NOVELA NEGRA

 

Literatura negra en América Latina

por

©José Latour



Nacido en La Habana en abril de 1940. Comenzó a escribir en 1977. Títulos
publicados: Preludio a la noche (1982), Medianoche enemiga (1986) Fauna
Nocturna
(1990) Choque de Leyendas (1998) Outcast (1999, con ediciones en
Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Francia, Holanda, Alemania, Italia y
ahora en España con el título "Mundos Sucios"), El Tonto (2002, publicada
en Japón e Italia), Havana Best Friends (será lanzada por
 HarperCollins el  7 de octubre del 2002).

  Ante todo, una cuestión de terminología. Quien estudie el desarrollo de la
literatura negra en el siglo pasado, concluye que año tras año disminuía el
por ciento de títulos publicados donde el policía (o los policías, o la
policía) era el personaje protagónico. El peso de la obra de autores
puramente policíacos (Ed McBain y Joseph Wambaugh, por ejemplo) en el total
de la literatura negra publicada en el mundo disminuyó paulatinamente. Pero
en Cuba y quizás en la mayor parte de Latinoamérica, seguimos llamando a la
literatura negra "literatura policíaca." o "policial." 

Creo que es hora de adoptar un nuevo calificativo y "negra" me parece más abarcador.
Todo juicio valorativo debe basarse en la comparación, y para escribir sobre
la literatura negra en América Latina es preciso contrastarla con la
creación norteamericana y europea. La primera diferencia, que para mí es
la más sorprendente, es el papel de los factores sociales y políticos en
nuestra obra. Se precisa buscar exhaustivamente para encontrar novelas
latinoamericanas de planteo puramente deductivo, a lo Conan Doyle o Ágatha
Christie. Y aunque desde Hammet y Chandler la novelística norteamericana
presenta políticos, policías y funcionarios corruptos, raras veces éstos se
sitúan en el vértice de la pirámide del poder.


Por el contrario, en la literatura negra latinoamericana abundan obras donde
los peores criminales son presidentes, jefes de ejércitos y policías, jueces
supremos, senadores nacionales, etc., quienes incurren en los delitos de
asesinato, tortura, narcotráfico, contrabando, malversación y muchos otros.
La pobreza extrema, por su parte, crea tanto protagonistas reivindicadores
como antagonistas que, por escapar del barrio marginal, se alistan en los
cuerpos armados. Para valorar en qué medida la ficción literaria se
corresponde con la realidad latinoamericana basta con revisar
superficialmente la segunda mitad del siglo XX. Si bien es arriesgado
afirmar que ningún país del subcontinente ha estado exento de tales hechos,
sí puede decirse que en la casi totalidad de ellos han sido de conocimiento
público casos reales que sirven de fuente de inspiración a los creadores
literarios.


Otro rasgo distintivo de la literatura negra latinoamericano es su calidad
formal. Quienes dominan el inglés perciben que la narrativa promedio del
subcontinente presenta una rigurosidad en el empleo del lenguaje y sus
reglas, y un nivel de experimentación, que resultan superiores a los de la
narrativa negra norteamericana promedio. Sin embargo, en cuanto a la
elaboración de las tramas y la capacidad de entretenimiento, los
latinoamericanos no hemos llegado al nivel de los estadounidenses y los
europeos. (Recalco que me refiero a hipotéticas obras promedio, puesto que
no creo ético contrastar títulos y autores específicos).
No obstante, parece que el principal problema que aqueja a la literatura
negra latinoamericana es de naturaleza económica. El costo de producción de
un ejemplar y los márgenes de utilidades a que aspiran los editores y los
comerciantes mayoristas y minoristas del libro, forman precios de venta
inaccesibles para la mayoría. Esto se agudiza en momentos de crisis
económica, cuando gastar dinero en libros parece cosa de locos. Aún en los
más desarrollados de nuestros países, el precio de venta del libro
desestimula la lectura. Cuando se visita una librería en cualquiera de
ellos, se compila una lista de precios, y luego se compara el salario
promedio diario en el país con el precio de venta de un título, queda
demostrado que deben dedicarse los ingresos de dos, tres, o más días a la
adquisición de una novela. En comparación, el lector norteamericano compra
una primera edición de tapa dura con tres o menos horas de salario medio; un
bolsilibro con menos de una hora.


En Cuba, la literatura negra es extraordinariamente popular. En los años 80,
antes de la crisis actual, una edición económica de 60,000 ejemplares
desaparecía de las librerías en cuestión de semanas. El papel era de
inferior calidad y la cubierta mediocre, pero el ejemplar costaba quince o
menos minutos de salario, treinta minutos cuando más. No era económico
nuestro problema.


El problema era de calidad y de compromiso ideológico. La literatura negra
cubana fue víctima de su propio éxito. Como todo se vendía, comenzaron a
publicarse libros de cuentos y novelas cuya calidad de lenguaje y trama era
inferior, en ocasiones francamente mala. Pero lo peor eran las leyes no
escritas. La literatura negra era "un arma para defender la Revolución,"
para "educar al pueblo en los valores socialistas"  para demostrar cómo "los
órganos de la Seguridad del Estado enfrentan la actividad enemiga."  En los
años 70, 80 y hasta principios de los 90, quien escribiera narrativa donde
algún militante del partido comunista, policía, juez o funcionario fuese
corrupto, era inmediatamente catalogado de "enemigo del pueblo" y su libro
jamás veía la luz. Es por ello que mis tres primeras novelas están
ambientadas en los años de la dictadura batistiana, donde la libertad
crítica era y sigue siendo total.


Por fortuna, tal situación ha sido parcialmente superada a partir de los
años 90. Sólo parcialmente. Pero ahora sí hay problemas de naturaleza
económica. El libro que se expende en pesos cubanos puede costar un día de
salario, a veces dos. Aquellos que se venden en dólares mucho más. Un
ejemplar de "Choque de Leyendas," novela mía terminada en 1989 y que fue
publicada en 1997, cuesta seis dólares. El salario promedio en Cuba es diez
dólares mensuales, la jubilación promedio alrededor de seis dólares. No hay
que ser matemático para extraer conclusiones.


Lamento decir que no me es posible dedicar más tiempo a esta valoración.
Sólo deseo agregar que la creación de literatura negra en América Latina
parece tener un futuro prometedor. La publicación en grandes tiradas de esa
creación, desafortunadamente, tiene un porvenir algo más incierto. Y su
masiva adquisición por parte de los lectores a quienes apasiona el género
dependerá de la medida en que aumenten los ingresos del trabajador promedio,
su poder adquisitivo. Esa es la gran incógnita.



 Volver Página Principal  

 

NOVELA NEGRA