Volver Página Principal
 

 

     

 

 

 

 

 
 

 

 

NUEVOS NARRADORES DE LAS ISLAS BALEARES (España)

 

 

por 

©Román Piña

Román Piña Valls compagina la docencia en el IES Antoni Maura de Palma con la dirección de la revista literaria La bolsa de pipas,  donde publican gran cantidad de buenos talentos noveles. Es autor de algunos poemarios Gomila Park y de novelas Las ingles celestes; Un turista, un muerto. Recientemente nos ha obsequiado con su ingeniosa recopilación Museo del divorcio y un  poemario: Café con amazonas (2002).

Pongamos por delante una fecha a partir de la cual considerar nuevos a los escritores de las Baleares que voy a incluir en este artículo. 1950. Los narradores nacidos más acá de esta fecha, que no han cumplido los 50 años, desde una perspectiva generosa, creo que todavía merecen la consideración de nuevos. En nuestro caso, además, es especialmente justo, pues los mayores de ellos son autores que apenas hace cinco años que se han consolidado como escritores de prestigio.

La editorial Calima publicó en 1999 una antología de poetas de Mallorca, que abarcaba a autores del siglo XX desde Cristóbal Serra hasta Emilio Arnao, que podrían haber sido abuelo y nieto. No hay ningún libro que reúna a los prosistas, aunque el profesor Bernardo Martí sí publicó no hace mucho un estudio sobre literatura balear escrita en castellano que mencionaba a varios.

Gracias a La Bolsa de Pipas, la revista que dirijo, he podido conocer a un número importante de escritores con obra publicada, mucha o poca, y a otros que empiezan a abrirse camino como pueden y que merecen atención.

Los dos mallorquines narradores más importantes de la actualidad son Felipe Hernández y José Luis de Juan. Si bien Hernández no nació en Mallorca, ha vivido aquí desde los 14 años. De Juan acaba de quedar finalista del premio Nadal (2002), lo que ha supuesto una proyección fulminante de su nombre y su obra, pasando a un primer plano y superando la fama de autores tradicionalmente más presentes en el mundillo literario como son José Carlos Llop o Felipe Hernández. Lo admirable del caso de José Luis de Juan es que desde que apareció en escena hace cinco años, con la novela que mereció el premio March Cencillo, El Apicultor de Bonaparte, ha publicado muchísimo: las novelas “La Mano que formula el deseo” (Alba), “Este latente mundo” (Alba), “Recordando a Lampe” (Premio Gran Angular 2001) y Kaleidoscopio (la finalista del Nadal 2002), el libro de relatos “La vida privada de los verbos” (Alba), y el ensayo “Incitación a la vergüenza” (Seix Barral). Además se ha labrado un reconocimiento justo como sagaz crítico literario en El País y en Bellver (suplemento cultural de Diario de Mallorca). José Luis tiene una envidiable capacidad de inspiración, y es capaz de aprovechar cualquier veta que su extensa cultura le abra para fabular y someter a análisis lo que en cada momento le suscite interés. Quitado “La Mano que Formula el Deseo”, en sus otras novelas ha escogido épocas del pasado, un territorio en el que se siente más libre y cómodo para retratar el presente. Sus últimos títulos han ganado en entretenimiento, en voluntad de deleite del lector, esculpiendo una prosa más digerible, clásica y comercial sin concesiones.

El caso de Felipe Hernández es el paradigma de la imprevisible maldad del destino. Fue finalista del premio Herralde con “naturaleza” en 1989. Tras un silencio de 10 años, publicó en Planeta la hasta hoy, para mí, su mejor novela: “La deuda”. En los dos años siguientes publicó en Seix Barral “La Partitura” y “Edén”, consolidándose a ojos de la crítica en general como la gran esperanza de la novela española. Pese a este éxito de crítica, a dos años de la aparición de “Edén”, seguimos a la espera de ver su nombre en el lugar que le corresponde en las listas de superventas, o de saber de su suerte en las altas esferas del mundo editorial. Me alegra saber que en sus próximas novelas va a salir de los universos asfixiantes para darle una oportunidad al humor y a la frivolidad (en cierto modo, espero), y para sacudirse el sambenito de escritor sesudo y críptico. En el otoño de 2002 Felipe Hernández ha obtenido el premio March Cencillo de novela breve por “Dunas”, que no ha sido aún publicada. Pese a este último éxito, su propio editor, Basilio Baltasar, cree que hay un mal fatum sobre Hernández. Yo estoy seguro de que el éxito y la pasta, que es lo que importa, le llegará tarde o temprano.

 

José Carlos Llop ha publicado hace un año su novela más extensa, “Háblame del tercer hombre” (Muchnick). Es la que sigue a “El informe Stein” y “La cámara de ámbar”. También tiene los libros de relatos “Pasaporte diplomático” y “La novela del siglo”, y acaba de salir reunida en un lujoso volumen toda su poesía. Llop es un prosista de atmósferas, de afición culturalista, y tiende a recrear más las estampas de su devoción que a construir historias. Llop parece un poeta que se ve obligado a escribir novelas para no quedarse fuera de los escaparates. Se le lee bien, pero uno se queda con la sensación de que ha llegado a un punto en que no hay más que dos cosas: cuidado estilístico y los hitos de su educación sentimental. Los que le seguimos, o al menos yo, le pedimos ya algo más, cambios, riesgos, novedades.

Aparte de estos tres grandes nombres, venimos flirteando con la literatura unos escritores que no hemos llegado a los cuarenta. Aparte de mí, hay que hablar de Emilio Arnao, poeta y novelista con “Yo soy mis infiernos” y “El Starlux del manicomio”. Arnao escribe mucho, creo que demasiado. Le dió por libros híbridos de diario, ensayo, teatro, poesía, que no parecen muy comerciales. Es una pena, porque tiene mucha habilidad para narrar, pero le falta la disciplina de estructurar y sobretodo de podar. Hace poco estuvo en México y a la vuelta ha escrito una novela llamada “Los pies de Alejandra”, en la que al menos parece haber dejado fuera otros géneros.

De mí no voy a hablar ni bien ni mal. Tengo publicado un poema en prosa. “Las Ingles Celestes” (Calima) y una novela, en forma de crónica de sucesos, “Un turista, un muerto” (Calima), que tienen, creo, partes salvables.

Hay otros nombres en literatura en castellano en Baleares. Diego Prado, que residía en Menorca, fue finalista del premio de novela corta Gabriel Sijé con “en algún lugar te espero”. Acaba de trasladarse a vivir a Barcelona y lucha por seducir a algún editor. Escribe relatos y publica habitualmente en La Bolsa de Pipas.

Eduardo Jordà es mallorquín pero vive en Sevilla hace años. Sobretodo es poeta y escritor de libros de viajes, el último “Norte Grande” (Península), articulista y crítico.

Gloria Bosch ha publicado un conjunto de relatos, “Besos para las ranas” (Calima) que la revelan como una autora sensible que hay que seguir. Otros que no he podido estudiar, con un primer libro publicado son Andreu Ribas y Carlos Meneses, hijo del conocido Coco Meneses, también autor de libros.

Si me dejo algunos nombres no es por ignorancia, sino por consciente voluntad de ningunearlos o de borrarlos directamente de la faz de la tierra.

©Román Piña  2003

  Volver Página Principal