
"Carta
a un escritor que empieza"
Eres
tú el que crea.
Puedes
poner el principio al final como hizo
Dios con el Génesis cuando el sexto
día
inventó al hombre. Puedes
saltarte las anécdotas que no sean
relevantes. Eres tú el que manda.
Puedes escribir en una playa donde
empieza a hacer frío y mientras las
gaviotas vuelven a colonizar la arena
los hombres se enrollan en toallas
como faldas inmensas, las mujeres se
cubren con jerseys y quitan a los niños
los trajes de baño mojados. Allí,
mientras los miras, nadie te impide
escribir sobre trenes que se van
hacia una Siberia plateada o sobre
locomotoras que atraviesan Castilla
bajo el sol: campos de trigo a punto
de ser cortado, lindes de hierba
cuajada de amapolas. Tú eres el amo
de ese sol y ese hielo si consigues
guardar bien las distancias:
que el frío no te queme, que
el sol no te deslumbre.
Puedes
llorar mientras escribes chistes y
desear mucho a aquel amor a quien envías
con cuidado una carta sutil de adiós
y de venganza. Puedes escribir sobre
hospitales al observar a un
niño que juega con una
cometa, a unos amantes que se besan
en la plaza, a los guardacostas que
siempre tienen la vista en lo lejano.
Puedes hacerlo, está permitido,
nadie te lo impide. Sé libre para
hablar de lo esencial y cauto para
escoger las anécdotas.
No
dejes que te roben el entusiasmo, no
te importe que te llamen cursi, que
te digan que es demasiado arduo o que
no sirves para esto.
Serás
libre aunque estés encarcelado, amarás
la soledad aunque te acaben de
abandonar, te sentirás bien aunque
seas un enfermo crónico, inteligente
aunque no tengas a quien contarle tus
hallazgos, guapo aunque te hayas
levantado con tan mala cara.
No
hace falta un sitio especial ni un
vestido apropiado. No hace falta
fortuna o fuerza física. Escribir te
transforma en alguien mejor y peor de
lo que eres mientras sigues siendo el
mismo. Si consigues transmitir la
emoción, el desconcierto, la
belleza, el dolor, la levedad del
mundo, la fe,
el valor, el absurdo de todo,
aquel brillo secreto que cambia de
tamaño los objetos, ya eres
escritor.
Tu
solo con tu papel y lápiz.
Tu
solo frente al mundo. Ese mundo
posible que ahora mismo, en este
instante, puedes empezar a crear.
©
Maria
Tena 2002