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por
©Francisca Noguerol 



Francisca Noguerol Jiménez es Doctora en Filología Hispánica y Profesora de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca. Hizo su tesis sobre Augusto Monterroso

 
  Inteligente, irónico, divertido, amigo entrañable por encima de todo: así



era Augusto Monterroso, Tito para todos los que le conocimos y disfrutamos



   del arte de la conversación a través de sus palabras.



 



Conocí a Tito allá por la década de los ochenta, cuando yo aún era una joven



   e inexperta estudiante de literatura en la Universidad de Sevilla. Lo



escuché en un seminario sobre el cuento. Desde el primer momento, la astucia



   con la que componía sus textos, sus significativos silencios y el cuidado



con que regalaba sus palabras al auditorio me deslumbraron. ¿Cómo un autor



 tan reconocido podía ser al mismo tiempo tan modesto y brillante? A partir



 de ahí, le dediqué mis días y noches durante cuatro años -fue el motivo mi



  tesis doctoral-, pero mereció la pena. Tito, con sus múltiples lecturas, sus



  referencias veladas y su capacidad de síntesis me enseñó sobre todo a



pensar. Con su sagacidad para cuestionar cuanto le rodeaba, aprendí que el



  más sano ejercicio del intelectual es la duda. Si a ello le añadimos su



 sentido del humor -la chispa le surgía de forma involuntaria- y su



 encantadora timidez, podemos entender por qué no era un pope de la



 literatura... ni siquiera un intelectual al uso. Amante de la parquedad en



creación y de la página breve, amaba demasiado la literatura para inundar



 las librerías con una sola coma de más. También le agradecemos esa



 honestidad, tan poco habitual en nuestros días.



 



Nuestra amistad se mantuvo a través de los años con encuentros en diversos



lugares del mundo. Recuerdo ahora un almuerzo en su casa de Chimalistac, con



Bárbara Jacobs -estupenda anfitriona y amiga- siempre a su lado, divertido



  él porque en la mesa sólo había mujeres a las que obligaba a cambiar



continuamente de conversación. Enseguida, el encuentro estuvo presidido por



  la complicidad y el tour de force con la palabra. Y es que Monterroso sabía



   pensar.



 



Ahora lo hemos perdido, pero sobre su tumba depositaron un dinosaurio de



peluche y una flor de alcatraz. No puede existir mejor homenaje al maestro:



  el juego y la belleza dándose la mano en un  autor inolvidable pues, como



   todos sabemos, "Tito siempre seguirá estando aquí".
Salamanca, Febrero 2003
 
©Francisca Noguerol 2003




 

San Tito en el Reino de los Discretos

  por

©Maria Tena

Si buscamos en el María Moliner la palabra discreción asoman como sinónimos: parquedad, mesura, moderación, pero también agudeza, acierto, ingenio. Si en algo se coincide cuando se habla de Augusto Monterroso es en que era un hombre discreto. Los que le conocieron nos lo definen así: bajito, de mejillas sonrosadas y  sobre todo tímido, muy tímido y muy educado.

Quizás por eso a menudo en sus relatos prefería esconderse detrás de los animales que creaba. El dinosaurio, la vaca, la oveja negra, la rana, fueron invenciones mágicas en manos del autor. A partir de sus cuentos, ya no podemos pensar en esos seres si no es a través de su mirada precisa y aguda. Eso es lo que distingue a un escritor de verdad, su capacidad para modificar la realidad desde una nueva mirada. Curiosamente fueron esas criaturas las que nos dieron su perfil más humano, su manera de ser irónico, sencillo, inteligente.

            Incluso cuando hablaba de su literatura era modesto y ambicioso a la vez. Afirmaba que con sus textos quería capturar al lector, apoderarse totalmente de él, especialmente de su imaginación, pero al mismo tiempo decía, con toda sinceridad, que su máxima aspiración como escritor era ocupar algún día media página de un libro de escuela primaria de su país.

El hombre que nos ha dejado fue genial  precisamente por eso: por su manera de pasar de puntillas por la vida, sin imponerse a los demás, sin excesos, desde la buena educación. Y pienso que el cielo debería ser para personas así. Esos pocos seres humanos que  tienen lo que el diccionario dice que poseen los discretos: el tacto para hacer o decir lo conveniente sin causar molestia o disgusto a otros y el talento de endulzar con humor los infortunios de la vida. La brevedad de sus textos dejaba espacio al lector para imaginar, para reír, para soñar, hasta en eso fue cortés.

En el Reino de los Discretos le habrán recibido con una gran fiesta.

 Madrid, febrero de 2003

 

©Maria Tena 3003

 

Monterroso Vive

La revista El Cuento en Red http://cuentoenred.org dedica un dossier en homenaje a su literatura y en memoria de su persona.

Invito a todos a que envíen a esta dirección zavala38@hotmail.com un texto breve de carácter general acerca de Monterroso. Unas cuantas líneas serán suficientes. Por supuesto, también serán bienvenidos los estudios literarios acerca de su obra. Será conveniente que envíen este texto antes del 15 de marzo, pues el próximo número de la revista (el número 7, ahora en proceso de dictaminación) se cuelga el 15 de mayo. La revista acepta textos que ya han sido publicados anteriormente sobre papel, siempre y cuando se indique la fuente original, pues son inéditos en el medio electrónico.

Lauro Zavala director de la revista el CuentoenRed

 

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