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Luther
Blisset
El
delantero usurpado

por
©Juan
Antonio Bermúdez
Juan
Antonio Bermúdez (Sevilla) es
periodistas, trabajó en
Elcultural.com y actualmente escribes
para varios medios de comunicación andaluces.
Es un especialista en el fenómeno
Luther Blisset y ahora realiza sus
labores informativas en el portal de
cine cinestrenos.com.
En
la temporada 1983-84, un patoso
delantero jamaicano fichado por el Milán
al Watford inglés contribuyó
decisivamente con sus errores a la pésima
campaña que terminó con la escuadra rossonera
en la Serie B del calcio.
Los
tifosi milaneses purgaron en él
su frustración. Especialmente
irritados, los neofascistas nunca
pudieron admitir que aquel negro
desgarbado que había llegado con
honores de estrella cobrase más que
sus colegas blancos y se retirase
millonario tras sufrir (o fingir, eso
nunca se aclaró) una lesión, dejando
al equipo en la peor crisis de su
historia reciente.
Muchos
años después, fusilado por el sol de
su Jamaica natal, Luther Blisset
apuraba en ron las últimas liras de
su contrato millardario, sin
saber que estaba prestándole su
nombre a uno de los fenómenos
contraculturales más significativos e
impactantes del cambio de milenio.
Y
es que sobre 1993 unos cuantos
estudiantes de Bolonia “la roja”,
la capital histórica de la izquierda
italiana, tomaron el nombre del
mediocre pelotero jamaicano para
firmar panfletos y reivindicar actos
de guerrilla mediática, en lo que era
el arranque del fenómeno Luther
Blisset.
El
contexto de este segundo nacimiento de
Blisset está muy bien definido: una
izquierda intelectual vinculada a los
centros sociales ocupados y a las
redes culturales alternativas, embrión
local de ciertas corrientes integradas
luego bajo la inexacta etiqueta “antiglobalizadora”;
una izquierda bien formada y a la vez
curtida en el activismo de la lucha
estudiantil.
La
primera batalla de renombre ganada por
este originario foco de acción de
Luther Blisset en su guerrilla mediática
se libró en el programa de televisión
Chi l’ha visto, versión
italiana y más morbosa de Quién
sabe donde, en el que una llamada
a nombre de Luther Blisset denunció
la presunta desaparición del presunto
ex-artista punky Harry Kipper, cerca
de Udine, mientras viajaba en una
bicicleta de montaña con la intención
de trazar la palabra “ARTE”.
Entre
los objetivos principales de este
colectivo que comenzó a identificarse
con el heterónimo múltiple Luther
Blisset, hay que destacar así, sobre
todo al principio, la puesta en cuestión
de la infalible verdad difundida por
los medios, el sabotaje desde dentro,
con las mismas armas (la tergiversación,
la manipulación, la no contrastación
de fuentes) que tan a menudo les
sirven a los propios mass media
para construir la realidad a su antojo
y conveniencia.
Pero
el fenómeno fue enseguida más allá
de esos furtivos fraudes mediáticos.
Inmerso en el despegue de Internet,
Luther Blisset encontró en la Red su
medio ambiente ideal para crecer y
multiplicarse. Además de las páginas
virtuales o reales en las que se
comentaba el asunto desde el escándalo
o la fascinación o las dos cosas,
Internet fue el cauce perfecto para
miles de nuevas travesuras y nuevos
textos rubricados por Blisset, perfilándose
así definitivamente la naturaleza múltiple
de la identidad del personaje.
Y
mientras esto ocurría en la
ingobernable república de Internet,
los hipotéticos padres de la
criatura, los cuatro veinteañeros
boloñeses que fueron los primeros en
utilizar el seudónimo Luther Blisset,
convencieron a la todopoderosa casa
Mondadori para publicar Q, una
novela histórica escrita entre los
cuatro. Q plantea un viaje por
toda la Europa del siglo XVI, en pleno
conflicto entre la modernidad del
humanismo renacentista y el
oscurantismo religioso heredado del
medioevo que se resiste a desaparecer.
Mezcla personajes y situaciones
documentadas con leyendas de capa y
espada, en un deslumbrante ejercicio
de erudición y de fantasía, para
trazar una parábola sobre el sentido
de las grandes revoluciones
sociales.
Sólo
en Italia, el libro ha vendido casi
100.000 ejemplares, pero el número de
lectores que han tenido acceso a Q
es muy superior, ya que, desde la
misma novela se daba permiso y se
alentaba a fotocopiarlo (además de
que ha estado disponible en varios
lugares de Internet).
Con
la edición en Mondadori, el proyecto
Luther Blisset cumplía una de sus
principales ambiciones: dar el salto
desde la marginalidad a la cultura
pop, llegar al corazón de la
industria cultural. Pero lo más
sorprendente fue la promoción de la
novela, consistente en un “essere
presenti, ma non apparire”
(“hacerse presentes pero no
aparecer”). Le interesa a Blisset
una transparencia frente a los
lectores pero una opacidad frente a
los medios de comunicación. No se
trata del aislamiento o la renuncia
que han cultivado escritores como
Onetti o Sallinger, sino de una
peculiar forma de prestarse al juego
de las actividades promocionales
poniendo unos límites, para no
degenerar en el tedioso culto al
autor-personaje público. Luther
Blisset, los cuatro Luther Blisset
autores de Q, han concedido
entrevistas y han hecho presentaciones
públicas de sus libros, pero no han
permitido que se difunda su imagen ni
en fotografías ni en televisión, ni
han filtrado detalles de su vida
privada.
Y
además le pusieron un plazo de vida a
“su” Luther Blisset, el quinquenio
que fue de 1994 a 1999, para no
convertirlo en un autor-personaje más
de los que criticaban. Desde entonces
andan embarcados en un nuevo proyecto,
el laboratorio de diseño literario
Wu-ming.
Otros
Luther Blisset siguen vivos, sin
embargo, en todo el mundo, firmando y
manifestándose aquí y allá, fiel a
su identidad múltiple y única que
contribuye a poner en crisis la tiranía
del artista como clarividente genio
individual.
¿Y
a aquél Luther Blisset jamaicano que
hundió al Milán en segunda, chi
l’ha visto?
©Juan
Antonio Bermúdez
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