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Entrevista
Maria
Tena

©Fotografía
Ricardo Gandarias
por
©Antonio
Paniagua
La
escritora, finalista del Premio
Herralde, explora en ‘Tenemos que
vernos’ la renovación vital de una
mujer.
“Mi
vocación de escritora es tardía,
pero radical”
A
María Tena (Madrid, 1953) le
inocularon desde niña la pasión por
la lectura. Ama los libros tanto como
los viejos mercados y, en su caso,
vida y literatura vienen a ser lo
mismo. Columnista de Literaturas.com,
Tena acaba de entregar a la imprenta ‘Tenemos
que vernos’ (Anagrama), obra con
la que ha conseguido ser finalista de
la última edición del Premio
Herralde de Novela. Historia de amores
contrariados y esperanzas frustradas,
‘Tenemos que vernos’ es la primera
incursión en la novela de María
Tena. “Con la madurez,
las preguntas y las
incertidumbres aumentan y se nos van
quedando muy pocas cosas en su
sitio”, dice la escritora, cuyo
cuaderno de hule en que apunta ideas y
esbozos de relatos está repleto.
Antonio
Paniagua.- ¿Cómo y cuando
descubrió que quería ser escritora?
María
Tena.- Nací y he vivido rodeada
de libros, podría decirse que mis
padres son mi currículum literario.
Mi madre era poeta, lo he mamado. No
es sorprendente que dos de mis
hermanos también hayan publicado y
que los demás también escriban. A
pesar de eso, durante muchos tenía la
inseguridad de publicar que aparece
cuando se ha leído mucho. Me parecía
que lo que escribía ya
había sido publicado, mejor
expresado por otros autores, y que mi
escritura no sería capaz de aportar
nada nuevo, diferente.
Luis Landero me convenció de
que igual que todos tenemos una cara
distinta, todos tenemos una historia
que contar y de que cuanto más
nuestro y personal sea el modo en que
seamos capaces de contarla, más
interesante será literariamente. Eso,
y mi admiración por él, me hizo
ponerme a trabajar. Desde entonces,
hace ahora tres años, lo hago con
entusiasmo,
constancia,
seriedad, obsesivamente. Una
vocación tardía pero radical.
Pregunta.-
¿Cuál cree que es el principal
logro de su novela?
María
Tena.- Me es difícil
juzgarla. Sería como mirarse al
espejo, uno tiene tendencia a verse
peor o mejor de lo que le ven los demás
dependiendo del día, del estado de ánimo...Todos
los que la han leído coinciden en un
punto: la novela fluye, es muy
entretenida, dicen. Eso me satisface
mucho. Como decía Forster, una novela
debe ser ante todo una historia en la
que nos preguntemos durante todo el
texto qué es lo que va a pasar después.
Espero haberlo logrado.
Otra
virtud que reconozco en ella es el
trabajo que hay detrás. Quisiera que
se juzgase como esas piedras de la
playa que el mar pule durante años y
que luego aparecen en la orilla
pequeñas y humildes, pero con
esa belleza del trabajo del mar sobre
ellas.
Pregunta.-
Alguien dijo que el relato es el cofre
donde guardamos trozos de vida. ¿Cuánto
hay de la vida real de María Tena en
‘Tenemos que vernos’?
María
Tena.- La novela no es
autobiográfica, es una historia de la
que me contaron sólo dos palabras que
me sugirieron todo el texto. En la
vida real de María Tena ha habido y
hay amores, amigos y amigas
extraordinarios, pero ¿quién no ha
tenido alguna que otra desilusión? En
ese sentimiento me concentré para
comprender a Clara cuando me la imaginé.
Mujer
eficaz
Pregunta.-
La protagonista de su novela, Clara,
es una mujer eficaz y brillante en su
trayectoria profesional, pero con
muchos miedos en su vida personal. ¿Es
un mal muy extendido?
María
Tena.- A medida que avanza
la vida vamos adoptando máscaras para
enfrentarnos con los demás y hacerles
creer que estamos seguros de lo que
tenemos entre manos, especialmente en
el terreno profesional. En la vida
personal es más difícil engañarse.
Con la madurez, las preguntas y las
incertidumbres aumentan y se nos van
quedando muy pocas cosas en su sitio,
lo importante es saber recolocarlas.
En eso estamos.
Pregunta.-
En la novela contrapone un empresario
de la construcción
a un editor ambicioso. ¿Cuál
de los dos es más peligroso?
María
Tena.- Lo que hace
peligrosas a las personas no es su
profesión sino el modo de estar en
ella, lo que se es capaz de sacrificar
por la ambición, por el dinero, por
el éxito. La utilización que se hace
de las personas que a uno le rodean.
Pregunta.-
Ha tratado a escritores y editores
durante mucho tiempo cuando ocupaba un
alto cargo en el Ministerio de
Cultura. ¿Cómo se ven los toros
desde el otro lado de la barrera?
María
Tena.- Lo más apasionante
de aquella experiencia fue conocer
todo el proceso que atraviesa el libro
hasta que llega a las manos del
lector,
conocer de cerca a quienes lo
hacen posible y a
algunos escritores que además
son personas estupendas. Confieso que
siempre me sentí muy cerca de ellos y
no en el otro lado de la barrera.
San
Pablo a los corintios
Pregunta.-
¿‘Tenemos que vernos’ tiene algo
de ajuste de cuentas contra los
hombres?
María
Tena.- No, en absoluto. Me
gustan los hombres. He amado
apasionadamente y tengo la suerte de
seguir muy vinculada a los hombres que
han sido algo en mi vida sentimental.
Cuando se quiere mucho, eso no
se acaba nunca, como dice San
Pablo a los corintios.
Pregunta.-
Defiéndase. ¿Por qué otra novela
con crisis matrimonial y
enfrentamientos entre padres e
hijos?
María
Tena.- Aparte de que
cualquier tema, el más tópico, puede
contarse bien, nunca he leído una
historia que se parezca a ésta y por
eso decidí escribirla. Sé que en la
realidad lo que sucede en ‘Tenemos
que vernos’ es más frecuente de lo
que parece, pero si existe un
libro igual, yo no lo he leído.
Pregunta.-
No se ofenda, pero en su novela se
retrata un ambiente de ‘pijerío’
que parece innato. ¿Es así?
María
Tena.- Le contesto con otra
pregunta ¿Eran “pijos” Proust,
Scott Fitzgerald, el Príncipe de
Lampedusa ...? He bebido en sus
fuentes y he tenido la suerte de
convivir con esos escritores
“pijos” desde muy pequeña. Sí,
le confieso que me gustaría poder
escribir una novela tan “pija”
como ‘ ‘A la búsqueda del tiempo
perdido’,
‘El Gran Gatsby’ o ‘El
Gatopardo’.
Pregunta.-
¿Cuáles son sus autores contemporáneos
preferidos?
María
Tena.- Es difícil elegir. Cada
autor te da un trozo de vida, algo con
lo que te identificas. Por ejemplo me
gusta de los ingleses, en la tradición
de Evelyn Waugh, el humor y la
distancia para contar temas de enorme
dureza: Mac Ewan, Barnes, David Lodge…
De los “mestizos” o “exóticos”,
cómo son capaces de enseñarme lo
ancho y ajeno que es el mundo: Vikram
Seth, Naguib Mahfuz, Salman Rushdie…
También me siento a gusto con
las mujeres grandes: Marguerite
Yourcenar, Doris Lessing, Patricia
Highsmith, Virginia Wolf. Pero es una
lista improvisada en la que faltan
muchos. Hay novelas especiales que me
entusiasmaron en la juventud como
‘El cuarteto de Alejandría’,
‘Contrapunto’, ‘Los idus de
marzo’ y tantas otras.
A
los españoles vivos los he leído a
casi todos y siempre me interesan. Con
algunos de ellos tengo deudas muy
especiales. Soy muy aficionada a
escribirles, así que ellos lo saben.
Creo que es tan difícil escribir, que
las cartas de los lectores son la
mejor recompensa para un trabajo tan
solitario.
Garcilaso
contemporáneo
Pregunta.-
Y cuál es su biblioteca interior, los
libros a los que acude una y otra vez.
María
Tena.- Siempre se vuelve a la poesía.
Desde que tenía diez años tengo a
Antonio Machado en la mesilla, pero
ahora la torre de libros ha crecido
hasta invadir el dormitorio extendiéndose
por toda la casa. Como si fuera la
‘Casa tomada’ de Cortázar. Releo
a
Shakespeare, a San Juan de la
Cruz y, más cercanos en el tiempo, a
Gil de Biedma, a Ángel González...tantos.
Ahora estoy leyendo a un poeta
excepcional que conocí hace dos años,
Rafael Juárez, y
a mi hermano Santiago que
escribe sonetos como si fuera un
Garcilaso contemporáneo.
Pregunta.-
En la novela se apuntan algunos
cambios que ha sufrido el mundo de la
edición. ¿Hacia donde camina la
industria editorial?
María
Tena.- Desde fuera parece una
huida hacia delante: superproducción,
libros que aguantan menos de una
semana en las librerías, lectores
desorientados que acaban leyendo a
personajes de la farándula porque les
“suenan” o simplemente no leyendo
en absoluto, jóvenes que desconocen
el aroma de una buena novela y a los
que es imposible convencer de que la
lectura es un placer único.
Cuando
prima el interés económico por
encima de la calidad literaria se
acaba publicando mucho, pronto y mal,
a pesar de la magnífica tradición
editorial española.
De
cerca, tengo muchos amigos editores,
conozco su esfuerzo y reconozco en ese
mar agitado ínsulas de calma donde
existe el interés en hacer las cosas
con cuidado. A esos editores también
les suelen salir las cosas bien pero
tras una labor lenta y callada.
Conseguir un catálogo de prestigio es
también una obra de arte, un trabajo
de años que al final también
compensa económicamente.
Pregunta.-
En
su obra, un editor se afana por
encontrar autores exóticos.
¿Un escritor kurdo con acento
de Oxford tiene mucho terreno ganado
para publicar?
María
Tena.- No necesariamente. Ahí
me inspiré en esos escritores que me
fascinan que no son de un país sino
de una cultura. Hacia eso vamos. Una
nueva utopía: ciudadanos del mundo
sin renunciar a una lengua, a una
cultura propios, a un modo de expresión
personal y único.
Pregunta.-
Uno de sus personajes viene decir que
el marketing es algo muy parecido a la
estafa. ¿Lo suscribe?
María
Tena.- Lo
suscribo en el contexto de la novela.
Ese hombre es un mentiroso y anticipo
en ese párrafo lo que luego se
confirmará en el desenlace. Pero, ¿sería
polémico decir que cuando alguien
quiere vender algo suele ocultar el
lado oscuro del producto? No es mi
mundo ni me interesa, pero
es una cultura que contamina
todo lo que nos rodea: tanto vendes,
tanto vales. Me interesa mucho más la
gente que cree en otras cosas. Me
siento más identificada con los
perdedores o con los que están
dispuestos a perder algo a cambio de
ser dueños de su vida.
©Antonio
Paniagua 2003
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