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José
Huertas
(Lengua
de Trapo)
Por
©Luis
García
Introducción.-
Lengua de trapo
es una Editorial joven, muy joven a tenor de su trayectoria, pero
que seguro ya estaba en la cabeza de sus responsables mucho antes de
que vieran la luz sus primeros títulos. José Huerta, conocido
cariñosamente como Pote, ha sabido en algún caso conjugar esa labor de editor,
difícil por todo lo que arrastra de leer manuscritos, preparando
colecciones y rechazando a jóvenes y no tan jóvenes autores llenos
de ilusiones y escaso talento. Lengua
de Trapo, decía, es una Editorial joven, pero con el
suficiente carisma a sus espaldas como para que comience a ser vista
como un serio competidor dentro del mundo de la edición. Su
catálogo está lleno de descubrimientos, hoy consolidados autores,
entonces brillante promesas, y de la necesaria muestra de calidad
literaria que hacen que la Editorial crezca de una forma
geométrica. Penetrar en su espíritu es lo que vamos a intentar
hoy. Desentrañar su pócima, es algo reservado a los no iniciados.
Luis García.- ¿Cómo
comenzaste la andadura editorial de Lengua
de Trapo?.
José Huerta .-
Apañando un despachito con un ordenador y un teléfono en
unas oficinas de un pequeño negocio familiar. No contaba con
grandes recursos (aunque, después de todo es posible que hayan
resultado suficientes), pero sí con la confianza y el respaldo de
algunas personas muy cercanas a mí (entre ellos algunos de mis
hermanos) que, para mi sorpresa, no entendieron que mi aspiración
fuera una simple chifladura. Ahora me doy cuenta de que contaba
entonces con dos cualidades que me vinieron muy bien: ignorancia y
entusiasmo. Ignorancia respecto a la realidad editorial (si hubiera
sabido donde me metía, tal vez no me habría atrevido a iniciar la
andadura), sin embargo, -contadiciendo a quien pueda pensar que
ignorancia y entusiasmo son directamente proporcionales- creo haber
aprendido ya algunas cosdas y el entusiasmo no ha mermado.
Definitivamente me gusta este oficio
Pregunta.-¿Recuerdas cual fue el primer título que editó
Lengua de Trapo?.
J.H.- José Huerta.- Por supuesto: el primer título fue Trece
historias breves, una colección de relatos de trece autores que
representaban a dos generaciones distintas: aquella que se denominó
Nueva narrativa, entre cuyos representantes estaban Jesús Ferrero,
Pedro Zarraluki, Enrique Vila-Matas, , etc., y representantes de la
entonces más joven narrativa española: Juan Bonilla, Irene Gracia,
etc. Pretendía adelantar el perfil de lo que yo entonces deseaba
que fuera la colección Nueva Biblioteca.
L.G.- Pregunta.-¿Qué
sentiste cuando lo viste en las librerías.
José Huerta.- Alegría y expectación, como no podía ser de otro
modo.
L.G.- Pregunta.-
En el catálogo de LT hay a mi juicio dos hitos
fundamentales: los referenciados por Páginas
amarillas y por Líneas aéreas. ¿Fue difícil reunir a tanto talento de
ambos lados del océano?.
José Huerta.- La dificultad no fue mucha, pero
requirió mucho
esfuerzo. Son muchos autores y muchos textos que obviamente hubo que
coordinar. Sin embargo, la buena acogida que la idea tuvo entre los
autores facilitó mucho las cosas; sin olvidar que ya disponíamos
del correo electrónico, artilugio utilísimo para sacar adelante
este tipo de proyectos en
el tiempo que lo hicimos. En cualquier caso, yo creo que hubo un
hito anterior a Páginas amarillas y
que, en mi opinión, resultó determinante para el desarrollo de la
editorial. Estoy hablando de la edición consecutiva de cuatro
títulos de otros tantos autores entonces totalmente desconocidos y
cuya calidad era tan sobresaliente que nos mereció titulares de
prensa del estilo “Lengua de Trapo o la fuerza de una pequeña
editorial” y otros de similar tono elogioso. Llevábamos apenas un
año de vida y aquello supuso una llamada de atención de los
prescripores hacia nuestro trabajo. No me resito a reseñar aquellos
títulos: Fabulosas narraciones por historias de Antonio Orejudo, Breve
historia de la inmortaloidad de Antonio Álamo, La
Cámara de las Maravillas de Luis María Carrero y Callejero
de Judas de Fernando Royuela.
L.G.- Pregunta.-Debe
de ser complicada la labor de editar, y me figuro que tremendamente
dolorosa la de rechazar algún manuscrito. ¿Te has arrepentido de
algún rechazo en particular?
J.H.-
José Huerta.- Soy perfectamente consciente de que trabajo con fibra
sensible, y de lo que un autor pone y cuánto se implica en su
trabajo, sea mi juicio sobre la calidad de éste el que sea; de modo
que efectivamente rechazar una obra, cosa que hacemos
constantemente, resulta uno de los aspectos más dolorosos y
desagradables de este oficio. Creo que a día de hoy me he
arrepentido realmente de tan sólo un rechazo. Con permiso, me
reservo el caso de que se trata.
L.G.- Pregunta.-¿Tan
difícil es descubrir un talento literario?.
J.H.-
José Huerta.- Yo no creo que sea tan difícil, se trata de tener
una idea clara, aunque personal, de lo que es buena literatura, de
tener la suficiente anchura de miras y la generosidad para dar
cancha a libros que, aunque no respondan absolutamente a esta idea
de la literatura, sí los reconozca como libros sobresalientes; y,
por último, estar dispuesto a dedicar mucha energía a la lectura y
criba de originales. En nuestro caso, entiendo que es una labor
natural cuando no la única posible dada la situación aberrante del
mercadeo de anticpos sobre derechos cuando se trata de la obra de
autores consagrados. Además, ha resultado de lo más gratificante y
probablemente la aportación más importante que aún a día de hoy
haya realizado nuestra pequeña editorial
L.G.- Pregunta.-¿Y
mantenerlo en la Editorial?.
J.H.- José Huerta.- Esto obviamente
resulta más difícil. No podría decir otra cosa cuando son muchos
los autores publicados inicialmente por Lengua de Trapo y
posteriormente captados por otras editoriales. Ante esta realidad,
yo me planteo que, en primer lugar, el anticipo no es la única
razón por la que un autor decide confiar su obra a un editor. En
algunos casos es mejor ser cabeza de ratón que cola de león. Por
ejemplo, para según qué autores, la capacidad de polarizar el
esfuerzo sobre la edición y promoción de una obra, o la capacidad
para seguirla y atenderla a lo largo del proceso completo es
superior en una editorial pequeña o mediana que en un gran grupo.
En segundo lugar, la coherencia en la construcción de un catálogo
que responda a inquietudes intelectuales
y creativas es también una virtud muy infrecuente en los grandes
grupos (y aquí hay autores que muestran sus preferencias). Y me
planteo un reto importante: demostrar que una editorial pequeña
como Lengua de Trapo también puede vender muchos ejemplares obra.
El todavía reciente éxito de la novela de Pablo Tusset Lo
mejor que le puede pasar a un cruasán, con nueve ediciones
vendidas, traducción a once países, y próxima adaptación
cinematográfica, me está ayudando a avanzar en esa dirección.
Nuestra pretensión es seguir por este camino y lograr éxitos
similares, siempre de acuerdo con la naturaleza de Lengua de Trapo,
que no es otra que publicar, por encima de cualquier otra
consideración, buena literatura..
L.G.- Pregunta.-¿No
te parecían tus inicios, un tanto locos e irresponsables?.
J.H.-
José Huerta.- No recuerdo si me lo parecían pero probablemente lo
eran.
L.G.- Pregunta.-Es
conocida la apuesta de Lengua
de trapo por los jóvenes valores, a menudo totalmente
desconocidos. Sin embargo, en el momento en que despuntan suelen
algunos suelen irse a Editoriales teóricamente de mayor peso
específico. ¿No genera esto un poco de frustración?.
J.H.-
José Huerta.- No sé si llamarlo exactamente frustración. Por un
lado es doloroso y nos dificulta la continuidad en la política de
autor que nos gustaría desarrollar. Sin embargo, y por otro lado no
deja de confirmar que nuestro trabajo es valioso y tiene pleno
sentido.
L.G.- Pregunta.-Pero
lo que no cabe duda es que no puedes competir en igualdad de
condiciones con los grandes grupos, cuyos catálogos se nutren
precisamente de los descubrimientos de Editoriales como la
tuya..
J.H.-
José Huerta.- La competencia en el mundo de los libros de
literatura tiene un sentido muy relativo, pues en ningún caso dos
libros son realidades similares (como podría ser el caso de dos
refrescos de limón de distinta marca, por ejemplo) sino diversas
(la diferencia que habría entre un refresco de limón y un agua con
gas). Se compite en realidad por la captación de lectores, como en
el caso de las distintas clases de refrescos se compite por la sed
de los consumidores. En todo caso, nosotros no pretendemos competir
directamente con los grandes grupos; por el contrario se trataría
en principio, de hacer lo que ellos no pueden hacer (este no parece
un mal principio de viabilidad -supervivencia-); y, en segundo
lugar, en hacer mejor lo que los grandes grupos hacen mal (no parece
un mal principio de desarrollo -crecimiento-). La cuestión sería
qué es aquello que los grandes grupos no pueden hacer y nosotros
sí, y qué es lo que hacen mal y nosotros podemos hacer mejor. Yo
estoy convencido de que hay muchas cosas que responden a esta
cuestión. De momento parece obvio que ellos no pueden hacer la
labor de descubrimiento de autores con la misma eficacia que
nosotros hemos demostrado, y, además, la voracidad de recursos que
generan los grandes grupos condiciona, cuando no determina, los
planes editoriales en detrimento de la calidad constante, desde el
punto de vista puramente literario, de sus publicaciones, mientras
que la pequeña editorial (pequeña pero ágil e inteligente)
gracias a su infraestructura escueta puede establecer el umbral del
rendimiento económico de sus publicaciones en un número de
ejemplares relativamente corto, lo que le permite que,
efectivamente, pueda trabajar entendiendo que la rentabilidad se
dará como una compensación y que no es algo que deba buscar a
costa de desnaturalizar el proyecto. Recuerdo haber escuchado a un
sabio editor decir que la virtud no siempre no es recompensada. Lo
subscribo.
L.G.- Pregunta.-Fue
sonado el fallo del II Premio Casa de América de Literatura Innovadora. ¿Qué hay
de cierto en ello y que hay de leyenda?.
J.H.-
José Huerta.- Si a lo que te refieres es a que la novela ganadora
no estaba entre las finalistas sino que salió de las bodegas donde
yacían los libros presentados, es cierto. Pero esto sólo es
posible cuando la responsabilidad del fallo la ejerce exclusivamente
el jurado sin interferencia externa y cuando ha habido una
exhaustiva atención a las obras presentadas con sus respectivos
informes puestos a disposición del jurado Esta asepsia es, lo creo
francamente, la principal virtud de los premios que desde la
editorial hemos creado. Esto, y que, efectivamente, los criterios de
evaluación de las obras presentadas son exclusivamente
literarios
L.G.-
Pregunta.-Nuevamente, un autor totalmente desconocido
en nuestro país, Tulio Stella, pero con la suficientemente dosis de
romanticismo (algo que no abunda hoy en día en la literatura, por
cierto) como para interesar a los más puristas. ¿Dará que hablar
el autor en los próximos años?.
J.H.-
José Huerta.- Nunca se sabe, pero es muy probable que sí;
dependerá de las próximas obras del autor.
Pregunta.-¿No
estamos asistiendo a un renacer de las letras hispanas del “otro
lado del Atlántico?”. Los mexicanos con el último Premio
Alfaguara, los Primavera y Biblioteca Breve... ¿Es la herencia del boom
tal alargada?.
José Huerta.- A
lo que ojalá estemos asistiendo es a la normalización de la
actitud de los lectores y editores ante el trabajo de los autores
latinoamericanos posteriores al boom.
Creo que esto es de desear, pues en la literatura en español, más
que en ninguna otra cosa y pese a las especificidades, existe un
único ámbito, el del idioma.
Pregunta.-Siete
novelas cortas (La familia fortuna) para siete historias o situaciones que
dicen, recuerda y mucho a Rayuela
o a la Tetralogía de Lawrence Durrel El Cuarteto de Alejandría. ¿Está todo inventado en
literatura?.
J.H.-
José Huerta.- Modestamente
considero que no. Si a lo que nos referimos es a los temas, creo que
efectivamente son pocos y todos han sido abordados. Lo que ocurre es
que la literatura, como cualquier otro aspecto del arte, responde a
la manera que el hombre tiene de entenderse en el mundo, de ubicarse
en él. Resulta obvio que el hombre de este comienzo de siglo no
tiene la misma idea del mundo que tenía el hombre de la Edad Media,
por poner un ejemplo. Lo que cambia, época tras época, es el
paradigma, y aunque las cuestiones siguen siendo las mismas las
respuestas pueden ser sensiblemente diferentes. El arte no ha dejado
de ser, en ningún caso, expresión poética de las vivencias y
reordenamiento del paradigma, a la sazón vigente.
L.G.- Pregunta.-¿A
que autor te hubiera gustado editar?.
J.H.-
José Huerta.- A muchos, obviamente. La lista sería larguísima, y
aun a sabiendas de que las omisiones sería flagrantes, me atrevo a
señalar algunos que a bote pronto me vienen a la cabeza: Javier
Tomeo, Juan Marsé, Eduardo Mendoza o Roberto Bolaño.
L.G.- Pregunta.-¿Y
a cual nunca editarias por mucho fenómeno social que
significase?.
J.H.-
José Huerta.- A mí me produce sarpullido la idea de publicar, por
ejemplo, las novelas de Dannielle Steel. Creo que con esto te haces
una idea.
L.G.- Pregunta.-¿Cómo
son las relaciones con tus colegas editores?.
J.H.-
José Huerta.- A mi parecer, excelentes. Incluso considero a algunos
de mis colegas como maestros y amigos. Desde luego, soy plenamente
consciente de haber aprendido mucho de ellos, y de todo lo que me
pueden enseñar.
L.G.-
Pregunta.-¿Admiras (se que no es el término más
adecuado) a algún
editor en particular?.
J.A.-
José Huerta.- ¿Por qué no va a ser un término adecuado? Sí,
realmente admiro a muchos editores. La historia de la edición
española está cuajada de editores sobresalientes (cuando no
heroicos). No hace falta mencionar a Janés o a Barral. De mis
contemporáneos, admiro la labor de Jorge Herralde (Anagrama),
Beatriz de Moura y Toni López (Tusquets), Jaume Vallcorba (Quaderns
Crema y El Acantilado), Manuel Borrás (Pre-Textos) y he de quitarme
el sombrero ante Pedro del Carril y Sigrid Kraus (Salamandra). En
todo caso, yo tengo simpatía general por cualquier persona que se
dedica a la fabricación de libros, por muy malos que estos fueran,
y me identifico con todos los nuevos sellos que cada día vemos
surgir impulsados por jóvenes más o menos sensatos, más o menos
idealistas.
L.G.- Pregunta.-¿Qué
pesa más a la hora de editar a un desconocido?. La intuición, los
informes de algún experto...
J.H.-
José Huerta.- Lo que pesa de verdad es el convencimiento de estar
ante una obra sobresaliente, lo que es desde luego algo más que una
intuición. Sería estúpido no considerar la opinión de algún
experto cuando se diere, pero no considero que deban ser
vinculantes. Debe ser grato que alguien acierte por uno, pero debe
ser insufrible que alguien se equivoque por uno. En mi caso prefiero
ser yo quien se equivoque.
Pregunta.-
¿Qué libro o autor te hubiera gustado descubrir y
publicar?.
José Huerta.-
Pues todos aquellos a los que admiro, que son muchos.
Pregunta.-
¿Qué opinión te merecen los cánones literarios?.
José Huerta.- Depende
de los títulos que integren la lista, como a todo el mundo, creo,
pues siempre responden a una opinión subjetiva. Desde luego, todo
canon, como cualquier etiqueta, es reduccionista y excluyente por
definición, y no resultan válidas como análisis fidedigno de la
realidad estética.
Pregunta.-
Háblenos de Hugo Burel, recién ganador del Premio de Novela
lengua de Trapo.
José Huerta.-
Hugo Burel es un autor uruguayo con una carrera dilatada
aunque nunca ha trascendido realmente las fronteras de su país,
donde es un habitual de las listas de libros más vendidos. Mantiene
una actitud muy purista ante el hecho literario que yo,
particularmente, agradezco.. Su novela, El guerrero del crepúsculo, tiene un pie en la traición mitel-europea
más prestigiosa, y otra en la tradición latinoamericana. El
resultado es una novela sorprendente que se ubica en un espacio más
allá de la consciencia, en un territorio ignoto más allá de la
vida , pero un poco más acá de la muerte.
L.G.-
Pregunta.- ¿Qué sorpresas literarias nos depara Lengua
de Trapo para este milenio?
J.H.-
José Huerta.- No hace falta que me lo fiéis tan largo. Estoy muy
satisfecho del plan de publicaciones que tenemos para esta
primavera. Creo que es de una calidad constante y muy alta, y siento
que es un paso decidido hacia la madurez de la editorial. Destacaré
las novelas de los españoles Rafael Reig, Sangre
a borbotones, y de Elia Barceló, El
vuelo del hipogrifo, dos ejemplos de lo que los franceses han
dado en llamar roman fusion.
Tal vez estemos ante los planteamientos de una novela posible para
los comienzos del siglo XXI.. Estoy convencido de que estos títulos
pueden encontrar gran número de lectores sin que hayan tenido que
renunciar para ello a grandes ambiciones literarias. Por otro lado,
en Otras Lenguas, nuestra colección de literatura traducida, van a
aparecer títulos tan espectaculares como Los
mordiscos del alba, del francés Tonino Benacquista, como Humano
yo, ni en broma, del chino Wang Shuo, o Bailar
con un ángel, del sueco Ake Edwarson, con la que iniciamos la
publicación de su serie de novelas negras protagonizadas por el
inspector Erik Winter. Y en el mes de abril iniciaremos una nueva
colección, esta vez de ensayo, “Desórdenes”, con Vivir
y pensar como puercos, del francés Gilles Châtelet, y ¿Por
qué la ficción? de Jean-Marie Schaeffer
Luis
García


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