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Pablo Tusset

Por

  ©Miguel Baquero  

Pablo Tusset. Barcelona 1965.. Lo mejor que le puede pasar a un cruasán es su primera novela, ganadora del Premio Tigre Juan 2001. Actualmente, se esconde de parientes cercanos y prepara su próximo atentado al buen gusto convencional. No da entrevistas, pero hemos conseguido arrancar para Literaturas.com un buen puñado de preguntas y respuestas suculentas.

Hace poco se cumplieron dos años desde que Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, de Pablo Tusset, salió a la calle en la colección «Nueva Biblioteca», de Lengua de Trapo. Desde aquella fecha y hasta ahora se ha superado ya la decena de ediciones de esta novela iconoclasta donde se atacan muchos de los prejuicios y los monstruos sagrados de esa cosa que llamamos Literatura, con mayúscula o no o tal vez sea lo de menos. Lo que sí parece indudable es que dos años son, sin duda, mucho tiempo sin enredar para un «hombre eminentemente de acción», como en la solapa del libro se define este apóstata, heterodoxo y perjuro literario que es Pablo Tusset. Es por ello que, previendo por cómo se mueve en círculos el líquido de nuestros cubatas y por cómo tiemblan los fluorescentes, la cercanía de una nueva novela de Tusset, nos apresuramos a ponernos en contacto con él y preguntarle, antes que nada, por la marcha de ese su «próximo atentado al buen gusto convencional» que amenazaba estar planeando en su primera y exitosa novela:

 

Literaturas.com: ¿Cómo va el asunto? ¿Hay motivo ya para alarmarse o todavía es demasiado pronto?

 

Pablo Tusset: Bueno, últimamente estaba planeando dejar de escribir y poner una churrería en algún lugar turístico. Encuentro que es mucho mejor freír churros que escribirlos. Sin embargo le tengo prometido un Premio Nobel a mi editor, así que puede que escriba dos o tres libros más, lo justo para que los de la Academia Sueca no tengan más remedio que claudicar.

 

L.com: Sin duda, el personaje protagonista de Lo mejor que le puede pasar a un cruasán, Pablo Baloo Miralles, sorprendió a muchos por la frescura de su lenguaje y el descaro de sus actuaciones. ¿Reaparecerá Baloo Miralles en la próxima novela?

 

P.T.: No. Repito: no. Es decir: no. Si algo tiene de entretenido escribir novelas
es que uno puede cambiar de personajes, de contextos y de historias. Pablo
Miralles estuvo bien para escribir una novela, pero dedicarle dos sería
demasiado.

 

L.com: En Lo mejor que le puede pasar a un cruasán se sucedían, de manera continuada, referencias y alusiones a personajes y temas de la vida cotidiana, esos que, se supone, deberían estar a cien kilómetros de las obras «cultas». Sin duda, siempre es bueno que la vida real irrumpa en los libros...

 

P.T.: Bueno, los libros suelen ser efectivamente un cementerio poblado de zombies. A mi me da igual, la verdad, pero parece ser que los verdaderos lectores agradecen un punto de vulgaridad en una novela, digamos que eso las hace más verosímiles, así que simplemente le eché al invento un buen chorretón de ordinariez. No es tan difícil: es mucho más complicado ambientar una novela en la Florencia de los Medicci.

 

L.com: Estas referencias a la actualidad, a las marcas, a los personajes de moda, a los sucesos incluso banales, ¿es también una forma de protestar contra el engolamiento literario y la falsa seriedad?

 

P.T.: De ninguna manera: yo no pretendía protestar por nada. Yo sólo quería
publicar un libro y ganar algún dinero con él, eso es todo. Me pareció que
vivir de escribir era mucho más cómodo que abrir zanjas o recolectar
tomates. En realidad me equivocaba, de ahí mi interés actual por el negocio
de la churrería.

 

L.com: Sabemos que tú te encuentras alejado de lo que denominaríamos «el mundillo literario»...

 

P.T.: Sí. Pero no es culpa del mundillo en cuestión, estoy seguro de que si fuera
arquitecto haría exactamente igual. En realidad he procurado siempre
mantenerme alejado de cualquier «mundillo».

 

L.com: Una de las frases que más me llamó la atención de Lo mejor que le puede pasar a un cruasán es cuando, el personaje, que aguarda en la barra de un bar, se dedica sencillamente a mirar el reloj con indolencia porque (cito): «odio hacer de mi vida un diálogo interior». Eso, en mi opinión, es tirar con bala contra la más reciente tradición literaria.

 

P.T.: No estoy muy bien informado respecto a tradiciones literarias, recientes no. Creo que si Pablo Miralles odia el diálogo interior es porque pensé que a los lectores les iba a gustar que él odiara eso. Pablo Miralles está diseñado para caer bien, para parecer lúcido en su aparente caos vital, para ganarse la simpatía de los lectores e incluso para enamorar a las lectoras. Y eso lo consigue, básicamente, a través de su iconoclastia que, al contrario de lo que podría suponerse, resulta una postura muy comercial. Lo verdaderamente transgresor hoy día hubiera sido presentar a un Pablo Miralles católico practicante, por ejemplo.

 

L.com: Sin embargo, Lo mejor que le puede pasar a un cruasán está cargada de ecos literarios. Es inevitable, a la vista del personaje, acordarse de Ignatius O´Reilly, y en un determinado momento el escenario se transmuta en el infierno de la Divina Comedia.

 

P.T.: Bueno, ¿de algún sitio hay que sacar las ideas, no? En realidad el de
Kennedy Toole ha sido uno de los poquísimos libros que me han hecho reír,
así que considero mi Cruasán como una especie de homenaje. Lo de la Divina
Comedia, en cambio, no es más que un recurso fácil.

 

L.com: Además de esto, hacia el final de Lo mejor que le puede pasar un cruasán haces una suerte de homenaje a otros escritores. ¿Cuáles son tus lecturas favoritas?

 

P.T.: Cuando solía leer me gustaban algunos clásicos del siglo XX, cuanto más
sesudos y torturados mejor. Pero yo creo que si me gustaban era sólo porque
no había madurado lo bastante y me creía ese cuento de que leer te enriquece
como persona. Ahora hace ya años que apenas leo. Empiezo a veces alguna
novela de las listas de más vendidos (sólo por ver qué demonios hace la
competencia), pero la mayoría son muy aburridas y no suelo terminarlas.

 

L.com: Entre muchas otras cosas, yo destacaría también de Lo mejor que le puede pasar a un cruasán el excelente jugo humorístico que le sacas a una conversación a través del chat. ¿Crees que puede haber todo un campo literario por explotar en los nuevos modos de comunicación?

 

P.T.: Sí, claro. Ese largo diálogo múltiple e interrupto, sin apenas acotaciones,
fue un experimento. Sabía que a algunos lectores les iba a resultar
farragoso, pero me permití el lujo de incluirlo tal cual aparece. ¿Eso es un
chat, no?

 

L.com: ¿Cómo llegó la novela a Lengua de Trapo y que sientes al seguir en las
lista de títulos más vendidos por segundo año consecutivo?

 

P.T.: Les llegó por correo ordinario. No nos conocíamos de nada. Pasó el lento
proceso de selección editorial hasta que Javier Azpeitia lo leyó, le gustó
y, casi un año después de haber hecho el envío, se publicó. En cuanto a
venderlo durante dos años, yo estaba convencido de ello ya entonces. Y,
aunque es muy difícil asegurar algo así, creo que puede seguir vendiéndose
durante algunos años más. Si lo piensas, ¿por qué no?, ¿ha dejado de ser
interesante el personaje?, ¿lo han leído todos sus lectores potenciales?

 

L.com: Y, por último, la pregunta inevitable: ¿cuánto había de Pablo Tusset en Pablo Miralles?

 

P.T.: Algo. Pero también hay algo de mi en SP, y en el Estupendo Hermano,
etcétera. Y por otro lado, Miralles no sólo recoge rasgos míos sino de otra
gente. Ciertamente yo no soy Pablo Miralles, desde luego, pero creo que si
nos conociéramos en un bar podríamos tener una charla entretenida mientras
tomamos unas cervezas (bueno: vodka con Vichy para él).


  ©Miguel Baquero  2003

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