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LA
NARRATIVA CUBANA DE LOS 90

por
©Amir
Valle
Amir
Valle (Cuba, 1967).
Escritor, Ensayista, Crítico
Literario y Periodista. Miembro de la
Unión Nacional de Escritores y
Artistas de Cuba (UNEAC) y la Unión
de Periodistas de Cuba (UPEC). Ha
obtenido los más importantes premios
literarios del país, destacándose en
los últimos años el Premio Nacional
Razón de Ser de Novela 1999, el
Premio Nacional José Soler Puig de
Novela 1999 y el Premio Nacional La
Llama Doble de Novela Erótica 2000.
Ha
obtenido importantes premios
literarios en Colombia, México y
Alemania en los géneros de novela y
ensayo y ha sido finalista del Premio
Literario Casa de las Américas en
tres ocasiones: en cuento (1994) y en
testimonio (1997 y 1999).Ha
publicado los libros Tiempo en cueros
(Cuentos, Cuba 1988), Yo soy el
malo (Cuentos,
Cuba 1989), En el nombre de Dios
(Testimonio, Cuba 1990), Quiénes
narran en Cienfuegos (Ensayo, Cuba
1993), Ese universo de la soledad
americana (Ensayos,
Colombia , 1998), Ciudad Jamás
perdida (Novela,
Suecia, 1998, traducida al sueco), La
danza alucinada del suicida
(Cuentos, Cuba, 1999), el libro
de testimonio Con Dios en el camino
(Siria, 2000, traducida al árabe),
Manuscritos del muerto
(Cuentos, Cuba 2000), Brevísimas
demencias: la narrativa cubana de los
90 (Ensayos,
Cuba 2001), Las puertas de la noche
(Novela, España, y Puerto Rico,
2001), Si Cristo te desnuda (Novela,
Cuba, 2001) y Muchacha azul bajo la
lluvia (Novela, Cuba, 2001).Mas
sobre el autor
Una
anécdota de los campesinos cubanos
cuenta que una mañana el Diablo se
propuso encontrar un sitio bien
distinto al paraíso, donde nada
hubiera de placidez, silencio,
cordura. Echó a caminar por todos los
mundos posibles e imposibles para la
mente humana y un día encontró el
lugar que pensó adecuado. La algarabía
era tan fuerte, las nubes de humo y
polvo eran tan altas y las personas
eran tan locas, que estuvo francamente
convencido de que aquella no era
tierra de Dios. Simplemente podía
considerarse como un infierno en la
tierra. Tocó al inmenso portón que
daba paso a aquellos dominios, y Dios
le abrió la puerta. Dios está en
todas partes, es la moraleja. Esa es
la propuesta de este apurado
comentario sobre la narrativa cubana:
abrir ciertas puertas de un país insólito
y hermoso que dejen ver el camino de
su palabra convertida en historias, en
cuentos, en el mismísimo instante del
fin de siglo.
El
cuento… Los cuentistas
Una
de las características que
diferencian el fenómeno Narrativa
Cubana de la Revolución de la
escrita por otras promociones
anteriores al 1959 es la existencia de
núcleos fuertes de narradores en
distintas provincias del país. Si en
el florecimiento de la cuentística
cubana de principios de siglo y en la
llamada narrativa de los 50, por
ejemplo, podía definirse claramente
un agrupamiento de autores en la
capital y figuras aisladas en el resto
del país, en los cuentistas del período
revolucionario junto al gran número
de escritores residentes en Ciudad de
La Habana (por excelencia, el centro
literario de la isla) se desarrollan
otros narradores que hacen menos monolítica
y metropolitana la incursión en el género.
Los
núcleos de mayor desarrollo en el
cultivo del cuento se encuentran, además
del grupo capitalino, y con ciertos
ascensos y descensos en su carácter
fenoménico, en el oriente (Santiago
de Cuba y Holguín, esencialmente), el
centro (Sancti Spíritus, Santa Clara
y Cienfuegos) y Pinar del Río, aunque
existan también escritores con una
obra destacada en otros territorios.
Ese
fenómeno es aún más marcado en la
cuentística cubana escrita en estas
dos últimas décadas del siglo que ya
cierra, caracterizada por una
confluencia generacional (coexisten
narradores del 40, del 50, del 60, del
70, del 80 y del 90) en un momento en
que la creación alcanza niveles de
calidad muy considerables en todas las
promociones existentes, hecho que ha
sido señalado por el crítico y
narrador Francisco López Sacha como
la vuelta del péndulo, ahora en un
punto bien alto de su camino.
El
período de oro de la narrativa cubana
Denominado
así por el crítico cubano Ambrosio
Fornet, el período iniciado con el
triunfo de la Revolución y terminado
en 1972 abrió las primeras vías para
el reconocimiento internacional de las
letras cubanas. En esos años se
dieron la mano en los escenarios
literarios cubanos autores como José
Lezama Lima, Alejo Carpentier, Onelio
Jorge Cardoso y Lino Novás Calvo (que
venían ya con una obra sólida desde
la época prerrevolucionaria) con jóvenes
narradores que vieron la solidez de su
obra en esos primeros años como
Guillermo Cabrera Infante, Antonio Benítez
Rojo, Eduardo Heras León, Jesús Díaz,
Norberto Fuentes, Reinaldo Arenas,
Manuel Cofiño, y José Soler Puig,
entre otros destacados nombres. Libros
como Tres tristes tigres, de
Cabrera Infante, Celestino antes
del alba, de Reinaldo Arenas, El
escudo de hojas secas, de Benítez
Rojo, Los pasos en la hierba,
de Heras León, Los años duros,
de Jesús Díaz, Condenados de
Condado, de Norberto Fuentes, Paradiso,
de Lezama Lima, El pan dormido,
de José Soler Puig y El siglo de
las luces, de Carpentier, por sólo
citar algunas, hoy constituyen clásicos
de la Literatura Cubana de todos los
tiempos y demuestran la madurez
literaria y proyección universal
alcanzada por nuestras letras en un
momento similar de auge para la
literatura latinoamericana.
El
período gris
Las
influencias literarias mal adquiridas
de lo peor del realismo socialista, la
politización de la cultura cubana
hasta niveles que propiciaron el
esquematismo y la creación de
"modelos literarios
permitidos" por la lucha ideológica
del momento (fenómenos hoy reconocido
por las autoridades culturales y políticas
cubanas), entre otras muchas causas
generalmente de origen no cultural,
convirtieron a los años que
transcurren entre 1972 y 1980,
aproximadamente, en una tierra estéril
donde sólo siguieron destacándose
algunos nombres surgidos antes de la
Revolución y en la época dorada ya
mencionada, destacándose la obra de
Dora Alonso, Onelio Jorge Cardoso,
Reynaldo González, José Soler Puig,
y surgiendo algunos nuevos nombres
entre los cuales la crítica destaca
la escasa creación (interrumpida por
la muerte a los 30 años) de Rafael
Soler (hijo de Soler Puig), con dos
colecciones de cuentos imprescindibles
para la historia de la narrativa de la
Revolución: Noche de fósforos
y Campamento de artillería.
El
despegue del péndulo
El
narrador y crítico cubano Francisco López
Sacha denomina así al período que
inicia con la década del 80 y que aún
no termina. El desarrollo acelerado de
dos movimientos narrativos
diferenciados y sólidos y su
confluencia generacional con las otras
promociones ya mencionadas han
propiciado muchos resultados
internacionales importantes (la mayoría
de los narradores cubanos residentes
en el exterior de la isla con premios
internacionales ya tenían una obra sólida
en el momento de su salida del país)
que han colocado a la Literatura
Cubana de fin de siglo entre las
primeras de habla hispana en todo el
mundo.
Esas
dos promociones: la del ochenta (que
se inicia a fines del 70 y consolida
en esa década) y la del noventa (que
arranca a mediados del 80 y madura en
la década del 90), junto a una nueva
hornada de muy jóvenes narradores
(entre 18 y 21 años) caracterizan y
enriquecen el panorama de la narrativa
cubana actual. De ahí que el despegue
del péndulo sea una realidad y que,
una vez llegado a la cima, no haya
querido descender.
Si
se quiere tener un real acercamiento a
lo que sucede hoy en este campo en la
isla, debe buscarse de la promoción
del 80 (y ojalá disculpen los
posibles olvidos) El jardín de las
flores silvestres de Miguel
Mejides, Un tema para el griego
de Jorge Luis Hernández, El
cumpleaños del fuego de Sacha, Donjuanes
de Reinaldo Montero, Habanecer
de Luis Manuel García, Casas del
Vedado de María Elena Llana, Las
llamas en el cielo de Félix Luis
Viera, Un rey en el jardín, de
Senel Paz y Tuyo es el reino,
de Abilio Estévez, o la tetralogía
de tema socio – policial de Leonardo
Padura que incluye los títulos Paisaje
de Otoño, Vientos de cuaresma,
Pasado perfecto y Máscaras,
y más recientemente la exquisita obra
La novela de mi vida. De los
narradores del 90 (una lista bien
amplia) son importantes Matarile,
de Guillermo Vidal, Señor de
esperas, de José Mariano
Torralbas, El muro de las
lamentaciones, de Alberto Garrido,
María Virginia se va de vacaciones,
de Gumersindo Pacheco, Prisionero
en el círculo del horizonte, de
Jorge Luis Arzola, Cuentos para adúlteros,
de Jesús David Curbelo, Sueño de
un día de verano, de Angel
Santiesteban, El derecho al pataleo
de los ahorcados, de Ronaldo Menéndez,
Manuscritos del muerto, de Amir
Valle, La hora fantasma de cada
cual, de Raúl Aguiar, El pájaro:
pincel y tinta china, de Ena Lucía
Portela (autora galardonada con el
Premio de cuento Juan Rulfo en 2000), La
noche del siguiente día, de
Sergio Cevedo, Blasfemia del
escriba, de Alberto Guerra, Mínimal
son, de Ana Luz García, Cuentos
frígidos, de Pedro de Jesús López,
y Cañón de retrocarga, de
Alejandro Alvarez, por citar sólo los
más mencionados por la crítica
nacional.
También
de los más jóvenes narradores,
nacidos esencialmente a partir de
1974, o que entran en pleno
reconocimiento de su obra después de
1994, hay que destacar ya los libros Bad
painting y Noche de ronda,
de Ana Lidia Vega Serova, Paisaje
de arcilla, de Alejandro Aguilar, Ultimo
viaje con Adriana, de Rafael de
Aguila, El perdón o la agonía de
la vida, de Vladimir Bermúdez y La
demora, de Waldo Pérez Cino.
El
asunto Novísimos o Promoción del 90.
Para
ser justos habría que añadir a los
comentarios anteriores algo de
historia y decir que, como ya se ha
dicho en numerosas ocasiones, fue a
principios de la década del 80
(1981-1983) cuando comenzó a resurgir
con fuerza la narrativa cubana actual,
y su entrada a la vida literaria se
produjo en un momento en que dos fenómenos
interesantes marcaban el quehacer
literario nacional: primero, la crítica
arremetía contra el recién fallecido
y entonces aún no superado período
gris que en esos primeros años del 80
y hasta 1988 aproximadamente todavía
se materializaba en un sinflictivismo
de la cuentística nacional, en lo
esencial en obras de autores de la
promoción del 80, según lo hacían
constar los análisis esgrimidos en
varios eventos nacionales de narrativa
y crítica, y segundo, comenzaba a
evidenciarse con cierta fuerza un
nuevo modo narrativo que caracterizaría
a los propios narradores del 80,
fundamentalmente en libros de Senel
Paz, Abel Prieto, Miguel Mejides, y
cuentos antologados de Sacha, Luis
Manuel, Reinaldo Montero, Arturo
Arango y Padura, entre otros.
La
promoción más amplia en esta
narrativa que podríamos llamar de fin
de siglo es, sin dudas, la de los
narradores del 90 o que la crítica ha
denominado "Novísimos". Ya
se ha reconocido que el protagonismo
nacional inicial de la cuentística
joven en esta promoción correspondió
precisamente a escritores de Santiago
de Cuba (José Mariano Torralbas,
Alberto Garrido, Amir Valle), Guantánamo
(Ana Luz García Calzada), Holguín (Roger
Daniel Vilar), Las Tunas (Guillermo
Vidal), Camagüey (Jesús David
Curbelo, Gertrudis Ortiz), Sancti Spíritus
(Gumersindo Pacheco), Ciego de Avila
(Jorge Luis Arzola), Pinar del Río
(Alfredo Galiano, Jorge Félix, Andrés
Jorge) y en menor cuantía, La Habana
(Roberto Rodríguez Lastre, Alberto
Rodríguez Tosca).
La
llegada de los últimos años de la década
(1987) viraría la balanza hacia la
cuentística escrita en la capital con
la aparición fundamentalmente de otro
importante grupo de narradores que
lograron casi de golpe la condición
de fenómeno literario a partir de
otras propuestas temáticas y formales
de impacto: los frikis o rockeros
(Sergio Cevedo, Ricardo Arrieta, José
Miguel Sánchez, Ronaldo Menéndez, Raúl
Aguiar, Karla Suárez y Verónica Pérez
Kónina, reunidos en el grupo
literario El Establo).
Estos
grupos son los que abren la década
del 90 con una irrupción cuentística
sin precedentes en la narrativa de la
Revolución, a pesar de que la mayor
parte de esas obras no resultaran
publicadas por la realidad terrible
del período especial.
Luego,
a principios del 90 surge en La Habana
el grupo literario "Diáspora",
que comienza a hacerse notar por sus
propuestas en los planos temáticos,
formales, estructurales y éticos, con
logros de indiscutible calidad,
fundamentalmente, en la obra de
Rolando Sánchez Mejías y en cuentos
de algunos de sus miembros.
Estos
finales de los noventa han sumado
nuevos nombres a esa realidad nacional
del cuento a la que nos hemos
referido. Citando los jóvenes más
destacados de algunas provincias podríamos
mencionar a Héctor Prieto, Yomar González
y Gleyvis Coro (Pinar del Río), Edgar
London, Aymara Aymerich, Ana Lidia
Vega y Susana Haug (Ciudad de La
Habana), Pedro Luis Rodríguez (Sancti
Spíritus), Carlos A. Pérez Triana
(Matanzas), Vasily Mendoza (Ciego de
Avila), Juan Manuel Maestre (Las
Tunas), Katia Gutiérrez (Guantánamo),
Rubén Wong y Alicio Venero (Santiago
de Cuba), Michael Hernández (Holguín),
Rafael Vilches, Delis Gamboa y Manuel
Navea (Granma) y Nelton Pérez (Isla
de la Juventud).
Cierre
Siempre
habrá un paisaje a mirar más allá
de la ventana. Siempre habrá colores,
luz y sombras. Siempre habrá palabras
para contar historias, cuentos. Quizás
conferencias como ésta puedan ayudar
a difundir ese amplio fenómeno que es
hoy la narrativa cubana. Ojalá otras
personas en este mundo de fin de siglo
se atrevan, con sus propias manos, y
buscando conocer (y conocernos) a
abrir, como lo hizo Dios, ciertas
ventanas, ciertas puertas que aún por
ahí permanecen cerradas.
©Amir
Valle.La
Habana, 2002.
El Autor
Tiene
en proceso editorial en Canadá,
traducida al francés, su novela Si
Cristo te desnuda. Su novela Las
puertas de la noche verá la luz en
Italia en marzo del 2002. En la
actualidad sus novelas Si Cristo te
desnuda y Muchacha azul bajo la lluvia
han sido publicadas en formato ebooks
por la editorial electrónica
Novalibro.com, de España y próximamente
saldrá su ebook Brevísimas
Demencias: la narrativa cubana de los
años 90 (editorial electrónica
Almiquí, Miami).
Como
crítico ha seleccionado y prologado
las antologías Los muchachos se
divierten (en colaboración con Senel
Paz, 1989), El ojo de la noche, (de
narrativa femenina cubana de los años
90) de reciente aparición por Letras
Cubanas, Otras brevísimas demencias.
El cuento latinoamericano de los años
90 (de
próxima aparición por la Editorial
José Martí), Dios y el Diablo en la
tierra del sol (del cuento cubano de
los 90) que aparecerá en el 2001 en
Uruguay, y Té con limón
(de cuento erótico escrito por
mujeres).
Cuentos
suyos han sido publicados en numerosas
antologías y revistas en Cuba y países
como España, Francia, Portugal,
Italia, Colombia, México, Estados
Unidos, República Dominicana, Puerto
Rico, Argentina, Uruguay y Chile. Ha
participado en calidad de jurado en
los más importantes concursos y
eventos literarios del país. Ha sido
invitado e impartido conferencias en
universidades e instituciones
culturales de Cuba, España, México,
Puerto Rico, República Dominicana,
Argentina y Brasil.
Durante
dos años fue Director de la Revista
Electrónica Letras en Cuba y de A
TITULO PERSONAL.
Lic.
Amir Valle
Escritor y Periodista
Perseverancia 162 apto 16
e/ Animas y Virtudes. Centro Habana
Ciudad de La Habana. CUBA
Telefonos: 8679772 y 8615190
email: avalle@cubarte.cult.cu
y amirvalle@yahoo.es
Sitios WEB:
www.portalatino.com/webautor/webautor.dll/frportal?C=1319
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