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Querelle
de Brest - Jean
Genet

MITOLOGÍA
PERSONAL
por
©Enrique
Redel
Sartre
diría de él que disfrutaba
construyendo aberraciones cuya única
meta era poner nerviosos a sus amigos
más cercanos. Sus obras, prodigios de
ingeniería metafórica, llenas de imágenes
impactantes pero nunca vulgares,
consiguen conmover aún hoy en día a
los lectores más maleados. Jean Genet,
huérfano, ladrón, homosexual y
proscrito, escribió en el curso de
cinco años varios textos diversamente
autobiográficos que llegarían a ser
considerados obras maestras de la
literatura de todos los tiempos. Sórdida
y hedonista, amoral y religiosa, Querelle
de Brest, es quizá la única auténtica
novela de Genet. Escrita entre 1945 y
1946 es el texto más trasgresor y
salvaje de este autor francés que
desbordaría los límites de lo
prohibido en la página en blanco. La
editorial ODISEA publica por vez
primera en español la versión íntegra
y no censurada de Querelle de Brest, tal y como fue
publicada en 1947, sin nombre de
editor para eludir la persecución de
la ley. Esta versión histórica de Querelle
se presenta además con un espléndido
prólogo de Eduardo Mendicutti.
Si nos centramos
en la figura del escritor como persona
pública, y no ya en la labor de éste
como novelista, dramaturgo o poeta,
tenemos que reconocer que la biografía
de Jean Genet pertenece al terreno de
la pura épica literaria. Su vida, más
que su obra, sigue siendo hoy en día
objeto de admiración, cuando no de
adoración e incluso de abierta
idolatría. Si tenemos en cuenta que
durante toda su vida y en todo lo que
hizo, Genet ofició sobre todo de
propagandista de una versión
idealizada de si mismo, y que sus héroes
son monstruos y santos, extensiones de
la personalidad del propio escritor
(hijos de la vergüenza, personas sin
raíces, ladrones compulsivos y
problemáticos), no nos extrañará
ver en cada obra de Genet un retrato
en bruto de ese expósito delincuente
que siempre fue.
Sin embargo,
para el que todavía no sepa quién es
Genet, valen unos someros apuntes:
nació en París, en el invierno de
1910; su madre lo abandonó apenas
ocho meses después de nacer y,
consecuentemente, el joven Genet pasó
gran parte de su infancia en una
familia de acogida en el campo, y el
resto de ella, y por añadidura su
juventud completa, encerrado en todo
tipo instituciones para delincuentes
juveniles, de las que se escapaba una
vez tras otra con el inamovible propósito
de huir a tierras de Egipto, a donde
nunca llegaba: como mucho llegaba a
Niza o a Marsella. Cuando tenía diez
años, lo acusaron por primera vez de
robar. Aunque en aquella ocasión (y sólo
en aquella) era inocente, ya que se le
había tachado de ladrón, él resolvió
convertirse en un ladrón de verdad.
Algo más tarde, y por parecidos
motivos, se reafirmó en una todavía
muy primaria homosexualidad. "De
ese modo" escribió Genet, “tomé
la decisión de negar un mundo que me
había negado a mí a su vez."
Sabemos
que entre 1930 y 1940 vagó a través
de varios países europeos, viviendo
como prostituto y ladrón, mendigando
y robando allá donde podía. Formó
parte de la Legión Extranjera y
desertó de ella. Vivió en Barcelona
como chapero y durmió bajo una tapia
en plenas Ramblas, justo antes de la
Guerra Civil. Allí frecuentaba los
burdeles, los cabarets, entre ellos el
afamado “La Criolla”. Por las
tardes, siempre según Genet, solía
dejarse caer por este conocido
cabaret, sin duda el más importante
de los que existían en el Barrio
Chino de la Barcelona previa a la
Guerra Civil. En este establecimiento,
aparte de ofrecerse espectáculos de
transformismo, se traficaba con drogas
y se vendían armas de fuego. La
Criolla y otros burdeles del Barrio
Chino pueden haber servido de modelos
para “La Feria”. Otro de los
burdeles barceloneses que frecuentaba
Genet estaba regentado en aquella época
por una mujer francesa, llamada Madame
Petite, que ofrecía, como la Madame
Lysiane de “Querelle” todo tipo de
servicios ajustados a los más
refinados caprichos de sus clientes.
En 1939, que es lo que nos
interesa, Genet comenzó a escribir. Por entonces, ya era un ladrón
reincidente, que no bien salía de la
cárcel, volvía a entrar en ella por
algún otro delito. Algunas de sus
mejores obras, como El
Milagro de la rosa las escribiría
en las celdas de una prisión. En
1945, entre condena y condena, comenzó
a escribir Querelle
de Brest, una novela de brumosas
pasiones marineras, una historia sobre
la homosexualidad en la que ninguno de
los personajes es homosexual.
Querelle
de Brest es, en muchos aspectos, el libro más
duro de Genet. Asistimos a la historia
del ladrón y asesino Georges
Querelle, un recio y amoral marinero,
que proclamará: "mi esposa es la
mar; mi amante es mi capitán".
Los bajos de su pantalón están
orlados de semen: son los gloriosos
trofeos de sus juergas nocturnas en
Brest. El seductor Querelle, ladrón y
sodomita ocasional, asesinará por muy
diversos motivos: para robar, para
borrar sus huellas, para protegerse de
testigos incómodos. Al término de
cada asesinato, de cada robo, se
someterá a rituales expiatorios, que
tendrán como finalidad purgar sus crímenes.
Estos rituales pasarán por intensas
sesiones de sometimiento a diversos
hombres, y constituirán su bautismo
de fuego.
A su
alrededor se mueven diversos
personajes que sólo buscan rozarse
con el fatídico marinero: su hermano
Robert, una especie de imagen
reflejada en el espejo del propio
Querelle, el anverso de la misma
moneda, y amante de Madame Lysiane, la
madame de “La Féria”, el burdel más
conocido de Brest, una poderosa mujer
que se enamorará perdidamente de
Querelle y que fantaseará sobre los
hijos que los dos hermanos Querelle
podrían tener si se lo propusiesen;
el marido de Lysiane, Nono, con quien
Querelle tiene diversas experiencias
sexuales, y que redimirá en letra
carnal el primero de los asesinatos
del marinero; el policía Mario, cuya
relación con Querelle fluctúa entre
el más exacerbado celo profesional y
el más explícito de los amores
carnales; el Teniente Seblon, oficial
al mando del navío “Vengador”, de
cuya tripulación forma parte
Querelle, y que en su diario íntimo
desgrana con desgarradora poesía el
amor que siente por aquel al que
convertirá su ayudante personal para
tenerlo más cerca; Gilbert Turko, el
albañil polaco, asesino
circunstancial, prófugo desgraciado,
que protagonizará junto a Querelle
varias escenas de un vago erotismo,
pero mucho más explícitas que nunca
en esta nueva versión… Georges
Querelle oficia en este universo de
omnipotente sol central, alrededor del
cual gravitan los demás planetas,
rocas asesinas con un cargamento de
sangre y semen. Todos los personajes,
salvo el Teniente Seblon (abiertamente
homosexual y afeminado) y Madame
Lysiane, son ejemplos de masculinidad
violenta, soberana, de gracia animal,
de cruel dominio sexual.
Por
la belleza de sus imágenes, por la
calidez y la sensualidad de sus
escenas, por la inusitada violencia de
sus peleas y de sus encuentros
sexuales, Querelle de Brest corta como
un cuchillo nuestra percepción de la
naturaleza del amor, hiriéndola de
muerte. Querelle es quizás la más
soberbia crónica de la depravación y
un canto a la brutalidad de las
querencias. Un texto necesario en
estos tiempos de medias verdades y de
acomodaticias posiciones estéticas.
La
versión que ODISEA recupera estos días
para el lector español es la misma
edición histórica que Paul Morihien,
el mítico editor de Cocteau publicó
en 1947 anónimamente, acompañada de
veintisiete dibujos eróticos del
propio Cocteau (que fueron también
sin firma, y algunos de los cuales
representaban a marineros desnudos con
descomunales erecciones). Esta
publicación provocó que en 1956
Genet fuera condenado a ocho meses de
prisión y a una sustanciosa multa
(aunque finalmente, ni pagó la multa,
ni cumplió la pena). Esta edición,
inédita en español hasta ahora,
supone la recuperación del Genet más
maldito, genial y expresivo.
©Enrique
Redel
2003
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