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OPINION -
COLABORACIONES 2001
Carlos
Yusti, escritor de Venezuela se incorpora a
Literaturas.com como columnista con su sección Cartas
Latinoamericanas. Para que empecéis a conocerle nos
adelanta este interesante articulo. Bienvenido Carlos.
NABOKOV
Y SU LECTURA DEL QUIJOTE
por
©Carlos
Yusti

En nuestro país (Venezuela) tuvimos un
presidente, de cuyo nombre no quiero acordarme, que en sus
alocuciones oficiales y entrevistas resolvía todo a fuerza de
refranes y frases hechas. Su aspecto regordete y su cara de cerdo
picarón enseguida nos remetía a Sancho Panza. Quijotes hay en
todas partes. Muchas personas, las cuales no se han leído la novela
de Cervantes, se etiquetan así mismas como quijotescas por el
simple hecho de ser obtusos y obstinados.
Nuestros políticos de
guardarropa, con una cultura elemental y apasionados lectores de la
gaceta hípica, citan aquella frase “si los perros ladran,
significa que avanzamos”. Quizá han escuchado la frase por azar y
cuando sus adversarios le sacan los trapos sucios de sus trapacerías
políticas y financieras con prontitud sueltan la frase en los
medios sin empacho alguno y con el caradurismo ágrafo de siempre. O
sea que el Quijote impregna la vida de los hispanohablantes de
manera sesgada, resumida y en muchos casos hasta deformada.
Nuestra
alma se ha empapado de la periferia de la novela de Carvantes; nos
aguijonea el cotilleo, el mito, la crítica laudatoria que envuelve
al caballero de la triste figura, pero el libro como tal, como
lectura necesaria y urgente, parece no haber sucedido. No sin razón
el pensador y escritor español Fernando Savater reconoce que de Don
Quijote personaje se habla mucho, se le utiliza como metáfora,
receta retórica y hasta como advertencia y que la mejor forma de
olvidar el Quijote es leerlo.
En
lo personal he leído el Quijote de manera anárquica y durante
varios años. Hice muy joven una lectura del libro saltándome todas
las noveletas e historias que Cervantes deja colar en la historia
principal. Luego me leí la novela sólo rastreando la vida de
Sancho. Luego lo leí leyendo sólo los capítulos impares. También
me he leído el Quijote de Avellaneda. Luego he seguido leyendo el
libro a través de otros escritores.
He
leído textos de Borges, Grousac, Savater, Azorin, Torrente
Ballester, Thomas Mann, Ortega y Gasset, Kenneth Rexroth. De todos
esos escritores que han comentado la novela
Vladimir Nabokov, fue, sin lugar a dudas, el más
equilibrado, certero, completo y pasional de sus lectores.
Fredson
Bowers escribe que Nabokov llegó a Estados Unidos en 1940. Con el
plan preconcebido de trabajar como profesor de literatura en alguna
universidad, el escritor ruso ya había preparado algún material
sobre literatura europea. Las lecciones sobre el Quijote,
recopiladas póstumamente en un libro titulado “Curso sobre el
Quijote”, fueron escritas cuando ya tenía un puesto fijo en la
Universidad Cornell. Para preparar el material de su curso eligió
la traducción realizada por Samuel Putnam, publicada en 1949 por la
editorial Viking Press.
La
lectura que hace Nabokov de la novela de Cervantes es soberbia por
su profundidad de análisis, por su humor y sus ecuánimes puntos de
vista. Nabokov no realiza un estudio achacoso del libro, sino que
trata desentrañar para sus alumnos esas magias parciales de las que
habló Borges y no lo hace desde el pulpito crítico, sino a ras de
página como un acucioso, sistemático y contestario lector.
El
curso sobre la novela de Cervantes se inicia delineando lo real y lo
ficticio. Trata de
establecer los parámetros entre el mundo de las novelas y el mundo
real. Por esa razón escribe: “Vamos a hacer todo lo posible por
no caer en el fatídico error de buscar en las novelas la llamada vida
real. Vamos a no tratar de conciliar la ficción de los
hechos de la ficción”. Para el autor de “Lolita” las novelas
eran sólo cuentos de hadas excelsos.
Contenían
mundos originales en sí mismas muy distantes/distintos del mundo
real del lector. De allí que remate así su punto de vista:
“Pensemos en el dolor físico o mental, o en cosas como la bondad,
la misericordia, la justicia, o en la locura: pensemos en estos
elementos generales de la vida humana, y estaremos de acuerdo en que
sería provechoso estudiar de qué manera los maestros de la
narrativa lo trasmutan gen obra de arte”.
A
Nabokov le interesaba el Quijote como expresión estética con sus
defectos o sus aciertos artísticos y no como mito intelectualizado,
como apología humanista ni revelación siquiátrica y moral. No
estaba interesado en perderse en esa palabrería rebuscada de críticos
que colocaban la novela en un altar lleno de mistificaciones tan
disparatadas como el personaje principal de la historia. En torno al
Quijote se desarrolla un choque de opiniones, a decir del mismo
Nabokov, que algunas tienen el timbre de la mente firme pero
pedestre de Sancho y otras recuerdan la furia de don Quijote contra
los molinos.
Existe toda una comparsa gazmoña y erudita que busca
ahogar las pretensiones sencillas de su autor como fue la de contar
una historia entretenida con un personaje fuera de serie. A este
respecto el escritor ruso escribe: “Se ha dicho del Quijote que
es la mejor novela de todos los tiempos. Esto es una tontería, por
supuesto. La realidad es que no es ni siquiera una de las mejores
novelas del mundo, pero su protagonista, cuya personalidad es una
invención genial de Cervantes, se cierne de tal modo sobre el
horizonte de la literatura, coloso flaco sobre un jamelgo enteco,
que el libro vive y vivirá gracias a la auténtica vitalidad que
Cervantes ha insuflado en el personaje central de una historia muy
deshilvanada y chapucera, que sólo se tiene en pie porque la
maravillosa intuición artística de su creador
hace entrar en acción a don Quijote en los momentos
oportunos del relato”.
Así
mismo le atraía el libro como novelista, trataba de encontrar los
mecanismos estilísticos y no esa periferia que rodeaba a la novela
de Cervantes, atiborrada
de apologías y críticas laudatorias pomposas. Le importaba una
higa lo poco se conocía de la vida de Cervantes y por esa razón le
dice a sus alumnos: “...sólo puedo echar una mirada de reojo a su
vida, que ustedes, sin embargo, encontraran fácilmente en diversas
introducciones a su obra. Aquí lo que nos interesa son los libros,
no las personas. Lo de la mano tullida de Cervantes no lo sabrán
por mí...”
Las
comparaciones que hacen los eruditos y críticos especializados
entre Cervantes y Shakespeare son inevitables. Ambos escritores
murieron en 1616. (Aunque por Nabokov se entera uno que murieron
bajo diferentes calendarios y existe por lo tanto una diferencia de
diez días) La influencia intelectual de ambos en inmensa. Muchos críticos
equiparan la inteligencia, la imaginación y el humor de dramaturgo
inglés con el sentido de humor de Cervantes, su imaginación
desbocada y su capacidad intelectiva. Debido a esta exageración
Nabokov dice: “No, por favor: aunque redujéramos a Shakespeare sólo
a sus comedias, Cervantes seguiría yendo a la zaga en todas esas
cosas. Del Rey Lear, el Quijote sólo puede ser escudero”.
En
un libro reciente “Cómo leer y por qué”, Harold Bloom repite
los lugares comunes en torno a Shakespeare y Cervantes: “Si se me
permite ser totalmente secular, a mi Cervantes me parece el único
rival posible de Sahakespeare en la literatura imaginativa de los últimos
cuatro siglo...” Para mí que el señor Bloom tampoco ha leído el
Quijote. Se ha quedado en su periferia y repite como loro lo leído
hace mucho tiempo. Nabokov
escribe:
“No nos engañemos. Cervantes no es un topógrafo. El bamboleante
telón de fondo del Quijote es de ficción, y de una ficción,
además, bastante deficiente. Con esas ventas absurdas llenas de
personajes trasnochados de los libros de cuentos italianos y esos
montes absurdos infestados de poetastros dolientes de amor y
disfrazados de pastores de la Arcadia, el cuadro que Cervantes pinta
del país viene a ser tan representativo y típico de la España del
siglo XVII como Santas Claus es representativo y típico del Polo
Norte. Si Cervantes se salva a la larga es únicamente porque pudo más
el artista que llevaba dentro”.
Imagino
como un lector acucioso, como Nabokov, leerá el Quijote en
el futuro digitalizado: Aparece en la pantalla un mapa de la época
para ubicar el tiempo real del libro. Reseña del autor. Una voz
explica todo al tiempo que el texto se dibuja en la pantalla. Luego
aparece el texto. Una voz va señalando las notas a pie de página y
descifrando los usos del lenguaje de la época. Quizá el Quijote
se lea como curiosidad lingüística, pero un lector atento
descubrirá la magia del caballero andante y su singular escudero.
Lo escrito por Nabokov valdrá para este tiempo y muchos otros:
“Estamos ante un fenómeno interesante: un héroe literario que
poco a poco va perdiendo contacto con el libro que lo hizo nacer;
que abandona su patria, que abandona el escritorio de su creador y
vaga por los espacios
después de vagar por España. Fruto de ello es que don Quijote sea
hoy más grande de lo que era en el seno de Cervantes. Lleva
trescientos cincuenta años cabalgando por las junglas y las tundras
del pensamiento humano, y ha crecido en vitalidad y estatura. Ya no
nos reímos de él. Su escudo es la compasión, su estandarte es la
belleza. Representa todo lo amable, lo perdido, lo puro, lo generoso
y lo gallardo. La parodia se ha hecho parangón”.
©Carlos
Yusti. Octubre 2001


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