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Borges & Borges
por
©Luis
García
Es
posible que se haya escrito casi todo sobre Jorge Luis Borges, que
no es lo mismo que decir que Borges ha muerto por más que se empeñen
sus agoreros seguidores. Cuando escribí los artículos sobre Pessoa
y Conget, alertaba sobre la existencia de las sectas literarias un
poco como salvaguarda del pensamiento único, como el último
baluarte intelectual de un creador.
Farisea
concepción toda vez que lo único que pretenden, como sectas que
son, y a fe mía que lo son, es precisamente alimentar su carácter
autodestructivo y endogámico salpicando en su caída a cuantos les
rodean. Alertaba así de las sectas pessonianas, congetianas, y
ahora me toca hablar de las borgianas. Borges es algo más que un
escritor, es un icono del Siglo XX que supo estar muy por encima de
su propia condición y legarnos a nosotros, sus lectores, y a
cuantos admiramos su obra, algunas de las más brillantes páginas
de la literatura.
Dicen
que los genios se dan con cuentagotas, como los buenos perfumes, y
sin duda alguna Borges lo fue. Si admirable es su poesía, no
correspondida por aquellos que habiéndole descubierto como narrador
es así como queremos conservarlo en el recuerdo, no lo es menos sus
relatos para los amantes de la lírica, o sus Bestiarios y artículos
periodísticos. Hace unos años Franco María Ricci le encargó a
Borges los prefacios a treinta libros de narrativa fantástica,
treinta joyas que por sí solas justificaban la plena vigencia de la
literatura de género.
Borges,
como buen conocedor y cocinero de los ingredientes con que contaba,
escribió treinta prólogos que ahora ven la luz en forma de libro,
y de los que ya entonces era difícil discernir si habían sido
creados para el libro que mostraba, o si dicho libro era
consecuencia de los mismos. Quiero decir con esto que Borges estaba
dotado de un don para la escritura sólo reservado a los
alquimistas, y que sólo desde esa perspectiva se puede entender la
edición de sus Textos recobrados por la Editorial Emece. Es posible
que exista algo de mercantilismo en dicha operación, como algunos
críticos han pretendido censurar, pero no lo es menos que si bien
muchos de los dichos textos carecen del talante erudito del Borges
posterior, quedan fuera de toda duda su validez como partos
naturales de un conspicuo observador de su tiempo.
Borges
es a la literatura del Siglo XX lo que Einstein a la Ciencia, y como
a Einstein, también se le reconocen dudas, fracasos, textos menores
y alumnos aventajados. Textos recobrados, lo componen dos volúmenes
que abarcan el primero la década comprendida entre 1919 y 1929, y
el segundo los escritos que dejó dispersos entre 1931 y 1955. Se
tratan de una recopilación inédita (porque nunca antes se habían
recopilado en forma de libros) de primeras versiones publicadas de
poemas y relatos, de artículos periodísticos, traducciones, prólogos
y cartas, ordenados por fecha de aparición. Uno siempre recuerda al
hilo de las variantes de algunos de esos escritos al narrador
argentino Daniel Moyano, quien prisionero de su capacidad discursiva
siempre cambiaba el final de sus relatos cuando nos los trasmitía
oralmente, lo que no hacía sino crear un nuevo relato diferente a
los anteriores.
Son
de agradecer en sus Textos recobrados sobremanera sus notas
literarias, La literatura gauchesca, Nota sobre el Quijote, La
paradoja de Apollinaire..., ya que estamos ante un Borges
desconocido que nos lleva a reafirmarnos en nuestra afirmación del
comienzo: Es posible que se haya escrito casi todo sobre Jorge Luis
Borges, pero eso, mal que les pese a muchos, no es lo mismo que
decir que ha muerto.
©Luis
García


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