El
Libro "Quince Líneas"
Edición Círculo
Cultural Faroni
El Círculo
Cultural Faroni, un año después de su nacimiento, 1992, creaba el Premio
Internacional de Relato Hiperbeve, que, según las bases, premia a la
mejor obra literaria que a él se presente y que no rebase las
quince líneas de extensión.
Este
libro recoge una selección de 78 relatos hiperbreves provenientes de las
tres primeras convocatorias. En el apéndice del libro el lector curioso
encontrará un Manifiesto y un declaración de
principios -los Fines -de los fundadores del Círculo. Quince Líneas ,
editorial Tusquets, colección Andanzas 288. Año de su edición 1996. Cómo
curiosidad incluye tres relatos inéditos de Faroni -Luis
Landero - y un prólogo de este mismo autor, que en la actualidad es
Ujier Honorario del Círculo Cultural Faroni.
Relatos
Hiperbreves1993 - 2000
Lo
que dijo la critica del libro Quince Líneas
Revista de libros Fundación Caja Madrid
Literatura española
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Formas mínimas del relato
SANTOS SANZ VILLANUEVA
Quince
líneas. Relatos hiperbreves Tusquets,
Barcelona, 1996
VARIOS AUTORES
Las formas breves del relato tienen desde
hace un tiempo una
presencia considerable en nuestras letras,
muy superior a lo que podría
haberse imaginado unos pocos lustros atrás.
Los optimistas ven el fenómeno
como un signo indiscutible de
recuperación y pujanza, como el
comienzo de una
edad
de plata del cuento, género maltratado por todo el mundo en la literatura
española,
desde los autores, que lo han tenido
por entretenimiento de fin de
semana,
hasta los lectores, que
lo han relegado en beneficio de la
narración
caudalosa,
pasando por semejantes desatenciones
recibidas de parte de los
editores y
de los estudiosos.
Los pesimistas, en cambio,
ponen
en duda que se trate de algo más que
de un
buen
momento circunstancial, determinado por
el oportunismo editorial y
periodístico
y por el dejarse querer de algunos escritores.
Como sea, no puede
discutirse
que hoy despierta interés, que figura
en el catálogo de editores
pequeños y
grandes y que, como signo
significativo, un sello prestigioso,
Lumen,
ha sacado
una colección dedicada al relato corto
y a la nouvelle, titulada
expresiva-mente
«Pocas palabras».
Otra cosa es si este panorama al parecer
favorable tiene en la forma o la
sustancia
de los textos algún vigor o novedad.
Fernando Valls percibía hace poco
en un
amplia antología de cuentos recientes
una modernización del género y la
verdad
es que no han faltado algunas muestras
que indican una alerta sobre
unas formas
que han tendido a fosilizarse
en los esquemas decimonónicos.
Un persistente cultivador del
cuento, Luis Mateo Díez, ha hecho
alguna incursión,
un tanto
a modo de exploración de caminos, en
desarrollos de muy corta
extensión
y el modelo que caracteriza al
hispanoamericano Augusto Monterroso,
aunque no
haya muchas huellas visibles de un
influjo directo suyo, sí que cuenta
con el
aprecio de la sociedad literaria. Justo
en este ámbito de influencia
genérica
puede inscribirse un libro insólito, Quince
líneas, que reúne muestras de
sesenta
narradores, la práctica totalidad para
mí desconocidos y entre los que
figura el
apócrifo Faroni.

Quince líneas surge de una iniciativa
curiosa: un concurso de relatos hiperbreves,
cuya
extensión máxima ha de ser la que
indica el título (medida a la que
algunos
de los
editados no se sujetan), convocado por
el Círculo Cultural Faroni. Esta
sociedad
madrileña, cuyo manifiesto reproduce
el libro, surge al amparo del
personaje
que lleva ese nombre en la primera
novela de Luis Landero, Juegos de
la edad
tardía, y es fruto de la fabulación
de los dos protagonistas, Gregorio y
Gil. Se
trata de una figura emblemática que resume
en su condición imaginaria
aspiraciones
de idealidad fracasada y quimeras de
juventud de sus inventores.
Todo ello
lo explica muy bien el propio Landero
en un sucinto, jugoso y notable
prólogo
que ha de tomarse por una convincente
poética del novelista. Pero que
ha de
tenerse también por una guía del
impulso del que parten algunos de
nuestros
novelistas recientes, no entroncados en
modelos más o menos de
moda, sino
en la tradición clásica de la
aproximación cordial a los asuntos
universales
del hombre. De ahí su importancia. Sin
entrar en otros instructivos
detalles,
reparemos en el retrato moral y
sentimental que Landero hace de
Faroni: está
formado por materiales de derribo de
dos siglos de romanticismo
que
incluyen desde los suspiros de Werther
hasta el espíritu del mayo francés.
Aunque Faroni represente un concreto ideario
artístico, su Círculo es bien
ecléctico
a la vista de los relatos recogidos en Quince
líneas (por cierto, una
recopilación
de estas características no debiera
tolerar tópicos tan gruesos como
hablar de
«pequeñas joyas literarias» y de «maravilloso
sueño»). En la forma y
en el
contenido se ve una notable variedad. En
la forma —dentro del pie forzado,
claro, de
la dicha longitud—caben desde una concepción tradicional
muy cerrada
hasta
desarrollos más recientes, abiertos e
indefinidos. Predomina la alusión y la
sugerencia.
Hay poca voluntad investigadora en el
lenguaje. En fin, muchas de
las piezas
buscan el final sorprendente, insólito,
brillante, que suele tenerse por
la piedra
de toque de un buen relato.
En los contenidos, predomina un intimismo
completo, quizás favorecido por
la
extensión,
y no deja de ser notable la ausencia de
relaciones colectivas entre
tantos
textos.
Abunda la perspectiva que ve esos temas
desde enfoques distanciados, de modo
que
menudean la paradoja o la ironía
sorprendente. También hay una cierta
inclinación
hacia lo visionario y no falta lo
metaliterario o lo lúdico. En general,
los autores
se mueven en un fuerte escepticismo, cuando
no una negatividad
radical,
que aparece varias veces bajo capa
de sarcasmo.
El conjunto de Quince líneas muestra,
en primer lugar, las muy especiales
dificultades
de la narración tan en corto. Habría
que saber qué materiales se han
desechado
en la compilación, pero si éstos son
los más relevantes, la verdad es
que el
fruto apenas es discreto, aunque curioso.
Una reserva cabe hacerles a un
buen puñado de los textos: bordean o
caen en el
peligro de
que un relato se convierta en chiste,
aforismo o muestra de ingenio.
Acerca
delos nombres incluidos, poco juicio puede
hacerse con tan limitada
materia,
cuyo interés está sobre todo en
su valor de muestra colectiva. No
entiendo
por qué la preferencia por incluir
hasta cinco textos de una misma firma,
la de Hellén
Ferrero, no precisamente de las más
destacadas. De todos los
relatos, y
por aquello de asumir el riesgo de la
apuesta, los míos
predilectos son
«Amar
pronto», de autor anónimo,poético, imaginativo y bien resuelto, y
«Alucinación
fatal», firmado por Gustavo Emilio
Cosolito, de un vigoroso
surrealismo.
FIN
faroni@lycos.com