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Entrevista

 Mary Luz Bodineau 

Revista La Fiera Literaria

por 

©Miguel Baquero

La Fiera Literaria es un fanzine, panfleto o libelo (con cualquiera de estas denominaciones, tan despectivamente utilizadas por los escritores instalados y exquisitos, estaría de acuerdo nuestra entrevistada) dedicado a la crítica de la actualidad literaria española. Con la ironía y el humor como armas principales, pero también por medio de la razón, el criterio y en ocasiones la erudición, desde La Fiera Literaria se procede a arremeter, mensualmente, contra el sistema cultural, las grandes editoriales, la perversión de los valores estéticos y, en general, la mediocridad imperante en el panorama literario actual. A veces roza la genialidad, en ocasiones el improperio, pero tenga el lector por seguro que en ningún momento caerá en la tibieza.

 En este número de nuestra revista nos complace que Mary Luz Bodineau, directora del Centro de Documentación de la Novela Española, la casa matriz de esta heterodoxa e iconoclasta publicación, haya tomado la palabra, quizás por vez primera y exclusiva para Literaturas.com , para responder a unas cuantas preguntas.

 Miguel Baquero.-  ¿Cómo surgió La Fiera Literaria? ¿Fue una idea meditada o nació, más bien, de modo espontáneo, motivada por algún hecho en concreto? 

Mary Luz Bonideau.- Nació, sí, de un modo espontáneo. Un grupo de amigos, todos relacionados con la literatura, como profesores o como aspirantes a escritores, nos reuníamos de vez en cuando en la casa de uno u otro para hablar de literatura. Por lo general, criticábamos “ferozmente” la actualidad literaria española: la forma en que, a nuestro juicio, entre los  editores, los críticos y los propios escritores, estaban haciendo descender la literatura al nivel más bajo que había estado nunca. Hicimos voto de pureza: antes permaneceríamos inéditos de por vida que usar el santo nombre de la novela en vano. Una tarde clara de primavera, Manuel Asensio Moreno, el último llegado al todavía non-nato Centro de Documentación de la Novela Española, extendió el índice implacable hacia una página de “El País”, el diario independiente de la mañana, ya sabes, y dijo: “¡Mirad!” ¿Qué había allí?, te preguntarás curioso. Pues tres titulares relativos a otros tantos libros recién aparecidos. Los siguientes: “Moncho Alpuente escribe sobre la España de Gil y Gil”; “Antonio Muñoz Molina publica sus memorias del servicio militar”; “Diario de un jubilado, la nueva novela de Miguel Delibes”... Era algo portentoso. Arrebatada por súbita inspiración, me llevé aquel recorte a mi casa, distribuí los titulares sobre un folio en torno a una foto de Muñoz Molina, al que vestí de quinto, y lo encabecé con unas frases que decían: “¡Estalla la fantasía española! ¡Tiembla, Bradbury!”. “¡Ja, ja, ja!”, yo misma me río. Hice treinta y tantas fotocopias de aquella especie de collage y las mandé a otros tantos amigos. Esto ocurría el mes de abril de 1995, una fecha memorable.

 Aquello que nació como un desahogo fue, poco a poco, tomando forma hasta convertirse en un panfleto y hasta a incluirse, como suplemento, en un periódico de tirada nacional,. La Razón.

 Mary Luz Bonideau.- La Fiera estuvo saliendo así, en una sola hoja y sin periodicidad, cuando me topaba, sin buscar demasiado, con una noticia a propósito, hasta enero de 1999. A partir de esta fecha, se convirtió en boletín mensual del Centro de Documentación de la Novela Española, que por entonces ya había nacido con una doble intención: hacer ver la falsedad del momento y rescatar el tono de la novela española de los años medios del siglo XX, que había estado y seguía estando a la altura de la gran novela de Occidente. Como a nosotros nos gusta decir, con frase pedida prestada a los economistas: la que cumplió los criterios de convergencia con Europa. Por ponerle nombre: Antonio Risco y Andrés Bosch -imaginación e intelecto-, frente a Marsé y Hortelano: vino de garrafa e higos chumbos. Aquella hoja la hacía yo sola, aunque a veces me ayudaba mi abuela a pegar sellos. O mi novio del momento. Luego, efectivamente, La Razón nos brindó la oportunidad de ocupar semanalmente ocho de sus páginas, para el escándalo de muchos de los escritores que criticábamos y que tienen un particular concepto de la libertad de expresión. Alguno dijo, también entonces, la estupidez de que La Fiera se había vendido y terminaría bailando en el circo. El caso es que, merced a esa “operación”, La Fiera pasó a ser conocida en toda España y quintuplicó el número de sus suscriptores, pero prueba de que, sin embargo, no se había vendido está en el hecho de que, apenas nos quisieron suprimir una palabra, nos volvimos a la selva, aun perdiendo muchísimo dinero.

 Imagino que a estas alturas, casi diez años rugiendo, La Fiera se habrá creado muchos enemigos.

 Mary Luz Bonideau.- Muchos, sí; pero también muchos amigos, y de más categoría que aquéllos que nos critican o se nos enfrentan porque decimos lo que ellos no se atreven a decir, aunque lo piensen; gente que se siente insultada por nosotros porque, en el fondo, saben que llevamos toda la razón... Muchos, como Vicent, Vázquez Montalbán y otros antiguos rojeras, aunque siempre burgueses, están contra nosotros porque le hemos quitado el puesto de enfants terribles que ostentaban indebidamente y que pretendían seguir ostentando al tiempo que chupaban del sistema. O gente como Umbral, que se autotitula de “señor de izquierdas”, lo cual, aparte de echarse años y telarañas encima, es más que ridículo y, en un país serio, le hubiese costado el destierro y la prohibición de por vida de usar bufanda.

 Uno de los principales argumentos que se esgrime contra ustedes es que se trata de una panda de resentidos que, si atacan el panorama literario actual, es porque no han encontrado cabida en él.

 Mary Luz Bonideau.- De esa tontería ya pasamos: que nos digan resentidos o que nos digan Recesvintos. Lo que afirmamos en nuestras críticas ¿es verdad o no es verdad? Eso es lo que importa. Que nos volteen un solo argumento, si tienen categoría intelectual y razones para ello. Hay gentecilla, como el pobre Miguel Ángel Juristo, que nos llama resentidos a nosotros y a él, cada vez que habla de don Juan Goytisolo, se le nota el resentimiento contra el gran escritor, porque menospreció sus supuestas críticas de ignorante enciclopédico. ¿Cómo se atreve entonces a hablar ni a meterse con nadie, si lo suyo para colmo no es resentimiento sano y creador, y por supuesto humano y justificado, sino reacción de mediocre que se pasa la vida besando la mano a los editores que le hacen el “honor” de tenerlo en sus listas para envío de novedades? ¡Es tan ridículamente infantil el argumento ad hominen! Nosotros jamás lo hemos empleado, sino que aportamos pruebas fehacientes de que, por ejemplo, García de la Concha o Francisco Rico dicen sandeces que, si te caen en un pie, te dejan cojo.

 Tanta acritud, tanto nerviosismo, tanto intento de silenciarles como provocan sus críticas, ¿no cree que, en el fondo, se debe a que en la literatura española actual hay un divismo estomagante y una grave falta de sentido del humor y de capacidad de autocrítica? ¿Qué hay, en suma, una atmósfera cargada de humo, nociva para la salud?

 Mary Luz Bonideau.- Todo eso y muchísimo más. La situación es más grave de lo que se empeña en creer la gente y, en el fondo, refleja lo que sucede en otros ámbitos de la sociedad: materialismo a ultranza y del más grosero, inversión total en la escala de los valores que han sostenido a este Occidente que ha tenido hitos como Grecia -la clasicidad grecorromana en general-, el Renacimiento, la Ilustración... A los que yo añadiría el siglo XX hasta el 68, por poner una fecha emblemática. El siglo XX ha sido sin duda el más sanguinario de la historia. No porque el hombre en esa época fuese peor, sino porque disponía de armas que antes no existían. Pero cuando se sale de la gran tragedia que supuso la Segunda Guerra Mundial y se reflexiona sobre lo ocurrido, se advierte que en ningún otro momento de la historia han coincidido tantos cerebros de primera magnitud en ciencias, en humanidades, como entonces. No todas las épocas tienen la gloria de hacer cambiar la cosmovisión... Esa, la tuvo. Ahora las artes y las letras carecen de mensajes válidos para el hombre y la sociedad y, en cuanto a la ciencia, ésta vive, a través de la tecnología, de los descubrimientos que se hicieron en la primera mitad del XX. A mi juicio, una situación como la actual sólo la remediaría una revolución; pero una revolución como la francesa: ni siquiera un Mayo del 68 bastaría, como lo demuestra la casi inoperancia de los movimientos antiglobalización. Contra los que no estoy en modo alguno; más vale algo que nada. Pero el sistema, que logró engullir y hasta hacer negocio con los emblemas y fetiches de aquella gloriosa primavera del 68 -que cambió muchas cosas, digan lo que digan interesadamente algunos-, ahora ya sabe abortar, mediante el descrédito, cualquier conato de rebeldía: para lo que lo tienen fácil, ya que previamente han suscitado una sociedad de borregos y palmeros.

 Una de las principales creaciones nacidas del Centro de Documentación de la Novela Española, y de su anexo, el Círculo de Fuencarral, es el original método de crítica conocido como crítica acompasada. Se trata de efectuar la crítica de un libro (preferiblemente de éxito) al compás de la lectura, señalando página y renglón en que se produce una incorrección gramatical, un atentado contra la sintaxis y la lógica o un chiste involuntario. De este modo se han realizado varias críticas de los últimos éxitos de Gala, Marías, Almudena Grandes, Umbral, Rosa Regás.... ¿Qué podría decirnos acerca de este método de crítica?

 Mary Luz Bonideau.- Para asentar la terminología, diré que el Círculo de Fuencarral es el grupo de críticos literarios que trabaja en el Centro de Documentación de la Novela Española, de donde salen La Fiera Literaria, los Cuadernos de Crítica y algunas otras publicaciones, como los Pliegos de Pensamiento Múltiple. ¿Que qué le podría decir de la crítica acompasada? Pues que a mi juicio es un método infalible, el más científico que existe. Pero quiero añadir un comentario: me he dado cuenta de que la gente sólo se fija en que señalamos las faltas sintácticas y de léxico, y hasta argumentan que un descuido lo puede tener cualquiera. A esto les digo que sí, que un descuido lo puede tener cualquiera, pero es que “escritores” como Gala, Almudena Grandes, Javier Marías, Rosa Regás o Rosa Montero tienen diez o doce por página. Por otra parte, lo que más señalamos nosotros en los mentados, como en Muñoz Molina, Juan Manuel de Prada o Eduardo Mendoza, entre muchos otros, no son preferentemente las faltas de sintaxis, las patadas al diccionario, sino las chorradas, las inconsecuencias lógicas, la endeblez de pensamiento, la inmadurez, las tonterías...

 En opinión de muchos, examinando un texto con un lápiz rojo en la mano y los cinco sentidos puestos en detectar errores, podría uno cargarse la obra hasta del más insigne literato. ¿Qué opina de esto?

 Mary Luz Bonideau.- Que no es cierto. Que intente cualquiera tomarse a broma El Quijote, La educación sentimental, Crimen y castigo, Contrapunto, La montaña mágica, Las uvas de la ira... No. Como se dice en la exposición definitiva -cuatro páginas cortas- del método de la crítica acompasada, sólo se puede uno reír de lo que es risible.

 A propósito, uno de los conceptos originales de La Fiera es también el de “entes de risión”. ¿Quiénes podrían calificarse de tales?

 Mary Luz Bonideau.- Pues todos esos payasos a quienes el marketing ha “convertido” en gente importante, y a los que les es aplicable lo que he dicho antes. Estos pseudoescritores, además de decir tonterías, escriben muy mal. Pero es que, aunque estuviesen menos vacíos y escribieran con aceptable corrección, hay que señalar algo peor: la poética en que se apoyan está obsoleta. Componen sus obras, si las componen, como los entreguistas del siglo XIX. Y lo hacen, además, renunciando a su dignidad de escritores, buenos o malos, porque se ven obligados a obedecer las consignas de la industria cultural. Si tiene usted una excepcional capacidad de sonrojo, vea la publicidad que se hace hoy de las novelas. Se ve que está dirigida a retrasados mentales, a personas a las que lo serio, lo profundo, lo bello, lo sublime, las volvería locas.

 En el transcurso de estos diez años, además del concepto arriba comentado de “entes de risión”, otros lanzados o rescatados por ustedes han gozado de especial fortuna. Me estoy acordando ahora del concepto de “Españeta”

 Mary Luz Bonideau.- Españeta viene de un libro de Carlos Rojas, quien parece ser que lo tomó de un amigo suyo. Frente a la España esencial, que es la de Cervantes y Quevedo, la de Velázquez y Murillo, la de Picasso y Dalí, la de Gracián, Juan de la Cruz, Valle Inclán, Unamuno y los Machado, Luis Cernuda, etc., está una España, la Españeta, que no es la negra, la espantosa, pero con cierto tinte de tragedia, sino la España de la cochambre, la boina, el botijo y el olor frito, la España de los Cela, los Umbral y la caterva de sus seguidores, sus innumerables seguidores, porque es increíble la afición al realismo más pedestre, al costumbrismo más chato, que tienen los escritores y los críticos españoles, contradiciendo el ser de nuestra mejor literatura. La Españeta son también los premios literarios amañados, los plagios, las Babelias disfrazadas de Revistas de Occidente y los folletos de publicidad editorial disfrazados de suplementos culturales.

 A pesar de los esfuerzos por acallarles, a pesar de las presiones con que se les expulsa de los periódicos, a pesar de los métodos dictatoriales con que se les persigue, La Fiera Literaria sigue creciendo. En el Centro no dejan de recibir peticiones de suscripción, les llegan solicitudes de información de prestigiosas universidades extranjeras, cartas de apoyo de escritores al margen del sistema...

 Mary Luz Bonideau.- Le diré que las últimas en suscribirse han sido Cambridge y Harvard, que además ha comprado la revista desde el número uno y todos los Cuadernos de Crítica. Hay muchas universidades extranjeras suscritas por medio de sus bibliotecas, pero también sitios donde, si no se suscriben las bibliotecas universitarias, se suscriben los profesores. La Fiera es, creo yo, un fenómeno de sociología literaria único, para el que no encuentro precedente. Al principio le hablé de su nacimiento espontáneo. Lo fue, sin duda, pero creo que, en el fondo, lo hizo obedeciendo a una necesidad social. La Fiera ¿va a cambiar las cosas? Sabemos, por fuentes absolutamente fiables, que nuestras críticas han frustrado el ingreso de Almudena Grandes y Javier Marías en la Academia, y la increíble y ridícula propuesta, que se pretendía por algunos, de este último para el Premio Nobel... ¡Qué espanto! Pero de lo que le cuento a cargarse la industria cultural, va un abismo... A veces, uno de nuestros maestros, el profesor Risaco y Condobrín, dice que La Fiera va a servir por lo menos para que, dentro de un siglo, se sepa que no todos los españoles de este tiempo eran tontos ni carecían de sentido crítico. A mí, personalmente, una de las cosas que más me apenan es que no se haya producido ninguna conversión. Los que vienen a estar con nosotros, de hecho, ya lo estaban. Pero los que están con el sistema, incluso los que en privado nos dan la razón, no se atreven, no digo yo a ponerse piel de tigre, sino ni siquiera a criticar lo que está pasando.

 

©Miguel Baquero 2003

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