El Círculo Cultural Faroni   recomienda como libros       interesantes de Relato Hiperbreve:  

"CUADERNOS AMARILLO, ROJO VERDE Y AZUL" Pedro Casariego Córdoba. Ediciones Ardora.1998

 "LA MANO DE LA HORMIGA" LOS CUENTOS MAS BREVES DEL MUNDO Y DE LAS LITERATURAS HISPÁNICAS. Autor: ANTONIO FERNÁNDEZ FERRER. Ediciones Fugaz.1990.Madrid.

  "DOS VECES CUENTO" ANTOLOGÍA DE  MICRORRELATOS. VARIOS AUTORES: Selección y Edición JOSÉ LUIS GONZÁLEZ. Ediciones Internacional Universitarias.1998.Madrid.

 

 

 

 

 

 

                                    

 

El Libro "Quince Líneas"
Edición Círculo Cultural Faroni

El Círculo Cultural Faroni, un año después de su nacimiento, 1992, creaba el Premio Internacional de Relato Hiperbeve, que, según las bases, premia a la mejor  obra literaria que a él se presente y que no rebase las quince líneas de extensión.

Este libro recoge una selección de 78 relatos hiperbreves provenientes de las tres primeras convocatorias. En el apéndice del libro el lector curioso encontrará un Manifiesto y un declaración de principios -los Fines -de los fundadores del Círculo. Quince Líneas , editorial Tusquets, colección Andanzas 288. Año de su edición 1996. Cómo curiosidad incluye tres relatos inéditos de Faroni -Luis Landero - y un prólogo de este mismo autor, que en la actualidad es Ujier Honorario del Círculo Cultural Faroni.


HISTORIA DE LOS PREMIOS

Relatos Hiperbreves1993 - 2000  

            


Lo que dijo la critica del libro Quince Líneas

Revista de libros Fundación Caja Madrid

Literatura española 44

Formas mínimas del relato

SANTOS SANZ VILLANUEVA 

Quince líneas. Relatos hiperbreves Tusquets, Barcelona, 1996

VARIOS AUTORES

Las formas breves del relato tienen desde hace un tiempo una

presencia considerable en nuestras letras, muy superior a lo que podría

haberse imaginado unos pocos lustros atrás. Los optimistas ven el fenómeno

como un signo indiscutible de recuperación y pujanza, como el comienzo de una

 edad  de plata del cuento, género maltratado por todo el mundo en la literatura

 española,  desde los autores, que lo han tenido por entretenimiento de fin de

 semana, hasta los  lectores, que lo han relegado en beneficio de la narración

 caudalosa, pasando por semejantes desatenciones recibidas de parte de los

 editores y de los estudiosos.

Los pesimistas, en cambio, ponen en duda que se trate de algo más que de un

 buen momento circunstancial, determinado por el oportunismo editorial y

 periodístico y por el dejarse querer de algunos escritores. Como sea, no puede

 discutirse que hoy despierta interés, que figura en el catálogo de editores

 pequeños y grandes y que, como signo significativo, un sello prestigioso, Lumen,

 ha sacado una colección dedicada al relato corto y a la nouvelle, titulada

 expresiva-mente «Pocas palabras».

Otra cosa es si este panorama al parecer favorable tiene en la forma o la

 sustancia de los textos algún vigor o novedad. Fernando Valls percibía hace poco

 en un amplia antología de cuentos recientes una modernización del género y la

 verdad es que no han faltado algunas muestras que indican una alerta sobre

 unas formas que  han tendido a fosilizarse en los esquemas decimonónicos.

Un persistente cultivador del cuento, Luis Mateo Díez, ha hecho alguna incursión,

 un tanto a modo de exploración de caminos, en desarrollos de muy corta

 extensión y el modelo que caracteriza al hispanoamericano Augusto Monterroso,

 aunque no haya muchas huellas visibles de un influjo directo suyo, sí que cuenta

 con el aprecio de la sociedad literaria. Justo en este ámbito de influencia

 genérica puede inscribirse un libro insólito, Quince líneas, que reúne muestras de

 sesenta narradores, la práctica totalidad para mí desconocidos y entre los que

 figura el apócrifo Faroni.

Quince líneas surge de una iniciativa curiosa: un concurso de relatos hiperbreves,

 cuya extensión máxima ha de ser la que indica el título (medida a la que algunos

 de los editados no se sujetan), convocado por el Círculo Cultural Faroni. Esta

 sociedad madrileña, cuyo manifiesto reproduce el libro, surge al amparo del

 personaje que lleva ese nombre en la primera novela de Luis Landero, Juegos de

 la edad tardía, y es fruto de la fabulación de los dos protagonistas, Gregorio y

 Gil. Se trata de una figura emblemática que resume en su condición imaginaria

 aspiraciones de idealidad fracasada y quimeras de juventud de sus inventores.

 Todo ello lo explica muy bien el propio Landero en un sucinto, jugoso y notable

 prólogo que ha de tomarse por una convincente poética del novelista. Pero que

 ha de tenerse también por una guía del impulso del que parten algunos de

 nuestros novelistas recientes, no entroncados en modelos más o menos de

 moda, sino en la tradición clásica de la aproximación cordial a los asuntos

 universales del hombre. De ahí su importancia. Sin entrar en otros instructivos

 detalles, reparemos en el retrato moral y sentimental que Landero hace de

 Faroni: está formado por materiales de derribo de dos siglos de romanticismo

 que incluyen desde los suspiros de Werther hasta el espíritu del mayo francés.

Aunque Faroni represente un concreto ideario artístico, su Círculo es bien

 ecléctico a la vista de los relatos recogidos en Quince líneas (por cierto, una

 recopilación de estas características no debiera tolerar tópicos tan gruesos como

 hablar de «pequeñas joyas literarias» y de «maravilloso sueño»). En la forma y

 en el contenido se ve una notable variedad. En la forma —dentro del pie forzado,

 claro, de la dicha longitud—caben desde una concepción tradicional muy cerrada

 hasta desarrollos más recientes, abiertos e indefinidos. Predomina la alusión y la

 sugerencia. Hay poca voluntad investigadora en el lenguaje. En fin, muchas de

 las piezas buscan el final sorprendente, insólito, brillante, que suele tenerse por

 la piedra de toque de un buen relato.

En los contenidos, predomina un intimismo completo, quizás favorecido por la

 extensión, y no deja de ser notable la ausencia de relaciones colectivas entre

 tantos textos.

Abunda la perspectiva que ve esos temas desde enfoques distanciados, de modo

 que menudean la paradoja o la ironía sorprendente. También hay una cierta

 inclinación hacia lo visionario y no falta lo metaliterario o lo lúdico. En general,

 los autores se mueven en un fuerte escepticismo, cuando no una negatividad

 radical, que aparece varias veces bajo capa de sarcasmo.

El conjunto de Quince líneas muestra, en primer lugar, las muy especiales

 dificultades de la narración tan en corto. Habría que saber qué materiales se han

 desechado en la compilación, pero si éstos son los más relevantes, la verdad es

 que el fruto apenas es discreto, aunque curioso.

Una reserva cabe hacerles a un buen puñado de los textos: bordean o caen en el

 peligro de que un relato se convierta en chiste, aforismo o muestra de ingenio.

 Acerca delos nombres incluidos, poco juicio puede hacerse con tan limitada

 materia, cuyo interés está sobre todo en su valor de muestra colectiva. No

 entiendo por qué la preferencia por incluir hasta cinco textos de una misma firma,

 la de Hellén Ferrero, no precisamente de las más destacadas. De todos los

 relatos, y por aquello de asumir el riesgo de la apuesta, los míos  predilectos son

 «Amar pronto», de autor anónimo,poético, imaginativo y bien resuelto, y

 «Alucinación fatal», firmado por Gustavo Emilio Cosolito, de un vigoroso

 surrealismo. 

FIN                                                        


                                            

                                                                                    faroni@lycos.com

   
 

 

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