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"Locas
por el Fútbol"

por
©Eva
Orúe - ©Sara
Gutiérrez
Literaturas.com
trae a sus lectoras un capitulo del
libro "Locas por el
Fútbol" de las periodistas
españolas Eva Orúe y Sara Gutiérrez
publicado por primera vez en internet.
El fútbol, deporte inventado por y
para hombres, fue durante muchos años
un terreno vedado a las mujeres. No sólo
eso: el fútbol se convirtió en un
rival, y miles de novias y esposas
cantaron convencidas, durante años,
aquel pegadizo Por qué, por qué, los
domingos por el fútbol me abandonas.
Sin embargo, poco a poco, las mujeres
han saltado al campo para convertirse
en protagonistas del espectáculo. ¿Qué
tiene el fútbol que las vuelve locas?
.
“Si
yo dispusiera de un sociólogo de
confianza –escribió Josefina
Carabias en 1949- le pediría que me
explicase la razón de que el fútbol
apasione tanto a las mujeres; porque,
la verdad, por mucho que pienso no doy
con ella. Entre las numerosas virtudes
que desde los tiempos de nuestra madre
Eva nos vienen atribuyendo los
comentaristas galantes, no encuentro
ninguna que me dé la clave de este
enigma. Siempre se consideraron como
virtudes típicamente femeninas la
ternura, la abnegación, el sentido práctico
y la economía. Piensen un poquito y díganme
después si un encuentro futbolístico
resulta campo apropiado para ejercitar
ni exhibir alguna de estas hermosas
cualidades que nos adornan”.
Ha pasado más de medio siglo
desde que doña Josefina escribiera la
frustración que le producía no
entender el porqué de la pasión
futbolística que encendía el rostro
de algunas damas, y seguimos sin
encontrar una respuesta plenamente
satisfactoria. Hoy, el balompié
arrastra a multitudes enfervorizadas,
se ha convertido en un fenómeno de
dimensiones universales, es, cada vez
más, un lugar de encuentro para
mujeres del mundo entero y, sin
embargo, cuando planteas la cuestión
a las hinchas, todas empiezan su
argumentación con un dubitativo “no
sé...” antes de lanzarse a un
titubeante repaso de las razones más
plausibles.
En un año de peregrinar
de club en club, de peña en peña,
con nuestra curiosidad a cuestas,
preguntando ¿qué tiene el fútbol
que os vuelve locas?, hemos recogido
un espléndido ramillete de teorías.
Nos han dicho que provoca emociones,
que libera pasiones, que forja
identidades tribales, que rompe
barreras sociales, que enseña a
vivir... “¡Ahhhhh! –exclamó
Carmen María Domínguez Graña cuando
le hicimos la pregunta del millón-.
¿Qué tiene el agua cuando la
bendicen? No lo sé, yo qué sé”.
Ana Isabel Barbero, como buena
gallega, también nos devolvió el
interrogante: “¿Por qué te gusta
el chocolate? Pues no sabes por qué
te gusta, pero te gusta”. “No
es por una razón específica, porque
digas ‘pues me gusta por esto’
–nos dijo, intentando aportar alguna
luz, Carmen Iglesias-. No, te
gusta”. Y punto...
...
seguido. “La
emoción que te da, la adrenalina que
te sube, te gusta animarte”. La
simple enumeración de las virtudes
del fútbol tiene un efecto
euforizante sobre Chari Díaz. “Todo
lo que no puedes explotar fuera lo
haces en el campo, chillar, yo qué sé,
patalear, todo eso”. Es la
metamorfosis. “No somos los
mismos en el campo de fútbol que en
casa o tomando café –afirma Montse
Torre-. Sueltas mucha adrenalina.
Antes decían que los hombres
expulsaban la agresividad que traían
dentro. Puede ser, no sé, echamos
todo por la boca”. Todo, todo:
frustraciones, desengaños,
resentimientos... “Es el escape de
la realidad social –intuye Laura
Hoz-. La persona que va a ver fútbol
el domingo no sólo va a ver fútbol,
va a chillar, a desgañitarse diciendo
burradas, las que diría a lo mejor a
su jefe”. Es un magnífico
catalizador de emociones e
insatisfacciones contenidas. “El día
a día no te permite canalizar
determinadas pasiones, y el fútbol
canaliza muchísimo”. Beatriz
Delgado parece sumarse a la teoría
del espectáculo futbolístico como
catarsis colectiva. “Por eso no hay
edades, no hay clases sociales, casi
no hay sexos, sobre todo ahora, cuando
hay peñas de mujeres, muchísimas
aficionadas, yo me he quedado
sorprendida de la pasión que
despierta en la mujer el fútbol”.
“El fútbol –sentencia Olga Viza-
te da una cuota de libertad”. En
realidad se trata de una libertad
condicional, ligada para siempre a las
peripecias de un equipo, el tuyo, y
también vigilada, puesto que la
actuación de las (y los) hinchas está
siempre sometida al estrecho marcaje
de otros aficionados que no permitirán
un acto de desafección.
El
deporte rey es un tirano caprichoso,
que disfruta teniendo a sus súbditos
en vilo. “Juega el Oviedo un partido
importante y estás toda la semana con
una cosina que dices tú, ay, si
ganamos, si perdemos, si...”. Carmen
María vive sin vivir en ella. “Lo
importante es identificarte con tu
equipo, sentirlo como parte tuya... ¿Por
qué le tienes cariño a un club? Pues
no lo sé”. “A mí hay algo que me
ha sorprendido siempre –confiesa
Elisabet Cardoner-, cuando voy por
ejemplo a Madrid y alguien me dice: yo
es que soy del Barça, nacido en
Madrid pero del Barça. A mí no me
aporta ninguna alegría, porque yo
entiendo que esto es, ante todo, el
amor a unos colores, a una ciudad, a
una identificación con un entorno, un
amor a un club... y no tiene que pasar
de ahí. Cuando me dicen ¿te gusta el
fútbol? Pues mira, por encima de todo
me gusta el Barça”. “Es un
sentimiento –certifica Amparo Cerdà-,
me identifico con unos colores. Los
jugadores pasan, pero los colores están
ahí”. Aunque no son indelebles, y
al respecto puede verse el caso del
Valencia, que dejó de ser un equipo níveo
para lucir un uniforme blanquinegro.
“Yo espero que el Valencia vuelva a
ser blanco inmaculado”.
Es
un amor que sublima y redime, y a
cuyos efectos nadie quiere ni puede
resistirse. “Yo siempre digo
que es un fenómeno absolutamente atípico
–conviene Carme Dropez-, pero creo
que una de las ventajas, la parte
positiva que tiene el Barça, es que
en el campo nos une a todos en un
sentimiento común, es decir, cuando
llegamos al Barça, todos los
aficionados estamos en un frente común,
nos une un mismo objetivo y allí se
borran las clases sociales, y se
borran las formaciones de unos y de
otros, las ideologías políticas...
Eso es bueno, porque cuando nos
alegramos nos alegramos todos por lo
mismo, y cuando nos entristecemos o
nos enfadamos, también es por lo
mismo. Las dos horas que pasamos ahí
es el único momento en el que nos
olvidamos absolutamente de todo, es
una terapia, puedes tener mil
problemas, pero cuando estás allí te
absorbe totalmente”.
Que se lo digan a Teresa Fernández.
“A
mí me embelesa, a mí me quita las
penas. ¡Ah, sí, sí, sí,
totalmente! Porque yo a lo mejor estoy
disgustada, en mi casa, como ama de
casa que soy: me peleo con mi marido,
me peleo con los niños, estoy
deseando que llegue el Betis, yo,
llega el Betis y soy otra persona.
Llego al Betis y soy feliz”. ¿Siempre?
“Si gana tu equipo –puntualiza
Matilde Caamaño-. Entonces empiezas
la semana mucho más feliz. Si pierde,
empiezas mal, pero el miércoles te
empiezas a recuperar, empiezas a
pensar en el partido siguiente”. Es
un vaivén emocional que, según
atinadas investigaciones de nulo rigor
científico, repercute incluso en los
balances empresariales. “Hicieron un
estudio aquí en Vigo –nos explicó
Susana Silva- que decía que cuando el
Celta ganaba, la gente al día
siguiente rendía muchísimo más; si
perdía, la gente iba a trabajar
desanimada y no rendía tanto”.
Otros han concluido que los triunfos
animan considerablemente la vida
sexual de los aficionados. Chabeli
Calavia, que es demasiado joven para
entrar en estas disquisiciones, lo único
que sabe, es que no sabe nada.
“Cuando gana el Zaragoza es que
sales de La Romareda de otra manera
que cuando pierde. Yo es que llego a
casa y llego de otra manera, no sé,
es una cosa muy rara”.
“El
fútbol engancha, a mí me ha
enganchado. Es un deporte muy bonito,
tremendamente competitivo, y yo creo
que es una medicina de masas”. María
Escario se apunta a la teoría terapéutica.
“El identificarse con un grupo, con
una afición, con un club, sentir los
colores de un club, es un aliciente
para mucha gente y eso, con el tiempo,
se ha ido convirtiendo casi en una
religión, quizá porque los clubes de
fútbol son mucho más que un club de
fútbol, son grandes empresas que
mueven mucho dinero, mirad lo que está
pasando ahora con los fichajes... Yo
creo que el fútbol es un poco una
droga, que te engancha, y si lo sabes
llevar bien, si la afición por el
deporte es exclusivamente eso, no un
desahogo de tensiones sino simplemente
una afición sana y un entusiasmo sano
por los colores de un club, a mí me
parece muy sano para la mente también”.
Si el fútbol es medicina, dejemos que
hablen los galenos. “Lo fundamental,
lo que lo diferencia de todo, es el
arrastre de masas –dictamina la
doctora María Gracia López-, es la
multitud que hay en la grada, cómo
vibra la gente con el equipo, cómo,
cuando mete un gol, la gente se pone a
gritar, y eso te pone los pelos de
punta”.
Llegadas
a este punto, confirmado que el fútbol
tiene mucho de historia/histeria
colectiva, no podemos dejar de estar
de acuerdo con aquellos que han
definido la grada como el lugar en el
que los individuos, integrados en la
masa, se proyectan en la entidad y se
reencuentran con sensaciones que, en
los tiempos que corren, de otra
manera, sería difícil experimentar:
el aliento épico de los triunfos
imposibles, el orgullo de protagonizar
grandes hazañas, la dignidad que se
mantiene incluso en la derrota... Pero
cuesta creer que, sin ayuda externa,
el fútbol hubiera podido alcanzar la
dimensión planetaria de la que hoy
presume. “Los medios de comunicación
tienen mucho que ver con la gran
difusión del fútbol. ¿Qué fue
antes, el huevo o la gallina? ¿El
gran boom periodístico mediático en torno
al fútbol o la petición de la gente
porque es el deporte que les
entusiasma? –nos (se) pregunta
Elisabet Cardoner-. Es un deporte que,
por tamaño del campo, permite que
haya mucha audiencia, pero no creo que
el espectáculo en sí sea muy
distinto a otros”.
Tal
vez no, pero los otros deportes de
características similares (béisbol,
rugby, baloncesto,...) despiertan
pasiones locales que no trascienden
fronteras, o cruzan apenas un puñado;
sin embargo el fútbol llega a todos
los rincones del orbe. ¿Por qué? Por
lo mismo por lo que triunfan las
grandes ideas: por su simplicidad.
“Tiene una gran ventaja: es un juego
muy sencillo –asegura Mari Carmen
Izquierdo-. Tiene muy pocas reglas que
entiende cualquiera, y en cuanto te
pones a ver un partido y te dicen
sota, caballo y rey, lo entiendes. Por
eso llega a la gente. ¿Por qué la
gente ve fútbol? Porque les gusta. ¿Por
qué les gusta? Porque es un juego muy
entretenido, muy fácil de entender, y
que además tiene la ventaja de que te
permite identificarte con uno de los
rivales, esto es fundamental. El fútbol,
sin la pasión de identificarte con un
equipo, es sólo para algunos
iniciados y viciosos. Para el resto,
si le quitas la fiebre de que es su
equipo, o de que es su selección,
este producto pierde mucho”.
Si
hay algo más fácil, más sencillo,
que disfrutar viendo fútbol ese algo
es jugar al fútbol. “Lo bueno del fútbol
es que con una pelota puedes jugar
–dice Teresa Aurí-. No necesitas
canastas, pones dos zapatillas de
portería y puedes jugar al fútbol.
Hoy en día en cualquier casa de
cualquier zona del mundo hay una o dos
pelotas”. Natalia Estraín sigue
sumando ventajas y va más lejos.
“Es un deporte muy completo, que
desarrolla cualidades físicas, y yo
siempre lo comparo con la vida, hay
veces que, hagas lo que hagas, te
meten un gol, juegas muy bien y te
meten un gol, como en la vida, y hay
que aprender a superarse. Por eso es
el deporte rey”. La reflexión de
Natalia tiene connotaciones filosóficas
y recuerda las palabras de Albert
Camus, quien aseguraba que todo lo que
sabía sobre la moral humana lo había
aprendido del fútbol. Camus, al igual
que Vladimir Nabokov y Mario Benedetti,
fue portero antes que escritor.
Claro que el fútbol actual,
poco tiene que ver con el que conoció
y practicó el premio Nobel francés
en su Argelia natal. “El fútbol es
un ser extraordinariamente prepotente,
no tiene piedad de los demás, le da
igual que llueva, que caiga granizo,
que se caiga el campo... la gente
sigue ahí. Es como un universo aparte
–dice Olga Viza-, y a mí me
sorprende porque, cuando empecé, era
muy difícil encontrar un arquitecto,
alguien culturalmente preparado, que
te dijera que era un loco del fútbol,
lo decían como un poco a escondidas,
y ahora forma parte de tu identidad.
No sólo perdura, sino que ha
crecido”. Olga, como nosotras y como
tantos otros, confiesa su incapacidad
para dar respuestas definitivas, así
que continúa haciéndose preguntas.
“No entiendo el fenómeno, pero
siempre creo que si tantos millones de
personas en el mundo se rinden ante él,
por algo será. ¿Es el deporte más fácil
para despertar pasiones? Tal vez. ¿Es
el que está en nuestras calles? Ya
no, ya no. ¿Despertará los instintos
más básicos, en la mujer el instinto
de protección, el instinto maternal,
y en el hombre el de la caza, hemos
cazado el gamo más grande de la Liga?
No lo sé. Sólo me hago preguntas,
pero vamos, yo estoy rendida”. Y
nosotras, agotadas.
©Eva
Orúe - ©Sara
Gutiérrez
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