el origen de la escritura

© 1997 Chris Patton, Stanford University


  Relatos Hiperbreves
 
El profesional del suicidio

    El joven Ernesto, empuñando una pistola, se presentó en casa del hombre que le había arruinado: "No voy a matarle, don Braulio", dijo, "sino a suicidarme ante usted. Caiga mi sangre sobre su conciencia y lo que es peor, sobre su magnífica alfombra persa".

 Don Braulio le disuadió: buenos consejos y una sugerencia: "Si desea quitarse la vida, ¿por qué no lo hace en casa del odioso Cortés?".

Y le convenció con un cheque generoso. "Aunque no le conozca, la 
prensa buscará razones y arruinaremos su carrera". 
 
 Pero el odioso Cortés le contrató para suicidarse en casa del pérfido 
Suárez, este le pagó para hacerlo en la de su enemigo Ramírez, y 
así sucesivamente. Ernesto se retiró veinte suicidios después. "La 
bondad de los hombres me ha salvado", solía decir.


©MIGUEL GARRIDO PÉREZ



                               Metáfora taurina 

  El respetable clamaba; la gente pedía sangre. Azuzado por los banderillazos del miedo, el animal embestía, ciego de ira, persiguiendo trapos coloridos, hasta que, por fin, inclinó la cabeza y, con la vista velada en rojo, recibió la estocada... en forma de biografía. Su estupidez le había consagrado.

 ©José Ángel Mañas

                           Silencio

          El silencio, que es el acontecimiento supremo de lo inefable, habita entre las ondas de un lago cercano a Madrid. Por las tardes el silencio baja a merendar con las carpas de la orilla, a donde acuden también los lucios para oír la muda historia que anida bajo el verdín de las piedras. 

         Sobre el soliloquio que la nada concentra, los pájaros sobrevuelan la superficie del agua dejando estelas con sus plumas. Es entonces cuando desde algún rincón dulcísimo del fondo surge el húmedo susurro de la palabra.

 ©ANTONIO POLO

La República española   

  Me acerco a la frontera. Voy caminando tranquilo. Veo la barrera levantada. La carretera está desierta. Anoche cruzaron los últimos compañeros. Hay un lejano rumor de motores a mi espalda. Llego hasta el elegante Hispano Suiza reclinado en la cuneta. El banderín oficial yace sobre el alerón derecho. La portezuela del chófer está abierta. Brillan al sol la pintura negra y los faros cromados. Se ha formado un charco con el lento gotear que escapa del motor.

  El presidente ha dejado dos libros en su asiento. Contraataque, de Sender, en una rústica edición de fortuna. La vie des abeilles, del barón de Maeterlinck, con las iniciales M.A. estampadas en oro.

  Se distinguen ahora los primeros camiones. Dentro de unos minutos ya estarán aquí. Tiro mi pistola sobre un montón de fusiles abandonados. Salgo de España con dos libros bajo el brazo.

©Ignacio Vázquez Moliní

La última cena

  El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo llevaré la bebida.   

©Ángel García Galiano  

                                     LA DESPEDIDA 

La carta tardó en llegar, pero las dudas quedaron disipadas. El texto no era largo, sino mínimo:

               Querido Manuel: no me escribas más”.  Firmaba con su nombre”María”. 

La noche fue tenaz y aciaga. El sueño tardío, inquieto y débil. Se levantó, pero no fue capaz de cabrearse. Luego hizo suyos los versos leídos horas antes: 

                        “Hoy he amanecido

                          como siempre, pero

                          con un cuchillo

                          en el pecho” 

Se apretó la corbata, el corazón. Sorbió un café desvanecido y turbio. Dispuso sus proyectos para hoy, sus sueños para ayer y sus deseos para nunca jamás, pero no redacto respuesta por escrito. Tampoco iba a encontrar una cabal que le hiciera olvidar su primer desengaño. Nada que le sacara de allí aquel cuchillo o borrara la cicatriz de escualo en su recién estrenado corazón de hombre. 

©Joaquin Leguina 

 

"¿QUIÉN ESCRIBE A MIS ESPALDAS EL LIBRETO DE MIS SUEÑOS?"

 Llaman a la puerta, si estoy despierto debe ser el cartero, si estoy dormido ¿quién será? ¡Abuelita! ¿Que no estás muerta? ¡Antes tú vas a chupar faros, pinche escuincle cabrón! Y en una larga carcajada sin dientes... ¡Abue, abuelita, no te...! Ya se fue, ella me llamaba así, “pinche escuincle cabrón”, aaabuuueeeliiitaaa, nunca quieres quedarte un ratito conmigo... Y entonces llaman a la puerta, debe ser el cartero. Sí, es el cartero. Y la pregunta resulta siempre la misma. ¿Quién escribe a mis espaldas el libreto de mis sueños?

 Vocabulario mexicano: Chupar faros: morirse. Pinche: pobre tipo, poca cosa, o bien desgraciado, mala persona .Escuincle: mocoso, niño de corta edad

©Marcos Winocur

"BELLÍSIMA"

Mamá, muerta, estaba verdaderamente hermosa. En tiempos mejores le había prometido el más grande funeral. Ahora, la falta de efectivo no iba a cambiar esa promesa.

Limpié la sangre del cuchillo y salí rápidamente para asaltar la Droguería de la esquina.

©EDMUNDO KULINO 

VIGNEMALE

Bajo el cielo del glaciar hay un a figura antigua aquietada entre dos pasos. Toneladas de frío lograron aplacar su afán viajero y su hambre de cordilleras y hasta su rostro quedó convencido y pleno con la sonrisa del estoico. La cristalización alcanzó hasta lo más hondo, y es aquí donde se da la paradoja: que ene le centro de su mente un pensamiento breve quedó paralizado (“lejos ..más lejos..”) y su terca persistencia hoy empuja al glaciar ladera abajo.

©DIEGO CHOZAS.

SE VENDE

Al salir esta tarde del cine, me he quedado de una pieza al oír a una vendedora de cigarrillos que ponía en venta mis lágrimas. No daba crédito a sus gritos que, sin embargo, no parecían impresionar a los demás transeúntes. Levanto el cuello de mi abrigo y camino hasta casa tratando de no darle importancia. Pero en la carnicería de la esquina ha llamado mi atención una brillante asadura que lucía  colgada de un gancho de acero y ostentaba en un mugriento cartelito su procedencia: era mi nombre. Subo las escaleras de dos en dos y, ya en casa, entreabro temerosa mi abrigo: descubro un hueco donde debía estar mi vientre. Como ya me parece demasiado corro a buscar confirmación en el vecino de enfrente. Después de aporrear su puerta me abre y, con un ejemplar del ABC en la mano me dice encantado que vaya suerte la mía, resulta que mi esquela es la más grande y ostentosa del diario.

©NATALIA PÉREZ

CRUZAR EL MAR ROJO

“Esta sale del corazón, esta sale del corazón”, gritaba desesperado el lanzador de gruesas piedras.

©JULIO SOLER

UN ACUERDO

  “Gus es mi socio por mil razones, y ahora tengo que matarlo por una sola”.

  Farney entró en su apartamento y no encendió la luz. La claridad de la ventana era suficiente para hacer una llamada. Marcó y recordó las palabras de Sam:

“Ese chico no aprende, Farney. Nos ha dicho que fuiste tú quien denunció la mercancía. Tómate tu tiempo, pero demuéstranos que podemos confiar en ti”.

El zumbido del aparato era la respuesta que menos quería oír. Si Gus no estaba en su agujero, no veía la forma de localizarlo: “Contesta, Gus, maldita sea. Quiero darte una oportunidad”.

Se sirvió un trago y volvió a marcar. Del rincón más oscuro vino un ruido; Farney intentó encender la luz, pero un chasquido seco y un fogonazo lo dejaron clavado en la tumbona. Tenía el pecho partido por una bala.

Agonizando, la voz de Gus le retumbó en la cabeza:

- Esta tarde he limpiado a Sam, y a cambio de la deuda me ha propuesto salvarme la vida. Entonces me contó que seguramente pensabas liquidarme. Ya sé que nuestro acuerdo sobre traición se resolvía con la muerte, pero nos falto añadir que, muerte por muerte, es preferible la del otro.

©JOAQUÍN LARA RODRÍGUEZ

PALABRAS

He salido a la calle y, asomado tras una esquina, la palabra “deseo” me ha hecho señas para que la siguiera. La he obedecido. A medida que avanzábamos entre el gentío, la he visto penetrar y apoderarse sucesivamente del cuerpo de varias mujeres. ella entraba en cada uno de esos cuerpos y, al hacerlo, la piel  de esas criaturas adquiría repentinamente una cualidad especial, entre luminosa y carnal. Durante el paseo, he deseado a toda clase de mujeres, algunas de las cuales eran notablemente feas y viejas. Luego, me he detenido en un escaparate y de repente he sentido que un cuerpo extraño me penetraba y que mi piel adquiría un tono especial, entre carnal y luminoso. Me he vuelto y he visto a una hermosa mujer mirándome con concupiscencia. Ella he echado a andar hacia mí, y yo la he aguardado jubiloso. Entonces, un joven hermoso y atlético se ha interpuesto entre nosotros y yo me he desinflado a la vez que he visto refulgir la piel del muchacho. La mujer se ha detenido junto a él, le ha susurrado algo en el oído y  los dos juntos han partido envueltos en un aura de lujuria. Después, he buscado en torno, pero todas las palabras que he visto eran banales y ruidosas. 

©JUAN IGNACIO IGLESIAS

EL ALTA

“Carmen , ¿me quieres?”. Piernas abiertas, corvas blancas, ligas negras, Carmen limpiaba el portal con el  cuplé en los labios a compás de aljofifa. Chirrió el cubo por el ladrillo y empujo a la calle a los niños que jugaban a la tángana.Él, flaco, espíritu de ciprés abrazado al alta, llegaba del sanatorio. De puntillas, por no hollar tamaña pulcritud, le hizo la pregunta: “¿...me quieres?”. La vecindad le dio la mano de bienvenida y corrió a lavársela: “Trae buen color pero no está curado. Lleva el mal dentro”. Él fue a la iglesia, subió las escalera de la torre como un rito, y desde la espadaña de echó al vacío. Los niños sintieron rebotar un muñeco en el suelo y el grito violento les trajo llanto. Roto el cuerpo- el alma lo estaba -, volvió a reptar peldaños hasta alcanzar el campanario. Al acudir al suceso, nadie pudo hacer sino verlo chocar de nuevo contras las piedras. Esta vez, no se levantó. Momentos antes, en el portal, resbalando la mirada por el culo redondo, las corvas blancas, las ligas negras, se atrevió a la pregunta “Carmen, ¿me quieres?. Carmen, entre arrastre de cubo, pasadas de aljofifa y canturreo destemplado, había dicho: “No”.

  ©MANUEL GARRIDO

ATÚN

  Atún. Me encanta el atún. Como bocadillos de atún a todas horas. A veces pienso que debo tener el récord mundial de bocadillos de atún comidos y me siento orgulloso por ello. En ocasiones también pongo mahonesa y aceitunas y tomate de ensalada y cebolla en vinagre e incluso lechuga y carlota.

Pero desde hace unos días algo ha cambiado. También como sobrasada y cocido de arroz y la culpa es de ella. Es tan guapa que me ha hecho olvidar el atún. Nunca pensé que fuera posible, pero ha ocurrido y tengo que asumirlo. Cuando escucho su voz es como el tierno crujido que inundaba mis oídos al mordisquear levemente el pan con atún.

Sí, lo reconozco, he conocido a alguien que me gusta mas que los bocadillos de atún.

©RAFAEL RODRÍGUEZ

ABEL

Quiero gritar mi alegría. El sol nos calienta y rige el curso de las estaciones: el trigo crece bajo sus rayos; el universo es un orden sagrado que toca mi corazón cada mañana y mi corazón sereno lo agradece; Dios protege lo que crea, inventa la lluvia y las mareas, el perfume y la memoria, me dio palabras nuevas para bautizar la vida y el misterio; tengo un hermano que me quiere, no estoy solo.

He callado tanto tiempo...hoy me estalla la alegría en la garganta: amo esta luz, esta tierra que alberga la belleza. Veo a mi hermano bajando la colina, viene hacia aquí , seguramente querrá que cacemos, lleva una quijada en la mana.

©OSCAR GARCÍA ROMERAL

LA SEQUÍA UNIVERSAL

Ocurrió que Yahvé quiso poner fin a la corrupción reinante en los orbes submarinos. Así, dispuso que todos los océanos se secaran durante un periodo de cuarenta días y cuarenta noches. Sin embargo, el Todopoderoso resolvió ser compasivo, de modo que avisó a Noé para que construyera una gran pecera, donde una selección de los peces más virtuosos pudiera salvarse de la catástrofe.

©ALBERTO SALAS CALVO

INSTANTÁNEA DE AMOR

A Andrea Bocconi y Robert Medley

Anoche en el bar, a tan sólo tres taburetes de mí, hallé al chico con el que cada domingo leeré el periódico en la cama. De repente entró una  mala pécora, y con un beso él olvidó lo que en realidad deseaba, un hombre como yo.

©Manuel López Muñoz

AMOR A LA LITERATURA

Desde pequeño siempre había tenido esa obsesión por los libros, una obsesión a la que sus padres contribuyeron de un modo decisivo, mostrándolo los beneficios que la literatura le podía proporcionar. Devoraba cualquier volumen que cayera en sus dominios, sin importar tema ó autor: geografía, Historia, ciencias, Poesía...todo lo asimilaba de una manera compulsiva, y entraba, sin remisión, a formar parte de su ser. Buscaba por las estanterías de la amplia biblioteca los ejemplares más voluminosos, con los cuales se entretenía por un periodo de tiempo relativamente largo, y cuando los terminaba, volvía, ansioso, a por otro. 

Desgraciadamente, la adquisición de un nuevo spray antipolillas acabó cierto día con su ilustrada vida, cuando aún no había acabado de engullir completamente, una interesante descripción del motor de combustión en la Enciclopedia Británica. 

©LUIS HERVÁS RODRIGO

NOCHE DE VERANO

La mujer estaba en la cocina cundo llegó el hombre. Preparaba una cena liviana. “No se soportar el calor, no corre una gota de aire”. Cenaron en la cocina. A pesar del calor, el hombre comió mucho. Las piezas estaban calientes, faltaba el aire. Ella lavó los platos. Él se tomó un vaso de vino frío y se arrastró hasta la reposera del patio, cruzó las piernas, aflojó el cuello y miró el cielo clavando la vista en un punto. La mujer apagó la luz y salió al patio. Se sentó en otro reposera y se abrió los botones del vestido. “Tengo calor (lo dijo pasándose una mano por el pecho húmedo de transpiración), no aguanto más”

El resplandor de la luna llena iluminaba los cuerpos.

Se escuchó una frenada cerca y unos ladridos que parecían lejanos. El hombre se empezaba a dormir. “¿Querés ir a la cama?” le preguntó mientras su mano le recorría la pierna desde la rodilla hasta el  sexo. “Sí, dijo él,  mejor me acuesto”. La mujer permaneció recostada en la reposera que estaba cerca de la habitación en donde el hombre ya casi dormía. Escucho el ruido que empezaban a hacer las aletas flojas del ventilador de la pieza y se cerró el vestido mientras trataba de acomodar su cuerpo en la reposera.

©ÁNGELA PRADELLI

DESPERTAR

Despertó cansado, como todos los días.  

Se sentía como si un tren le hubiese pasado por encima. 

Abrió un ojo y no vio nada. 

Abrió el otro y vio las vías.

©Norberto Costa

SIEMPRE HAY UNA DISCULPA PARA SALIR A BEBER

Me compré una barra de bar porque quería dejar de salir a beber por ahí. Nada más montarla, me puse a un lado de la barra y pedí una cerveza. Fui al otro lado y pregunté: "Con alcohol o sin alcohol?" Me cambié otra vez de sitio y contesté: "Con alcohol, imbécil!" "Imbécil será usted!", me respondí. "A mí nadie me trata así", contesté, "me voy a otro bar". Al salir di un portazo. Allí quedó el otro con su mierda de negocio.                    

©Jesús Alonso

CONFORMIDAD

La golondrina observó, desde su nido, a la rana brincando de piedra en piedra en la charca y pensó: ¡que suerte! todo el día fresquita en el agua, sin necesidad de batir alas y remontar el vuelo.

La rana paró de croar y, como leyendo el pensamiento del ave se volvió a mirar a la golondrina y pensó: ¡que afortunada!. Desde el cielo tiene el mundo a sus pies y nadie las molesta.

En ese momento, apareció un rapaz entre los arbustos que crecían junto a la charca y, con sigilo, se aproximo al batracio, empuñando un tirachinas con aviesas intenciones. La golondrina, alarmada, advirtió a la rana que, inmediatamente se zambulló en el agua. Airado, el niño volvió su arma contra el pájaro que, previsoramente había levantado ya el vuelo alejándose del  peligro. Los dos animales cayeron en la cuenta de que no tenían nada que envidiar el uno al otro.

©JESÚS GONZÁLEZ FERNÁNDEZ

 

RETORNO 

He decidido recuperar mi tiempo. Empezaré por los recuerdos. Soy un conocido futbolista, me deslizo con rapidez por la hierba, avanzo con el balón entre las piernas, regateo a (dos,tres defensas!, disparo con la zurda y el balón se cuela por la escuadra de la vieja máquina de coser de mi madre. Mi hermana entra y dice que basta ya de golpes con la pelota de tenis, que me esperan todos en la mesa. Fin del partido. Bajo el interruptor, se apagan los focos y cae la oscuridad sobre la moqueta verde de mi cuarto.Tengo treinta años, un buen empleo y una casa, pero un dolor me oprime el cuerpo y, cuando llegue la noche, mi madre no vendrá a la orilla de esta cama para rezar las antiguas oraciones. 

©Pablo Echart Orús.

LA MERIENDA

Es la hora de la merienda. Sus zapatos son de charol rojo. Sus calcetines, caídos,tienen espigas clavadas y su rodilla derecha una mancha de mercromina. La niña lleva levantado el vestido. Lo sostiene con sus manitas haciendo con él una cesta. A pasitos cortos, camina desde su casa hacia la caseta del jardín. Abre, con el pie, la puerta. De la oscuridad del cuarto, llega primero su nauseabundo olor. Después el sonido de su inmenso cuerpo deslizándose torpemente. Se acerca. Su enorme lengua lame la rodilla herida de la niña y se detiene frente al triángulo blanco de entre sus piernas. La niña sonríe. Sus deditos se abren y el contenido del vestido cae en la boca de la bestia, que con un brusco latigazo de su poderoso cuello lo engulle sin masticar. Arrastrándose, regresa a su oscuro rincón. 

-Es la cabeza de papá. Mañana, te traeré más.

 La niña cierra, por dentro, la puerta. Se limpia las manos en el vestidito y perezosamente se acurruca juntos al hinchado vientre de su amigo. Afueran cantan las cigarras. Es la hora de la merienda.

©Javier Cardo Pérez.

 

A DOS

A través del roce de las manos los pianistas comenzaron su idilio.

 

PREOCUPACION

Los submarinistas no regresaron a la hora de comer.

  ©CAMPI  

ENTIERRO

Tu, prepotente de los..., que mostrabas lo mejor de ti mismo en todos los actos sociales a los que te presentabas sin previa invitación, incluido cuando acudías a mi consulta a que te psicoanalizara, no pudiste evitar el "dar la nota" el día de tu entierro, y solicitar en tu testamento ser enterrado con tu teléfono móvil colgado del cinturón del pantalón. ¿Acaso pretendías establecer alguna comunicación con algún otro fallecido?. ¿O hasta es posible que pretendieses de esa forma mantener línea directa con Dios?.

 ©Luis García SANTILLAN

COMETA

Al paso del cometa, el agujero negro eructó.

©ANA PEREZ

 

Despedida de amor en el bar

 Quizá aún la amaba cuando me desabroché la blusa allí mismo, en el bar, secretamente esperando volver a seducirla: “sólo por esta noche”, susurré en su nuca de niño. Pero ella fue implacable. Ella tomó la pajita de aquel vaso pringado de nuestros besos confundidos, avergonzada sin duda, o violentada, o qué sé yo, y delante d todos la introdujo en mi pecho. Lentamente sorbió la sangre que fluía desde el corazón hasta dejarlo tan vacío. “Ya no queda nada”, me dije, le dije. Y antes de morir bebí las lágrimas que caían de sus ojos voraces. 446

  ©Carola Aikin

 

El desencuentro original 

Adán iba tras ella con cierta sensación de inquietud o carcoma, con sabor a tropelía o avispero. Eva canturreaba tranquila por las colinas o piel del mundo. De pronto se detuvo, puso sus rodillas sobre el musgo o humedad y le pidió que se acercara. Él obedeció sin entusiasmo.

- Adán, a esto podríamos llamarlo hierba porque es verde y alargado.

- O Lagartija –replicó él.

- Y a esto mosca. Es algo tan negro y cargante...

- ¿Mosca? Eva, ¡ya había puesto yo nombre a todas las cosas del mundo!

- Definitivamente, mosca. ¿No ves qué ojos?

Y así toda la tarde. El sol ya empezaba a escamotearse detrás de los montes o confín cuando se lo confesó:

- Eva, estoy cansado o huérfano.

- Pues hijo, yo soy completamente feliz.

Adán la observó algo perplejo. ¿Feliz? ¿Cómo que feliz? ¿No era Eva carne de su carne? ¿Acaso no había cedido hasta una de sus costillas o parte de su mismidad para conseguir una ayuda que se le asemejara?

Apartó la vista de aquel rostro embelesado y se quedó pensando si aquello que bullía en su corazón era arrobamiento o encono.

  ©Gloria Fernández Rozas

 

El nacimiento del dolor

La noche irrumpe de golpe. Sin luna, el cielo puede desenvolver su simpleza de mar vacío; se multiplican las sombras, y se apresuran. Sobre el cadáver de la niña las estrellas son llamas.

Sumergido en una bañera llorará el padre, dejando que las lágrimas salgan para devorar el paisaje.

 ©Santiago González Reca 

 

Al otro lado

 No sabía cuánto tiempo llevaba parado frente a ese escaparate. El suficiente para que sus recuerdos hubiesen pintado aquel cuadro de gente pasando detrás de él y un rostro, que no era el suyo, le mirara reflejado desde el cristal que le separaba del paisaje.

©Pedro Ramos

 

Pie de página

Escribí la novela para que, al leer la dedicatoria, Elena comprendiera su crueldad de dieciséis años. No buscaba una excusa, una explicación, que también. Pretendía que me supiera vivo, incluso asumiendo su orgullo como artesana de la herida perfecta.

Alguien me dio la noticia en la caseta de firmas.

Sentí, primero, alivio. Su imagen sería para siempre la que recordaba, sin facturas del tiempo. Sentí, luego, pena y sensación de tiempo perdido. ¿Qué me importaba quien leyera aquellas páginas ahora que su destinataria ya no existía? Un sueño largo y roto, una venganza inconclusa.

La misma persona me dijo: has triunfado, al fin.

Miré la pila de libros que me rodeaba, la hilera de rostros esperando mi firma a pie de página, y supe que el hombre tenía razón, y gocé el triunfo de la inutilidad perfecta.

©Julio Riquelme

 

Virgen

Liberado al fin del bastón blanco, el hombre ciego se recuesta en la cama junto a la muchacha. Su barba recia contrasta con la suave melena femenina, empapa el olor que ella desprende e imagina sus curvas.

Tumbada junto a él, la joven parece una niña, duda, es la primera vez que se ofrece a un hombre y el rubor de sus manos delata la timidez virginal. Entonces olvida el bastón y el perro que custodia la puerta y, pudorosamente, apaga la luz.

©Teresa Serván 

 

Hache dos O

 No puede dejar de nadar.

Avanza, pero siempre vuelve al lugar de partida. No sirve, seguro que no, mejor nadar a crol.

Aún no ha probado el otro estilo, pero no le funcionará. A mariposa es agotador.

Un rato de espaldas, o mejor se deja llevar por la corriente.

Los pies no siguen el ritmo, los brazos se fatigan al cortar el agua. Quizá buceando pueda salir a flote. ¿Y si lo intenta al revés?

No hay nada que hacer, salvo nadar, y nada y nada en círculos en esta agua incierta.

Y ahora se hunde, se ahoga en un mar de dudas.

©Almudena Albi

 

A ritmo de taxímetro 

Nombre y apellidos: Santiago Lozano Romero. Número de licencia: 12.728. Número de matrícula: M-7839-SK. Número de DNI: 39776358C. Número de permiso: 20.389. Caducidad: 06/2003. ¿Cuántas veces lo habré leído? Seguro que puedo calcularlo. Le dieron el taxi en noviembre del noventa y tres. Poco antes de casarnos. Estamos en marzo del dos mil. De noviembre a marzo hay cuatro meses. Seis años y cuatro meses. Doce por seis setenta y dos más cuatro setenta y seis.

Setenta y seis meses sin faltar un solo jueves a ver a su madre.

©Beatriz Cuevas

 

Transplante

 Mi corazón te espera, es lo único que queda de mí, estoy dentro de otra. Búscame.

©Beatriz M artínez Manzanares

 

Toda una vida

 Lo vio pasar en un vagón de metro y supo que era el hombre de su vida. Imaginó hablar, cenar, ir al cine, yacer, vivir con él. Dejó de interesarle.

©Beatriz Pérez-Moreno

 

Novela policíaca 

Lo que más me molestó, irritó, por lo que me juré no volver a hacerlo más, por muy motivado que estuviera, por mucha fama que estuviese esperándome, fue que, tras ordenar de una forma coherente toda la historia en mi cabeza, dar los antecedentes de lo ocurrido, explicar la importancia de la mujer rubia en todo esto, atar cuanto cabo permaneciera suelto y procurar no dejarme ningún cadáver sin mencionar, todo narrado despacito y con buena letra, hora tras hora, al final del interrogatorio al policía sólo se le ocurrió decir que quién era yo, que después de tantas preguntas como hizo ya se le había olvidado incluso de qué se me acusaba.

©Paul M. Viejo

 

Incógnita

Una persona es lo que cree ser, lo que los demás opinan que es y lo que realmente es. Desde esta perspectiva, no se pudo averiguar quién cometió el asesinato.

©Carmen Peire 

Locura de amor

 Él había perdido la cabeza. Ella le entregó el corazón. Y paseaban como tantos otros. Él, incómodo con aquella víscera sangrante en las manos. Ella, ansiosa, pretendiendo adivinar su futuro en la inútil esfera degollada.

©Isabel Cienfuegos

 

El arte

 En medio de la plaza, el mago sacó de su cofre una cornucopia, tres ramas de abedul, cuatro alfombras voladoras, siete velos de seda de Damasco y dijo tres palabras mágicas.

Con la primera, volaron alfombras y los bostezos.

Con la segunda, los velos desaparecieron y oyó el ruido de los pasos de la gente yéndose.

Al pronunciar la tercera ocurrió el milagro: un espectador lo miró asombrado, aguantando la respiración con los ojos brillantes.

Pilar Gómez Esteban

 

 

El País Semanal

©EL PAÍS SEMANAL
  Domingo
  23 diciembre 2001

 

©ESPECIAL MICRORRELATOS y el tema UMBRAL con motivo del Premio Cervantes 2001

Agradecemos a todos los autores su colaboración en este especial sobre Relato Hiperbreve. Muy especialmente al Círculo Cultural Faroni por la aportación de  textos de su Premio Internacional,  a la editorial Páginas de Espuma por los relatos de su libro "Por favor, sea breve" y a Tusquets editores por los textos del libro "Galería de Hiperbreves". Damos las gracias a el diario EL PAIS EPS de España (microrrelatos de Navidad), a la web clubcultura.com (IX Premio Faroni) y al diario EL MUNDO de España (microrrelatos y el Cervantes),  por sus estupendo enlaces a más contenidos mínimos.

Sumario