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Rodrigo
Fresán

Por
©Diego
Salazar
Rodrigo
Fresán. Buenos Aires 1963.
Durante los últimos ocho años ha
ejercido el periodismo en los
principales medios de Argentina,
escribiendo sobre temas tan diversos y
aparentemente irreconciliables como crítica
de libros, gastronomía literaria y
cientifista, semblanzas de segundones
del cómic y polémicas postales del
ghetto rockero. Historia Argentina
-su primer libro de ficción fue
elegido por la crítica especializada
como la revelación de 1991. Varios de
sus relatos aparecieron en diversas
antologías en España, Argentina e
Inglaterra. Es también autor de La
geometría del amor y La velocidad de
las cosas.
Rodrigo Fresán se toma un
respiro durante la escritura de
Kensington Gardens,
novela en la cual se encuentra inmerso
y que llegará a las librerías en
Octubre de este año, para responder
desde Barcelona -adonde dice llegó
atraído por la magia de Copito de
Nieve-
a unas cuantas preguntas para Literaturas.com
1.- Para empezar, cuéntanos algo
de tus inicios como escritor, de tu
etapa como cronista culinario y cómo
diste el salto a la ficción.
En
realidad el orden de los factores es
otro: siempre supe que quería y tenía
que ser escritor por lo que, desde los
diecinueve años más o menos, me
propuse vivir de lo que escribía. El
periodismo siempre me pareció –y me
parece—más noble que la publicidad
e incluso que el cine y la televisión.
Así que conseguí trabajo en una de
esas revistas de tarjeta de crédito y
durante siete años escribí, con
nueve seudónimos, sobre viajes que no
hice y comidas que no probé. Verne y
Salgari hicieron lo mismo, después de
todo. Fue un excelente entrenamiento
digno de marine. La edición de
“Historia argentina” coincidió
con mi mudanza laboral al periódico
argentino Página/12 donde trabajo
desde el año 1991.
2.- ¿Qué hay de cierto en aquello
de que no terminaste la secundaria?
Corrección:
para la ley argentina no he terminado
el colegio primario. Soy
--según me explicaron—
semianalfabeto: sé leer y escribir
pero llegué hasta sexto grado. El por
qué de esto es una historia muy larga
y burocrática y no le guardo rencor a
nadie, aclaro.
3.- ¿Qué sentiste o pensaste al
leer el manifiesto que abría McOndo,
antología de la que formaste parte?
¿Qué crees que ha quedado del pequeño
revuelo que causó? ¿Cómo han
crecido esos “jóvenes
escritores”?
De
un tiempo a esta parte, del único
escritor del que me siento autorizado
--en más de un sentido a opinar-- soy
yo mismo. Y soy una persona muchísimo
más feliz que cuando pensaba que tenía
que opinar sobre otros escritores. En
cuanto a McOndo, Fuguet y Gómez me
pidieron un cuento y yo se los dí.
Los jóvenes escritores ya no son jóvenes
y está bien que así sea.That’s all,
folks!
4.- ¿Por qué decidiste instalarte
en Barcelona?
Me
parecía un buen lugar: mar y montaña
y una ciudad con lo mejor de la metrópoli
y la provincia. Tenía amigos aquí,
un par de libros publicados y acababa
de casarme con una mexicana. Así que
optamos por territorio neutral: ni el
D.F. ni Buenos Aires. Y Madrid me hace
acordar tanto pero tanto a Buenos
Aires. Una aclaración: no vine aquí
hechizado por la mística del Boom
–psicosis que, pareciera, le
adjudican y diagnostican automáticamente
a todo escritor latinoamericano de mi
edad que viene a vivir a Barcelona--
sino por la mística del gorila
albino Copito de Nieve.
5.- Una opinión sobre esta suerte
de redescubrimiento de “lo
argentino” en España: cineastas,
actores, escritores y hasta
publicistas.
Ninguna.
Lo que, supongo, no deja de ser una
forma de opinión.
6.- ¿Cuál de tus libros
prefieres? Si tuvieras que
recomendarle uno a un lector que se
acerca por primera vez a tu obra, ¿cuál
sería?
Depende
del día. No pienso demasiado en qué
libro prefiero porque, desde hace más
de diez años, he estado escribiendo
ininterrumpidamente. Y, con el correr
de los libros, cada vez me parecen más
capítulos de una larga novela que
libros sueltos. En cuánto a por dónde
empezar, a mí me gustaría que fuera
por “La velocidad de las cosas”
pero ‑tal vez por prolijidad
cronológica—lo apropiado es empezar
por “Historia argentina”, donde
empiezan tantas cosas que luego siguen
en mis siguientes libros.
7.- ¿Se reeditarán en España
Vidas de Santos y Trabajos Manuales,
como ha ocurrido con La Velocidad de
las Cosas?
Me
han ofrecido hacerlo. No tengo apuro.
Me preocupa más lo que estoy
escribiendo y lo que escribiré que lo
que he escrito.
8.- ¿Cómo así tuviste ese breve
papel en Martín (Hache) de Adolfo
Aristarain? ¿Te interesaría una
nueva incursión en el cine?
Aristarain
utilizó unos tramos de
“Esperanto” –la escena de la
sobredosis con la droga Dog—para el
comienzo de su película. Y me propuso
hacer un cameo. Me pagaron bastante
bien, recuerdo. Para los obsesivos de
estas cosas, diré que vuelvo a
aparecer en la película de
ciencia-ficción made in Argentina
“La sonámbula” –con guión de
Ricardo Piglia—junto a mi amigo el
escritor Alan Pauls. Allí le pegamos
mucho a una chica muy en plan los
malos de “Matrix”. Pero con peores
efectos especiales.
9.- ¿Qué autores en actividad te
interesan, qué escritor contemporáneo
te deslumbra?
Bob
Dylan, Roberto Bolaño, Enrique
Vila-Matas, Rick Moody, Denis Johnson
(a quien traduje), John Banville, Kurt
Vonnegut, James Ellroy y –no creo
que los escritores muertos dejen de
estar en actividad en tanto sus libros
continúan en movimiento—John
Cheever, Henry James, Adolfo Bioy
Casares, Marcel Proust, William Gaddis,
Herman Melville, Bruno Schulz, Philip
K. Dick… y tantos otros.
10.- ¿Podrías contarnos algo de
“Kensington Gardens”, la novela
que publicarás en Octubre?
He
pasado su ecuador y tengo que
entregarla el primero de junio. Y gira
alrededor del Londres victoriano de
J.M. Barrie (el autor de “Peter
Pan”), el Londres de los Swinging
Sixties de los Beatles, y el Londres
milenarista de estos días con un
narrador que escribe best-sellers
infantiles en plan J. K. Rowling. Una
vez más, mis temas de siempre,
supongo: la infancia y la muerte y la
locura del arte y del amor. ¿Es que
hay algo más?
©Diego
Salazar
2003
Sumario
Narradores sin Escamas


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