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Enero - Abril 2006 Tema: "La corrupción transversal poder publico - influencias privadas" (en preparación, puedes enviarnos tu opinión) Tema: "Momento dominante de la televisión hoy" (Hay 6 documentos)
Doc 6 Juan Lucio, Doc 5 Rafa Rodríguez, Doc 4 Beatriz Pérez-Moreno, Doc 3 Víctor Claudín, Doc 2 Joaquín María Aguirre, Doc 1 José Ignacio Fernández Si quieres opinar sobre este tema lo puedes hacer en Correo electrónico o a través de nuestro Foro
© Ferva 2003
Agosto - Diciembre 2005.- Doc 6 por Juan Lucio. Es periodista. Redactor Jefe de la revista española Psychologies. Madrid - España “Momento
dominante de la televisión hoy”.- "La marea que no
cesa" La
marea rosa no cesa; es más, no para de crecer. Cada vez es más
grande, gigante, majestuosa, y cada vez más sucia, más
repugnante, más... ponga el calificativo que quiera porque no
desentonará. El chapapote del insulto se convierte en audiencias
millonarias que es lo que le importa a los teleprogramadores y
también, parece, a los millones de telespectadores que alrededor
de la televisión se hipnotizan con las bodas, separaciones,
cuernos, hijos, amantes, sobrinos, nietas y muertos que son
ajusticiados sin piedad por ruínes ¿amigos? ¿parejas? ¿compañeros?
en busca de unos cuantos euros que echarse a la faltriquera para
ir pasando el invierno Pero
el poder catódico es superior a las fuerzas del ser humano.
Temporada tras temporada se suceden los programas llamados del
corazón, que siempre son tildados como bodrios y, sin embargo,
son devorados por las masas con avidez. No nos vamos a engañar,
nos gusta cotillear, rebuscar, rebañar por la vida de los demás,
y si son famosos mejor, que mejor. ¿Qué tendrá de interesante
la vida de menganita que se lo hacía con fulanito, que era el ex
de menganita II y primo de zutanito, que en su día salió con
fulanita y cuya asistenta trabajó en casa de perenganito, donde
tenía un lío con el jardinero de la casa de al lado? Nada. Todo
está vano, pero se exprime de tal manera que una rondita por las
televisiones supone unos miles de euros (antes llamados kilos), y
eso es lo que importa. Además, el que venga detrás que arree,
porque en esta telebasura a rey muerto, rey puesto; es decir, uno
se aprovecha al máximo, es engullido por las audiencias, se quema
al aparecer por ahí y por allí, desaparece... y resurgirá
cuando la libreta de ahorros empiece a tener un tono rosado Estos
programas responden a un esquema muy claro: larga duración (hasta
que el cuerpo aguante y la publicidad siga entrando en caja que es
lo que importa), enfrentamiento periodistas contra famosos (a
veces el periodista es sustituido por esa nueva especie de
pseudofamoso listillo procedente de GH, que sabe de todo), famosos
sin escrúpulos que bajo el auspicio de un talón bien sustancioso
te cuentan lo que sea de pe a pa, y voces, muchas voces entre
todos. En medio, un periodista hace de árbitro, pero en realidad,
su misión es avivar la polémica cuando los regidores avisan que
el muermo se avecina.
Las
voces son deformación profesional del tertuliano. Se chillan,
braman, se irritan, pegan alaridos, son agresivos, no se escuchan,
se insultan si es necesario y el más perjudicado, aparte claro
está de los telespectadores, es el castellano que queda por los
suelos. No saben hablar, coño. Que si super, super; que si los niños
vienen con un brazo debajo del pan; que si son divinas de la
muerte; que o sea; que a nivel de lo que sea; que si el olor de
multitudes (¡que guarros!), que si lo veo alejao, que si
Marrokech por Marrakech; que si eres una vacaburra, y tú un calvo
cabrón, que si, que si... y todos los disparates que ustedes
quieran porque no se cortan ni un pelo. Viene
a cuento este telecabreo porque una noche sí y otra también uno
se las y se las desea en encontrar algo que merezca la pena para
echarse al coleto televisivo. No hay nada, es un erial... como será
que muchas veces lo mejor es ver al hombre del tiempo (por cierto,
gran trabajo donde te equivocas y no te echan): Son bien hablados,
no pegan voces y
el mapa, las nubes y los soles se entienden a la perfección.
Y en su defecto, el bendito fútbol. Le quitas el sonido y estás
en la gloria... sobre todo si juega Zidane.
Agosto - Diciembre 2005.- Doc 5 por Rafa Rodríguez. Es redactor del programa "Punto de Mira" de Canal 9 en Valencia - España “Momento
dominante de la televisión hoy”.- "Yo
no veo la tele". Presumo
de ser una persona tolerante, paciente y tranquila. Cualidades, sin embargo,
que he de reconocer se evaporan con supina velocidad cuando se sienten
amenazadas por lo que yo llamo "agentes externos". Verbigracia,
un
Aún
no conozco a nadie que después de pronunciarla, no se te quede
mirando por encima del hombro, como si esperara un aplauso eterno
por mi parte o que promoviera su candidatura al premio Nobel de qué-sé-yo.
También mi respuesta es siempre la misma. "¿Y te sientes
orgulloso de ello? ¿qué tampoco lees? ¿Ni vas al cine? ¿ni
oyes música?". Y es que me parece insultante que existan
personas que todavía no consideren la televisión como una
manifestación cultural más. Se ve que "La cabina",
"Un, dos, tres", "Cheers", "Doctor en
Alaska", "Los Munster", "Vivir cada día"
o "Los Munster" no son suficientes argumentos para
ellos. Pobrecitos.
Agosto - Diciembre 2005 .- Doc 4. por Beatriz Pérez-Moreno. Es realizadora en una productora española. Madrid. beatrizpm@latinmail.com “Momento dominante de la televisión hoy”.- Como a todo, en España llegamos tarde al fenómeno televisivo y una eternidad mucho mayor tuvo que transcurrir para que tuviéramos una variada oferta de canales. Primero con la introducción de las autonómicas y posteriormente con la autorización de algunas privadas, la televisión en España dejó de ser Una, Grande y Libre. Casi ya no nos acordamos de aquella hegemonía, sólo de vez en cuando para preguntarnos si alguno de esos programas, como el “Un, dos, tres”, de emitirse hoy en día, con la competencia que existe, habría tenido la misma acogida.
Un amigo mío
pronunció una frase que me gustó mucho: “El otro día,
haciendo zapping leí el
Hola...”. El zapping
es una excusa tan habitual para confesar sin confesar que se ha
visto en la tele lo que avergüenza ver, que es bonito
extrapolarlo a otras acciones de la vida igual de bochornosas.
Esta frase, tan oída ya que delata a cualquiera, la seguimos
oyendo a diestro y siniestro. Nadie quiere confesar que ve los
programas que se llaman telebasura, sin embargo, a todo el mundo
le gustan y todo el mundo los ve. De nada sirve ya que jures y
perjures que jamás has aguantado más de medio segundo “Hotel
Glamour” o que no sabes ni qué aspecto tiene Dinio, pues nadie
te creería. Sería como entrar en una cárcel siendo blanquísimamente
inocente y decir que no has cometido el crimen que se te imputa.
Da igual, allí todo el mundo proclama lo mismo y no puede haber
ni un alma que dé crédito a tu afirmación. Durante
mucho tiempo he pensado que esto era una muestra de cinismo, pero
reflexionando sobre el zapping,
me doy cuenta de que a lo mejor es cierto que todas las personas
que ven programas de famoseo o sobre la vida íntima de otros lo
hagan saltando de un canal a otro. Realmente es esta costumbre lo
que aprovechan unos espacios que no están diseñados ni mucho
menos para ser vistos de cabo a rabo, sino para ser “pillados”
a medias, aguantados un rato y abandonados. Hoy en día el ritmo
ha cambiado e, igual que, en cine, los planos debían durar mucho
más en las películas de principios del siglo pasado para que sus
espectadores “leyeran” la información que se ofrecía en
ellos, ahora el televidente
medio está hecho a una cadencia muy frenética de información y
está acostumbrado a no aguantar nada que sea demasiado largo. Lo
que gusta es lo corto, aunque suene inverosímil, pero es así si
se trata de espacios televisivos, películas, novelas... Y si lo
que ofrece la caja tonta en ese momento no es corto, nosotros lo
hacemos corto con nuestro mando a distancia. Nosotros pasamos a
otro sitio y vemos un trocito de una emisión diferente y luego un
fragmento más de por allá. Y volvemos a donde antes. El
frenetismo de la vida es el mismo que el de nuestra actitud ante
los productos audiovisuales. Podría
ser esta una de las razones por las que los programas de cotilleo
y de morbo triunfan tanto. No tienen un hilo que debas seguir
hasta el final ni que sea necesario que hayas enganchado desde el
principio. Llegues a ellos en el momento en el que llegues, algo
está pasando y te pueden atrapar, si te gusta lo que hay. No
funcionan de forma global, sino que se trata de minutos casi
sueltos, gags sin gracia, sketches
carentes de todo ingenio. La telebazofia bebe del cambio aleatorio
de canales toda su audiencia, es cierto. Así que quien dice que
haciendo zapping vio a
Yola Berrocal en determinada posición, no miente. Sólo habría
que saber desde qué programa estaba haciendo ese zapping
o si es que su única manera de ver televisión es con el dedo
sobre el botoncito. La
excusa del encuentro accidental con la cadena que emitía la
telecostra es síntoma, no sólo de que se vio ese programa, sino,
de que, además, se quiere hablar de ello, se desea convertir esa
información en el tema principal de la conversación. Y ése es
otro de los grandes pretextos: “si sólo lo veo para saber de qué
habla la gente...” Si nos gusta hablar de ello y sabemos que a
quienes nos acompañan también les encanta, ¿por qué tratamos
de ocultarlo? ¿Por qué no admitirlo, aunque sea, como placer
culpable? ¿Por
qué nos gusta?
La
razón del zapping parece
insuficiente para que la telebasura sea lo más visto, pues
existen muchos otros programas que puedes pescar a medias,
detenerte en ellos un momento y abandonarlos. El motivo no es ni
siquiera que llegamos muy cansados a casa y no tenemos ánimo para
pensar. Hay muchos espacios, por ejemplo, las series, que son
buenos, están bien escritos e interpretados, que no pueden
calificarse de telebasura, y que tampoco nos obligan a hacer un
excesivo esfuerzo intelectual para verlas. De hecho, casi ninguna
emisión televisiva lo requiere. Y a pesar de ello, se eligen los
programas que luego nos avergüenza confesar que hemos visto. Todo
el mundo se pregunta por qué se emite tanta telerroña. Yo me
pregunto por qué gusta. ¿Es por una deficiencia en la educación
que hemos recibido? ¿Es porque el ser humano es morboso por
naturaleza? Complicidad
No puedo dar
respuesta, pero lanzo la pregunta. Y lanzo otra más: cuando nos
quejamos de que existe la televisión basura, ¿lo hacemos como
espectadores que deseamos que todas las horas las ocupen programas
de calidad para tener más entre lo que elegir? ¿O lo hacemos
como intelectuales preocupados por la marcha del país y por la
falta de cultura reinante, pensando que somos los únicos con
derecho a ver esta basura, pues la vemos desde arriba, con
socarronería, de forma analítica y cínica? Si es así, me
gustaría invitarles a observar que es esa misma actitud la que
tienen los programas en sí mismos. Sardá se coloca por encima
del freak show que
despliega y al que explota. Los periodistas que persiguen famosos
por los aeropuertos consideran que se están riendo de ellos con
sus ácidas preguntas, cuando lo único que están haciendo es
seguirles el juego y ayudarles a vivir de las exclusivas. O se
engañan ellos o nos intentan engañar a los espectadores. Los
mismos que critican la teleinmundicia son los que la ven. No hay
ningún otro fenómeno en nuestra sociedad en el que funcione tan
bien la ley de la oferta y la demanda. O la democracia, si así lo
queremos entender. La celebración de unas elecciones y la
colocación de unos señores y unas señoras en sus cargos políticos
(sin contar el caso de la Asamblea de Madrid, que sobrepasa las
fronteras de lo normal) no es tan automática como el recuento de
audiencias y la consecuente programación de espacios según éstas.
Cuántas veces hemos sido testigos de la eliminación de una serie
al tercer episodio por no tener todos los espectadores que se
esperaba, a pesar de que la cadena en cuestión ya se había
gastado millones de euros en producir al menos trece capítulos.
Si el excremento televisivo no gustara, no se emitiría. Así que
les envío una recomendación a quienes echan pestes sobre ella:
dejen de verla. Es fácil, si lo intentas, como decía John Lennon. Pero,
¿qué es la telebasura?
El que algo sea o
no sea telebasura se suele determinar por el tema del que trate,
no por cómo se trate. No se le da este apelativo a un programa
que simplemente es malo por su falta de calidad. Sin embargo, podría
decirse que es telebasura un documental mal hecho, un espacio de
cine en el que sólo incluyen las imágenes que les ha enviado la
distribuidora, un informativo lleno de medias verdades y en el que
quienes hablan no saben ni pronunciar el nombre de la ciudad que más
de actualidad está (Bagdag, Bajdad, Bagdaz, Bagdaj… Se llama
Bagdad, acabado en “d”, como Madrid o Valladolid, no creo que
sea tan difícil).
A la hora de criticar la televisión, siempre vamos a lo fácil,
a lo más obvio: a poner a caldo la telebazofia. Pero sin que
falte razón a quien lo hace, creo que hay muchas otras áreas con
las que podríamos meternos y que se suelen pasar por alto. Ésta
es otra manera de darle un opio al pueblo: se les distrae con esta
cuestión, se admite que todo el mal está ahí y, con el resto de
la programación, el público baja la guardia. La porquería
televisiva, de tanto que ha sido comentada, ya nos ha hecho partícipes
a todos de sus armas y contra ella ya estamos prevenidos, igual
que contra la publicidad, a la que también se tacha de
perjudicial, pero que poco mal puede hacer porque ya cualquier
ciudadano tiene una barrera construida delante cada vez que la ve.
Sin embargo, contra lo oficial, lo supuestamente serio, lo que no
es esa llamada “telebasura”, contra todo eso no tenemos
escudos, nos presentamos indefensos. Y por tanto, puede afectarnos
más. No
hay nada en la tele.
Ésta suele ser
otra de las excusas que se ponen para ver los programas
vergonzantes. “Ayer, como no había nada en la tele, vi…” ¿Es
cierto? ¿Faltan alternativas?
Se ha visto que al público le interesan los programas de
calidad, incluso los documentales, que parecen lo más difícil de
vender, si de verdad están bien hechos y si se les ha dado la
promoción suficiente. Por ejemplo, cuando Televisión Española
tuvo el valor de emitir en prime
time “La odisea de la especie”, el documental sobre el
tiempo en el que éramos cavernícolas y no existía la televisión,
fue líder de audiencia. Y lo mismo le ocurre a “Los Simpson”,
a pesar de que puede ser la trigésimo sexta vez que emiten cada
capítulo, serie que compite con “Corazón, corazón”.
Las televisiones tienen buenos programas. Pero los tratan
mal. No les hacen promoción o los emiten en horarios imposibles,
poniendo, cuando se trata de una serie, dos episodios seguidos de
temporadas distintas. La cultura se da de forma aburrida, sin el
azúcar necesario para que podamos tragarla. Las cadenas que saben
que tienen el cometido de aportarnos productos educativos, no
extienden la obligación de dar cultura a la de crearnos las ganas
de acceder a ella. Y la tienen, al menos las cadenas estatales,
que se proclaman servicio público, y que priorizan sobre todo lo
demás espectáculos tan poco necesarios para la sociedad como
“Operación triunfo”. Que Televisión Española se esté
nutriendo de una doble financiación, que sea un pozo sin fondo
por su mala gestión de gastos, además de no funcionar, como
debería, de servicio público, de aporte de cultura e información;
o que se venda fácilmente al gobierno que la gestiona para
decirnos lo que tenemos que oír (en otros países, como
Inglaterra, la televisión estatal es imparcial), sería tema para
un artículo entero. Por lo tanto será mejor no entrar mucho más
hondamente en ello.
Falta valentía. Hay canales locales, como Tele K, de
Vallecas, que apuesta por una televisión transgresora, o
Barcelona TV, que emite programas culturales más interesantes y
mejor hechos que los de la 2; que muestran más agallas que las
grandes emisoras. Y lo mejor es que tienen un público. Los
propios ejecutivos de Antena 3, cuando se les ofrece una idea de
programa, reconocen que no quieren hacer nada nuevo, sólo copiar.
Pues ni eso saben, como muestra bastan fracasos del tipo
“Academia de actores” o “El bus”. Localia, que debido a su
manera de emitir podría ofrecer algo diferente, se suma al carro
del corazón y hace los mismos programas que las grandes, pero en
cutre, aun a sabiendas de que no puede competir con ellos.
Se ha llegado a un momento en el que mayor oferta no
significa mayor variedad, en el que da lo mismo que tengamos más
canales entre los que cambiar con nuestro mando, porque seguiremos
viendo lo mismo. Así que a lo mejor el problema no está en que
se emita la telecaca, sino en que no haya alternativa. El
otro extremo: la censura
Es de perogrullo decir
que la televisión actual es mala. Hasta los políticos lo tratan
como problema nacional, pero eso es aún más preocupante. Se han
prohibido (posiblemente con razón) spots publicitarios, se trata
el tema de la dignidad y de la telebasura en el Parlamento, ¿pero
no nos llevaría eso a una situación más peligrosa todavía? La
censura. Para el gobierno actual sería perfecto cargarse, con la
excusa de la inmundicia televisiva, a Tele 5, la única cadena que
no le lleva la corriente en sus informativos. Creo que sumándonos
todos a criticar lo que ya está tan criticado se lo estamos
poniendo más fácil.
Por supuesto, a mí me gustaría que la telemugre dejara de
emitirse. Pero me gustaría que no fuera debido a prohibiciones o
a leyes reguladoras. Me gustaría que fuera porque en los demás
canales hay opciones tan buenas e interesantes que nadie quiere ya
conectarse nunca más al programa de cotilleos. Me gustaría que
todas las personas tuvieran interés por cuestiones diferentes a
las del corazón y que los programas costra perdieran su
audiencia. Para llegar a eso no bastará con regular, con
legislar. Habría que ir a algo mucho más profundo. Eliminando un
síntoma no se cura la enfermedad. Si la telesuciedad deja de
emitirse porque ha perdido interés, será motivo de alegría. Si
deja de emitirse por las críticas que recibe y porque los
partidos políticos hacen algo al respecto, entonces, será, como
cuando se prohibió el botellón, otra de esas situaciones que
crean incomodidad y descontento y que no resuelven en absoluto el
verdadero problema.
Agosto - Diciembre 2005.- Doc 3. por Víctor Claudín. Periodista y Escritor. Director del diario gratuito Información Al Día. Madrid-España “Momento dominante de la televisión hoy”.- La televisión es la expresión más cutre y manipulada de la sociedad que vivimos, una sociedad triste, pero sobre todo correcta según los cánones impuestos por nuestros gobernantes, por tanto correctamente falaz, barriobajera, de un único, incontrovertible y partidista mensaje. La tv domina el momento. Salvo honrosas, pequeñas y aún discutibles variaciones, la tv mayoritaria en España es la voz de su amo, especializada en el aborregamiento, la tergiversación de los hechos y el ensalzamiento de los valores tradicionales y conservadores que emanan de los estamentos poderosos del país. La tv española en su conjunto permite contemplar descarnadamente la medida que ofrecen el Partido Popular y los suyos, una medida mediocre hasta la barbarie y tan corta que todo lo que tenga interés, que permita avanzar a la colectividad en una senda de progreso razonable, queda automáticamente fuera, anatematizado. Por todo ello entrar a analizar la tv es inútil, y continuar escupiendo adjetivos algo superfluo, aunque sano.
Agosto - Diciembre 2005.- Doc 2.
por Joaquín
María Aguirre. Madrid. Profesor
Titular-Dpto. Filología Española III. Facultad Ciencias Información-Universidad
Complutense Madrid- España. aguirre@eucmax.sim.ucm.es “Momento dominante de la televisión hoy”. Tengo bastantes problemas en la vida, pero no puedo dejar de pensar en los de Sarita, los Pajares, Don Gonzalo y demás familias teleilustres. En ocasiones, el mando de la tele actúa como la espada de la luz: cortando cabezas cuya vaciedad es manifiesta e intolerable su presencia. Cuando ruedan por el suelo del salón, lo hacen con un sonido de nueces huecas. ¡Cloc! ¿Qué
pasa con la televisión? Son listos, sí. Parece que todo el
problema de la tele es eso que llaman del corazón. Pero no
se dejen engañar: la cosa es más profunda. Hay
informativos-basura, documentales-basura, concursos-basura y un
infinito número de desperdicios informativos que recorren la
programación. Los debates sobre la telebasura, en el propio marco
televisivo, no son más que una coartada del medio para esconder
lo más inconfesable: su propio éxito. ¿Es reciclable toda esta
basura? Me
explico: Marshall McLuhan decía que los medios están condenados
a pagar su expansión al precio de la banalización. En efecto, el
éxito de la televisión es precisamente el causante de este
bochornoso espectáculo, sin horario específico, que padecemos. Nos
encontramos ante una especie de colapso mediático en el que a la
concentración empresarial sigue la concentración temática.
Nunca fue menos original la televisión que en estos momentos en
los que precisamente busca con desesperación la originalidad que
arrastre a los espectadores hacia su canal. La promesa de la
variedad a través de la oferta múltiple de los canales se ve hoy
como un gigantesco sarcasmo. Los canales se copian sin pudor y no
en lo bueno precisamente, sino en sus peores ofertas. Los mismos
programas son vistos por todos los países
con casi los mismos decorados. El
problema, pues, no son esos personajillos que discuten sobre su
pasado, presente y futuro precocinados para ser espectáculo, esas
vidas de microondas. El problema es más profundo y afecta a una
sociedad en la que las vías para la difusión de la cultura pasan
necesariamente por los medios de comunicación. De lo que se come
se cría. Lo contrario es la independencia, es decir, la soledad
de la invisibilidad mediática. Y nadie quiere ser invisible. O
muy pocos. La televisión huye hacia delante y, en su huida, arrastra todo lo que por ella se canaliza trivializándolo. Sentarse ante el televisor es asistir, con un paquete de palomitas, a una larga y estrepitosa agonía, la del propio medio, que ha dado de sí todo lo que podía. Lo que me da más pena es ese grupo de buenos profesionales que dejan aparcado su estómago en la misma plaza que sus empresas ponen a su disposición. Podrían hacer otras cosas, pero ¿qué?
Agosto - Diciembre 2005.- Doc 1. por José Ignacio Fernández Vázquez. Madrid. Presidente de la Asociación de Revistas Digitales de España (ARDE) "Momento dominante de la televisión hoy". La denominada "televisión basura" en nuestro país está generando un debate sobre los contenidos, la calidad y los limites éticos de privacidad. Una insinuación del presidente Aznar sobre este tema y recurrentemente saltan a la parrilla de agraviados el director de programas de Tele 5, después de la emisión con gran audiencia del vulgar y anodino programa de entretenimiento Hotel Glamour. Actores que no se dan por aludidos y santones del prime time que siguen vertiendo sus polémicas diarias para el disfrute de una audiencia que se consolida y aumenta. A cualquier hora del día la parrilla está llena de programas de dudoso gusto, de extenuantes debates, de malsonantes vocablos en la ahora de todos los públicos. La pregunta es, ¿donde están los límites? Habrá que preguntar a los ejecutivos que programan la realidad social a golpe de mesa camilla con opiniones que pertenecían al pasado. Resulta que ahora ex delincuentes, aristócratas chiflados, bocas flojas sin oficio conocido, dan su visión de todo: del mundo, de la sociedad, de otras vidas privadas. Se ponen a la venta en un espectáculo de proporciones que rayan lo increíble, "si hay más daremos más". ¿Donde están los límites de las cámaras ocultas siguiendo y allanando la vida privada de actores, músicos, políticos y la nueva y muy rentable caspa hispana?. Personajillos de fotonovela de kiosco cuyo merito es haber aparecido en la televisión insultando, maltratando o haciendo montajes con su vida sexual, su divorcio o con sus hijos. Salen al entorno mediático con una potencia y un seguimiento desmedido para su representación dentro del sociedad española. Vivimos un retroceso y es necesario decir que algunos ciudadanos no aguantamos la presión día a día de todos estos personajes de decadente y ruborizante ejemplo moral. ¿Hasta cuando?, es la otra pregunta. Mientras que los índices de audiencia se muestren altos, la basura catódica en las televisiones generalistas de España seguirá inyectando documentos de escaso valor y nulo ejemplo del trabajo, de dignidad y de compromiso. Creo que asistimos a uno de los peores momentos de la televisión pública y privada en nuestro país.
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