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España, y el español, en Brasil

por

 ©Diego Chozas

Es profesor de español en la Casa de España de Rio de Janeiro (Brasil)

Diego Chozas, nacido en Zaragoza en 1974. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Zaragoza. Cursando actualmente estudios de doctorado. Profesor de Lengua y Literatura españolas y Filosofía en el Colegio Alemán de Zaragoza (1999-2000). Es profesor de español en la Casa de España de Rio de Janeiro (desde enero de 2001). Ponente del curso especial “El cuento fantástico español e hispanoamericano: fantasmas de ambos mundos”, de 30 horas, en el Instituto Cervantes de Rio de Janeiro (mayo-julio de 2002). Coautor de Dificultades de español para brasileños, de la editorial SM (2003). Escritor: Accesit Segundo en el Concurso de Literatura Joven de la Diputación General de Aragón (junio de 2002). Primer premio en el concurso de relatos organizado con  ocasión del 25 aniversario del Centro Politécnico Superior de Zaragoza (abril de 1999).Ganador del III Concurso Internacional de Relatos Hiperbreves a cargo del Círculo Cultural Faroni, con jurado presidido por el escritor Luis Landero (Madrid, 1995).

Publicaciones:

“Vignemale”: Quince líneas, Tusquets, Barcelona; revista Gargula, Brasilia; periódico universitario Balance Junior, Zaragoza; Fanzine, Valencia; Literaturas.com; La insignia (revista en internet).

“Nuevas greguerías”: periódico universitario Balance Junior, Zaragoza.

“Pequeña Tierra”: El pez que todo lo ve, Zaragoza.

“Relatos de viajes”: El libro de los quinientos, Egido Editorial, Zaragoza.

“El sueño de Endimión”: Universidad de Zaragoza y Caja de Ahorros de la Inmaculada.

“El mosquito fantasma”: suplemento de Poesía en el Campus, Universidad de Zaragoza.

“El juego de la biblioteca”: revista literaria en la red Cucutiar.

“Leda y los monstruos”: Diputación General de Aragón y Caja de Ahorros de la Inmaculada.

 

Quien quiera iniciarse en la interesante situación del español en Brasil, creo que debe hacerlo a partir de dos artículos disponibles en Internet: Datos y cifras: informe sobre la enseñanza del español en Brasil (1998), que firma Manuel Morillo y que puede bajarse en formato pdf de la página de la Consejería de Educación de la Embajada de España en Brasilia (http://www.sgci.mec.es/br/ebr.htm), y El español en Brasil (2000), obra de Francisco Moreno Fernández, del Instituto Cervantes de São Paulo, que puede encontrarse en la página del Centro Virtual Cervantes (http://cvc.cervantes.es/obref/anuario/anuario_00/moreno/). También sería buena idea asomarse a los artículos y enlaces ofrecidos en la revista electrónica especializada Hispanista (www.hispanista.com.br).

Sobre todo en los dos trabajos mencionados, se recoge buena parte de la información sobre la enseñanza del español en Brasil recopilada hasta la fecha, así que a continuación yo pretendo abordar el mismo tema de forma mucho menos sistemática, a partir de impresiones personales, “intrahistóricas” si se quiere, que pueden considerarse concreciones de las cifras de los informes anteriores en la vida cotidiana del Rio de Janeiro de hoy.

Puedo hablar, por ejemplo, de la telenovela de la cadena Globo Esperança, que ha finalizado recientemente y que contaba la vida de varias familias de emigrantes europeos en el Brasil de principios del siglo XX. Una de estas familias era española, y sus miembros (sobre todo los padres) respondían al estereotipo que del español se tiene en Brasil: sujetos apasionados en los gestos y en el habla (algunas veces un poco energúmenos) que gustan de organizar una fiesta o ponerse a bailar flamenco bajo cualquier pretexto. Los padres hablaban un español muy gracioso repleto de exclamaciones y entreverado de portugués para hacerlo comprensible al gran público, mientras que los hijos ya se expresaban en un perfecto portugués de Brasil.

 La telenovela refleja un fenómeno capital en la historia brasileña: la llegada de casi cuatro millones de inmigrantes, en su mayoría europeos, entre 1880 y 1930. En el mismo periodo, tres millones de españoles dejaron su tierra en busca de oportunidades. Las cifras bailan según las fuentes a la hora de determinar el número de españoles que se inclinaron por Brasil, pero se puede decir que fueron varios cientos de miles, que en los barcos llegaron familias completas con pasajes de tercera clase en condiciones muy duras (muchos niños morían durante el trayecto), que en principio se les colocaba en las plantaciones de café, y que se concentraron principalmente en el estado de São Paulo (casi el 80 por ciento en 1920). 

El hecho de la diferencia entre la lengua de los padres y la de los hijos que muestra la telenovela es muy significativo, pues ilustra la rápida integración de éstos últimos en el país.  De los inmigrantes españoles que llegaron en aquella época y se instalaron definitivamente, hoy sólo quedan los apellidos, pues las siguientes generaciones perdieron el contacto con la lengua y la cultura de España. Posiblemente por esta razón Esperança no obtuvo el éxito que podría esperarse en un país donde el fenómeno de la inmigración ha sido tan importante: el público no se sintió identificado con aquellos inmigrantes del principio del siglo pasado. Los descendientes de italianos, portugueses y españoles que aún guardan vínculos con la cultura europea son hijos y nietos de inmigrantes, es decir, de personas que llegaron a Brasil hace mucho menos tiempo.

Aunque la entrada de españoles en Brasil fue muy importante cuantitativamente entre 1880 y la Primera Guerra Mundial, el hecho no fue una novedad cualitativamente hablando. Hay que recordar en primer lugar que Brasil estuvo bajo dominio español de 1580 a 1640 debido a la unión de las coronas. Pero si se pregunta a un brasileño cuál fue el inmigrante español más famoso de los siglos pasados, seguramente hablará de un caso mucho más reciente, de comienzos del siglo XIX: el de la infanta Carlota Joaquina de Borbón, hija de Carlos IV, que permaneció en Brasil entre 1807 y 1821 acompañando a su marido, João VI de Portugal, que estableció su corte en Rio de Janeiro huyendo de Napoleón y sólo regresó obligado por una revolución en la metrópoli.

Carlota Joaquina es un personaje tremendamente popular en Brasil gracias a una película de la directora brasileña Carla Camurati. Carlota Joaquina, princesa do Brazil (1994) fue la segunda película brasileña más taquillera de los noventa (con más de un millón de espectadores) y dio inicio al llamado “renacimiento” del cine brasileño, que para entonces se hallaba sumido en una profunda crisis. Una vez más, el personaje sirvió para reforzar el estereotipo del español, si bien esta vez con francos propósitos caricaturescos. Carlota Joaquina, además de notablemente fea, tiene un carácter terrible, suelta unos tacos y unas blasfemias que encogerían a un legionario, aporrea a los hombres, tiene un desaforado apetito sexual y es decididamente adúltera. Por si fuera poco, en las primeras escenas de la película se muestra una corte española de lo más pintoresca, pues allí todo el mundo baila flamenco (o incluso música de Falla), y todo el mundo grita y profiere terribles juramentos, aunque Carlota Joaquina es siempre la peor hablada.

Este tópico del español como una persona malencarada, agresiva y gritona proviene probablemente del contacto con inmigrantes durante décadas, pero a los brasileños les parece que se confirma cada vez que van a Madrid. Acostumbrados a un trato más suave, encuentran muy rudas las maneras de muchos españoles, aquejados de un aparente malhumor crónico. 

Aunque a partir de 1930 la legislación  brasileña comenzó a dificultar la entrada de inmigrantes, y a pesar de que el flujo de personas disminuyó como consecuencia de la situación europea, los españoles que han llegado a Brasil desde los años treinta hasta nuestros días son los que han dejado huellas más perceptibles en ciudades como Rio de Janeiro.

Por ejemplo, alguien que cierta noche entre a bailar un forró en el tradicional Asa Branca, cerca del acueducto del barrio de Lapa, puede quedarse un tanto perplejo al encontrarse con una gran fotografía de los reyes de España, Juan Carlos y Sofía, en el recibidor. Resulta que el Asa Branca es uno de los muchos locales del gallego más famoso de Brasil: Chico Recarey, al que se llamó “dueño de la noche carioca”, y que aparece en la foto junto a los reyes.

Pero basta caminar un poco por las calles de Rio para encontrar claras evidencias de la presencia española en los nombres de los negocios. El hotel Montes Blancos, en la calle Catete, que ya tenía nombre español, se lo cambió hace pocos meses por el bien más gallego “Riazor". En la calle Laranjeiras se encuentra la pastelería Vigo en una casa bastante descuidada. En la Marques de Abrantes uno se topa con la peluquería Sevilla. En la Cándido Mendes hay un pequeño hotel con la fachada pintada de rojo y amarillo. El restaurante Majorica, en la Senador Vergueiro, también es de españoles. El bar Belmonte, en Praia do Flamengo, es de un asturiano. Luego está la agencia de viajes Córdoba, en Leme... La lista podría extenderse muchísimo. En 1999 vivían en Brasil unos 130.000 españoles, de los que más de 90.000 eran gallegos. Es bien sabido que muchos gallegos son propietarios de locales de espectáculos, restaurantes, gasolineras, hoteles, moteles (curiosas y muy bien aceptadas casas de citas para parejas o matrimonios que buscan cambiar de aires), casinos, etc. Sin embargo, no todos los gallegos que vinieron a Brasil en las últimas décadas lograron prosperar, y la colonia gallega acabó viéndose afectada por la dramática fractura de clases que padece la población brasileña en general.

La inmigración española de los últimos años ha cambiado radicalmente. Llega en business class de Iberia, alquila apartamentos de lujo y frecuenta restaurantes. Vienen respaldados por importantes compañías españolas, y como mucho permanecen unos años. Entre los años 1998 y 2000, España fue el mayor inversor extranjero en Brasil, y hoy sólo es superada por los Estados Unidos. Por eso la reciente ascensión de Lula al poder fue seguida tan de cerca por los medios de comunicación españoles. Telefónica tiene su sede en un gran edificio de cristal situado en la ensenada de Botafogo, y a través de los móviles, y de su omnipresente publicidad, ya se ha convertido en un nombre cotidiano y familiar. El Banco Santander y el BBV tienen agencias por toda la ciudad. Zara ha llegado a los centros comerciales... Y éstas son tan sólo las empresas más visibles.

La influencia española también se ha dejado notar en la industria cultural y del ocio: la liga española de fútbol (poblada de jugadores brasileños) puede seguirse en la televisión por cable; La Televisión Española Internacional ha tenido acceso a muchos hogares; Almodóvar era ya muy conocido antes de ganar el Óscar, pero Hable con ella  ha gozado en particular de una distribución similar a las películas de Hollywood; En circuitos más restringidos se han proyectado títulos como Lucía y el sexo, La comunidad o El bola; Operación Triunfo ha ganado una réplica en Brasil que se llama Fama; Unas chicas brasileñas cantan con enorme éxito la versión portuguesa del Aserejé...

La presencia económica de España en Brasil ha sido sin duda uno de los factores desencadenantes del boom de la enseñanza del español en los últimos diez años, pero es preciso recordar que la entrada de las empresas españolas se enmarca en una política general de apertura a las inversiones extranjeras. Además, Brasil es la economía más potente de América Latina, y esto, en tiempos de globalización, ha llevado al país a establecer innumerables relaciones comerciales con muchos países de habla española. Pero lo más importante fue la creación del Mercosur en 1991, y los posteriores acuerdos sobre la enseñanza de las lenguas española y portuguesa entre los países firmantes. En este sentido, en 1998 llegó al parlamento de Brasilia la propuesta de una ley que haría obligatoria la enseñanza del español en las escuelas públicas. Dicha ley continúa discutiéndose, pero se dice que, en el caso de ser aprobada, sería necesario contratar a más de doscientos mil profesores, que antes, por supuesto, deberían recibir una formación adecuada. Constatando que la enseñanza del español es una actividad con futuro (y con mucho presente) se han creado, o se están creando, licenciaturas en español en universidades públicas y privadas de todo el país, aunque tan sólo dos ofrecen formación de posgrado, justamente por la escasez de doctores. 

Mientras tanto, la enseñanza del español en Brasil no deja de crecer fuera de la educación reglada, y esto se aprecia perfectamente en el día a día. Hace poco más de diez años la enseñanza del español era una actividad anecdótica, pero con el crecimiento espectacular de la demanda, cursos tradicionales de inglés con varios centros en Rio como Wizard, Fisk, Skill o CCAA (¡o incluso Cultura Inglesa!) comenzaron a ofrecer paralelamente clases de español, inundando con su publicidad las calles, las traseras de los autobuses y las televisiones. El curso de la Casa de España de Rio, donde yo trabajo, comenzó hace poco más de diez años con muy pocos profesores y alumnos, y hoy cuenta con un promedio de más de mil alumnos por cuatrimestre. Hace un año se abrió el Instituto Cervantes de Rio de Janeiro, que se sumó al de São Paulo, y que hoy ofrece cursos de formación de profesorado y otros de preparación del D.E.L.E. (Diploma de Español como Lengua Extranjera, certificado oficial del Ministerio de Educación español), además de actividades culturales.

El informe Datos y cifras ya mencionado, recogió, sólo en la ciudad de Rio de Janeiro, 86 centros no universitarios en los que se podía estudiar español. Aprovechando el tirón del español, también apareció alguna que otra escuela fantasma. Recuerdo que, echando mi currículum por academias en mi primer mes en Rio, vi un cartel anunciando matrículas abiertas para un curso de español en el segundo piso de una casa antigua. Subí las escaleras junto a una chica interesada en matricularse, pero arriba nos encontramos con la consulta de un dentista. Preguntamos por el curso al dueño de la panadería de abajo, que nos contó que lo del segundo piso era una escuela itinerante: se instalaban en cualquier lugar y permanecían todo el tiempo posible hasta que los expulsaban por no pagar el alquiler.

Esta vez sin cifras en la mano, a ojo de buen cubero a partir de los alumnos que he tenido estos dos años en la Casa de España, diría que el estudiante de español en Rio (al menos en centros privados) es fundamentalmente joven, mujer, y de clase media alta. Muchos universitarios quieren añadir un título de español a su currículum, a sabiendas de que el conocimiento de esta lengua es cada vez más valorado por los empresarios. Otros persiguen el D.E.L.E. para estudiar un posgrado en España. También hay jóvenes trabajadores que piensan en su promoción, u otros que ya emplean el español en su trabajo (sobre todo por teléfono) y quieren aprender la lengua correctamente. No faltan los que estudian español por pura simpatía hacia la lengua y la cultura hispánica, para viajar, o porque tienen alguna relación familiar o sentimental con algún español o hispanoamericano. Unos pocos piensan en dedicarse profesionalmente a la enseñanza del español.

Para terminar, diré que yo andaba pensando últimamente, en vistas del auge que ha experimentado el español en Brasil, si este país podría considerarse nuevamente como el mítico El Dorado para los miles de filólogos que en España están en paro o colocados en los más variopintos oficios. Me temo que debo ser realista: el trabajo en academias raramente está dignamente pagado, y además, la fuerte desvalorización de la moneda brasileña en el último año imposibilita el ahorro si se quiere viajar anualmente a España (los billetes de avión tienen precios fijos en dólares). Por otro lado, a pesar de la extraordinaria demanda de profesores formados, Brasil impone muchas condiciones para que un extranjero pueda trabajar legalmente en el país como profesor de español, por lo que el proceso para lograr un visado resulta difícil y lento. Visto lo visto, sería mucho más sensato labrarse un futuro como profesor de español en un país de la Unión Europea, y dejar Brasil para los aventureros de temporada. Otra cosa muy distinta sería hablar de la enseñanza universitaria: doctores españoles en Filología con vocación podrían encontrar trabajo en universidades privadas brasileñas con un sueldo digno, si bien no excesivo. También podría ser una gran idea crear escuelas de español especializadas en brasileños en ciudades turísticas españolas ya que, como dice Francisco Moreno en su informe, los brasileños tienen necesidades muy específicas y aprenden mucho más rápido que japoneses o alemanes. La industria editorial española también está de enhorabuena, pues no dejan de aumentar sus ventas de diccionarios y métodos de español, y en el caso de que se aprobara la obligatoriedad del español en las escuelas públicas los beneficios serían multimillonarios.

Los brasileños dicen que Brasil es el país del futuro, y no les falta razón. Ese futuro pasa por la apertura al mundo, y la relación con los vecinos exige el aprendizaje del español. En este sentido, Brasil también es el país del futuro para la enseñanza del español y actividades aledañas, con lo que, sin necesidad de poderes mágicos, puede preverse que el contacto entre Brasil y España no va a hacer otra cosa que aumentar.

 

 ©Diego Chozas  2003

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