el origen de la escritura

© 1997 Chris Patton, Stanford University

 

UNIVERSOS BAJO CERO

por

©Cecilia Eudave

Escritora y Profesora de Literatura Hispánica en la Universidad de Guadalajara México

                                                      

El cuento en México resulta actualmente una de las formas más atractivas de lectura. Es bien cierto que durante mucho tiempo éste era visto como un genero “menor” en comparación con la novela y la poesía.  Acusado, falsamente, de no ser portador en su estructura del largo proceso creativo de perfiles y situaciones complejas -dominio de la narrativa novelada- el universo del cuento se nos aparecía como un producto sinónimo de la inmediatez, la irreflexión y la fugacidad.  En el mejor de los casos como un ejercicio meramente lúdico. Así, el cuento se debatía entre un reflejo fallido de la novela y una lírica de orden diferente como para encajar en el sacrosanto mundo de la poesía.

Sin embargo, una feliz evolución en el gusto de los lectores, un mayor trabajo de difusión y la aportación de los fieles adeptos a este tipo de escritura han sido factores para otorgar una valoración y reciclamiento renovados a las propuestas de este género hasta ayer tan minimizado. Hoy el cuento se alza con un triunfo inesperado y contra-ataca como mejor lo sabe hacer: dando más brevedad a lo breve; creando espacios propios de reflexión y desarrollo; liberando la experiencia polisémica.

 Qué mejor revancha que el cuento hiperbreve, o ultracorto, o brevísimo, o micro ficción, o instantáneas, o  como se quiera llamar a este fenómeno donde hay tan pocas líneas y mucho se impacta. Ficción súbita que trae consigo nuevos códigos de apreciación, una propuesta diferente y aire fresco a la literatura contemporánea de México. Como ha dicho Irving Howe: “Los escritores que hacen cuentos breves tienen que ser especialmente audaces. Lo apuestan todo a un golpe de inventiva”. Idea que refuerza Lauro Zavala , uno de los estudiosos del cuento más reconocidos en México, quien continua la aseveración de Howe invitando al lector a que no sólo se quede con “el golpe de inventiva” sino que gracias al cuento hiperbreve logre prolongarse más allá de ese momento y crée, a partir de él: una identidad como lector.

            Faltaría decir aquí ¿cuál identidad como lector? ¿Podemos identificarnos e incluso mimetizarnos con algo tan breve? Si hacemos caso a la premisa de que cada hombre es hijo de su tiempo y responde a los estímulos de la sociedad que lo genera, sí. Sí podemos deducir que el éxito y la fuerza que esta adquiriendo el cuento hiperbreve en México, en el umbral del siglo XXI , responde a los parámetros de una sociedad que deja poco tiempo al individuo para el ocio y el placer que proporcionan la lectura. Ya desde Oliverio Girondo y su texto “Veinte poemas para leerse en el tranvía” se señalaba la necesidad de textos que se puedan llevar a cualquier parte, que nos alejen de lo cotidiano en el metro, en el autobús, en los atascos de las ciudades interminables, o mientras se espera en el consultorio médico,  en la estación de trenes, en el aeropuerto. Ahí, en ese breve momento de abandono a la lectura, uno recibe esa dosis de gozo que trae consigo la audacia de lograr,  en pocas líneas, la sensación de ser seducido por el contacto próximo de una situación, de un sentimiento, de una anécdota, de un suceso, de una confesión, de la deconstrucción de un mito, de una parábola, de una fábula o leyenda, que con creatividad ilimitada, nos invita a penetrar ese mundo de ficción donde -aún en la brevedad, o gracias a ella- todo es posible. 

            La lección es simple: no existen los universos pequeños, sino universos bajo cero. Donde toda la magnitud está dada por la imaginación, por la reflexión que congela el momento, por la quemadura silenciosa de la sorpresa. Y nos helamos ante la rápida intromisión del texto en nuestras vidas cotidianas, quedando ahí con toda la complejidad digna de cualquier macro cosmos que nos brinde múltiples y entretejidas salidas. Las micro ficciones son como laberintos cuyo centro es uno y sólo uno, construidos con rigor y economía de elementos, y que lejos de hacerlo simple y llano, lo vuelven  una pieza limpia, directa: la mirada de un lector y su propia vivencia.

            En México, actualmente existe una tendencia al cuento corto y muy recientemente al cuento muy corto e hiperbreve.  Este último  ha recorrido una ardua carrera para inscribirse en el gusto de los lectores, una de las influencias quizá más importante fue la Revista El Cuento, dirigida por Edmundo Valadés,  cuentista mexicano, quien durante toda su vida se dedico a dignificar el género. En su revista además de la presencia de los cuentos de corte tradicional, al margen  aparecían cuentos hiperbreves  de autores conocidos o de lectores de la misma revista, convocados a participar en los concursos que regularmente la publicación ofrecía.  Entre los lectores de cuentos se recuerda con mucho afecto a esta revista que nos acercó a muchos autores del genero, y nos alertó sobre las nuevas propuestas y tendencias narrativas  que empezaban a perfilarse alrededor del cuento.

            Entre las propuestas más recomendables para los lectores que están buscando esos universos bajo cero, podemos citar a los siguientes autores mexicanos que se adentran en la propuesta del cuento ultracorto:  Edmundo Valadés con El libro de la imaginación o Solo los sueños y los deseos son inmortales, palomita,  de Juan José Arreola  Varia invención y Bestiario, Julio Torri  con Ensayos y poemas, Augusto Monterroso y su libro La oveja negra y demás fábulas, Alfonso Reyes en Antología, Salvador Elizondo con el Grafógrabo,  Sergio Golwarz  con Infundios ejemplares, Felipe Garrido y su Musa y el garabato, Ethel Krauze  con Relámpagos, Guillermo Samperio con Gente de la ciudad, Luis Humberto Crosthwaite con No quiero escribir no quiero, entre muchos otros escritores que están trabajando el cuento hiperbreve en este país. País estigmatizado y/o bendecido por la influencia del calor, quien, en su inmenso laberinto, es, igualmente, capaz de albergar golpes fríos que hielen cualquier conciencia.     

 

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