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Beatriz
de Moura
(
Tusquets
Editores)

Por
©Luis
García
Introducción.- Poco
podía sospechar Beatriz de Moura cuando allá por 1969 comenzó a
editar, desde la sala de estar de su piso de 70m2, sus primeros Cuadernos
Ínfimos y Marginales que
treinta y tres años después, aquellas colecciones, abanderadas de
Tusquets Editor, continuarían ofreciéndonos literatura en estado
puro. Afirma Beatriz
que desde sus comienzos se propuso tres metas: reivindicar las
vanguardias del siglo XX, incidir en el debate cultural del momento
y publicar a los nuevos y jóvenes valores españoles e
hispanoamericanos. Había nacido con ella, en aquellos años
plenos de calidad literaria, Tusquets Editores. Había nacido para
la edición independiente, Beatriz de Moura y, con los años, para
la historia de la literatura, nombres tan fundamentales como Luis
Landero, Almudena Grandes, Cristina Fernández Cubas y muchos más.
Luis García.-
¿Quién es en realidad Beatriz de Moura?
Beatriz
de Moura.- Parafraseando a Henri Michaux y a Ramón Xirau, que
lo expresaron de modo muy distinto, pero que se complementaban, debo
de ser la suma de todas las que fui y de quien ahora le habla.
Pregunta. ¿Recuerda
cuál fue el primer título que editó?
B-M.- En Cuadernos Ínfimos un libro
sobre Bertolucci, cuyas películas estaban entonces prohibidas en
España y, en Cuadernos Marginales, Residua de Samuel
Beckett.
Pregunta.-
¿Qué sintió cuando los vio en las librerías.
B.M.- Emoción.
Pregunta.-
Debe de ser complicada la labor de editar, y me figuro que
tremendamente dolorosa la de rechazar algún manuscrito. ¿Se ha
arrepentido de algún rechazo en particular?.
B.M.- De momento, no. Pero puede ocurrir
cualquier día. Y, en efecto, es muy doloroso —y terriblemente
desagradable—, sobre todo en aquellos casos relacionados con
personas a quienes aprecias y valoras mucho, pero cuya obra
propuesta a la editorial me ha parecido por debajo de sus
posibilidades.
Pregunta.-
Dicen que Luis Landero fue una apuesta particular suya, que
le salió lo suficientemente rentable como para no arrepentirse.
¿Cómo lo recuerda en aquellos primeros años noventa?
B.M.- Luis
y yo nos vemos bastante poco, y siempre cuando manda algún libro
nuevo y luego se publica. Lo que sí puedo decir con toda seguridad
es que me considero privilegiada por contar en todos estos años con
su confianza y estar entre los primeros en poder acceder a sus
manuscritos, que siempre he leído con especial fruición, sin que
nunca, nunca me defraudaran. Esta confianza y esta lealtad
inmutables son las que me mantienen unida a él, y, pase lo que
pase, siempre le estaré agradecida por eso.
Pregunta.-
Tusquets Editores está marcada irremediablemente por una
serie de hitos, que coinciden con una serie de grandes autores tanto
de lengua española como extranjeros. Pero, ¿qué le llevó a
apostar por el Círculo Cultural Faroni?.
B.M.- Ante todo el propio Faroni, después la
figura de su creador, Luis Landero, y en tercer lugar la simpatía
que despertó en mí la iniciativa de su presidente Ignacio
Fernández. Me gustan mucho sus hiperbreves. Por ejemplo, el relato
que ganó el último Premio que concede anualmente el Círculo es
excelente, realmente magistral.
Pregunta.-
¿Tan difícil es descubrir un talento literario?.
B.M.- Con el tiempo y la experiencia de la
lectura atenta, uno se da cuenta de que escribir es fácil; escribir
bien ya es algo bastante más complicado; pero, para ser escritor,
es indispensable algo que no “se aprende”, algo imperceptible y,
en cierto modo, inexplicable, un don que probablemente sea innato:
el talento. Y el talento de cualquier artista se percibe de
inmediato: produce una emoción muy especial, semejante a la
exaltación.
Pregunta.-
¿Qué recuerda de la censura de los años setenta?
B.M.- Odio recordar aquellos tiempos
sombríos. En particular los incesantes viajes al entonces
Ministerio de Información y Turismo a lidiar con aquellos oscuros y
abyectos personajes que eran los censores.
Pregunta.-
La leyenda cuenta que hasta 1976 fueron censurados unos 25
títulos de Tusquets. ¿Se acuerda de alguno en particular?
B.M.- El primer recuerdo que siempre me viene
a la cabeza, por absurdo y por tanto significativo, es el caso de
Samuel Beckett, para quien tuve que discutir con la Censura cada uno
de sus libros, casi frase por frase, palabra por palabra. Beckett
era muy paciente y creo que hasta le divertía saber qué opinaba la
Censura española. Una vez me escribió: “Démosle satisfacción a
ese pobre hombre [el censor] y atrasemos la publicación de mi
libro”. Se trataba de Primer amor. Un año después, volví
a enviarlo a Censura; otro tenebroso personaje debió de leerlo y,
al no entender ni pizca, tachó sólo algunas palabras, que Beckett
no tuvo inconveniente en reemplazar por otras, “más suaves”
según el macabro personaje, quien dio el visto bueno para su
publicación. En los ochenta tuvimos que reestablecer todas las
traducciones de aquellos años...
Pregunta.-
¿Cómo nació La sonrisa vertical, una
colección inédita en aquellos tiempos de represión?
B.M.- Nació de un deseo de Luis Gª
Berlanga, que se remontaba al año 1970, cuando me habló por
primera vez del proyecto. Muerto y bien muerto Franco, en octubre de
1977 salió el primer libro de esta colección, El cipote de
Archidona, de Camilo José Cela. Aun así, el segundo título de
la colección, un clásico decimonónico, fue a juicio por una
denuncia privada; fuimos condenados a retirar la edición; sin
embargo, no la retiramos y no pasó nada. Las cosas habían cambiado
ya...
Pregunta.-
¿Cómo fueron las relaciones en aquellos años con sus
competidores?
B.M.-
No tenía competidores. De hecho, los editores literarios de
entonces mantenían entre sí una relación de respeto y, algunos,
incluso de franca amistad.
Pregunta.-
¿Y actualmente? ¿Mantiene contactos con sus colegas
editores?
B.M.- Sí, con bastantes, y suelen ser
muy cordiales, en algunos casos hasta afectuosos.
Pregunta.-
¿Admira a algún editor en particular?.
B.M.-
Hoy,
mi admiración va en particular para los mas jóvenes editores que,
contra viento y marea, han montado sus pequeñas editoriales y hacen
un trabajo encomiable y envidiable.
Pregunta.-
¿Lee todo lo que publica?. Se lo pregunto porque hay quien
afirma leer todo lo que edita su editorial, y sinceramente, se me
hace difícil el creer en ello.
B.M.- Los leo todos, aunque no se lo
crea. El caso es que los de ciencia —de la colección Metatemas,
que dirige Jorge Wagensberg—, los de poesía —de la colección
Nuevos Textos Sagrados, que dirige Antoni Marí—, los de la
colección La Sonrisa Vertical —que dirige Luis Gª Berlanga—,
los de la colección Kriterios, que dirige Miguel Aguilar y algunos
libros de filosofía —de la colección Ensayo, editados por José
Mª Ventosa— los leo una vez publicados, lo cual es todo un lujo
para mí. Es cierto que algunos de ciencia los leo a medias, porque
no siempre doy la talla...
Pregunta-
¿Qué pesa más a la hora de editar a un desconocido? La
intuición, los informes de algún experto...
B.M.- Siempre, tras un buen informe
favorable y/o una lectura por mi parte, la intuición.
Pregunta-
Además de su faceta como editora, ¿cultiva la de escritora?
B.M.- Intenté hacerlo hace un millón
de años y lo dejé porque no tengo talento.
Pregunta.-
¿Para cuando sus memorias?
B.M.-
¿Acaso me quiere usted jubilar tan pronto?
Pregunta.-
¿Qué libro o autor le hubiera gustado descubrir y publicar?
B.M.-
Son legión, pero, por citar a algunos autores vivos, García
Márquez,
Vargas Llosa, o Álvaro Mutis, por ejemplo.
Pregunta.-
¿Qué opinión le merecen los cánones literarios?
B.M.-
Pues que cada cual es libre de tener el suyo propio. Las lecturas,
los
gustos literarios y las pullas personales son tan dispares como lo
son las
personas entre sí. ¿Quién posee la verdad en asuntos tan
arbitrarios?
Pregunta.-
¿Y la polémica cervantina de Umbral?
B.M.-
Cervantes es Cervantes y Umbral es Umbral, todo hay que decirlo.
Pregunta.-
¿Qué sorpresas literarias nos depara Tusquets, aparte del
anticipo de la nueva novela de Luis Landero, El guitarrista?.
B.M.- Nada más y nada menos que las novelas
de Almudena Grandes, Los aires difíciles; de Leonardo Padura,
La novela de mi vida (que no es policiaca); de Mayra Montero,
El Capitán de los Dormidos; y de Luciano G. Egido, Solo
de flauta (título provisional). Los ensayos de Fernando
Aramburu, El artista y su cadáver; de Carlos Castilla del
Pino (edición de), El odio;
de José Mª Ridao, La elección de la barbarie. Los
libros de poesía de Álvaro Valverde, Mecánica terrestre;
de Antonio Colinas, Tiempo y abismo;
y de Clara Janés, Paralajes. Las memorias de Huber
Matos, Cómo llegó la noche [Premio Comillas 2001], uno de
los dos “héroes de la Revolución” cubana junto con Camilo
Cienfuegos, que Fidel condenó, a los pocos meses de estar en el
poder, a 20 años de cárcel, que cumplió íntegra. Y, por si fuera
poco, Cartas a Katherine Whitmore, de Pedro Salinas, que es
su correspondencia amorosa inédita.
Pregunta.-
¿Hay alguna pregunta que le hubiera gustado que le hiciera y
no le haya hecho?
B.M.- Demasiadas
para que quepan, con mis respuestas, aquí.


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