|
el
origen de la escritura
Columnistas
de Literaturas.com

EL
AÑO QUE VIENE
Aquel fin de año la convenció para que fueran los cinco
a Courchevel. Le encantaba esquiar, sólo deslizándose
suavemente por la nieve conseguía olvidar los problemas de la
empresa y los
gritos de su nueva mujer. Aunque a veces conseguía recordar el
deseo de los primeros meses, su mal carácter a partir del
embarazo habían convertido esa época en
un espejismo que ahora dudaba si había existido. Planeó
esos días con sus hijas mayores para que ella entendiese lo
tranquilo que era su mundo antes de conocerla.
Esperaba que la chimenea de la lujosa
cabaña, la convivencia, el aire libre,
causaran un efecto apaciguador en la relación y que sus
hijas también empezaran a quererla. Nada más despegar y hasta
que aterrizaron el pequeño lloró a voces tocándose las
orejas. Pero al llegar la nieve estaba magnífica y en la
primera bajada se sintió eufórico, las cosas por fin iban a
funcionar. Aunque últimamente apenas había visto a sus hijas,
estaban sonrientes y simpáticas. Parecían ir acostumbrándose
a verle junto a ella.
Después de cenar,
encontrándose generoso, propuso el juego: -El año que viene lo
pasaremos donde queráis. Vamos a escribirlo y
ponemos los deseos en una caja. El sitio que salga, por
distante, por caro que sea, será al que vayamos todos juntos.
Dejad volar la imaginación. Veréis que bien lo vamos a pasar.
El pequeño sacó el papel y ella leyó en voz muy alta lo que
había escrito una de las hijas: "El
próximo fin de año quiero
pasarlo con Mamá"
©María
Tena. Enero 2002


 

LA GRAN TRAGEDIA DEL "QUEEN ADELAIDA"
Prólogo
El cielo brama impío; vientos tormentosos de componente Este azotaban
la, hasta hiciera poco, engreída embarcación; olas de veinte metros la
hacían cabecear y gemir. Alguien gritó en el puente de forma atroz; algo,
en un incierto punto, saltó hecho astillas.
Capítulo uno
Sólo el camarero, atusada la pajarita e impertérrito, quedaba en el
salón cuando apareció el otro. Traía el rostro magullado, la ropa rota, y
un copioso reguero fue formándose tras él los metros que tardó en
alcanzar la barra. "Ya no hay plazas para nosotros", dijo, y el camarero
se encogió de hombros. "¿Le sirvo un cóctel, señor?"
Capítulo dos
"Cóbrese", dijo aquél con una amplia sonrisa, "y quédese con la
vuelta". Un infinito relámpago desgarró las formas, la sala se quedó sin
luz. "No hace falta, señor, si quiere lo apunto en
su cuenta".
©Miguel
Baquero. 2001


 
Me sucede que a veces me siento como un personaje de cuento. El autor trata
de matarme. Inventa tramas absurdas. Hasta ahora he logrado salir ileso de
sus atentados. Para tratar de salir de este círculo infernal me he
propuesto encontrar al individuo que me escribe.
Desde hace años recorro sucias buhardillas y cuartuchos baratos tratando de
encontrarlo. Mis pesquisas han dado resultado luego de un sin fin de
peripecias, que sé perfectamente que el ha escrito.
La dirección que anoté en una libreta me conduce a un viejo hotel en los
suburbios de la ciudad. Preguntó al encargado. Subo a la habitación 5 del
tercer piso. Abro la puerta. Allí está. En mi bolsillo llevo un cuchillo.
Allí está. Escribe como un desesperado. Las hojas se acumulan por el
cuarto. Antes de que tecletee el punto final lo acuchillo por la espalda.
Luego descubro horrorizado que todo lo ha escrito, incluso su muerte.
©CARLOS YUSTI . Enero 2002
|