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Ana
Rossetti
por
©Luis
García
Ana
Rossetti. San Fernando (Cádiz) 1950. Autora de registros
estilísticos muy variado y temática diversa. Por su
independencia y la coherencia creativas, su l obra ha combinado a lo
largo de su vida el teatro, la poesía (Los devaneos de Erato,
1980, Premio Gules, Indicios vehementes, 1985, Yesterday,
1988, Punto umbrío, 1996 y Devocionario, 1985, Premio
Internacional de Poesía Rey Juan Carlos I) y el narrativo (Plumas
de España, 1988, Alevosías, 1991, Premio La Sonrisa
Vertical de Novela Erótica, Una mano de santos 1997 y El
antagonista en 1999. Recuento. Cuentos Completos 2001).
Medalla de Plata de Andalucía por el conjunto de su obra.
Introducción.- Dicen
los que la conocen, que esta gaditana independiente y creativa,
poeta y narradora,
forma parte por derecho propio de la historia literaria de los últimos
cincuenta años. Dicen los que la conocen, que Ana Rossetti se
siente heredera de San Juan de la Cruz, porque “la primera vez
que leyó una lira suya sintió que estaba en contacto con poesía
en estado puro”. Pero no por ello es ajena al tiempo y al
momento histórico que le tocó vivir. Ahora, de la mano de una
nueva Editorial, Páginas de Espuma, Ana Rossetti, que
atesora diversos Premios entre los que caben señalar el
Internacional de Poesía y el Sonrisa Vertical,
reúne su narrativa dispersa en revistas y antologías para que
aquellos que tan sólo la conocemos de oídas disfrutemos con su
literatura.
L.Garcia.-
Se publica Recuento, Cuentos Completos,
en una Editorial nueva, Páginas de Espuma. ¿Por
qué?.
Ana
Rosseti.- Los cuentos
incluidos en este libro se han ido escribiendo a lo largo de veinte
años y excepto los recogidos en "Una mano de santos" y
"Alvosías", que fueron concebidos con el propósito de
formar unos libros determinados, los demás se escribieron por
distintos motivos. Me ha costado mucho trabajo decidir el orden de
"Recuento" porque había que trazar una línea coherente.
El mayor problema fue organizar la primera parte, la de los cuentos
sueltos (la otra, como he dicho, estaba definida), pues me gusta
agrupar mis trabajos en cortes más unitarios. Por esa razón nunca
me había planteado reunir toda esa variedad; sin embargo, accedí
al ofrecimiento que me hicieron Encarnación Molina y Juan Casamayor,
directores de Páginas de Espuma, porque tratándose de una obra
completa, no me pareció tan grave la falta de nexo entre ellos.
L.G.-
¿Cuánto hay de
poesía en sus relatos?. ¿Qué me puede decir de ellos?.
A.R.- Cada cuento reunido en Recuento tiene
algo de mí, por tanto hay ciertas constantes, pero es imposible que
ninguno de ellos pueda dar idea de todo el conjunto. En "Bitácora
inmóvil, por ejemplo hay un trabajo de perspectivismo. Recuerdo que
avanzaba por un lado e inmediatamente había una voz interior que me
remitía a otro lado del tiempo. Tiene un primer plano que puede ser
biográfico, de hecho fui a escribir ese cuento a los lugares
colombinos; me habían encargado un texto que debía salir en el 92.
El segundo plano puede ser el de la hablante, alguien coétanea a
Colón y por último el diario de a bordo de Colón.
Me parece de una poesía bellísima el diario de Colón, pero
en "Bitácora inmóvil" lo he precedido de unas crónicas
que cuentan otros viajes que tuvieron lugar en ese mismo año: la
expulsión de los judíos. En
el 92 nadie habló de los nazaríes vencidos ni de los judíos
desterrados y sin embargo todo ello estuvo ocurriendo simultáneamente.
Colón no encontraba puerto, y es que estaban todos colapsados por
los judíos que se estaban marchando. A mí me interesa señalar que
Colón mete a la gente el día antes de la partida por la noche y el
Decreto decía que después de las 12 de la noche del 2 de agosto no
podía haber ya ningún judío en territorio castellano. En el
cuento me pregunto por quienes se marcharon y quienes se quedaron y
a costa de qué: quién perdió más el que se quedó renunciando a
sí mismo para adoptar la cultura de sus perseguidores o el que se
fue renunciando a lo que había sido su patria tras malvender todo
lo que tenía.
"El reino de Maud" es un texto hecho a partir de una fotografía
mía de cuando era niña , estaba en la playa y había hecho un círculo
a mi alrededor. Me concentré en el círculo y en su valor simbólico
y me olvidé de mí. Es un cuento de aprendizaje, el aprendizaje de
una niña ante la vida y las relaciones de poder que se le imponen,
el lenguaje del que manda. Lo que importa en ese cuento no son los
datos biográficos, que no existen como tales, importa la alegoría.
LG.-
¿Qué es el cuento para Ana Rossetti?
A.R.- El cuento es el inicio de un universo mágico.
Los cuentos "contados" en la infancia, nos están explicando la realidad de otra manera: desde el
placer. Mediante un lenguaje simbólico están poniendo en contacto
con otro significante nuestras perplejidades, nuestros miedos,
nuestra aún descodificada e incompleta noción del mundo, y nos
ayuda a resolverlos y a liberarlos. El cuento nos alimenta de las
palabras necesarias para convocar o conjurar. Después, está la
relación -con una gran carga afectiva- que se establece con la
persona que nos lo cuenta. Una buena contadora de cuentos sabe
dosificar lo reconocible con lo insólito, el misterio con la broma,
la tensión con el respiro...y nos seduce, nos induce, nos conduce y
nos introduce en el alma de las palabras. Se me acaba de ocurrir que
una contadora de cuentos es como una nodriza que nos diera la
primera papilla de poesía. Como la poesía, además de su origen
oral, tiene en común su dependencia de las formas y su contenido
estructurado sobre mínimos.
LG.- ¿Cómo
surge un Cuento, cual suele ser su génesis?.
A.R.- Cuando
me enfrento a la creación literaria, a la génesis de un cuento por
ejemplo, normalmente la idea está, surge a cada momento. La vida
cotidiana te está brindando propuestas continuamente; a veces, no
tienes una idea concreta, pero sí unas imágenes que debes darles
sentido, crear con ellas una atmósfera y poblarlas con personajes
que no conoces e intentar averiguar a dónde te llevan. Hay cuentos
que han salido de una impresión plástica, simplemente o de la
sugerencia de una frase o de una intuición, pero qué más da:
la cuestión es darle forma. Todo el mundo puede tener
conciencia de que los cuerpos caen verticalmente o de que se acorta
el camino cruzando una calle en diagonal. Pero hasta que no ha
descubierto la manera de formular eso no se ha hecho nada. En la
creación también hay que buscar la fórmula no para demostrar,
pero sí para persuadir. Lo cierto es que el hallazgo se produce de
una manera imprevisible. Puede brotar con facilidad a medida que
trabajas, pero hay veces que estás con una idea dándole vueltas y
vueltas como un problema insoluble y de pronto, porque escuchas una
ambulancia o porque suena el teléfono, o porque te pegas un traspiés,
lo resuelves. Pero no es nada mágico sólo que aún no sabemos cómo
funciona el cerebro. Esto vale también para la poesía... para la
creación en general. Pero un científico puede contestarte lo
mismo, estoy segura
L.G.-
Ana Rossetti, poeta, narradora, ganadora del Sonrisa
Vertical... ¿En que terreno se mueve más a gusto?.
A.R.-
Se
puede decidir escribir en prosa o en verso pero la poesía no tiene
nada que ver con la intención, brota porque sí. Al poema lo
hermano con el cuento, ambos tienen la ventaja de decir más con
menos. Al cuento lo que le da tensión y fuerza, es lo que no está
escrito, es igual que en el poema. También su perfecta unión entre
la forma y el fondo. Por eso es más fácil que la poesía pueda
manifestarse en ellos con mayor facilidad porque la poesía no
significa una cosa diferente a sí misma, la poesía es. Eso pasa a
menudo con un cuento, con un poema, incluso con los
"cortos" cinematográficos. Para simplificar: cuando nadie
puede conseguir explicarlos ni los demás pueden hacerse una idea
por más referencias que se les den
hasta que no se les reproduzca exactamente y no de otro modo,
se puede afirmar que la poesía anda cerca.
L.G.-
¿Está suficientemente valorado el cuento como género?
A.R.-
Me
alegra pensar en que el cuento se está volviendo a valorar. Hubo un
tiempo en que se decidió que no interesaba y se le hizo la cruz. No
obstante, las editoriales debían tomar nota de cuántas personas
hay apuntadas a talleres para aprender a escribir cuentos y cuántas
personas hay en talleres de lectura que les resulta mucho más cómodo
analizar un cuento que una novela, sobre todo porque tienen muy poco
tiempo para reunirse y discutir. Un cuento necesita menos tiempo que
una novela para ser leído pero aporta tanta o más enjundia para
ser discutido. Creo que se están dando condiciones favorables para
el cuento a través de los talleres. Por otra parte, aunque el
tiempo de lectura sea menor, no hay que confundirse. Un cuento
requiere un buen lector porque en la novela, como tiene la acción más
diluída, el lector no necesita concentrarse tanto: estoy hablando
de las novelas de entretenimiento, claro, que pueden tener todas las
páginas del mundo y que, aunque parezca contradictorio que con el
ritmo de hoy se lean esos tochos, gozan de muy buena acogida porque
tienen el mismo fundamento que el antiguo folletín. Esos tochos se
pueden leer perfectamente en el metro y en cualquier parte porque la
atención no tiene por qué estar ahí al cien por cien. Y encima
duran más que el abono de trasportes. Pero si hablamos de
literatura, en el cuento hay que leer de verdad y no pasar la vista
por el texto, pues el cuento no es lo que te está contando sino lo
que subyace, y es también una degustación de la forma.
LG.-
¿Qué ventajas le reporta el trabajar con una Editorial como
Páginas de Espuma?.
A.R.-
Mi experiencia con "Páginas de espuma", me ha dado la ventaja
de haber estado cerca de todo el proceso de edición de principio a
fin. Estar metida dentro de la editorial mientras va surgiendo tu
libro te implica mucho más con él, te hace comprender que su
destino no se realiza con el punto final. Aquí ves como se
desarrolla todo, sabes cuándo salen y adónde van, cómo se venden,
conoces a los libreros, trabajamos las ruedas de prensa. A este
respecto se deberían hacer, lo mismo que se hacen ruedas de prensa,
ruedas de libreros porque ellos son los que van a hacer todo lo
posible por el libro, son el último eslabón, pero el definitivo.
En las grandes superficies te dan información sobre los libros
porque buscan en el ordenador y tienen muchas cosas, pero los
libreros (que están desapareciendo) conocen sus libros, los han leído,
saben lo que te recomiendan y, como se implican más, te guían y te
involucran en su entusiasmo.


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