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Macondo y otros mitos

Por

  ©Diana Palaverish  

Dr Diana Palaversich es profesora en el Departamento de Español y Estudios Latinoamericanos en University of New South Wales, Sydney. Es autora de numerosos trabajos publicados en las revistas académicas internacionales sobre la literatura homosexual, la teoría queer, literatura fronteriza mexicana y la 'nueva onda' de la escritura latinoamericana. De nacionalidad Croata, radicada en Australia,  es autora del libro Silencio, voz y escritura en Eduardo Galeano (1995) y de numerosos artículos publicados en las revistas literarias internacionales sobre el postmodernismo y el postcolonialismo.

 

A ocho años de la publicación de McOndo (Mondadori, 1996), la polémica antología a cargo de los chilenos Sergio Gómez y Alberto Fuguet, Literaturas.com ha decidido seguirle la pista  a las cabezas más visibles de lo que en su momento pareció sentar los cimientos de una nueva narrativa hispanoamericana dinamitando primero -intentándolo cuando menos- la pesada losa que sobre sus hombros habían dejado los escritores del Boom.

             Los jóvenes parricidas han crecido y apuestan fuerte por su consolidación en la escena literaria hispana. 

Rodrigo Fresán se instaló finalmente en Barcelona y en octubre del 2001 publicó Mantra (Mondadori), que le granjeó elogios varios desde tribunas diversas. La Vanguardia, por ejemplo, ubicó la novela del argentino entre las mejores publicadas en España ese año.

 Edmundo Paz Soldán retoma en la muy reciente La Materia del Deseo (Alfaguara, 2002) su apuesta por la reinvención de la novela de género, labor iniciada con la espléndida Río Fugitivo (Alfaguara, 1998) y continuada luego en Sueños Digitales (Alfaguara, 2001) que contó con el beneplácito de la crítica española.

 Alberto Fuguet vuelve al ruedo tras un largo silencio, durante el cual sólo nos dejó oírle –a media voz- vía la antología Se Habla Español (Alfaguara, 2000) que coeditó junto al ya mencionado Paz Soldán, más algunas noticias sobre su incursión como guionista en Dos hermanos (2000), no estrenada en España; y las adaptaciones de  Tinta Roja (Alfaguara, 1996) y Mala Onda (Alfaguara, 1994) al cine. Por estos meses debe arribar a las librerías The Movies of my Life, su cuarta y -según dicen quienes ya han podido leerla- más personal novela.

 Literaturas.com ha podido conversar con los tres pero antes pónganse en situación y lean el corrosivo articulo  de Diana Palaversich.

 
McOndo y otros mitos

La página en la red de Alberto Fuguet, fuguet.com, dice lo siguiente: “Alberto Fuguet nació en Chile en 1964, pero se crió en Encino, California. Su lengua materna es el inglés. A los 11 años fue trasladado de vuelta a Santiago... En 1999, la revista Time y CNN lo eligieron como uno de los 50 líderes latinoamericanos del nuevo milenio.” Estas credenciales nos obligan a lanzar una mirada más detenida a este personaje que desde la publicación de la antología McOndo (Mondadori-Grijalbo, Barcelona, 1996) y la antología más reciente, Se habla español. Voces latinas en USA (Alfaguara, Miami, 2000), se erige como uno de los promotores culturales más conocidos pero también más controvertidos de la América Latina del momento.

Lo que intenta hacer Fuguet - junto con sus co-antologadores, el chileno Sergio Gómez, en el caso de McOndo, y el boliviano Edmundo Paz Soldán en Se habla español - es una tarea, a primera vista, digna de admiración. Hartos de ver la literatura del continente todavía dominada por un puñado de escritores del “boom” y del “post-bom”, Fuguet y Gómez prometen “dar a conocer a voces perdidas no por antiguas o pasadas de moda, sino justamente por no responder a los cánones establecidos y legitimados”. Sin embargo, entre su promesa, por cierto elogiable, y lo que de hecho ocurre en ambas antologías hay un abismo considerable obvio en los prólogos de ambos textos, los cuales, particularmente en el caso de McOndo, funcionan como el manifiesto literario de una emergente “generación” de escritores latinoamericanos - y es importante señalar, también los españoles - nacidos entre 1959 y 1971. Ambos prólogos revelan la postura político-cultural de los antologadores y enmarcan los dos libros de una manera ideológica particular, que en el caso de McOndo, Fuguet y Gómez ingenuamente definen como “apolítica”.

El prólogo de McOndo, cuyo título juega irónicamente con Macondo de García Márquez como también apunta a McDonald’s y MacIntosh, revela que una de las principales intenciones de sus antologadores es ajustar cuentas a lo que consideran conceptos sagrados de la cultura latinoamericana: el realismo mágico como paradigma literario del continente; el proyecto político de la izquierda que consideran pasé y de mal gusto y el concepto de la cultura autóctona basada en la tradición indígena. De hecho la rebelión en contra del realismo mágico constituye el eje central de su postura y es por esto que McOndo no incluye ni un sólo cuento perteneciente a este género. En su crítica apasionada del realismo mágico los antologadores cometen un error básico y torpe: confunden la literatura que se escribe en América Latina - donde la veta mágicorrealista es minoritaria y casi insignificante hoy en día - y la literatura latinoamericana que se vende con más éxito en el mercado occidental, ésta, sí, dominada por el realismo mágico que perpetúa la imagen de un continente exótico y subdesarrollado. Y lo que es peor, borran toda diferencia entre los maestros del género como Rulfo, García Márquez o Carpentier y sus emuladores tipo Isabel Allende o Laura Esquivel quienes astuta y cínicamente explotan el género, cocinando best-sellers que arrojan excelentes dividendos.

Fuguet y los llamados “macondistas” rechazan ese Macondo pobre y exótico como una imagen falsa de América Latina que se vende al mundo, y en su lugar instalan un McOndo (post)moderno lleno de shopping malls, condominios de lujo, McDonald’s y computadoras Mac. El incluir esta otra América próspera no es de por sí un problema puesto que ésta existe, aunque cabe enfatizar para una minoría de la población del continente, mientras que su vasta mayoría todavía viven en un Macondo injusto, pobre y folclórico. Lo que es necesario criticar no es la creación del país McOndo sino la arrogancia con la cual los antologadores y cuentistas, hijos de clases altas o media altas, presentan su realidad como la única realidad relevante del continente. En este sentido se puede decir que los antologadores pecan del mismo reduccionismo del cual acusan a los mágicorrealistas vinculados ‘naturalmente’ con el proyecto de la izquierda, porque son ahora los macondistas los que venden una imagen del continente que coincide con aquélla promulgada por los gobiernos neoliberales a lo largo de América Latina: basta con acordarse del México del primer mundo de los discursos de Salinas Gortari y Fox Quezada o del “milagro chileno” del gobierno anterior a Lagos.

Otros dos ‘pecados’ cometidos por los antologadores son los siguientes. Se autorrepresentan como escritores que subvierten el canon de la literatura latinoamericana - que equivocadamente definen como mágicorrealista - y presentan la temática que domina en los cuentos antologados: aburrimiento, spleen, drogas, fiestas, música rock, sexo, suicidio etc. como una novedad en las letras del continente. Se olvidan que la misma temática – con la excepción de dos únicos temas novedosos que introducen, el Sida y los personajes gay - constituía el dominador común de la literatura canónica de otras épocas: la literatura existencialista y la “literatura del balneario” del Cono Sur de los 60; la “onda” mexicana, para citar sólo unos ejemplos.

El segundo pecado, aún más grave en cuanto socava toda pretensión a la (post)modernidad y el primermundismo de los antologadores es la total ausencia de mujeres como escritoras de cuentos. Anticipando las críticas, Fuguet y Gómez explican lacónicamente esta omisión señalando que “no recibieron nada valioso escrito por mujeres” y que McOndo no pretende ser “políticamente correcto”. Con este machismo virulento - evidente en la exclusión de mujeres como autoras pero sí su inclusión como personajes, sin excepción frívolos y superficiales - los macondistas demuestran que no sólo no avanzaron con relación a sus ‘padres literarios’ contra los cuales se rebelan, sino que sufren un retroceso, demostrando que su pretendida (post)modernidad y coolness no afectan la relación entre los sexos opuestos.

Si en McOndo se han podido criticar a los antologadores por excluir completamente las voces femeninas y por incluir a los escritores españoles pero no las voces latinas en Estados Unidos - más numerosas y más relevantes vis-a-vis América Latina contemporánea - la más reciente compilación Se habla español. Voces latinas en USA parece subsanar estas dos omisiones importantes. Entre 36 escritores figuran 6 mujeres – pocas, pero algo es algo - y el subtítulo nos dice que aquí sí que vamos a leer las voces latinas en Estados Unidos. Desgraciadamente el título y el subtítulo no tienen nada que ver con el contenido de la antología. Entre las 36 voces incluidas hay sólo 14 voces latinas, es decir aquellas que pertenecen a la gente de origen latinoamericano nacida o residente en Estados Unidos. Otras 22 pertenecen a los autores que viven en América Latina y cuya vasta mayoría no ha vivido nunca en el Norte. Para el colmo, entre los 14 autores latinos, con excepción del domínico-americano Junot Díaz, no se encuentra ni una sola voz prominente de los cuentistas chicanos, cubanos o neorriqueños, para mencionar sólo estos tres grupos numérica y culturalmente más representados en el mercado cultural estadounidense, pero sí figuran como las voces latinas aquellas de los mexicanos Volpi, Padilla, Conde, Bellatin, Yehya etc. Nos preguntamos si esta tremenda metida de pata se debe a la ignorancia o a la arrogancia de los antologadores que ya ha provocado y sigue provocando la bien merecida ira de los escritores latinos en Estados Unidos. No por el resentimiento, debido al hecho de no estar incluidos, sino por el aura de soberbia que rodea este libro en el cual un boliviano – quien hace sólo unos años vive en Estados Unidos y un chileno – aunque sea gringófilo y su primera lengua sea el inglés, como reza orgullosamente su página web – vienen a Estados Unidos a “descubrir” las voces latinas en este país, pero lo que producen al fin de cuentas es una antología que no es representativa ni de la escritura latinoamericana ni de la latina del momento.

Pero si uno se olvida del título, en el cual los antologadores junto con la editorial, pecan de lesa lógica  y conducen por un sendero equivocado a muchos lectores y periodistas que escribieron la reseña del libro dando por sentado que la totalidad de los escritores incluidos residen en Estados Unidos, y si uno empieza a escarbar en el prólogo muchas veces contradictorio del libro, es posible desentrañar sus otros propósitos, menos siniestros. Se nos dice que la idea era “narrar la diversidad de la experiencia latinoamericana en USA” e invertir toda una tradición literaria anglo - en la cual los escritores del Norte escriben sobre los paraderos exóticos del mundo subdesarrollado y postcolonial - y sustituirla por un viaje al revés, donde los sureños escriben sobre su sentimiento de verse seducidos, atrapados o perdidos en Estados Unidos, un lugar tan maravilloso y exótico como la América Latina imaginada por los norteamericanos. Si este era el propósito verdadero del libro éste debería haber tenido un título diferente que reconociera estos objetivos. Uno no puede sino preguntarse el por qué de este título pretencioso y equivocado y especular si quizás se deba a una hábil maniobra comercial de Alfaguara que por primera vez publica en Estados Unidos en español, y cuyo objetivo es crear la polémica para vender más copias en un mercado en el cual hay más de 30 millones de personas de origen hispano pero no existe un público lector substancialmente numeroso acostumbrado a leer en español.

Además de los argumentos mencionados, el libro parece tener otra motivación, conforme con la globalización, el discurso hegemónico del momento. Mientras que los antologadores de McOndo demostraron su afinidad con la política del neoliberalismo, Fuguet y Paz Soldán demuestran en el prólogo de Se habla español su perfecto acuerdo con la versión optimista de la globalización según la cual vivimos en un mundo donde las fronteras desaparecen,  donde no existen dos Américas una con y otra sin acento, sino un solo continente en el cual “cada día más, nos estamos mezclando y fusionando.” Proponer la existencia de una sola América no es algo nuevo, para citar solo un ejemplo, la organización ultraburocrática, OEA, ya desde hace mucho tiempo ha propuesto el concepto de una América que se extiende desde Canadá hasta Tierra del Fuego. Sin embargo, entre la propuesta optimista y la realidad de las dos Américas existe un abismo insondable. Las fronteras geopolíticas del mundo, incluyendo la más cercana entre México y Estados Unidos, se refuerzan cada vez más y no se disuelven creando un mundo híbrido y juguetón en el cual - según nos aconsejan los discursos del postmodernismo y de la globalización - se borran las diferencias entre el primer y el tercer mundo, entre el centro y la periferia. La diferencia entre anglos, latinos y latinoamericanos negada en el prólogo, se confirma sorprendentemente en la vasta mayoría de los cuentos que demuestran una relación sumamente problemática con la América sin acento, caracterizada por el sentido de diferencia, otra edad y desdén de los protagonistas que relatan su experiencia americana.

Estas son algunas de las varias contradicciones que existen entre el título, el prólogo y los cuentos. Añadiremos una más de suma importancia: la aseveración de los antologadores evidente en la primera parte del título del libro que nos dice que en Estados Unidos se habla español. Cabe preguntarse sobre el sentido de esta frase cuando la mayoría de los autores incluidos viven en América Latina y vaya sorpresa ¡escriben en español! Ni hablar del hecho de que los textos de los pocos latinos incluidos (Paternostro, Stavans, Quiñonez y Díaz) fueron originalmente escritos en inglés, “como sign of things to come” [“como signo de los tiempos que vienen”], dicen los antologadores crípticamente. Pero si las voces latinas en EE.UU. hablan y escriben en inglés  (a veces en spanglish) - se puede decir sin miedo a exagerar que los mejores autores latinos en Estados Unidos, lamentablemente no incluidos en la antología, escriben en inglés -  toda la herramienta ideológica que sustenta el libro se derrumba.

El esfuerzo de Fuguet de compilar textos, promover autores menos conocidos – unos muy buenos y otros no tan buenos - unir primero América Latina y luego las dos Américas en un ímpetu panlatino, es sin duda respetable. Sin embargo, el problema en ambos casos yace no en la naturaleza de los textos escogidos, sino en cierta actitud arrogante de Fuguet en cuanto antologador común de los textos. Primero, presenta el país McOndo como una realidad privilegiada de América Latina donde las multitudes participan en los rituales de consumo de los productos norteamericanos que automática y mágicamente les convierten en habitantes simbólicos del Planeta USA. Segundo, en Se habla español pasa el gato por la liebre al presentar la literatura latinoamericana como latina. Al fin de cuentas se puede decir que este privilegiado líder entre los 50 latinoamericanos nombrados por Times y CNN nos ofrece una visón tergiversada y confusa de América Latina y Estados Unidos y a veces nos deja la sensación de estar más interesado en promoverse a sí mismo que a los cuentos y los autores que compila.

Sumario Narradores sin Escamas.

  ©Diana Palaverish 2002