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"Madrid en Guerra"

  

En todos los bares de Madrid suele haber un televisor encendido colocado en lo alto al que nadie hace caso salvo cuando juega el propio equipo. Ahora no. Ahora hay caras serias delante de cada café con leche, en el reflejo dorado de cada cerveza mientras mil ojos preocupados miran hacia esa esquina brillante que enseña sin pudor el campo de batalla..

Días de sol. El cielo azul de Madrid y con la primavera vino la guerra. Algunos siguen discutiendo si estamos o no bien informados, si fue por el petróleo o por Palestina, si la Bolsa subió, si durará unos días o se prolongará.

Mientras, los niños lloran en el Golfo, los hombres y las mujeres mueren.

Al caer la tarde la cita es en la Puerta del Sol. Madrid se levanta apasionada, como sólo ella sabe hacerlo, sin distinciones. Madrid ciudad abierta, más abierta que nunca. Madrid en guerra contra la guerra.

Hay pegatinas rojas, carteles negros, camisetas tatuadas y pancartas enormes. Carteles negros como manchas de petróleo que un avión de guerra hubiera rociado desde el cielo. Todos a una. Bebés en cochecitos llenos de pegatinas, ancianas de misa diaria, ateos y agnósticos. Obreros y empresarios, profesores y alumnos, funcionarios y comerciantes. Militantes de partidos de izquierda, de partidos de centro, de partidos de fútbol. Intelectuales de gafa gorda y mujeres de falda corta. Pelos canos, pelos verdes, pelos lacios y oscuros o rubios y rizados, calvos con y sin boina, barbudos y lampiños. Feministas y marujas, artistas y ejecutivos de traje gris y hasta algún  militar retirado con condecoraciones. Gente muy joven y gente muy vieja. Una coja a lo lejos, un hombre en silla de ruedas, unas chicas que hablan de maquillajes, otros que se preguntan qué pasaría si los americanos hubiesen decidido bombardear esta plaza en época de Franco –Era un dictador también ¿no? Un tirano.

            Se grita. ¡Asesinos!, ¡No a la Guerra!, ¡Dimisión. Gobierno. Dimisión! Una monja susurra a nuestro lado: Juan Pablo Segundo te quiere todo el mundo.

De vuelta a casa el televisor empieza a enseñarnos los cuerpos destrozados, las caras asustadas de los primeros heridos, de los primeros prisioneros, de los últimos muertos.

 Hasta hace pocos días había una esperanza, todo estaba en suspenso si las armas callaban. Ahora la realidad  marca las reglas y sólo deseamos que no dure, que no haga mucho daño, que alguien reflexione, que paren este espanto. La paz es el camino.

Dicen que ha surgido una nueva fuerza contra el imperio y que somos nosotros mismos en la calle con nuestra voz unida, con nuestro llanto roto.

            Qué mundo dejaremos a los niños pequeños me pregunto esta noche.

La niña de Basora, esa,  no lo verá.

 

   © Maria Tena 2003

mariatena@wanadoo.es

 

"Retrato de Luis Landero desde cerca"

 

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