¿Sabías qué?



 





























 
 

 

     

 

 

 

 

 
 

 

 

 

Antonio Orejudo

Por

  ©Luis García 

Antonio Orejudo Utrilla. Madrid 1963. Licenciado en Filología Hispánica. Doctorado en Estados Unidos donde trabajó como profesor durante siete años. Ganador del XV Premio Andalucía de Novela con la obra Ventajas de viajar en tren. Su debut literario fue  con Fabulosas Narraciones por Historias que salió a la luz en 1996, galardonada con el Premio Tigre Juan a la mejor primera novela del año. Ha escrito también el cuento Horizontes de Expectativas que se incluye en la antología de nueva narrativa española Páginas amarillas (1997). Ha publicado diferentes trabajos relacionados con su especialidad profesional, Cartas de batalla (1993), Las Epístolas familiares (1994) y una edición anotada de las Novelas Ejemplares (1997).  

 





  

Introducción.-  Una sola novela necesitó el madrileño Antonio Orejudo, circunstancialmente  afincado en Almería en donde imparte clases de literatura, para dejar muestra de su buen quehacer literario. Ventajas de viajar en tren (que las tiene, y muchas) habría de alzarse con merecimiento (es posible que sea mucho hablar dado que desconocemos el resto de los presentados) con el Premio Andalucía de Novela, y editado por Alfaguara, se fue abriendo paso lentamente dentro de la vorágine de premios que inundan los suplementos literarios de este país. Sin embargo Antonio Orejudo ya había conseguido en 1996 el Tigre Juan, y figuraba por méritos propios dentro de la fantástica selección de jóvenes escritores Páginas amarillas, que editada por Lengua de Trapo habría de marcar un antes y un después dentro de la joven narrativa española. Confieso que hacía tiempo que tenía ganas de leer Ventajas de viajar en tren, y aunque desconocía el motivo, posiblemente me atraía el título, intuía que me habría de gustar. Lo que no podía presentir de ningún modo era su apocalíptica construcción, sus desenfadados giros y su sorprendente visión de la literatura.

 

L.Garcia.- Ventajas de viajar en tren. ¿Qué ventajas tiene viajar en tren para alguien que ha escrito Ventajas de viajar en tren?.

 Antonio Orejudo.- Si puedo elegir, prefiero viajar en tren. Pero no siempre es posible, generalmente por razones de tiempo. En tren, el viaje deja de ser un instrumento para convertirse casi en un fin en sí mismo: uno se levanta, va al bar, habla con el compañero de asiento, y sobre todo va viendo por la ventanilla el paisaje variado. Esta variedad y este mundo dentro del mundo que es un vagón son las principales ventajas a las que se refiere el título.

 L.G.-               Hábleme de Ventajas de viajar en tren, novela con la que se dio a conocer al ganar el Premio Andalucía.  

A.O.- Ventajas es un alegato contra la literatura intimista, contra la literatura en primera persona. Yo diría que es un libro escrito contra la literatura que termina aceptado que en el mundo todo es literatura.

 

 L.G.- Usted ya se había alzado con el Premio Tigre Juan con Fabulosas narraciones por historias. (Editorial Lengua de Trapo). ¿Cómo ve Antonio Orejudo, ahora que ha pasado el tiempo, aquellos años  posteriores a la concesión de aquel Premio hasta llegar al Andalucía de Novela?.

 A.O.- Con el Tigre Juan  noté que había adquirido un cierto prestigio en algunos círculos literarios,  porque el premio tiene una merecida fama de honesto y exigente. Entonces mi techo de lectores era dos mil, dos mil quinientos. El Premio Andalucía me ha permitido entre otras cosas multiplicar ese número por cuatro.

 

L.G.- Ventajas de viajar en tren novela adolece de guiños literarios que van desde un homenaje a Patricia Higsmith y sus Extraños en un tren hasta el entronque con la novela fantástica. ¿Se siente heredero de algún autor en especial?.

 A.O.- A mí se me pega casi todo lo que leo. Soy extremadamente sensible a todos los estilos. Seguramente tengo deudas inconscientes con todo lo que he leído, desde los estudios literarios más sesudos hasta los pies de foto en las revistas porno de mi adolescencia. Mis influencias conscientes son Cervantes, Galdós, Mendoza, Marsé, Hortelano, Martín Santos, algunas cosas de Vargas Llosa. Todos narradores, fabuladores en estado puro.

 

L.G.- Tiene tintes kafkianos e incluso surrealistas. Otro autor que me vino a la memoria leyéndola fue Boris Vian. Como con él, a menudo uno se ve envuelto en un onirismo del que intuye el autor es partícipe. ¿Cómo nació Ventajas de viajar en tren?. ¿Cuál fue su génesis?.

 A.O.- Lo que más me gusta de Boris Vian es que se pasa por el forro las exigencias de verosimilitud. En ese sentido sí me siento unido a él, sobre todo en Ventajas. Los libros nacen de manera peregrinas y a menudo nacen con fragmentos que luego desaparecen de la versión final. Ventajas fue durante dos o tres años una parodia de novela de ciencia-ficción, que finalmente ha desaparecido totalmente de la versión definitiva. Como le digo, la novela nace de una sensación de hartura. La empiezo a escribir harto de la literatura en general y en particular de la literatura intimista, de esa que presta mucha atención a los sentimientos, al alma y al ser humano.

 

L.G.- ¿Que similitudes y que diferencias cree que se puede encontrar un lector entre Gregorio Samsa convertido en insecto y Martín Urales de Úbeda en plena adopción de su impostura?.

 

A.O.-A Kafka, como a Boris Vian, le trae sin cuidado la verosimilitud, esa exigencia de la novela realista que tiraniza a los escritores desde hace  cien años. Martín Urales de Ubeda no es un personaje que podamos cruzarnos por la calle. Ahí puede haber un cierto parentesco. La diferencia es que Samsa se convierte realmente en un insecto. Las identidades de Martín Urales son identidades contadas. Sus diferentes yoes son construcciones discursivas, como lo son al fin y al cabo todos los yoes.

 

L.G.- Se lo pregunto porque si con el título y la puesta en escena la novela recuerda a Extraños en un tren, con la definición de los personajes uno no puede evitar en caer en la cuenta de Kafka, de su insecto. También La metamorfosis es la historia de una impostura...... 

A.O.-              En Ventajas, ya le digo, se hace hincapié en la naturaleza verbal de la identidad y de la suplantación de la identidad.

 

L.G.- ¿Con cuál de los personajes principales se identifica?. Tenemos al propio Martín, pero también al narrador, al psiquiatra  Ángel Sanagustin, sobre el que voluntaria o involuntariamente gira toda la novela.

 

A.O.- Con Urales, desde luego. Yo, todos nosotros, somos lo que contamos que somos. Pero también con Helga Pato, que escucha y cree. Nosotros también escuchamos y creemos

 

L.G.- Decía ¿Borges?, que toda primera novela debe de ser por definición autobiográfica. ¿Comparte esa premisa?.

 A.O.-              La biografía de uno es un buen materia, como las lecturas, el telediario, las historias que uno oye, las noticias de prensa, los chascarrillos, la propaganda... El asunto no es el material de origen, que puede ser cualquier cosa, sino el reciclaje de todos ellos.

 L.G.- ¿Qué sorpresas nos depara Antonio Orejudo para el futuro?.

 A.O.- Por el momento me voy a quedar con la boca cerrada un tiempo. Soy muy inseguro escribiendo, doy muchos palos de ciego, tengo mucha autocensura, y tardaré en hacer otra cosa. Si es que la hago.

 L.G.-               Siempre mantuve que el género negro, junto con el cómic, era uno de los más adecuados para incentivar a la lectura a una juventud excesivamente dependiente del videojuego y de la televisión. Su novela pudiera encasillarse en una suerte de género negro psicológico... Sin embargo, ¿a que cree que se debe ese desinterés de las Editoriales por el género?. Si es que existe tal desinterés, claro.

 A.O.- Hoy el perfil del lector europeo es. Mujer, profesional acomodada de cincuenta años. Este tipo consume literatura de los sentimientos, literatura de suplemento dominical, don colorines, que no perturbe, que no deje mal sabor de boca. Detesto eso.

  

L.G.- Usted, como profesor de literatura, ¿cree que debería incentivarse la lectura entre los estudiantes, o son éstos lo suficientemente inteligentes como para optar por otras aficiones menos lesivas para el intelecto?.

 A.O.- La lectura habría que prohibirla o prohibir las novelas. Sólo así despertaría curiosidad en los jóvenes. Convertir la lectura en delito, como cuando Franco. Es la única táctica de incitación a la lectura que podría dar resultado.

 L.G.- ¿Le debe algo Antonio Orejudo al comic?.

 A.O,.-             Más al tebeo. Yo soy niño de tebeo, no de cómic, que tiene una connotación cultureta que me molesta. Yo soy de Mortadelo de las Hermanas Sister, de Gordito Relleno, de Anacleto, de Carpanta, del Botones Sacarino, de Pepe Gotera y Otilio, de Josechy el Vasco...

 L.G.- ¿Y al cine?.

 A.O.- Más a la televisión. Pertenezco a la primera generación de españoles en cuya infancia hubo televisión.

 L.G.- Se lo pregunto porque ambos géneros están reflejados en la novela...

 A.O.- Es natural. Otras generaciones anteriores a la mía han crecido con el cine. A mí el lenguaje cinematográfico me ha influido como a todos. Pero, ya le digo, la televisión, que tiene un formato propio, no existió en España de una manera generalizada hasta los sesenta, cuando yo nací. Eso sí es un rasgo distintivo.

  L.G.-               ¿Cuál es su opinión sobre la crítica literaria en nuestro país?. ¿Cree que es generosa con los autores?.

 A.O.- Originariamente la crítica servía de barricada contra la autoridad, contra la homogeneización del pensamiento. Hoy, está muy mediatizada por el mercado, y se ha convertido en aliada de la autoridad y de la homogeneización cultural. Soy consciente de que esto es una generalización, y de que hay críticos que escapan a esta definición

L.G.- En su caso no fue demasiado... ¿correcta?.

 A.O.- A mí la crítica me ha tratado muy bien en las dos novelas, por eso puedo ser crítico con la crítica sin parecer resentido.

  L.G.- Por último, una pregunta de guión, ya que se la hago a todos mis entrevistados con el fin último de que dichas respuestas se publiquen quizás un día todas juntas. ¿Qué opinión le merecen los cánones literarios?. 

A.O.- Los cánones son necesarios por varios motivos. En primer lugar porque son instrumentos para sistematizar nuestro conocimiento. Es muy importante separar el grano de la paja, decir quién es bueno y quién es malo y por qué. Pero al mismo tiempo no hay que olvidar nunca que un canon no es eterno, sino la manifestación de una ideología, de los intereses y los gustos de una época.

 L.G.- ¿Y los negros literarios?. O lo que es lo mismo... ¿y los plagios?.

 A.O.-   No es lo mismo, son cosas opuestas. Como la prostitución y la violación. Un negro se prostituye y no estoy en contra de la prostitución, en todo caso de las condiciones que llevan a  alquien a prostituirse, pero la prostitución en sí, vender sexo, no me parece censurable. Siempre habrá alguien interesado en vender y alguien interesado en comprar. No veo nada censurable en eso, como tampoco veo censurable el dopaje en los deportistas.  El plagio en cambio es una violación. En el plagio no ha habido mutuo acuerdo: alguien ha tomado algo de alquien que no lo quería dar.

 

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