El Mágico Aprendiz

El mágico aprendiz cuenta la historia de Matías Moro, un hombre que lleva una vida sosegada y feliz y al que un suceso fortuito le hace descubrir el amor y acaba lanzándolo, junto con sus compañeros de oficina y un grupo de marginados sociales, a una aventura impar, donde se verá forzado a convertirse en el héroe que nunca quiso ser. Elegido por los demás como el líder que habrá de guiarlos hacia un futuro que dé sentido y   plenitud  a sus vidas, arrastrará  a los otros, y será a su vez arrastrado por ellos, a un viaje insólito a través del mundo de las finanzas, del éxito, del poder, del amor, del espejismo de una segunda juventud. Una aventura que acaso les permitirá alzarse de siervos a señores, de secundarios a protagonistas, y emancipar de paso a algunos  desheredados de este mundo, y que finalmente les llevará a aprender  de nuevo el siempre  misterioso oficio de vivir.

El Mágico Aprendiz .Luis Landero. Editorial  Tusquets. Colección Andanzas. 1ª Edición. Febrero 1999. Ilustración de la cubierta: Man Being Groomed. 1980. Hombre siendo acicalado, de Dennis Noble, acrílico sobre papel. Illustration Stock, 1999


Lo que dijo el autor: EL MÁGICO APRENDIZ. 

Lo que dijo el critico: EL MÁGICO APRENDIZ

Luis Landero plantea en El mágico aprendiz una historia muy suya, muy propia de su mundo de gentes insatisfechas que creen encontrar un modo de salvarse de la prosa de la vida. Matías, un oficinista de buena pasta, soltero, cuarentón y muy conforme con su gris destino, se embarca en una temeraria aventura empresarial a la que arrastra a sus compañeros de trabajo y a una pintoresca tropa de desheredados. El infundado y visionario proyecto, contado con tintas algo esperpénticas, fracasa y todos los personajes vuelven a su rutinario existir. Essta buena novela de concepción tradicional se soporta sobre la destreza del autor para crear personajes y para contar historias atractivas en un castellano rico. Se consigue un relato cordial, emocionante y triste, pero no amargo, sobre el engaño de la felicidad y el mérito de intentarla.

Santos Sanz. Villanueva.
La Esfera de los libros, 17 de abril de 1999.

Diez años después de dar a conocer Juegos de la edad tardía, Luis Landero reescribe aquella fábula hermosa y honda en El mágico aprendiz. Cambia la nómina y actividad de sus criaturas y dispone jugosas anécdotas nuevas, pero se aferra al mundo imaginario y moral de su primera salida.
Este sólido vínculo se comprueba en todos los órdenes de ambas novelas. En sus protagonistas alienta la misma quimera de una Dulcinea y no pocos personajes llevan una doble vida. El fantasmal club Faroni de ayuer se convierte ahora en una fundación imaginaria. En fin, un motor idéntico mueve las respectivas anécdotas: la prosa de la vida estimula la búsqueda de unos horizontes limitados.
El mágico aprendiz comienza con una situación costumbrista desde la que salta a unos episodios muy imaginativos y en el límite mismo del disparate. Un azar saca de su rutina diaria a Matías, un oficinista soltero, al borde de la cicuentena, hombre de buena pasta y muy conforme con su gris destino. Las circunstancias le llevan a embarcarse en una temeraria aventura empresaral, arrastrando con él a sus compañeros de trabajo y a una pintoresca tropa de desheredados. Entre todos, construyen castillos en el aire y el argumento termina devolviéndolos al punto de partida. Este arriesgado desenlace rubrica la firmeza del autor en su visión del mundo: aunque la felicidad sea un engaño, pretenderla da valor a la vida.
Landero levanta El mágico aprendiz sobre dos pilares que le dan un aire muy tradicional y la emparentan más con el pasado que con la modernidad. Está concebida como una novela de personajes, los cuales resultan atractivos e interesantes a pesar de que respondan casi a un único esquema: pobres gentes que necesitan un estímulo para salir del vacío material o espiritual de su existencia adormecida. Se basa también en el antiquísimo gusto por referir anécdotas, por hilvanar episodios con tanto mimo que hasta resultan sobrados y laterales. Así, el inicio de la historia principal se demora casi 100 páginas, una especie de prólogo que va en detrimento de la unidad del relato, pero que puede disculparse con las mismas razones con que Cervantes justificaba la injerencia de historias pegadizas Wl Quijote: valen por la gala y el artificio que contienen.
Aunque El mágico aprendiz ganaría de haberse pulido más la anécdota, debe anotarse que tiene una cualidad envolvente y una buena temperatura emocional que nos prenden e impiden que esas objeciones hagan mucha mella. Este efecto, no infrecuente en autores caudalosos, se explica aquí por el empleo de un narrador omnisciente que, con un castellano rico, abundante en adjetivos exactos y novedosos, establece una complicidad entre lo que sucede y el destinatario. Ese narrador desvela los motivos que mueven a los personjes valora los menores sucesos, menudea opiniones inteligentes y, poco a poco, va construyendo un sentido de la existencia.
El mundo, según lo experimentan y sienten la mayor parte de los personajes, se resume en lo que dice uno de ellos, "vivir es poca cosa, apenas nada". A lo cual Matías replica que es bueno que la vida esté siempre a medio hacer.
El dilema moral de la novela se sitúa en la tensión entre prosaísmo, vulgaridad, rutina y mediocridad, por un lado, e idealismo, ansia de felicidad, desafío al destino y ánimo de aventura, en el contrario. El desenlace de la historia avala la filosofía posibilista de Matías según la cual "la mejor sabiduría consiste en no exigir a la vida más de lo que la vida honradamente puede dar". Pero ello implica un tonto conformismo, sino la resignación que sigue a la catástrofe después de haber intentado la rebelión poniendo en juego un punto de locura y una temeridad visionaria. En ese empeño está nuestra redención y no hay más. Tal es el valor de la existencia según esta novela triste pero no amarga, emocionante y tan conformista como quijotesca.

Santos Sanz Villanueva
La Esfera de los libros, 27 de marzo de 1999.

 


                                            

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