si procediera de un sueño, escuchó su dulce voz que le hablaba. Apenas escuchaba, mas fue como una melodía de ángeles. La voz se acercó a su oído, y le dijo cosas incomprensibles, pero bellísimas. Se sintió levitar entre nubes, se sintió acariciado por el aire fresco de la primavera, se sintió bailar al son de un canto sin música que hablaba de el amor que nunca conoció. Veinte poemas de amor y una canción desesperada decía ella al terminar, y él la pudo ver sin mirarla, vio las niñas azules y la cascada de oro que le caía sobre la cara, pudo ver los labios desde donde manaba ese poema divino, y antes de dormir sintió algo extraño en su corazón. Se enamoró. Veinte poemas de amor y una canción desesperada, repitió ella, tú y yo, veintitrés razones para leerte al oído, concluyó, y Slodovan murió. 

Víctor Arias


 

Hiperbreve 39

Mansas Bestias He estado vertiendo siluetas sin sombra Donde la muerte siembra la penumbra Levante la vista de las teclas y tus hombritos desnudos iluminaban la madrugada Tercas mansas luces tus ojos ponen siempre Caracoles rotos, uno tras otro tu colar Haremos una fiesta de morir tal vez Sueños dices como si nada Cuando el calor de tus manos destruyen sigilosamente las palabras La vorágine diurna se aproxima para salvarme No haces fácil apareo, las cosas que no veo las deseo Indemne comezón de las nostalgias Bajo tu falda tus gestos, y un calor nocturno en mi garganta Espero medrando Dulcinea Cabizbajo, sordo, mientras tanto Siempre perdido Siempre hallado Tu regazo abandonado pide demasiado No es suficiente, siempre engaños Segregamos diatribas que rompen mis huesos Parimos ceños, parimos mansas bestias Parimos mas Hasta partir el estrado Un café undefined de nuevo, gracias

TAL YUN


 

Hiperbreve 38

RAZONES

Una razón? la poca fe que tienes en mi. Otra, que siempre escribimos nuestro futuro en las barras  de los bares. Otra?, que acabamos en distintas camas cuando las fiestas terminan y la coca del lavabo sabe a aspirina de farmacia de guardia. Más?, que cuando follamos en el armario empotrado del hospital donde  trabajas el olor a ropa limpia me excita, empujo tu vientre hasta colgarte de un percha  esa violencia  te da tanto placer que acabas llorando. Razones dices, no necesito razones para quitarte las llaves del coche y ponerle a 180 en sentido contrario porque me dijiste que todo esto te empezaba a cansar. Tengo muchas razones para leerte al oído, pero quizás la más potente, la que me inspiras ahora,  es devolverte la vida con un verso. Fumo un cigarrillo en nuestro apartamento, oigo el ruido de unas sirenas en la calle,  golpes en la puerta y tu sangre manchando la alfombra que compramos en IKEA el pasado sábado. Razones dices, pongo este correo electrónico a  una pagina web para quedar vivo siempre, quizás en un par de semanas estaré en el corredor de la muerte, justo enfrente del olvido.

JOYCE


 

Hiperbreve 37

"23 razones para leerte al oído" 

Todo empezó con un susurro, el de mi nombre. Del oído viajó como una irradiación de energía por el cuerpo hasta mi sexo. En cada poro de mi piel se posó unos segundos preparándose para reventar con una fuerza de toro. "No contengas la respiración” me dijo la voz, y en una expiración emergió la fuerza con tanta suavidad que sentí un orgasmo fresco bañado por una brisa ligera. Leerles sus historias al oído se convirtió en mi destino. Escritas en su piel y en su rostro emanaba el susurro como un manantial de letras que habitaban el espacio de imágenes avanzando hacia la difusa línea entre la muerte y la vida. Se separaban de mí asustados y se tapaban los oídos dejándome en una insatisfacción absoluta plagada de historias sin final que necesitaban ser compartidas. “Escúchame”, les decía, “pararé cuando te atormente”, pero se negaban a sufrir. Entonces  apareciste tu y el relato empezó a surgir a borbotones como arcadas que preceden a un vómito inmensurable. Seguiste allí inamovible y, conforme me sumergía en tus sueños y me acercaba hacia tu monstruo que resoplaba impaciente, me invadía el miedo a perderte. Nos miramos a los ojos en la oscuridad de tu cueva y por fuera tu inocencia se tornó en un espíritu que como poseído se metamorfoseaba: reías, canturreabas ausente, amabas, dudabas, traicionabas indiferente, relinchabas de deseo, te culpabas torpemente, lloriqueabas, sufrías, te estremecías, recordabas, te evadías, volabas, sonreías maliciosamente, maldecías, maltratabas, te golpeabas, perdonabas con recelo, odiabas a muerte, matabas, y morías lentamente, mientras yo... me retorcía de placer. Caíste ante mí derrotada por vivir en unas horas el sentir de una existencia y la brisa fresca y suave de los comienzos de mi vida me invadió de nuevo manchada de duda: ¿era el sentido de mi vida tu muerte?. Te sacudí con fuerza; tus enormes ojos sabios  me miraron con un amor agradecido y comprendí que la muerte también acaba: Resucitabas.

 Vigui

 


 

 Hiperbreve 36

Podría ser la única manera que me queda, la última oportunidad para convencerte. Leyéndote dulcemente al oído, intentando hipnotizarte para que llegaras a ver lo mucho que necesito tu vida en la mía. Aunque las palabras no sirven ya, sólo queda un milagro. Me has dejado como un alma sin sentido, sin poder dejar de pensar en ti. Despertar es volver a sufrir, a morir. Seguir cuerdo el resto del día, algo imposible.Te susurraría al oído, otra vez, todo lo que te enamoró. Pero ahora con una pasión de locura,  sabiendo que en ello va mi vida. Porque así no puedo vivir. No puedo vivir sin tu energía, sin tu mirada, sin tu risa, sin tu maravillosa existencia. Te leería mi corazón, que me recuerda cruelmente que ya no te tengo a mi lado, que hay personas que pasan y quedan para siempre en este músculo sin lógica. Te leería mi cabeza, que son dos. Una piensa en ti cada minuto, la otra hace que siga a medias en este mundo. Te leería mi alma, que parece muerta desde que no te tengo conmigo. Ya no ríe, ya no canta, ya no tiene ganas de aprender, de conocer otras vidas. Reniega de todo lo que se cruza con ella, queriendo morir por falta de la tuya. Porque soy nada sin ti, soy una sombra que se mueve  por las calles de la ciudad, buscándote en los bares, en las esquinas. Me has roto en mil pedazos de locura, en mil pequeñas razones para volverme loco. Me has dejado sin razones para seguir viviendo, sin razones para seguir escribiendo al amor, sin razones para buscarlo. Tú me has dejado lleno y vacío. Lleno por aquellos momentos. Vacío por saber que sólo podré vivirlos otra vez en mis recuerdos. 

Begoña Eladi 


 

Hiperbreve 35

 
            Voy al teatro y en mi butaca preferida veo "El secreto de los hombres libres". En el año 2150, apenas existen libros, el Doctor Valcanus con la ayuda de sus cíclopes quiere suprimir toda palabra escrita para imponer su "mundo de una sola idea". Leer y escribir está prohibido.
 
        No es realidad, es ficción, pero joder, salgo del teatro y veo que la ficción se vuelve realidad. ¿A cuántos le gustaría crear un mundo de una sola idea? ¿Y prohibir escribir?
 
        Ellos actúan para para que tú interpretes lo que ellos quieren. Somos más de dos los que pensamos así.
 
       Detrás de las bambalinas de mi cerebro esperan ser vestidos con la palabra los pensamientos para poder salir a escena 
 
Lebrero
 
 

 

Hiperbreve 34

Razones

 En la habitación a oscuras, suena el despertador a las seis de la mañana. Blanca se sobresalta por el estruendo. Soñolienta saca la mano de entre las sábanas y desconecta el repiqueteo del reloj. Piensa que es la hora de levantarse pero el sueño la invade. De pronto, se acuerda de los atascos, de la carretera, del aparcamiento y súbitamente  se levanta como una autómata dirigiéndose al cuarto de baño.

Sigue sin saber que camina. En el water se desahoga soltando el líquido de la noche. Deja correr el agua de la ducha introduciéndose en la bañera. La espuma del gel, la hace reaccionar. Se recrea y se despeja tras el agua cayéndole por el cuerpo. Ahora, se siente mejor y más optimista. Vuelve a la habitación y se viste. En casa todos duermen. Recuerda que tiene que llevarse unos diskets porque le hace falta en el trabajo. Los coge de uno de los cajones del mueble junto con el bolso y, sale de casa, dando un leve portazo.

Al salir a la calle se siente mejor. La mañana es cálida y el cielo no admite nubarrones. El día se espera precioso. Se dirige al garaje que está a unos cien metros de casa, saluda al portero y decidida coge el coche y como cada día a ser paciente con el tráfico. Se siente otra. Ahora se alegra de haberse levantado temprano, de tener trabajo, de los compañeros que tenía. Piensa que ha valido el esfuerzo de estudiar, porque el puesto que tenía era remunerado y la libertad que, le hacía sentir la independencia estaba realizada.

Es la rutina diaria, una de las 23 razones para leer al oído, lo que nos empuja a escuchar y a razonar.

Juana Día Díaz


 

Hiperbreve 33

Cobarde El hombre más cobarde del mundo se pasaba días enteros quejándose de estar enfermo hasta que sus familiares lo llevaron a rastras al médico. En el hospital, oyó decir al doctor que a su paciente le quedaban solamente unos días de vida a causa de un cáncer avanzado. Aquel hombre sintió que estaba a punto de morir y un miedo terrible se apoderó de él, lo que ocasionó que un infarto fulminante segara su existencia. Sin embargo, el doctor, estaba hablando de una anciana de 87 años que, transcurridos 5 años desde entonces, sigue aferrada a la vida. 

Marcos Celis Quintal


Hiperbreve 32

Mientras te leía alguien oyó y rió, luego lloró,
 pensó, no comprendió y se burló. Tenía el alma

 ocupada en otros asuntos: dinero, odio, envidia; sentía

 incomprensión hacia todo lo que él no compartía.

 Tenía el alma vacía de amor exceptuando el amor que por sí

 mismo sentía. No entendía que cuando te hablaba de

 besos dulces como la miel no mentía. Los besos

 enamorados tienen ese sabor, así de cursi y así de

 dulce. Se rió porque te dije que no había en el

 mundo un amor tan puro como el nuestro. Y no mentía. Cada

 historia de amor es única, la mejor, la más sincera,

 la más generosa...LA HISTORIA DE AMOR. Lloró cuando

 te dije que si tú morías yo no seguiría viviendo. Lloró

 porque aún no había llegado a ese punto donde se

 siente que la muerte nos rodea y es tan natural como

 la vida, por tanto, no tiene nada de trascendental

 que una persona esté o no esté; que una vida más o una

 vida menos no significa nada para el devenir del

 mundo sin pensar que cada vida es única, especial, y que

 puede cambiar eso: el devenir del mundo. Aún pensaba

 que nadie tiene el poder de decidir quien puede y

 debe vivir y quien no. Por eso la muerte lo conmovió.

 Pero no comprendió cuando oyó que prefería tener por

 techo el cielo y por lecho la tierra, (en el sentido

 literal de la palabra tierra, con todas sus piedras, charcos

 y malas y buenas hierbas), junto a tí que tener el

 mundo a mis pies (esto sí, en sentido figurado) a

 condición de renunciar a tí. Tengo 23 razones para leerte al

oído cuando te leo aquella poesía que para tí

escribí cuando te conocí, hace ya tantos años, cuando íbamos

 a la escuela, y que aún sigue vigente para tí y para

 mí pero, vida mía, el resto te las diré al oído para

 que nadie excepto tú las oiga. Que no  lleguen a otros

 oídos que no comprendan. Porque nuestras palabras de

 amor, son eso: NUESTRAS. Como nuestras son las

 razones por las que nos amamos y éstas son muchas más de 23.

 

Pilar G. A


 

Hiperbreve 31

En la noche oscura, mientras todos duermen, este monólogo llega a los oídos del INNOMBRABLE en un susurro que trae el cálido aire de verano, y ÉL se alivia pensando en que la eterna lucha que sostienen EL BIEN Y EL MAL aún no ha terminado y que hay buenas razones para no perder la esperanza. Yo voy de frente; tú por detrás. Yo creo y pongo fe; tú descrees y siembras dudas. Yo soy transparente como vidrios recién abrillantados; tú te escondes detrás de cristales opacos y entristecidos. Yo me río, y mi risa es espontánea y sincera; tú emites falsas carcajadas por compromiso y complacencia. Yo ironizo al decir mis verdades; tú te burlas de todos. Yo rompo en llanto amargo cuando el dolor me acuchilla; tú te acorazas, tramando venganza. A mí me ves venir, a tí hay que descubrirte entre las sombras. Yo proyecto y mis planes son lineales; tú no haces planes, sólo te revuelcas en la trama oscura de la vida. Yo acepto mis errores y los enfrento; tú enseguida encuentras un culpable. Yo lucho por ser mejor persona cada día; tú sólo quieres parecerte a los demás. Yo me cuestiono constantemente a fin de mejorar; tú tratas de engatusar a todos. Yo defiendo mis principios, aún contra la corriente; tú en cambio, te acomodas muy bien al “si todos lo hacen”. Tu, la MUERTE; yo, la VIDA.

Viviana Llorens


 

Hiperbreve 30

Sentado en el borde del mundo cierro los ojos y espero el momento.

Sólo deseo dar el salto, consumar un lejano anhelo. A mi alrededor bullen murmullos y llantos.

Pero eso ahora ya nada importa.

Busco la entrada o la salida, el fin o el principio. Aquello que hay oculto detrás del último aliento. La palabra prohibida. El saber desconocido.

Otros ya estuvieron aquí. Y otros tantos como aquellos vendrán tras de mí, por mucho que les pese.

Caigo de nuevo en el vasto espacio de la nada, en el centro del mundo. Y aguardo con recelo la consumación del último acto de lujuria.

Ese será mi próximo momento.

Mientras, por el infinito se fragmentan mis recuerdos. Se pierden, se van, se vuelan.

La carne, que limpia y quieta va perdiendo su color. La caja, donde ya solo queda el olor. La tierra que ya desapareció, quedó allá arriba, o allá abajo, pues no se bien donde estoy.

Pero aún así es posible que alcance a comprenderlo todo.

Ansío el instante. Tembloroso y etéreo me sumerjo en el fuego resplandeciente.

Ritmicamente me muevo a través de él, al son de unos latidos, mi nuevo corazón. Hace calor pero no quema.

Ha llegado la hora, la circunstancia especial. Solo oigo unos gritos.

¿Quién es?... Soy yo.

 LUIS MIGUEL GONZALEZ PAZOS


Hiperbreve 29

Ella no sabe que siente por él. Su deseo por él es fuerte, esta vivo, late como un corazón, pero, ¿qué desea exactamente de él?... ¿Qué hay de malo en desear más?...Ella no quiere conformarse solo con un trozo de cielo, quiere más....

Ella es curiosa, muy curiosa, tiene una gran avidez por saber... información, información, sobre todo desea saber... ¿Para qué existe el alma, sino?...¿Para que existe la mente sino para saber?...

Él es para ella un reto, un algo desconocido que no sabe como es pero se adivina interesante, con posibilidades. Como un arcón viejo en un desván puede estar vacío o lleno de juguetes maravillosos...

Ella se acerca a él tranquila, pausadamente, quiere hacerlo todo despacio, como un susurro, con todos los sentidos, concentrada en la respuesta. Nada debe despistarle, debe saber, necesita saber...

Ella roza con la yema de sus dedos la piel de los labios de él. Quiere estar segura de que existen realmente, de que son sólidos y no van a desaparecer de un momento a otro...

Los labios de él son calientes y suaves...

Ella tiene que besarlos para saber... Se acerca despacio y posa sus labios en los de él... Sus sentidos abiertos  a la más mínima sensación.

Espera, siente... Nada, no hay nada.... Un contacto sin emoción, sin sentimientos...

Ella cierra los ojos y se separa de él.

Yo aprovecho para salir del cuerpo de ella, lo hago como un viento que se aleja sin dejar huellas. No he dejado ningún poso en la copa que he usado por tanto tiempo. Nadie se ha dado cuenta de mi presencia...

Ahora, por fin, ya puedo volver a mi hogar...

 Asun Pedraza Aragonés


Hiperbreve 28

El pecado

             Manuel le oyó decir siempre a su madre que debía tener el alma limpia de pecado. A Manuel le gustaba observar cómo su madre hacía las tareas del hogar, ataviada con sus guantes de goma y rodeada de botellitas.

            Una tarde mientras le cuidaba la abuela, Manuel rompió un par de vasos, pero el lugar del bofetón le castigaron en el cuarto de la limpieza. Entonces Manuel se acordó de lo que mama decía y de sus botellitas mágicas que limpiarían su alma.

Guillermina Tarraga
 

Hiperbreve 27

23 razones para leerte al oído 

1. Porque tienes los ojos de un niño que nunca lo fue. 2.- Porque yaces en el suelo sobre la espesa vegetación de la selva. 3.- Porque naciste con hambre. 4.- Porque alguien te vendió al patrón y él te amenazaba con su machete punzante y sangriento. 5.- Porque por las noches dormías en un colchón de cemento y fumabas hierba para olvidar que tenías miedo. 6.- Porque trabajabas en la plantación de sol a sol a cambio de un plato de arroz cocido. 7.- Porque el patrón nunca te pagó el dinero prometido. 8.- Porque tienes los pies llenos de ampollas y las manos en carne viva. 9.- Porque llevas la espalda repleta de grietas que supuran pus. 10.- Porque tuviste el valor de intentar escapar del pozo negro en el que se había convertido tu vida. 11.- Porque caminaste durante tres días sin comer, sin descansar, sin poder humedecer tus labios secos con un poco de agua. 12.- Porque  en tu caso vivir es mucho más trágico que morir. 13.- Porque perseguiste el sueño de ser feliz. 14.- Porque perdiste a tu padre cuando eras un bebé y a tus hermanos se los llevaron a luchar a la guerra. 15.- Porque quisiste que tu madre y tu abuelo tuvieran una vida digna. 16.- Porque a pesar de todo el esfuerzo la vida se te escapa. 17.- Porque me duele verte abandonado sin que nadie te acompañe hasta el más allá. 18.- Porque eras un niño esclavo del año 2001. 19.- Porque nadie te dio una brújula cuando abandonaste la plantación y te perdiste en medio de la selva. 20.- Porque me da vergüenza pertenecer al “mundo civilizado”. 21.- Porque tú no elegiste nacer en el “mundo pobre”. 22.- Porque te vas a morir sin haber aprendido a leer en la escuela. 23.- Porque soy un ángel y te rescataré del infierno con palabras celestiales. 

Ester Garrido Nozal


 

Hiperbreve 26

"23 razones para leerte al oído" 

 Dolor, pasión, gozo, locura, risa… todo en mis manos. Bandadas de palabras acarrean con sus alas una mirada demasiado cansada, inflaman con pasión sanguínea un corazón ya antiguo. Observo los pliegues de mis dedos, la piel desgastada junto al folio amarillento y siento lástima, o.. ¿quizá vértigo?

Un dedo encorvado por la costumbre se desliza sobre el renglón repleto. Qué placer escabullirse del veloz tiempo; qué delicia dejarse acariciar por una brisa de palabras en movimiento. A mis anchas sobre las líneas, salto de palabra en palabra; ajeno a un destino portátil, me encaramo a tu hombro encogido y susurro: "despierta, Juana, despierta". Pero no despiertas. Y no despiertas porque no existes…

Te imagino, te dibujo, te bebo y sin quererlo te siento. Disfruto vistiéndote de palabras, acariciando ese pequeño lóbulo imaginario con sonidos de tinta. Te leo al oído, te escribo con la boca pensamientos de otros. Y lo hago por 23 razones, 23 razones que desconozco y que, quizá no deseo conocer. Son 23 suspiros que me mueven a sentir mi respiración junto a tu piel, a verte estremecer ante el uso hábil del lenguaje. ¿Puedo imaginar mayor placer que el de sentirte a mi lado en este apasionante viaje? Tiemblan mis dedos agarrotados y tiemblan porque me miras ilusionada, porque escuchas concentrada reflejos de otras mentes.

El sonido crujiente de la última página da paso al tacto frío de la tapa final del libro. El verbo se seca, el sustantivo despega de mi mano y se funde con el adverbio. La magia se difumina y desapareces entre mis manos apergaminadas. Un libro queda sobre la pequeña mesita de noche, mientras, con la memoria en carne viva, me giro y abrazo la confortable almohada. Simplemente pienso: "23 razones, 23 razones para leerte al oído".

 Roberto Goñi

 


 

Hiperbreve 25

Al rayar el alba

Un día ocurrió que siguió siendo noche. Los madrugadores despertaron confiados, acostumbrados a su despertar oscuro cuando aún el sol no ha despuntado. Coincidió su estupor con el de los que se levantan al rayar el alba, viendo negro el día que presumían soleando. Ahora ya la preocupación era más grave, grupos de gentes se juntaban en las calles y se miraban los relojes. Los medios de comunicación transmitían ya la noticia. Los científicos comenzaron a llamarse los unos a los otros, que qué pasaba, que qué ocurría, no había sol, no había día. La preocupación fue miedo y al poco terror cuando se extendió la noticia a los trasnochadores, que despertando al mediodía veían medianoche.El asunto fue alcanzando tintes dramáticos, apocalípticos, más aún cuando se supo que en la otra mitad del mundo la noche seguía de día.Y fue entonces, a punto ya de enloquecer, cuando un anciano argentino aseguró con calma:"No le den más vueltas, el tiempo se dilató".

Aitor Sánchez Álvarez Lozano


 

Hiperbreve 24

Si por los menos tuviera dos razones, de las veintitrés que
necesito para leerte al oído. O al menos existieran dos,
pero solo existe una única  razón que las dos compartimos.
Es evidente que esas letricas que se mueven  como hormigas
unas detrás de otras, no te dicen nada, no entiendes porque
unas tienen ese punto encima, unas patas largas, ganchos
abiertos, olas que suben y bajan como el mar, ojos que no
ven y alas de mariposas. No te importa que existan? O quizás
sí? Como me anima que hasta ahora no te enredes en sintaxis,
morfología, fonemas, conectores, homónimos, parónimos,
significante, etc. para ti nada de eso es importante;
tampoco que estén escritas con tinta roja, azul  o verde, tu
color preferido; ni siquiera que sean grandes o pequeñas,
que existan  todas juntas en el papel, o que desaparezcan
cuando la página cambia. Tu atención está puesta, absorta,
poseída, transportada a esa historia que tantas veces
quieres que te cuente.No importa  la jornada, la tarea, la
lluvia y el frío que se cuela por la ventana rota, que el
cansancio y el sueño te quieran vencer, hay mas de
veintitrés razones para que esos ojos grandes se peguen con
atención al  libro que abro y leo. Historias de duendes, de
princesas encantadas, de ogros, de lobos feroces, de
calabazas, de hadas madrinas, de príncipes, de brujas
malvadas, de botas mágicas, de sastrecillos valientes, de
tempestades y huracanes, de madrastras despiadadas, de
avaros, de reyes, de soldaditos de plomos, de tormentas  y
de casas de chocolates, vuelan por el aire palabra tras
palabra, y ya cuando he agotado todos los recursos, cuando
todos los cuentos han tropezado con las nubes por los aires,
invento mas historias maravillosas para la nieta de grandes
ojos negros mas atenta que existir pudiera, y entonces mi
corazón me dice que  existe una sola razón, la del amor,
para leerte al oído.

 Colombosa  


Hiperbreve 23

VENTITRÉS SINRAZONES

 Te gustan las voces suaves, los susurros de sueños. Te gustan las caricias tan leves que nacen y mueren en la imaginación. Te gusta el espacio hormigueante entre dos manos a punto, siempre a punto de tocarse. Te gusta el vello erizado, el amante fantasma. Te gusta el amor secreto, el amor medieval. Te gustan los universos paralelos, los acercamientos por la tangente. Te gustan los verbos alejados del sujeto. Te gustan los ecos que rebotan en las pareces de los paréntesis. Te gustan los pasillos, las manchas en la pared. Te gusta la penumbra atravesada por una lanza de luz. Te gusta el silencio habitado por la premonición. Te gustan los oráculos, las voluntades alquímicas, la pasión psicodélica. Te gusta la espina de la rosa y la gota de sangre. Te gustan las vidas de los santos. Te gustan los párpados cerrados y las pupilas dilatadas. Te gusta el canto de pájaros invisibles, los rumores subterráneos.  Te gustan los enigmas que no te dejan descanso.  Te gustan los gestos cómplices de los desconocidos, la lógica hermética del azar. Te gustan las conversaciones inconclusas, los razonamientos circulares. Te gustan las ruinas, los caballos, las espadas, los velos que ocultan el rostro. Te gusta el miedo de los otros. Te gusta el poder de las máscaras. Te gusta mirarme y presentir que dentro de mí no hay nadie.

 Desde que estás muerta, es más fácil tratar contigo.

 ANA PÉREZ CAÑAMARES 


 Hiperbreve 22

DOS Y UN TERCERO

 Ella se regocijó en la cama, desnuda, extensa sobre su sexo casi menopausico, cubierta a medias por unas sábanas blancas que habían arropado a dos hombres en un mismo día. Mientras, el joven vestía su desnudez con vaqueros y una camiseta que decía sobre el pecho: Coca-Cola. Después de besarla, ella le dijo con su rostro entre las manos: “mañana a la misma hora, mi marido se ha marchado por un viaje de negocios”, y callaron mirándose, “¿sabes? Tu me has traído la frescura, ya no quiero a mi marido, por ti lo he olvidado, incluso sopeso la posibilidad del divorcio”. Silencio. “Si, voy a pedirle el divorcio. Le haré polvo porque en el fondo me quiere y es muy conservador ¿sabes?”. Se despidieron de nuevo con un beso húmedo y lascivo, restos de una libido saciada. Bajó las viejas escaleras con pasamanos de forja y peldaños de mármol blanco hasta detenerse en la entrada del edificio. Llovía, sacó un pitillo que dejó colgando de los labios y esperó a que le dieran fuego. Una figura salió de la oscuridad. “¿Esta contenta?” le preguntó a la vez que le prendía el cigarrillo con un mechero muy trabajado en plata, “tu mujer es un encanto, un derroche de cariño”. Los dos fumaron, mientras observaban como una chica se cubría de la lluvia bajo unos balcones, en la acera de enfrente. Entonces el chico recogió el sobre que le extendió delante, lo abrió, vio varios billetes en su interior y no los contó: “mañana a la misma hora”, “de acuerdo”, y el chico se alzó el cuello de su cazadora vaquera dispuesto a correr bajo la lluvia. Se despidieron sin despedirse, sin palabras ni miradas. El chico salió primero y se perdió rápidamente a grandes pasos para evitar los charcos de la acera. El marido dejó el portal cuando el taxi paró enfrente: “calle Velázquez número dos por favor”. Su amante le esperaba. 

Rafael Medina 


 Hiperbreve 21

v i b r a

Ven. El atardecer es idóneo para besarnos al ritmo moribundo de los hilos del sol.  Juntos. Tramando que soy viento y tú el vientre cristalino donde clavo mis temores. Son recuerdos compartidos, mirar al cielo con las manos, suspirar con los oídos conforme  cantamos con la respiración, demos gracias, pues, por estar abrazados con la carne y el erotismo.  Tanto te deseo que medito cómo será tu muerte -tu deceso invertido- sin enterrarte, sin rezarte, dejar que tus restos ramifiquen en mi sangre, para que penetres mi futuro insaciablemente de por vida. Me conformo al descifrar el sabor de tu pelo que cambia en verano, se duermen las caprichosas tiras de fino trigo a la espera de mis labios; esperan que las fermenten.  Hablamos del miedo espiritual, de la lejanía prevaleciente en todo amor humano, perfectamente débil, extraño. Par de gárgolas disecadas en la cornisa de nuestra piel, resguardamos la espina que nos une, que nos hace revivir madrugadas.  Es cuando nos atacamos, nos besamos como bestias, con las uñas acariciamos nuestra yugular; sucumben desmayadas las vísceras, ¡consúmanse más allá de su intimidad natural!  Somos humanos resguardando silencios de nuestra pasión animal, existimos mejor porque conjugamos historia y ficción en las sábanas mudas. Mientras te lo digo, el sudor de verano que hay en tu espalda te traiciona, es interminable. Te beso insaciablemente, te beso esperando dejar un testamento de amor; en tu boca mi obituario.  Ya olvidé el sentido natural de la rutina, ahora me preocupa más morderte en tu cuello y tobillo... espera, falta decirte mucho más, pero el tiempo cercena las palabras, por eso, aquí en tu oído, recito un evangelio de amor. Gesta trasparente el origen del camino que nos une, que nos mata y nos reencarna en pasión.

Ivanovich Torres Figueroa 


 Hiperbreve 20

BASTA YA.

Hoy es 23 de Mayo. Curiosamente llevo 23 años viviendo a tu lado. Me expreso de manera equivocada; viviendo tras de ti: me  has convertido en tu sombra. Entonces tenía una sola razón para permanecer así: un amor profundo, hasta doloroso. Soy yo la dueña  del talento, el tuyo, a pesar  mío, es aprendido. Hoy, después de tanto tiempo en las  tinieblas, debo decirte que veintitrés títulos escritos de mi  mano y firmados con tu nombre son 23  razones para gritar: basta. Quiero que por fin una prosa con estilo Nobel  lleve el nombre del autor; el mío. Siéntate a mi lado, cerca, lo suficiente para que pueda leerte al oído éste último escrito, el más diestro,  mi  obra cumbre. Nadie, solo tu sabrás de él y no te lo daré a firmar, por eso no quiero que nadie lo oiga, ni siquiera éstas paredes que han sido testigos de la  lástima que  he sentido por ti   y de  mi abnegación y  de mi  gran renuncia. No llores, éste es el final. Te repito: 23 títulos son  23  razones   para querer ahora tan solo  leerte al oído. Basta ya. Escucha nada más. 

Pilar Aparicio 


 Hiperbreve 19

Cambios de humor en 23 horas

 Desde que ardió el contenedor de basuras de la esquina anoche algo ha cambiado. Cuando ví aquellas llamas, primero anunciantes, luego tímidas y finalmente vencedoras, me pregunté cuantos sueños habría en ese contenedor de basuras que ahora era pasto de un fuego y de la indiferencia urbana.  La gente que pasaba miraba aquellas llamas como si fuese algo que forma parte del mobiliario de la ciudad, igual que los coches, el ruido, la gente convertida en una masa informe... Esos sueños de bidón de basura acabaron por quedar reducido a cenizas mojadas. En nada. A las pocas horas, siguiendo como un esquema definido, fue retirado aquel contenedor y reemplazado por otro. Nuevo, brillante y vacío. Ví partir el maltrecho contenedor... Y ví que el nuevo no se diferenciaba en nada de su predecesor solo que estaba vacío, deseoso de llenarse de sueños. De sueños que acaben en un vertedero junto a la latas de sardinas, restos de moho y el olvido de la ciudad. Esta mañana oía la misma canción que ayer a la misma hora, y de todas la horas... ¡Bendita canción! Hoy es distinta a la de ayer. Los mismos acordes delimitados en sus mismos cuatro minutos. El contenedor estaba allí, perfectamente integrado, iluminado por un sol casi insolente. Una señora lo abrió y tiró una bolsa de plástico con cara molesta. ¿Qué sueños estaría tirando?,  me pregunté, como siempre, preguntando algo que queda sin respuesta, con la mirada fija en la señora que marchaba calle abajo.  El sueño de la hipotéca, de las vacaciones, de un regalo olvidado, la juventud que se marchó y ya nunca volverá... Cómo todos esos sueños que acaban marchitándose entre el olvido y el abandono.

 Alicia R.G


Hiperbreve 18

En el fondo

     Pasaban los días y el abuelo Seferino no aparecía. La última vez se lo había visto regando los crisantemos en el jardín con su sombrero de paja. Hasta que un día tórrido como un desierto el nieto abrió por casualidad el cajón del escritorio y descubrió al abuelo, todavía con su sombrerito de paja, ovillado y en el fondo del cajón. Pero sólo había dormido una siesta

Adrián Marcelo Ferrero


 Hiperbreve 17

CUENTO DE LA DONCELLA Y LA MUERTE

 - "Guerrero, el poeta canta las victorias de tu valor, dice que los enemigos aborrecen tu nombre. Y es pródigo describiendo la sangre que tu ira derrama, la ferocidad que enciendes en el clamor. 

            Guardado por ti, ningún mal osa enturbiar el plácido aire de mi pabellón. No se derramará mi cántaro por golpe violento y traidor.

             Es por ello que no puedo dormir ni disimular mi inquietud.

             Descubro mi mirada sobre tus armas. Y tu oculto rostro.

             Guerrero, habla."

 - "Ese aire de tus velos también es canto que llega a mi desde la voz del poeta. 

Duerme, doncella, a salvo, por el honor de mi espada. Tu rostro tan amado se descompondría sobre la piedra si conociese mi alma. Duerme. No busques más." 

- "Guerrero, y qué pureza mantiene clara su frente cuando descubre tu armada frente a su umbral?."

 Blanca del M 


Hiperbreve 16

He conocido a una mujer que nunca existió ni existirá, en un lugar que no podría describir, bajo circunstancias bastante difíciles de explicar. Su nombre no se llama. ES, aunque no sea, fascinante, increíble.

Conoce todo aquello que los que existimos ni imaginamos. Su conversación es inefable.

Me he enamorado perdidamente, y he decidido no ser para fugarme con ella. 

Octavia


 Hiperbreve 15

Estaba de barro hasta las pestañas. En un agujero, sentado, fumándose un cigarrillo. De vez en cuando se escuchaba música, cualquier tipo de música, y él lo agradecía. De barro, hasta la médula. Del cuello de su camisa se desprendía un olor agradable, muy bonito, especial. Daba una calada, expulsaba el humo y aspiraba el olor. Muy grato, sí, en el barro, aún conservaba en un bolsillo interior un pañuelo completamente blanco y planchado, pero no quería tocarlo, mejor, por si pasaba alguna mujer llorando, a veces alguien se detenía a charlar con él, en el banco de al lado, él en el barro, en el barro, pensaba, hasta en la lluvia. No pasaba nada, no pasaba nada. Caminaba con pies de barro y paso a paso llegaría al río.

 León H. Blas


 Hiperbreve 14

Cuento de la chica que va en un tren y de repente de da cuenta de que va en un tren y EN BLANCO y cuando se recupera se pone a indagar a dónde va ese tren y EN BLANCO y cuando se recupera se pone a reflexionar a dónde quiere ir ella y EN BLANCO porque es bien diferente del lugar al que efectivamente va ese tren en el que ella va y entonces pregunta al revisor cómo puede hacer para tomar el tren que ella quiere o cambiar de dirección y EN BLANCO porque se tiene que tirar perdida ni se sabe el tiempo y al final decide que para ir donde ella no quiere mejor es tirarse ni se sabe esperando perdida su tren y ahí está.

 Maria del Pilar Acebo López 


Hiperbreve 13

23 razones para leerte al oído Para contarte que hay un mundo entero más allá de tu oficina, tu jefe, tu sueldo, tus cafés de media mañana, tu secretaria. Para explicarte que algunas páginas encierran más emociones que un gol de Raúl en partido de Liga. Para enseñarte como tienes que leerle a nuestros hijos por la noche abriéndoles puertas que sólo a esa edad se convierten en mágicas. Para empezar leyéndote al oído y seguir por los ojos y la boca y el cuello y después por algunos otros 23 sitios secretos. Para que leyendo conjuguemos todos los verbos que nos acerquen y que todas las declinaciones nos hagan felices. Para que aprendamos los adjetivos que nos ayuden a entender el mundo desde los ojos que amamos, y encuentre contigo los sustantivos que te inventen cada día. Para que las palabras que te lea no se escapen por la escalera, ni se metan en la nevera, ni se vayan a la calle y se queden aquí con nosotros debajo de las sábanas, metidas en tu oído y sólo puedan desde ese hueco cálido y oscuro llegar, sin perderse por el camino, hasta tu corazón. Para que las recuerdes cuando estés solo, cuando estemos muy lejos uno del otro y quizás ya te hayas olvidado de mi cara y además mi cara no sea ya la misma sino mucho más vieja y más bella marcada por todos los soles y los mares que no quisiste compartir conmigo. Para que si te quedas, que si te leo lo que esperas, no dejes nunca de amarme, aunque mis gafas sean cada vez más gordas, yo cada vez más torpe, mis pelos cada vez más blancos y mis pasos más lentos y para que mi voz te haga imaginarme delgada, alta y rubia como era cuando nos conocimos. Pienso mientras la vida pasa y aún tenemos eso como el mejor regalo: Que me dejas leerte todavía al oído. 

María Tena


Hiperbreve 12

Hasta que la voz se le rompa

Luis, vete ya a casa. Descansa, hombre de Dios, que así no puedes seguir: llevas una semana sin dormir -le dice Ana a su marido, con los ojos lacrimosos, hinchados del llanto, tristes hasta la agonía. Le tiene asida la cabeza, una mano en cada sien, y le fuerza a apartar la mirada del libro y a enfrentarla a la suya.

-Déjame, mujer. ¿Si tú lo hubieras visto ayer? Fue en este pasaje: cuando Platero viene del arroyo traído por niños que ríen y alborotan; fue entonces cuando ocurrió. Sólo un instante: la carita recompuesta, en la boquita lacia se le posaron las alas de una sonrisa, las mejillas coloreadas, los ojos como si quisieran abrirse.

-Luis, ¡está muerto! ¡Está muerto! -Ana golpea el pecho de Luis, le araña la cara y rompe en un llanto de infinita acritud- ¡Por Dios, déjalo ya! ¡Vete a casa!

-¡Muerto! ¿Qué sabrán los médicos? ¿Qué sabrás tú? ¿Si tú lo hubieras visto ayer? ¿Si tú lo hubieras visto? Tengo que seguir, a él le gustará. A ver, a ver…, sí éste: "La princesa y el canalla", de Galdós, éste te gustará mi niño, éste sí.

 La amarga letanía de Luis se filtra por los pasillos del hospital como el sollozo de un espectro maldito, mezclándose con el batir de puertas, con las toses, con el parloteo hueco de los televisores, con el zumbido de los timbres.

 Han pasado muchos años, muchos, y aún se puede ver al atardecer, ya llueva,  granice o escupa relámpagos el cielo, un viejo que se arrastra por el cementerio, entre los columbarios, desgajado y chepudo, pelusilla alba bajo la gorra de lana, pellejo arrugado forrando los huesos. Donde su hijo yace se detiene, desplega una sillita de camping, toma un libro, de los que asoman por los bolsillos del gabán, y lee y lee y lee, un día y otro y otro, para su hijito muerto. Quizás hasta que la voz se le rompa, que el alma y el cuerpo ya hace tiempo que se le quebraron.

Andrés Sánchez


Hiperbreve 11

23 razones para leerte al oído Para que tu madre no se meta en el cuarto cuando estamos en la cama y se crea que estamos estudiando. Para que creas que soy una intelectual cuando en realidad lo que me mola es el calimocho, jugar a las maquinitas y, si acaso, chatear contigo durante toda la noche. Para que te enteres de una vez de quien escribió el Quijote y que Hamlet no es el nombre de un hamster ni Otelo el apodo de un perro. Para que los Sábados no tengamos que irnos de marcha hasta el amanecer y te quedes aquí tumbado a mi lado bebiendo una cervecita fría y escuchando a mi corazón en las tinieblas. Para que por fin te aprendas el Derecho Procesal y que con treinta años y con canas acabes la carrera. Para que mientras te leo a Nabokov no mires a todas las Lolitas que se pasean por Madrid ligeritas de ropa ahora que llega a la ciudad la primavera... Para que me quieras de una puñetera vez y sepas que necesito seguir teniéndote cerca para leerte bajito mientras tratas de impedírmelo acariciándome la nuca, la espalda y las otras veintitrés razones que tan bien conoces para quitarme las gafas y apagar la luz. 

Virginia Wolf García


Hiperbreve 10

Hay veintitrés razones, veintitrés razones no más para que te lea esto que escribo en estos instantes al oído. No, no me mires con esta cara, sé que te suena raro ¿Veintitrés? ¿Por que no catorce, o setenta y ocho, o diez mil cuatrocientas treinta y cuatro? Bien, hay un motivo para esto, un buen motivo, por