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ALFONSINA STORNI 

(1892-1938)  

por

©Victoria Pereira “Lía"

 

"Soy un alma desnuda en estos versos,
alma desnuda que angustiada y sola
va dejando sus pétalos dispersos."
Alfonsina Storni

 

 

 

 

Nació el  29 de mayo de 1892 en Sala Capriasca (cantón suizo del Ticino). Se suicidó arrojándose al mar el 25 de octubre de 1938 en Mar del Plata.

 Sin embargo su familia, padre y varios hermanos, se habían trasladado desde Lugano (Suiza) a San Juan  (Argentina) en el año 1880 para fundar una pequeña empresa “Cerveza Los Alpes de Storni y Cía”.

 La tercera hija del matrimonio Storni, a la que pusieron el nombre de su padre, llegaría a Argentina con cuatro años. En alusión a su nombre, afirmaba años después “me llamaron Alfonsina, que quiere decir dispuesta a todo”

 El primer lugar donde fijaron su residencia fue la ciudad de San Juan. Vivieron también en Santa Fe, Rosario, Buenos Aires y Mar del Plata. El primer empleo de Alfonsina fue en una fábrica de gorras. Tenía que ayudar en las necesidades familiares, ya que los proyectos que iban desarrollando tendían al fracaso. Cuando contaba sólo catorce años, se produjo el fallecimiento de su padre.

 Sus primeros recuerdos no eran precisamente agradables:

 “Estoy en San Juan, tengo cuatro años; me veo colorada, redonda, chatilla y fea. Sentada en el umbral de mi casa, muevo los labios como leyendo un libro que tengo en la mano y espío con el rabo del ojo el efecto que causo en el transeúnte. Unos primos me avergüenzan gritándome que tengo el libro al revés y corro a llorar detrás de la puerta”.

 En 1907 y en la compañía de Manuel Cordero, reemplazó a una actriz que se encontraba enferma. Esto decidió que pidiera autorización a su madre para convertirse ella misma en actriz. En esta compañía de teatro recorrió diversas provincias (Santa Fe, Córdoba, Mendoza, etc.)  actuando en algunas de las obras que se representaban. Todos estos acontecimientos lograron que fuera una “niña-mujer” a una edad muy temprana y comenzara a sentir que se ahogaba en un ambiente que le resultaba insoportable.

 A su regreso a Rosario, se encontró con la sorpresa de que su madre se había casado nuevamente y en ese momento tomó la decisión de estudiar la carrera de maestra.

 Al poco tiempo del nacimiento de su hijo Alejandro, comienza a trabajar en el comercio, hasta que el Consejo Nacional de Educación le otorga un nombramiento oficial para ejercer sus funciones como maestra. Desde ese momento, se divide entre la enseñanza y las cátedras de declamación en el Teatro Infantil Municipal Labardén y en el Conservatorio Nacional, donde desempeñó el cargo hasta sus últimos días.

 En 1935, le diagnosticaron un tumor del cual fue operada, aunque el cáncer continuó su proceso irremediable. A esto se unieron largos períodos depresivos, motivados por los suicidios de grandes amigos como Horacio Quiroga, Leopoldo Lugones e Egle Quiroga.

 
En octubre de 1938, viajó a Mar del Plata. Desde allí, envió dos cartas a su hijo y un Poema de despedida al diario "La Nación". Acabó con su vida arrojándose al mar en la playa de la Perla el 25 de octubre de 1938.

  

PERFILES

 En 1911, decidió trasladarse a Buenos Aires donde llegó pobre, cargada de ilusiones y unos libros de Rubén Darío.

 Fue colaboradora en "Caras y Caretas" de Buenos Aires y allí resultó premiado uno de sus cuentos. También hizo incursiones en el teatro, aunque su verdadera fama, mundialmente reconocida, le llegó a través de sus libros de poemas. Colaboró en la revista "Nosotros", y en algunos diarios de Buenos Aires,  como "Crítica" y "La Nación", donde utilizó el seudónimo Tao-Lao.

 Inició su carrera literaria en 1916 con la edición de ”La inquietud del rosal”, donde expresaba sentimientos con un nuevo romanticismo. Viajó por Europa, entre los años 1930 y 1934 y se piensa que estos viajes produjeron en ella un cambio de estilo poético importante, como puede apreciarse en sus libros más logrados.

 Alfonsina Storni pertenece a una época que la sitúa entre dos estilos: el modernismo y la vanguardia. En ese periodo histórico crece cualitativa y cuantitativamente el discurso femenino con la certeza de que la mujer no sólo es un ente figurativo, sino un individuo pensante, y no es extraño entonces que la voz femenina sea tan representativa a partir de la primera década del Siglo XX, época en la que destaca Alfonsina entre las primeras filas.

 En medio de las tensiones creadas por el protagonismo de los poetas, Alfonsina debe buscar un ajuste, reacomodar la voz y situarla en una perspectiva del discurso. Al hilo de este debate reflexiona críticamente y es una manera de aparecer y encubrirse, de proyectar la imagen y mediatizarla. En su poesía este forcejeo se evidencia en motivos reiterados como recursos tropológicos, tras los cuales se califica al sujeto. Estos elementos connotan el transcurrir poético, los pasos de su  evolución, los tanteos del alma de aquella mujer que había llorado una lágrima cuadrada. Estos motivos pertenecen al mundo sensorial del cuerpo y la naturaleza.

 Entre sus amigos poetas, se encontraba Amado Nervo, paladín del modernismo junto al propio Rubén Darío. En 1920 conoció a Juana de Ibarbourou en un viaje realizado a Montevideo. Juana, aquella poetisa que escribió sus primeros versos, sin saber que estaba componiendo un soneto, comentó que Alfonsina era una joven que parecía alegre y su conversación resultaba chispeante, y en ocasiones aguda y sarcástica.

 Hasta su casa en la calle Cuba, llegó también la poeta chilena Gabriela Mistral la cual quedó gratamente impresionada por el cabello enteramente plateado que rodeaba aquel rostro de veinticinco años.

 Perteneció a la Peña del Café Tortoni de Buenos Aires. Allí conoció a Federico García Lorca  al cual dedicó el poema “Retrato de García Lorca” que sería publicado posteriormente en su libro Mundo de Siete Pozos. (Por cierto, este café bonaerense va a cumplir pronto ciento veinticinco años de antigüedad).

 Su poesía es de una intensa humanidad, estando siempre presente en ella el indignado sentir de la autora frente a la injusta situación de la mujer en una sociedad regida por hombres.

 

Parte de su obra:

La inquietud del rosal (1916)

El dulce daño (1918)

Irremediablemente (1919)

Languidez (1920)

Ocre (1925)

Poemas de amor (1926)

El amo del mundo (1927)

Dos farsas pirotécnicas ( 1931)

Mundo de siete pozos (1934)

Mascarilla (1938)

Trébol (1938)

 

©Victoria Pereira “Lía"  http://victoriapereira-lia.com

 

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