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Editorial
Literaturas.com
TRES años en la red

por
©Ignacio
Fernández
Director-editor
Literaturas
Estimados
lectores, después de tres años
editando la revista en Internet uno se
pregunta varias cosas, entre ellas, ¿estaremos
haciendo una publicación electrónica
de calidad?, ¿estaremos siendo fieles
a nuestro objetivo de informar y
verter opiniones valiosas para los
lectores?, ¿realmente nuestro soporte
es útil para entender las relaciones
de la literatura y su entorno en este
nuevo siglo?
Literaturas.com
nació en el año 2000, con la intención
de mostrar el panorama literario de
autores y obras del siglo XX y XXI,
tanto de escritores españoles como
latinoamericanos. Ese era nuestro
objetivo. Después de estos años, el
material que han generado estas
simples dos líneas es muy abundante;
afortunadamente, vivimos un momento de
esplendor literario, muy cercano,
desde mi punto de vista, al Siglo de
Oro de las letras españolas. El
idioma ha ido ganando lectores, las
ideas, los materiales novelados, los
nuevos autores y la industria
editorial, junto a todos aquellos
soportes nuevos que la mantienen, son
un excelente reflejo del buen momento
que vivimos. No no soy
conformista, creo que aún
van a nacer nuevas iniciativas
editoriales muy atractivas; nuevas
revistas y nuevas hazañas literarias
están por llegar.
En
los últimos tiempos, con la
concentración de medios, parecía que
el corralito editorial iba a quedarse
en un páramo.
Es cierto que tres grandes grupos
editoriales y mediáticos están
copando gran parte del mercado
editorial, y que la compra de empresas
editoras y de información crea un
complejo entramado de intereses, de
acuerdos y de intercambios antes no
imaginables; el deseo de posicionarse
ante el futuro digital está trayendo
igualmente de cabeza a muchas de las
compañías, que invierten tiempo y
dinero en su presencia a todos los
niveles. Pero también es cierto que,
en muchas ocasiones, pequeñas
editoriales con imaginación y trabajo
rasgan el suelo editorial a potentes
grupos de comunicación. El fenómeno
no es nuevo. Existe una abultada legión
de militantes de las letras que busca
cada vez más la diversidad
informativa y la otra literatura, no
la de masas; así, nos encontramos con
indieditoriales que quitan el
sol a las grandes industrias del libro
en cadena. La particularidad, la
individualidad, la privacidad de
elección está provocando un nuevo
lector, podríamos decir que transgénico,
en el momento en que es muy disperso
en sus gustos de lectura, ambiguo en
sus canales de información y
receptivo aunque el producto no le
llegue por los conductos
convencionales. Estamos hablando del
lector informado en las nuevas
tecnologías. Aquí llegamos nosotros.
Apenas
3 años en este medio es como tener ya
una larga historia. Nuestra particular
orientación de la revista nos llevó
a plantearnos un producto de calidad,
ameno, diferenciado y gratuito. Como
ocurre con otras revistas literarias
pioneras en la Red, gozamos de una
mala salud de hierro. La imposibilidad
de articular equipos profesionales por
falta de efectivos, la deficiente
presencia y apoyo institucional y
privado a nuestras publicaciones, la
nula credibilidad publicitaria que
despertamos por más visitas que
justifiquemos y una incapacidad de los
grandes medios para conectar con el
publico de la Red, dan un panorama muy
desalentador de lo que está
ocurriendo. Las grandes firmas pueden
crear sitios millonarios en Internet;
si no funcionan acaban eliminándolos
en menos de un año, quedando todo en
un experimento tecnológico
fantástico, realizado con
mucho dinero, al uso de la vieja
economía. Los pequeños, los no
nacidos en la abundancia, liquidamos
nuestros compromisos con la amistad,
la sinceridad y ese punto de
romanticismo que todavía une a los
autores y a los editores, como en
otros olvidados tiempos.
Seguimos
igual que cuando empezaron los
primeros fanzines, las primeras radios
libres, los primeros comics
autoeditados, las revistas hechas
desde el instituto o la universidad
con la ilusión de quedar para
siempre. Nada ha cambiado, solo el
medio. Seguimos igual, sin apoyo de la
administración, por un trabajo que
realizamos en beneficio de la cultura
y la lengua de nuestro país; sin
apoyo de las editoriales -al fin al
cabo somos un soporte tan solvente e
incluso mucho más leído que las
revistas de papel especializadas en
donde invierten su dinero-; sin
publicidad de establecimientos
especializados, sin tan siquiera un
acercamiento de los planificadores de
medios de las agencias publicitarias,
que son los que mueven los soportes más
interesantes para sus clientes.
Estamos destinados a
una gestión clandestina por no
ser rentables, a una lampancia
endémica para este tipo de
publicaciones en nuestro país, al afán
de los creadores inquietos, abocados a
un voluntarismo mágico que acaba
disolviéndose por falta de proyectos
profesionales y expectativas
interesantes a medio plazo.
También
las revistas digitales somos una
fuente de consulta e información,
generadores de una nueva economía a
pequeña escala que muy pronto saldrá
a flote. El fracaso de las puntocom en
los 90 no es la muerte de todas las
webs; muchas nos mantenemos
modestamente, con métodos de
supervivencia limitados. Reconozco que
la Red fue creada en el ámbito
universitario y que su animo nunca ha
sido comercial, por lo tanto no
podemos pedir a un medio que nació
libre y gratuito que se convierta de
la noche a la mañana en un “todo a
cien”, pero admitamos -querido Joaquín-
que algo de
bazar y zoco tiene la Red, por
lo tanto es posible que convivan dos
sistemas: el académico, por el que
fue creado, y
el de escaparate, para el que
se está preparando. Desgraciadamente,
las revistas vivimos entre estos dos
finísimos hilos y la adaptación es
compleja. Entendamos ambos argumentos
para la supervivencia.
Todo
esto no es una crítica al sistema,
sino a nuestro modelo de sociedad
poco concienciado en las nuevas
tecnologías, a los gobiernos que no
impulsan proyectos adecuados con
nuestro entorno para subirnos a
un nuevo tren que estamos perdiendo,
el de la tecnología y sus
posibilidades. Nuestro país vuelve a
estar en la cola en inversiones
tecnológicas, en aplicaciones
educativas, en penetración hogar en el uso doméstico del
ordenador, dejando al mercado que
fluctúe sin la mayor consideración ,
no aplicando acuerdos con los
distribuidores de líneas de alta
velocidad, poniendo en manos de
gestores hambrientos una tecnología y
una oportunidad de conocimiento y
desarrollo de la propia sociedad. Bajo
el techo del libre mercado, se
esconden intereses especulativos de un
alto calado, que terminarán en una
conquista del ámbito Red por parte de
las multinacionales; en pocos años
quizás acabaremos lamentando el no
haber hecho un esfuerzo mayor hoy para
estar en mejores condiciones mañana.
En este punto es preciso un compromiso
del Estado con sus ciudadanos, con la
sociedad civil más inquieta y
prometedora; las inversiones sólo en
imagen, los planes pactados y
la falsa apariencia de que “algo
estamos haciendo” nos llega como una
oleada de información imprecisa,
insuficiente y sesgada. Tenemos
el derecho a reclamar nuevos y mejores
servicios, más capacidad de actuación,
más libertad y más tecnología a
favor de un concepto democrático de
su uso. Es el tiempo de unir esfuerzos
y convicciones, de expresar lo que
sentimos, de reivindicar nuestro
trabajo.
La
próxima presentación de la Asociación
de Revistas Digitales de España (ARDE), de la que forma parte
Literaturas.com, puede ser un paso más
en ese sentido. Nuestro objetivo es
apoyarnos para gestionar y tener una
voz con la que expresar nuestra
inquietud. No queremos hacer negocio,
no queremos ser relevo de nuevos
grupos de presión, sólo pedimos que
el trabajo que hacemos por nuestra
lengua y nuestra cultura sea
reconocido y se articulen formas de
colaboración para llevar a cabo
espacios de calidad
en la Red. Las miles de paginas
web que había hace no mucho se van
reduciendo, cada día más, a una
lenta agonía de sitios cerrados o no
actualizados; la nueva Ley de la
Sociedad de la Información me parece
correcta siempre que vele por
la defensa de los consumidores en el
espacio Red , no si actúa como un
freno a la libertad de expresión y
favorece el control de canales de
comunicación no afectos a la doctrina
oficial de los mercados de la
información. Los supervivientes de
esta marea negra podemos hurgar entre
los espacios aún naturales. Si no
ponemos medidas a tiempo, todos estos
proyectos individuales o asociados se
verán abocados a una lenta agonía,
donde el resultado final será nuestra
desaparición. Los lugares privados e
iniciativas de este tipo que conozco
están sobreviviendo, mal viviendo,
apenas con dos o tres personas detrás,
arrastrando cada numero de su
publicación con un esfuerzo
sobrehumano. Queremos y expresamos
nuestro deseo de tener las mismas
oportunidades que otros medios, para
ello pedimos a las administraciones y
a las empresas un respeto por nuestro
trabajo, una consideración para
nuestro espacio y un apoyo real. No
estamos pidiendo nada de lo que no
seamos merecedores; como los demás
soportes, pedimos dignificar una labor
que, si no es tenida en cuenta ahora,
todos, lectores, poderes públicos e
innovadores, acabaremos lamentando.
Tres
años de fijación de posturas y
compromisos literarios, de apuestas y
de riesgos. Queremos quedarnos para
seguir ofreciendo nuestro punto de
vista, para seguir suscitando interés,
para diversificar la opinión, para la
creación de riqueza cultural.
Queremos
seguir hacia delante, y si en
algún momento hundimos la cabeza no
es por falta de interés, ni de animo,
es que estamos tomando aire puro desde
lo más profundo, desde el interior.
Queridos lectores, desde
Literaturas.com seguiremos
contribuyendo para que el tejido
literario sea amplio, distinto y
diverso. Gracias por vuestro
encuentro, por ese generoso lugar común
que nos andamos dando. TRES.
©Ignacio
Fernández 2003
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Madrid
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Aldea
del Rumor por Ignacio Fernández
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