El profesional del suicidio
El joven Ernesto, empuñando una pistola, se presentó en casa
del hombre que le había arruinado: "No voy a matarle,
don Braulio", dijo, "sino a suicidarme ante usted.
Caiga mi sangre sobre su conciencia y lo que es peor, sobre su
magnífica alfombra persa".
Don Braulio le disuadió: buenos consejos y una
sugerencia: "Si desea quitarse la vida, ¿por qué no lo
hace en casa del odioso Cortés?".
Y le convenció con un cheque generoso. "Aunque no le conozca, la
prensa buscará razones y arruinaremos su carrera".
Pero el odioso Cortés le contrató para suicidarse en casa del pérfido
Suárez, este le pagó para hacerlo en la de su enemigo Ramírez, y
así sucesivamente. Ernesto se retiró veinte suicidios después. "La
bondad de los hombres me ha salvado", solía decir.
Metáfora
taurina
El respetable clamaba; la gente pedía sangre. Azuzado
por los banderillazos del miedo, el animal embestía, ciego de
ira, persiguiendo trapos coloridos, hasta que, por fin, inclinó
la cabeza y, con la vista velada en rojo, recibió la
estocada... en forma de biografía. Su estupidez le había
consagrado.
©José
Ángel Mañas

Silencio
El
silencio, que es el acontecimiento supremo de lo inefable,
habita entre las ondas de un lago cercano a Madrid. Por las
tardes el silencio baja a merendar con las carpas de la
orilla, a donde acuden también los lucios para oír la muda
historia que anida bajo el verdín de las piedras.
Sobre el soliloquio que la nada concentra, los pájaros
sobrevuelan la superficie del agua dejando estelas con sus
plumas. Es entonces cuando desde algún rincón dulcísimo del
fondo surge el húmedo susurro de la palabra.
©ANTONIO
POLO

La
República española
Me acerco a la frontera. Voy caminando tranquilo. Veo
la barrera levantada. La carretera está desierta. Anoche
cruzaron los últimos compañeros. Hay un lejano rumor de
motores a mi espalda. Llego hasta el elegante Hispano Suiza
reclinado en la cuneta. El banderín oficial yace sobre el
alerón derecho. La portezuela del chófer está abierta.
Brillan al sol la pintura negra y los faros cromados. Se ha
formado un charco con el lento gotear que escapa del motor.
El presidente ha dejado dos libros en su asiento. Contraataque,
de Sender, en una rústica edición de fortuna. La vie des
abeilles, del barón de Maeterlinck, con las iniciales M.A.
estampadas en oro.
Se distinguen ahora los primeros camiones. Dentro de
unos minutos ya estarán aquí. Tiro mi pistola sobre un montón
de fusiles abandonados. Salgo de España con dos libros bajo
el brazo.
©Ignacio
Vázquez Moliní

La
última cena
El conde me ha invitado a su castillo. Naturalmente yo
llevaré la bebida.
©Ángel
García Galiano

LA DESPEDIDA
La carta tardó en llegar, pero las dudas
quedaron disipadas. El texto no era largo, sino mínimo:
Querido Manuel: no me escribas más”. Firmaba
con su nombre”María”.
La noche fue tenaz y aciaga. El sueño
tardío, inquieto y débil. Se levantó, pero no fue capaz de
cabrearse. Luego hizo suyos los versos leídos horas antes:
“Hoy he amanecido
como siempre, pero
con un cuchillo
en el pecho”
Se apretó la corbata, el corazón. Sorbió
un café desvanecido y turbio. Dispuso sus proyectos para hoy,
sus sueños para ayer y sus deseos para nunca jamás, pero no
redacto respuesta por escrito. Tampoco iba a encontrar una
cabal que le hiciera olvidar su primer desengaño. Nada que le
sacara de allí aquel cuchillo o borrara la cicatriz de
escualo en su recién estrenado corazón de hombre.
©Joaquin
Leguina

"¿QUIÉN
ESCRIBE A MIS ESPALDAS EL LIBRETO DE MIS SUEÑOS?"
Llaman
a la puerta, si estoy despierto debe ser el cartero, si estoy
dormido ¿quién será? ¡Abuelita! ¿Que no estás muerta? ¡Antes
tú vas a chupar faros, pinche escuincle cabrón! Y en una
larga carcajada sin dientes... ¡Abue, abuelita, no te...! Ya
se fue, ella me llamaba así, “pinche escuincle cabrón”,
aaabuuueeeliiitaaa, nunca quieres quedarte un ratito
conmigo... Y entonces llaman a la puerta, debe ser el cartero.
Sí, es el cartero. Y la pregunta resulta siempre la misma. ¿Quién
escribe a mis espaldas el libreto de mis sueños?
Vocabulario
mexicano: Chupar faros: morirse. Pinche: pobre
tipo, poca cosa, o bien desgraciado, mala persona .Escuincle:
mocoso, niño de corta edad
©Marcos
Winocur

"BELLÍSIMA"
Mamá,
muerta, estaba verdaderamente hermosa. En tiempos mejores le
había prometido el más grande funeral. Ahora, la falta de
efectivo no iba a cambiar esa promesa.
Limpié
la sangre del cuchillo y salí rápidamente para asaltar la
Droguería de la esquina.
©EDMUNDO
KULINO

VIGNEMALE
Bajo
el cielo del glaciar hay un a figura antigua aquietada entre
dos pasos. Toneladas de frío lograron aplacar su afán
viajero y su hambre de cordilleras y hasta su rostro quedó
convencido y pleno con la sonrisa del estoico. La cristalización
alcanzó hasta lo más hondo, y es aquí donde se da la
paradoja: que ene le centro de su mente un pensamiento breve
quedó paralizado (“lejos ..más lejos..”) y su terca
persistencia hoy empuja al glaciar ladera abajo.
©DIEGO
CHOZAS.
SE VENDE
Al
salir esta tarde del cine, me he quedado de una pieza al oír
a una vendedora de cigarrillos que ponía en venta mis lágrimas.
No daba crédito a sus gritos que, sin embargo, no parecían
impresionar a los demás transeúntes. Levanto el cuello de mi
abrigo y camino hasta casa tratando de no darle importancia.
Pero en la carnicería de la esquina ha llamado mi atención
una brillante asadura que lucía
colgada de un gancho de acero y ostentaba en un
mugriento cartelito su procedencia: era mi nombre. Subo las
escaleras de dos en dos y, ya en casa, entreabro temerosa mi
abrigo: descubro un hueco donde debía estar mi vientre. Como
ya me parece demasiado corro a buscar confirmación en el
vecino de enfrente. Después de aporrear su puerta me abre y,
con un ejemplar del ABC en la mano me dice encantado que vaya
suerte la mía, resulta que mi esquela es la más grande y
ostentosa del diario.
©NATALIA
PÉREZ

CRUZAR EL MAR ROJO
“Esta
sale del corazón, esta sale del corazón”, gritaba
desesperado el lanzador de gruesas piedras.
©JULIO
SOLER

UN ACUERDO
“Gus es mi socio por mil razones, y ahora tengo que matarlo
por una sola”.
Farney entró en su apartamento y no encendió la luz. La
claridad de la ventana era suficiente para hacer una llamada.
Marcó y recordó las palabras de Sam:
“Ese
chico no aprende, Farney. Nos ha dicho que fuiste tú quien
denunció la mercancía. Tómate tu tiempo, pero demuéstranos
que podemos confiar en ti”.
El
zumbido del aparato era la respuesta que menos quería oír.
Si Gus no estaba en su agujero, no veía la forma de
localizarlo: “Contesta, Gus, maldita sea. Quiero darte una
oportunidad”.
Se
sirvió un trago y volvió a marcar. Del rincón más oscuro
vino un ruido; Farney intentó encender la luz, pero un
chasquido seco y un fogonazo lo dejaron clavado en la tumbona.
Tenía el pecho partido por una bala.
Agonizando,
la voz de Gus le retumbó en la cabeza:
-
Esta tarde he limpiado a Sam, y a cambio de la deuda me ha
propuesto salvarme la vida. Entonces me contó que seguramente
pensabas liquidarme. Ya sé que nuestro acuerdo sobre traición
se resolvía con la muerte, pero nos falto añadir que, muerte
por muerte, es preferible la del otro.
©JOAQUÍN
LARA RODRÍGUEZ

PALABRAS
He
salido a la calle y, asomado tras una esquina, la palabra
“deseo” me ha hecho señas para que la siguiera. La he
obedecido. A medida que avanzábamos entre el gentío, la he
visto penetrar y apoderarse sucesivamente del cuerpo de varias
mujeres. ella entraba en cada uno de esos cuerpos y, al
hacerlo, la piel de
esas criaturas adquiría repentinamente una cualidad especial,
entre luminosa y carnal. Durante el paseo, he deseado a toda
clase de mujeres, algunas de las cuales eran notablemente feas
y viejas. Luego, me he detenido en un escaparate y de repente
he sentido que un cuerpo extraño me penetraba y que mi piel
adquiría un tono especial, entre carnal y luminoso. Me he
vuelto y he visto a una hermosa mujer mirándome con
concupiscencia. Ella he echado a andar hacia mí, y yo la he
aguardado jubiloso. Entonces, un joven hermoso y atlético se
ha interpuesto entre nosotros y yo me he desinflado a la vez
que he visto refulgir la piel del muchacho. La mujer se ha
detenido junto a él, le ha susurrado algo en el oído y
los dos juntos han partido envueltos en un aura de
lujuria. Después, he buscado en torno, pero todas las
palabras que he visto eran banales y ruidosas.
©JUAN
IGNACIO IGLESIAS

EL ALTA
“Carmen
, ¿me quieres?”. Piernas abiertas, corvas blancas, ligas
negras, Carmen limpiaba el portal con el
cuplé en los labios a compás de aljofifa. Chirrió el
cubo por el ladrillo y empujo a la calle a los niños que
jugaban a la tángana.Él, flaco, espíritu de ciprés
abrazado al alta, llegaba del sanatorio. De puntillas, por no
hollar tamaña pulcritud, le hizo la pregunta: “¿...me
quieres?”. La vecindad le dio la mano de bienvenida y corrió
a lavársela: “Trae buen color pero no está curado. Lleva
el mal dentro”. Él fue a la iglesia, subió las escalera de
la torre como un rito, y desde la espadaña de echó al vacío.
Los niños sintieron rebotar un muñeco en el suelo y el grito
violento les trajo llanto. Roto el cuerpo- el alma lo estaba
-, volvió a reptar peldaños hasta alcanzar el campanario. Al
acudir al suceso, nadie pudo hacer sino verlo chocar de nuevo
contras las piedras. Esta vez, no se levantó. Momentos antes,
en el portal, resbalando la mirada por el culo redondo, las
corvas blancas, las ligas negras, se atrevió a la pregunta
“Carmen, ¿me quieres?. Carmen, entre arrastre de cubo,
pasadas de aljofifa y canturreo destemplado, había dicho:
“No”.
©MANUEL GARRIDO

ATÚN
Atún. Me encanta el atún. Como bocadillos de atún a todas
horas. A veces pienso que debo tener el récord mundial de
bocadillos de atún comidos y me siento orgulloso por ello. En
ocasiones también pongo mahonesa y aceitunas y tomate de
ensalada y cebolla en vinagre e incluso lechuga y carlota.
Pero
desde hace unos días algo ha cambiado. También como
sobrasada y cocido de arroz y la culpa es de ella. Es tan
guapa que me ha hecho olvidar el atún. Nunca pensé que fuera
posible, pero ha ocurrido y tengo que asumirlo. Cuando escucho
su voz es como el tierno crujido que inundaba mis oídos al
mordisquear levemente el pan con atún.
Sí,
lo reconozco, he conocido a alguien que me gusta mas que los
bocadillos de atún.
©RAFAEL
RODRÍGUEZ

ABEL
Quiero
gritar mi alegría. El sol nos calienta y rige el curso de las
estaciones: el trigo crece bajo sus rayos; el universo es un
orden sagrado que toca mi corazón cada mañana y mi corazón
sereno lo agradece; Dios protege lo que crea, inventa la
lluvia y las mareas, el perfume y la memoria, me dio palabras
nuevas para bautizar la vida y el misterio; tengo un hermano
que me quiere, no estoy solo.
He
callado tanto tiempo...hoy me estalla la alegría en la
garganta: amo esta luz, esta tierra que alberga la belleza.
Veo a mi hermano bajando la colina, viene hacia aquí ,
seguramente querrá que cacemos, lleva una quijada en la mana.
©OSCAR
GARCÍA ROMERAL

LA SEQUÍA UNIVERSAL
Ocurrió
que Yahvé quiso poner fin a la corrupción reinante en los
orbes submarinos. Así, dispuso que todos los océanos se
secaran durante un periodo de cuarenta días y cuarenta
noches. Sin embargo, el Todopoderoso resolvió ser compasivo,
de modo que avisó a Noé para que construyera una gran
pecera, donde una selección de los peces más virtuosos
pudiera salvarse de la catástrofe.
©ALBERTO
SALAS CALVO

INSTANTÁNEA DE AMOR
A
Andrea Bocconi y Robert Medley
Anoche
en el bar, a tan sólo tres taburetes de mí, hallé al chico
con el que cada domingo leeré el periódico en la cama. De
repente entró una mala pécora, y con un beso él olvidó
lo que en realidad deseaba, un hombre como yo.
©Manuel
López Muñoz

AMOR A LA LITERATURA
Desde
pequeño siempre había tenido esa obsesión por los libros,
una obsesión a la que sus padres contribuyeron de un modo
decisivo, mostrándolo los beneficios que la literatura le podía
proporcionar. Devoraba cualquier volumen que cayera en sus
dominios, sin importar tema ó autor: geografía, Historia,
ciencias, Poesía...todo lo asimilaba de una manera
compulsiva, y entraba, sin remisión, a formar parte de su
ser. Buscaba por las estanterías de la amplia biblioteca los
ejemplares más voluminosos, con los cuales se entretenía por
un periodo de tiempo relativamente largo, y cuando los
terminaba, volvía, ansioso, a por otro.
Desgraciadamente,
la adquisición de un nuevo spray antipolillas acabó cierto día
con su ilustrada vida, cuando aún no había acabado de
engullir completamente, una interesante descripción del motor
de combustión en la Enciclopedia Británica.
©LUIS
HERVÁS RODRIGO

NOCHE DE VERANO
La
mujer estaba en la cocina cundo llegó el hombre. Preparaba
una cena liviana. “No se soportar el calor, no corre una
gota de aire”. Cenaron en la cocina. A pesar del calor, el
hombre comió mucho. Las piezas estaban calientes, faltaba el
aire. Ella lavó los platos. Él se tomó un vaso de vino frío
y se arrastró hasta la reposera del patio, cruzó las
piernas, aflojó el cuello y miró el cielo clavando la vista
en un punto. La mujer apagó la luz y salió al patio. Se sentó
en otro reposera y se abrió los botones del vestido. “Tengo
calor (lo dijo pasándose una mano por el pecho húmedo de
transpiración), no aguanto más”
El
resplandor de la luna llena iluminaba los cuerpos.
Se
escuchó una frenada cerca y unos ladridos que parecían
lejanos. El hombre se empezaba a dormir. “¿Querés ir a la
cama?” le preguntó mientras su mano le recorría la pierna
desde la rodilla hasta el
sexo. “Sí, dijo él,
mejor me acuesto”. La mujer permaneció recostada en
la reposera que estaba cerca de la habitación en donde el
hombre ya casi dormía. Escucho el ruido que empezaban a hacer
las aletas flojas del ventilador de la pieza y se cerró el
vestido mientras trataba de acomodar su cuerpo en la reposera.
©ÁNGELA
PRADELLI

DESPERTAR
Despertó
cansado, como todos los días.
Se
sentía como si un tren le hubiese pasado por encima.
Abrió
un ojo y no vio nada.
Abrió
el otro y vio las vías.
©Norberto
Costa

SIEMPRE HAY UNA
DISCULPA PARA SALIR A BEBER
Me
compré una barra de bar porque quería dejar de salir a beber
por ahí. Nada más montarla, me puse a un lado de la barra y
pedí una cerveza. Fui al otro lado y pregunté: "Con
alcohol o sin alcohol?" Me cambié otra vez de sitio y
contesté: "Con alcohol, imbécil!" "Imbécil
será usted!", me respondí. "A mí nadie me trata
así", contesté, "me voy a otro bar". Al salir
di un portazo. Allí quedó el otro con su mierda de negocio.
©Jesús
Alonso

CONFORMIDAD
La
golondrina observó, desde su nido, a la rana brincando de
piedra en piedra en la charca y pensó: ¡que suerte! todo el
día fresquita en el agua, sin necesidad de batir alas y
remontar el vuelo.
La
rana paró de croar y, como leyendo el pensamiento del ave se
volvió a mirar a la golondrina y pensó: ¡que afortunada!.
Desde el cielo tiene el mundo a sus pies y nadie las molesta.
En
ese momento, apareció un rapaz entre los arbustos que crecían
junto a la charca y, con sigilo, se aproximo al batracio, empuñando
un tirachinas con aviesas intenciones. La golondrina,
alarmada, advirtió a la rana que, inmediatamente se zambulló
en el agua. Airado, el niño volvió su arma contra el pájaro
que, previsoramente había levantado ya el vuelo alejándose
del peligro. Los
dos animales cayeron en la cuenta de que no tenían nada que
envidiar el uno al otro.
©JESÚS
GONZÁLEZ FERNÁNDEZ

RETORNO
He decidido recuperar mi tiempo. Empezaré por los
recuerdos. Soy un conocido futbolista, me deslizo con rapidez
por la hierba, avanzo con el balón entre las piernas, regateo
a (dos,tres
defensas!, disparo con la zurda y el balón se cuela por la
escuadra de la vieja máquina de coser de mi madre. Mi hermana
entra y dice que basta ya de golpes con la pelota de tenis,
que me esperan todos en la mesa. Fin del partido. Bajo el
interruptor, se apagan los focos y cae la oscuridad sobre la
moqueta verde de mi cuarto.Tengo treinta años, un buen empleo
y una casa, pero un dolor me oprime el cuerpo y, cuando llegue
la noche, mi madre no vendrá a la orilla de esta cama para
rezar las antiguas oraciones.
©Pablo
Echart Orús.

LA MERIENDA
Es
la hora de la merienda. Sus zapatos son de charol rojo. Sus
calcetines, caídos,tienen espigas clavadas y su rodilla
derecha una mancha de mercromina. La niña lleva levantado el
vestido. Lo sostiene con sus manitas haciendo con él una
cesta. A pasitos cortos, camina desde su casa hacia la caseta
del jardín. Abre, con el pie, la puerta. De la oscuridad del
cuarto, llega primero su nauseabundo olor. Después el sonido
de su inmenso cuerpo deslizándose torpemente. Se acerca. Su
enorme lengua lame la rodilla herida de la niña y se detiene
frente al triángulo blanco de entre sus piernas. La niña
sonríe. Sus deditos se abren y el contenido del vestido cae
en la boca de la bestia, que con un brusco latigazo de su
poderoso cuello lo engulle sin masticar. Arrastrándose,
regresa a su oscuro rincón.
-Es
la cabeza de papá. Mañana, te traeré más.
La
niña cierra, por dentro, la puerta. Se limpia las manos en el
vestidito y perezosamente se acurruca juntos al hinchado
vientre de su amigo. Afueran cantan las cigarras. Es la hora
de la merienda.
©Javier
Cardo Pérez.
A DOS
A través del roce de
las manos los pianistas comenzaron su idilio.
PREOCUPACION
Los submarinistas no
regresaron a la hora de comer.
©CAMPI

ENTIERRO
Tu,
prepotente de los..., que mostrabas lo mejor de ti mismo en
todos los actos sociales a los que te presentabas sin previa
invitación, incluido cuando acudías a mi consulta a que te
psicoanalizara, no pudiste evitar el "dar la nota"
el día de tu entierro, y solicitar en tu testamento ser
enterrado con tu teléfono móvil colgado del cinturón del
pantalón. ¿Acaso pretendías establecer alguna comunicación
con algún otro fallecido?. ¿O hasta es posible que
pretendieses de esa forma mantener línea directa con Dios?.
©Luis García
SANTILLAN

COMETA
Al
paso del cometa, el agujero negro eructó.
©ANA PEREZ
Despedida
de amor en el bar
Quizá
aún la amaba cuando me desabroché la blusa allí mismo, en
el bar, secretamente esperando volver a seducirla: “sólo
por esta noche”, susurré en su nuca de niño. Pero ella fue
implacable. Ella tomó la pajita de aquel vaso pringado de
nuestros besos confundidos, avergonzada sin duda, o
violentada, o qué sé yo, y delante d todos la introdujo en
mi pecho. Lentamente sorbió la sangre que fluía desde el
corazón hasta dejarlo tan vacío. “Ya no queda nada”, me
dije, le dije. Y antes de morir bebí las lágrimas que caían
de sus ojos voraces. 446
©Carola
Aikin
El
desencuentro original
Adán iba
tras ella con cierta sensación de inquietud o carcoma,
con sabor a tropelía o avispero.
Eva canturreaba tranquila por las colinas o piel
del mundo. De pronto se detuvo, puso sus rodillas sobre el
musgo o humedad y le
pidió que se acercara. Él obedeció sin entusiasmo.
- Adán, a
esto podríamos llamarlo hierba porque es verde y alargado.
- O Lagartija –replicó él.
- Y a esto
mosca. Es algo tan negro y cargante...
- ¿Mosca?
Eva, ¡ya había puesto yo nombre a todas las cosas del mundo!
-
Definitivamente, mosca. ¿No ves qué ojos?
Y así toda
la tarde. El sol ya empezaba a escamotearse detrás de los
montes o confín cuando se lo confesó:
- Eva, estoy
cansado o huérfano.
- Pues hijo,
yo soy completamente feliz.
Adán la
observó algo perplejo. ¿Feliz? ¿Cómo que feliz? ¿No era
Eva carne de su carne? ¿Acaso no había cedido hasta una de
sus costillas o parte de
su mismidad para conseguir una ayuda que se le asemejara?
Apartó la vista de
aquel rostro embelesado y se quedó pensando si aquello que
bullía en su corazón era arrobamiento
o encono.
©Gloria
Fernández Rozas
El
nacimiento del dolor
La noche
irrumpe de golpe. Sin luna, el cielo puede desenvolver su
simpleza de mar vacío; se multiplican las sombras, y se
apresuran. Sobre el cadáver de la niña las estrellas son
llamas.
Sumergido en una bañera
llorará el padre, dejando que las lágrimas salgan para
devorar el paisaje.
©Santiago
González Reca
Al
otro lado
No sabía cuánto tiempo llevaba parado
frente a ese escaparate. El suficiente para que sus recuerdos
hubiesen pintado aquel cuadro de gente pasando detrás de él
y un rostro, que no era el suyo, le mirara reflejado desde el
cristal que le separaba del paisaje.
©Pedro
Ramos
Pie
de página
Escribí la
novela para que, al leer la dedicatoria, Elena comprendiera su
crueldad de dieciséis años. No buscaba una excusa, una
explicación, que también. Pretendía que me supiera vivo,
incluso asumiendo su orgullo como artesana de la herida
perfecta.
Alguien me
dio la noticia en la caseta de firmas.
Sentí,
primero, alivio. Su imagen sería para siempre la que
recordaba, sin facturas del tiempo. Sentí, luego, pena y
sensación de tiempo perdido. ¿Qué me importaba quien leyera
aquellas páginas ahora que su destinataria ya no existía? Un
sueño largo y roto, una venganza inconclusa.
La misma
persona me dijo: has triunfado, al fin.
Miré la pila de
libros que me rodeaba, la hilera de rostros esperando mi firma
a pie de página, y supe que el hombre tenía razón, y gocé
el triunfo de la inutilidad perfecta.
©Julio
Riquelme
Virgen
Liberado al
fin del bastón blanco, el hombre ciego se recuesta en la cama
junto a la muchacha. Su barba recia contrasta con la suave
melena femenina, empapa el olor que ella desprende e imagina
sus curvas.
Tumbada junto a él,
la joven parece una niña, duda, es la primera vez que se
ofrece a un hombre y el rubor de sus manos delata la timidez
virginal. Entonces olvida el bastón y el perro que custodia
la puerta y, pudorosamente, apaga la luz.
©Teresa
Serván
Hache
dos O
No puede dejar
de nadar.
Avanza, pero siempre
vuelve al lugar de partida. No sirve, seguro que no, mejor
nadar a crol.
Aún no ha probado
el otro estilo, pero no le funcionará. A mariposa es
agotador.
Un rato de espaldas,
o mejor se deja llevar por la corriente.
Los pies no siguen
el ritmo, los brazos se fatigan al cortar el agua. Quizá
buceando pueda salir a flote. ¿Y si lo intenta al revés?
No hay nada que
hacer, salvo nadar, y nada y nada en círculos en esta agua
incierta.
Y ahora se hunde, se
ahoga en un mar de dudas.
©Almudena
Albi
A
ritmo de taxímetro
Nombre y apellidos:
Santiago Lozano Romero. Número de licencia: 12.728. Número
de matrícula: M-7839-SK. Número de DNI: 39776358C. Número
de permiso: 20.389. Caducidad: 06/2003. ¿Cuántas veces lo
habré leído? Seguro que puedo calcularlo. Le dieron el taxi
en noviembre del noventa y tres. Poco antes de casarnos.
Estamos en marzo del dos mil. De noviembre a marzo hay cuatro
meses. Seis años y cuatro meses. Doce por seis setenta y dos
más cuatro setenta y seis.
Setenta y seis meses
sin faltar un solo jueves a ver a su madre.
©Beatriz
Cuevas

Transplante
Mi corazón te
espera, es lo único que queda de mí, estoy dentro de otra. Búscame.
©Beatriz
M
artínez Manzanares

Toda
una vida
Lo vio pasar
en un vagón de metro y supo que era el hombre de su vida.
Imaginó hablar, cenar, ir al cine, yacer, vivir con él. Dejó
de interesarle.
©Beatriz
Pérez-Moreno
Novela
policíaca
Lo que más me
molestó, irritó, por lo que me juré no volver a hacerlo más,
por muy motivado que estuviera, por mucha fama que estuviese
esperándome, fue que, tras ordenar de una forma coherente
toda la historia en mi cabeza, dar los antecedentes de lo
ocurrido, explicar la importancia de la mujer rubia en todo
esto, atar cuanto cabo permaneciera suelto y procurar no
dejarme ningún cadáver sin mencionar, todo narrado despacito
y con buena letra, hora tras hora, al final del interrogatorio
al policía sólo se le ocurrió decir que quién era yo, que
después de tantas preguntas como hizo ya se le había
olvidado incluso de qué se me acusaba.
©Paul
M. Viejo
Incógnita
Una persona es lo
que cree ser, lo que los demás opinan que es y lo que
realmente es. Desde esta perspectiva, no se pudo averiguar quién
cometió el asesinato.
©Carmen
Peire
Locura
de amor
Él había
perdido la cabeza. Ella le entregó el corazón. Y paseaban
como tantos otros. Él, incómodo con aquella víscera
sangrante en las manos. Ella, ansiosa, pretendiendo adivinar
su futuro en la inútil esfera degollada.
©Isabel
Cienfuegos
El
arte
En medio de la
plaza, el mago sacó de su cofre una cornucopia, tres ramas de
abedul, cuatro alfombras voladoras, siete velos de seda de
Damasco y dijo tres palabras mágicas.
Con la primera,
volaron alfombras y los bostezos.
Con la segunda, los
velos desaparecieron y oyó el ruido de los pasos de la gente
yéndose.
Al pronunciar la
tercera ocurrió el milagro: un espectador lo miró asombrado,
aguantando la respiración con los ojos brillantes.
Pilar
Gómez Esteban



©EL
PAÍS SEMANAL
Domingo
23 diciembre 2001






©ESPECIAL
MICRORRELATOS y el tema UMBRAL con motivo del Premio Cervantes
2001

Agradecemos a todos los
autores su colaboración en este especial sobre Relato
Hiperbreve. Muy especialmente al Círculo Cultural Faroni por
la aportación de textos de su Premio Internacional,
a la editorial Páginas de Espuma por los relatos de su
libro "Por favor, sea breve" y a Tusquets
editores por los textos del libro "Galería de
Hiperbreves".
Damos las gracias a el diario EL PAIS EPS de España (microrrelatos
de Navidad), a la
web clubcultura.com (IX Premio Faroni) y al diario EL MUNDO de
España (microrrelatos y el Cervantes), por sus estupendo enlaces a más
contenidos mínimos.
Sumario
