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Xavier
Velasco
Por
©Diego
Salazar
Xavier
Velasco. México 1959. Ganador del
Premio Alfaguara de Novela 2003 con su
obra Diablo guardián.
Xavier
Velasco no deja de sonreír.
Sonríe abrazado a su perro en la
contraportada de Diablo Guardián (Premio
Alfaguara de Novela 2003); sonreía
durante la lectura de su discurso de
aceptación (ocho páginas donde
relataba la génesis de la novela y de
su vocación de escritor) mientras
improvisaba voces, hacía muecas,
miraba constantemente a cámara y
lanzaba guiños al público presente
que sonreía encandilado, y el público
presente incluía lo mismo a Juan José
Millás, Rosa Montero, David y
Fernando Trueba, Almudena Grandes
entre otras caras conocidas del
ambiente cultural español, y a
representantes de las distintas
embajadas latinoamericanas en Madrid
que no dudaron en acercase al escritor
mexicano para felicitarlo y rogarle
que les autografiara un ejemplar de la
novela y, claro, él accedía con una
sonrisa; al día siguiente sonreía
junto a la muy risueña Elvira Lindo
en la presentación en sociedad de Diablo
Guardián acaecida en el madrileño
Círculo de Bellas Artes; y sonreía
también horas antes frente una
veintena de periodistas durante la
conferencia de prensa junto a Juan
Cruz, Carmen Posadas, Luis Mateo Diez
(Presidente del Jurado del VI Premio
Alfaguara de Novela) y Jesús de
Polanco (Presidente del Grupo Prisa
que integran Santillana, Alfaguara, El
País, Canal + y un largo etcétera),
quien a su vez sonreía complacido a
sabiendas de que ha hecho un atractivo
descubrimiento para las letras
hispanoamericanas, porque Velasco no sólo
ha escrito una interesante novela que
en palabras del jurado, conformado por
Alberto Fuguet y José Miguel Oviedo
entre otros, “abre perspectivas
originales al presentar los conflictos
de lenguaje y cultura que surgen en el
encuentro de lo hispano y lo
norteamericano, a través de la voz de
un extraordinario personaje
femenino”; más allá de esto,
aunque no más importante, Velasco es
un personaje interesante per se,
de esos que llaman la atención de la
crítica y los lectores.
Velasco
dejó dos carreras universitarias y ha
trabajado como publicista (oficio que
aborrece), crítico de rock y cronista
de la noche, amén de haber publicado
tres libros que muy poca gente leyó
(uno en la editorial de un amigo).
Velasco escribió la novela casi sin
empleo mantenido por una generosa beca
que un familiar le pagó durante dos años,
tiempo que no le bastó para
concluirla. Velasco se puso como deadline
el mismo día que finalizaba el plazo
de entrega del Premio Alfaguara y
terminó la noche anterior tumbado en
la cama con un dolor espantoso de
espalda, y al entregarla en las
oficinas de Alfaguara México le
preguntó al vigilante de la entrada
cuándo podía pasar a recoger el
premio y éste le respondió:
“Primero tienen que leerla
m’hijito”.
Digamos
entonces que Xavier Velasco tiene más
que sobrados motivos para sonreír.
Xavier
Velasco estuvo una semana en Madrid
para recibir el VI Premio Alfaguara de
Novela, dotado de ciento setenta y
cinco mil dólares, por su Diablo
Guardián, pero sobretodo estuvo
en Madrid respondiendo preguntas.
Muchas. Casi todas dirigidas a saber más
de Violetta, porque Violetta no es sólo
el personaje central de la novela,
Violetta es además una bailarina de
stripper rusa de quien el periodista
de rock y cronista nocturno Xavier
Velasco se enamoró perdidamente para
luego, una vez ella lo dejó, tomar
prestado el nombre y otras cosas,
aunque confiesa: “Violetta tiene más
prestamos míos, le he prestado
incluso más que al personaje
masculino: Pig. Y me los ha pagado con
creces.”
La tarde que finalmente pudimos
conversar, tras varios mails y varias
llamadas telefónicas durante las
cuales hablé incluso con un orgulloso
y muy atento Javier Velasco padre;
Xavier llegó a toda prisa al
recibidor de su hotel en pleno centro
de Madrid donde yo lo esperaba y,
sonriendo, me dijo: “Me han regañado
por tu culpa”. Quien lo había regañado
no era otra que la encargada de prensa
de su editorial, con quien minutos
antes yo había hablado brevemente en
la recepción, o mejor dicho había
hablado ella haciéndome ver la enorme
deferencia que significaba esta
entrevista y lo estrecho del tiempo
que tendríamos para charlar el
escritor y yo. Porque, claro, yo me
había saltado el protocolo y había
pactado la entrevista con Xavier
Velasco mismo, y eso, tómese nota, no
le gusta demasiado a las encargadas de
prensa.
-Al
leer Diablo Guardián pareciera que
para ti escribir más que inventar es
reportar, adentrarse en el mundo que
te interesa para desde ahí contarlo a
tus anchas: ¿Así concibes el trabajo
del novelista?
El
trabajo de el novelista no lo
conozco, sólo soy capaz de responder
por mí trabajo como novelista.
Creo que la invención en gran parte
tiene que ver con lo que averiguas, es
decir yo no escribo para enseñar lo
que sé, escribo para averiguar lo que
no sé. Reportar no creo que
sea la palabra, quizá sea averiguar.
Hay un trabajo de investigación del
novelista que no tiene nada que ver
con el del académico, tiene que ver
con el morbo y otras virtudes menos
mencionables.
-Putas,
rockeros, crónica de la noche, creo
que Violetta no es la única a quien
le gustan los extremos ¿te consideras
un outsider?
Estoy
obligado a ser un outsider. Cuando
escribes no puedes formar parte de la
sociedad de la que escribes, tienes
que salirte, salirte lo más posible,
y en realidad ni siquiera es un
esfuerzo, es algo que haces por
necesidad. He descubierto que
interiormente uno sabe las cosas mejor
de lo que cree. Mientras escribía la
novela, a veces me daba cuenta de algo
que ya había previsto y escrito en
otra parte, por esta obsesión de
tenerlo ahí llegaba a escribirlo dos
y tres veces. Hay una intuición
intima que sabe las cosas y es la que
te lleva, y te fuerza a ser un outsider.
-Al
presentar el premio, Albero Fuguet no
tardó en decir: ¡McOndo!,
¿estás de acuerdo, te sientes dentro
de la estética que definió en su prólogo
a esa polémica antología?
En
primer lugar él lo sabe mejor que yo.
Seguramente estoy dentro, aunque te
voy a decir que como novelista uno
prefiere no estar dentro de nada y
fuera de todo, uno prefiere no tener
etiquetas que le lleguen a pesar.
Aunque no creo que McOndo sea una
etiqueta sino más bien el reporte de
una búsqueda y de muchos encuentros,
felices creo yo.
-¿A
qué escritores te sientes cercano, la
obra de que autores te interesa?
Me
siento cercano a Wilde, a Camus,
emocionalmente por supuesto. Me siento
cercano a Perez Reverte, envidio a Marías,
aunque no pretendo instalarme donde él
está, lo envidio de lejos como
envidiaba de pequeño a los actores
que se acostaban con Catherine Deneuve
en las películas. Me siento cercano a
todo aquel que me mueve de donde
estoy, que me hace viajar: Mario
Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Bryce
Echenique me divierte muchísimo, soy
fan de Julius y Martín Romaña.
¿Dónde
te ubicas en el panorama de la
literatura mexicana actual? ¿Qué
opinas del Crack: Padilla, Volpi
y compañía?
Bueno,
el Crack me da alguna envidia porque
me encantaría la idea de juntarme con
dos o tres personas que también
escriben e inventar cosas, pero en
verdad yo no me ubico en ninguna parte
dentro de la literatura mexicana. Me
ubico en mi casa y no sé muy bien que
pase afuera, me ubico con mi perro por
supuesto, si tuviera que formar una
generación definitivamente seríamos
mi perro y yo.
-¿Cómo
es un día de trabajo para Xavier
Velasco?
Depende.
Puede ser un día en que estoy todo el
día escribiendo y en la noche me
siento feliz, o puede ser un día en
que no escribí nada porque me paso
las horas mirando el cielo, el pasto.
Dice José Emilio Pacheco que el
bloqueo del escritor no consiste en no
poder escribir sino en no poder
sentarse a escribir. Muchos de mis días
de trabajo consisten en no poder
sentarme a escribir e irme por ahí
como Violetta a comprar algún
consuelo, un juego de playstation,
un disco o un libro para llenar el vacío
que sin escribir no puedo llenar.
-Dejaste
dos carreras universitarias: Letras y
Ciencias Políticas, ¿la vida, los
libros, la noche, el rock y las
redacciones han sido escuela
suficiente?
Sí,
dejé las carreras porque no me sentía
a gusto. Dejé Ciencias Políticas
porque cuando me vi en el espejo dije:
‘Ese definitivamente no es el próximo
Presidente de la República’, dejé
Literatura porque la gente ahí dentro
no escribía, todos llegaban a la
facultad extendiendo el brazo para que
les dieran una transfusión de
cultura. Muchas de mis compañeras, me
encantaba estudiar con mujeres,
estudiaban MMC que no es otra cosa que
una carrera especializada en Mientras
Me Caso.
-Roberto
Bolaño cuenta que años atrás escribía
con música a todo volumen, tengo la
impresión de que tú haces algo
similar ¿Cuál fue el soundtrack de
Diablo Guardián?
Uffffffff
qué buena pregunta, mira, The Pixies,
Sara Vaughn, Stereo Total, Glen Gould
y las Variaciones Goldberg, Billy
Holliday, Sergio Méndez, todo lo que
pude devorar durante esos meses y
Savage Garden porque le gustaban mucho
a Violetta.
-¿Crees
que volverás a enamorarte de otro
“personaje” o con Violetta ya
tuviste bastante?
No.
Tengo que enamorarme de otro
personaje, ya no puedo seguir
enamorado de Violetta ahora que la he
entregado a los lechos de quien sabe
cuantos lectores, imagínate, ya no
tendrá tiempo para mí. Ya me dejó
para siempre, ahora estoy como esos
borrachos en la cantina hablando de
las mujeres que los dejaron, hace
falta el alcohol pero haz de cuenta
que estamos en una cantina y te estoy
diciendo: ‘Fijate que yo la quería
y ya ves, me dejó’.
-¿Puedes
adelantarnos algo de tu próximo
libro?
Qué
más quisiera poder adelantarte algo
pero tengo la cabeza llena de telarañas
¿sabes? Tenía varias ideas pero creo
que se me han desbarrancado en estos
últimos tiempos, no puedo pensar en
nada, no tengo tiempo ni de escribir,
no me puedo concentrar. Imagínate que
un día te avisan que te invitan a la
entrega del Premio Cervantes, que van
a editar no sé cuántos miles de
ejemplares en España, en México…
Bueno, llegas a tu casa y créeme que
te tardas toda la noche en asumir
todas esas cosas. Son cosas de
Cenicienta, de Disneylandia. Estoy
viviendo muy rápido, se toman un montón
de decisiones sobre mi vida a espaldas
mías, tengo que enterarme, ponerme al
día, no estoy al corriente de lo que
sucede con mi vida. No sé, estoy en
un estado de confusión muy fuerte, tú
sueñas muchos años con que alguien
te publique una novela, con que de
pronto lleguen lectores, con que te
hagan entrevistas. Mi anterior libro
vendió ochocientos ejemplares y me
habrán hecho dos o tres entrevistas,
así que ahora estoy pasmado a diario
con todo lo que sucede. Tengo que
acostumbrarme a vivir con este nuevo
monstruo que de algún modo ayudé a
crear y aún no sé bien quién es.
Cuando acabe de luchar con ese
monstruo volveré a mi vida de
anacoreta feliz, y me pondré al día
con todas esas obsesiones que he ido
incubando en mis ratos libres, pero
ahora no lo tengo nada claro y no
quiero adelantar nada porque nos
volveremos a encontrar en unos años y
me preguntarás por ese proyecto que
te comenté y no quiero tener que
decir: ‘Pues ni modo, se me murió’.
Por
último ¿qué harás con los ciento
setenta y cinco mil dólares del
premio?
Bueno,
pues ya me gasté una buena parte,
casi todo en deudas: a la casera, al
dentista, a mi papá, a mis amigos;
aparte de lo que me quita el gobierno
mexicano en impuestos, tengo que pagar
la beca con que escribí la novela,
unos 25 mil dólares. Y voy a
mantenerme, a tratar de tomar los
menos trabajos posibles, si es posible
ninguno, para escribir la próxima
novela. Yo tengo la idea que un libro
debe pagarte el siguiente. Hay un músico
mexicano Jaime López, para mí el
mejor letrista de México en mucho
tiempo, que cuando le preguntan si le
molestaría que sus canciones se
prostituyesen, él dice ‘A mí no me
importan que mis canciones se vayan de
putas, todo mientras me mantengan’.
©Diego
Salazar
2003
Sumario
Narradores sin Escamas


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