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Nuevo
Boom de Literatura Nórdica

por
©Omar
Pérez Santiago
Escritor
chileno. Ha publicado en sueco, Malmö
är litet. También ha traducido
poesía sueca en La Pandilla de
Malmö. Tiene un libro de cuentos Memorias
eróticas de un chileno en Suecia.
Es guionista de La Novia de Borges
y Plikten
La
diosa Erda aparece desde el fondo de
la tierra, brevemente, pero su visión
provoca miedo, pues hace consciente de
que todo cuanto vive ha de
perecer.
Durante
los años 90 las sociedades se
globalizaron. Los estados nacionales
se empequeñecieron y el hombre
sencillo quedó navegando en el
espacio simbólico de la comunicación
televisiva e informática, guiado por
grandes corporaciones comerciales. Las
tribus locales se han
internacionalizado. Ha devenido híbridas.
Y en la literatura se prepara la
decadencia de la ironía. Pero, como
dice un Dios nórdico: prepárate para
la muerte, porque después de ella
tendrás que seguir luchando. Hoy
hay una cierta revoltura. De nuevo: lo
que sube, baja. Es natural que muera
lo que vive. Los escritores en los países
nórdicos están inquietos. El noruego
Jo Eggen,
por ejemplo, ha dicho en una
conversación con otros escritores:
“El libremercadismo, que funciona
como una alfombra hoy, conduce a que
uno puede hacer como uno quiera para
encontrar tu nicho. ¿Eres pedófilo? Muy bien, puedes
serlo.” Se oyen fuertes voces que
piden algo nuevo.
Ya hemos escuchado el rumor.
Hay una creciente autocrítica frente
a una cierta prosa nórdica sin
ambiciones y, definitivamente, en
crisis. Hay que escuchar también a
escritores suecos que piden otra
literatura, más política.
Obviamente, no la del panfleto de los
años 70, sino otra más seria y
profunda. Hay cansancio de nuevo, esta
vez y principalmente de la pequeña
discusión estética cerrada y
mediocre que ya durante más de 15 años
se ha realizado en Noruega, Dinamarca,
Finlandia, Islandia y, principalmente,
en Estocolmo, la capital de Suecia.
Marcados por temas auto referentes, la
ausencia del padre, por ejemplo. Y de
echarse la culpa a sí mismos.
Y apoyada por un sindicato crítico débil
y demasiado apagado a los intereses de
las editoriales. Hay una llamado a
hacer un nuevo arte: más político.
Todo arte es político. No
propagandista. No pedagógico. Político:
mantener un dialogo con la sociedad.
Creo,
además, que el llamado
internacional, un nuevo boom
literario, pondrá un nuevo orden en
la literatura nórdica.
Los
países nórdicos tuvieron una edad
oro de la literatura a comienzo del
siglo pasado: Los noruegos Björnson
(Premio Nóbel 1903), Ibsen, Hamsun
(Premio Nóbel, 1920)
y Undset (Premio Nóbel, 1928),
los suecos Strinberg, Lagerlöf
(Premio Nobel, 1907), Legerkvist
(Premio Nóbel, 1951) los daneses
Blixen, el islandés Laxness (Premio Nóbel,
1955).
Varios
de estos escritores, con serios
vestigios en las sagas nórdicas, como
Laxness y Lagerlöf, impactaron
profundamente nuestra literatura
latinoamericana. Eran las lecturas
preferidas de Juan Rulfo, María Luisa
Bombal, Jorge Teiller, Manuel Rojas y
Francisco Coloane. Y ellos ayudaron a
asentar el posterior realismo mágico
latinoamericano, de García Márquez.
El
primer boom de la literatura clásica
nórdica son las sagas medievales
islandesas, cuyos temas principales
son la familia y la venganza, cuya
causa trágica es el honor del
individuo. Los fundadores de Islandia
–tierra de hielo- fueron pequeños
reyes y jefes feudales noruegos
exiliados que buscaron contacto con el
pasado en la confección de reales
sobre aventuras extravagantes de héroes
míticos-reales. Jorge Luis Borges,
fue directamente a las fuentes
escandinavas y llegó a las sagas nórdicas,
vía anglosajona. Con la colaboración
de Delia Ingenieros publicó en 1951 Antiguas
Literaturas Germánicas. Borges
afirmó: “En el siglo XII, los
islandeses descubren la novela, el
arte de Cervantes y de Flaubert, y ese
descubrimiento es tan secreto y tan
estéril para el resto del mundo, como
su descubrimiento de América".
Borges tradujo también, junto a su última
mujer María Kodama, las Eddas
menores de Snorri Sturluson. El
esfuerzo de Borges no fue meritorio
para los Escandinavos: nunca le
otorgaron el Premio Nóbel.
Durante
los últimos años se está
produciendo un tercer salto de la
literatura nórdica. Cuando el
profesor noruego Jostein Gaarder
publicó El mundo de
Sofía (Sofies verden), en
1991, no podía imaginar el éxito que
el libro —concebido por él
como una introducción a la Historia
de la Filosofía destinada a
los jóvenes— iba a obtener en todo
el mundo. Detrás de él ha comenzado
a aparecer otros talentos: El danés
Peter Hoeg, (el autor de La Señorita
Smila y su especial percepción de la
nieve); el islandés Gudbergur
Bergsson (autor de Tomas
Jonson) se ha hecho oír en Europa en
la última década. Pienso, además,
en otros escritores que, si bien aún
no ha producido su salto
internacional, seguro lo darán, como
los noruegos Kjarstan Flogstads y Lars
Saabye Christensen, el sueco Jonas
Gardell y el escritor de Malmö,
Fredrik Ekelund, cuyas novelas tienen
carácter para ser leídas con mucho
placer en el mundo. Son, además, las
mujeres nórdicas, las que sin duda,
tiene mucho que decir y lo han dicho
de modo elegante y directo como si
fuera una real revuelta feminista. Un
ejemplo son los cuentos de las
talentosas finlandesas Rosa Liksom y
Raija Siekkinen y la sueca Ann-Marie
Berglund, con toda su carga erótica.
©Omar
Pérez Santiago
omarperez@terra.cl
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