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Cristina Cerrada

Por

  ©Enrique Mercado  

Cristina Cerrad. Madrid 1970. Se licenció en Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Actualmente colabora en el diario El País y es profesora de Literatura Creativa. Conocida hasta ahora por sus relatos, ha recibido recientemente el Premio NH en el apartado Mejor cuento presentado independientemente por Órdenes trascendentales. Ganadora del IV Premio Casa de América de Narrativa por Noctámbulos.

Enrique Mercado.- El día de la presentación de tu libro, afirmaste que la literatura era para ti un vicio. ¿Quieres decir que es una adicción, en el sentido de que la escritura es un acto inevitable y a la vez algo que te gustaría dejar porque te hace daño aunque sea lo que más placer te da?

 

Cristina Cerrada.- Es inevitable, sí, pero no es algo dañino, por Dios. Supongo que, como todo acto de placer, la escritura genera una adicción difícilmente superable. Desde el punto de vista biológico, podría decirse que cada nuevo encuentro con la experiencia de escribir es un potencial liberador de energía (igual que el sexo), y que su propia consumación produce, a la vez, una nueva y creciente necesidad. Emocionalmente, caray, creo que en la escritura (y no exagero) se cumplen varios de los grandes deseos del ser humano, como el de conocimiento, el de creación, y el de emancipación de la naturaleza, lo cual genera en nosotros un profundo sentimiento de alivio. Yo creo que cada nuevo encuentro con la experiencia de escribir es una respuesta a la íntima pregunta de: "¿Puedo hacerlo?". Por fortuna, uno nunca llega a tener la respuesta.

2)Clara Sánchez destacó, tanto en tu obra como en la de Esther García Llovet, que eran textos que conseguían apresar el presente, lo más fugaz de la vida. ¿Ése es el objetivo principal que persigues cuando te pones a escribir? ¿Qué autores te han influido en ese aspecto?

   Tal como yo lo veo, escribiendo quieres siempre apresar algo. Algo indefinible que no tiene palabra quizá, y que tú, cabezota hasta el final, te propones encerrar en una frase, en un párrafo, en una historia --quizá en un relato, o quizá en una novela--. Dónde está ese algo inefable, en qué lugar lo busca o lo encuentra el escritor, de dónde se nutre su imaginario es algo tan íntimo como universal: de los sueños, de las privaciones, de los deseos, de la experiencia propia y de la experiencia de los otros, los que nos enseñan. En este sentido, para mí, creo que la influencia del cine, de la pintura, de la historia del siglo XX es tan importante como la de Saroyan, Twain, Ford, Hawthorn, Freud, mi madre, o mi miedo a la oscuridad.

 

3)Actualmente eres profesora de escritura creativa en los talleres de Fuentetaja. ¿Qué aporta esa relación diaria y viva con la escritura a tu obra?

   Mucho y muy positivo. Poder reunirse con otros que comparten nuestras pasiones y aspiraciones es siempre algo enriquecedor. Alivia, porque uno no se siente perdido; y gusta, porque sirve de foro para presentar y acoger nuestras propias creaciones más íntimas. Por otra parte, y además de todo esto, ser ‘profe’ tiene para mí algo bueno por añadidura, y es que es una tarea gratificante. Compartir lo tuyo con los otros conlleva siempre un movimiento de retroalimentación, de contagio. Si el contagio se hace general, es bueno porque aprendemos todos.

 

4)En una industria editorial donde la novela es la reina de las pasarelas literarias, es sorprendente que un libro de relatos se alce con un premio de Narrativa. ¿Crees que el trato que se dispensa al relato en nuestro país es justo?

   No creo que se pueda hablar de justicia o injusticia en este terreno. Más bien, yo diría que el relato es un género por re-descubrir en nuestro país, y esto es a la vez bueno y malo.  Con toda seguridad se puede decir que hemos contado con una ilustre tradición cuentística que quizá no se ha visto tan renovada como la de la novela. Sin embargo, el cuento es un género vigoroso, que nace y se transforma con gran vivacidad, quizá por su naturaleza breve, portable, versátil y acomodaticia. No tiene el lastre que tira de la forma novela hacia el siglo XIX, sino que se nutre mucho más de lo instantáneo, de lo fugaz, de las formas nuevas. El cuento es la actualidad, la noticia, pero también es la reflexión (deberíais leer algunos de los relatos que se escriben y que nunca se publicarán). Se produce a gran velocidad, cosa nada desdeñable en un mundo que venera la producción, y se consume también rápidamente, al ritmo de las nuevas formas de vida. Esto, al contrario de lo tan cacareado en el debate 'Cuento Vs Novela', no hace sino ensanchar el terreno de lo literario, lejos de reducirlo a una mera competición.

Ahora bien, quizá lo que en este momento le haría falta al relato, con todo el respeto para esa tradición de la que hablamos, sería poder dejarla en su merecido y honroso lugar de tradición, y trascenderla. Quizá sea un problema editorial, no lo sé, o quizá de la educación de nuestro gusto. En cualquier caso, como he dicho, lo bueno de re-descubrir el nuevo cuento español, es precisamente eso, volver a encontrarse con él

5)El jurado también ha destacado en Noctámbulos tu capacidad "para dejar insinuado el contenido más hondo que se vislumbra en cada una de las historias". Me imagino que se refieren al misterio que atraviesa lo cotidiano y que la literatura se limita a enunciar. Claro que ese misterio es muy difícil de ver. ¿El escritor, por tanto, admite su perplejidad ante el mundo y reconoce su incapacidad para cambiar dicho mundo?

 

   No creo que sea cierto que el mundo no se pueda cambiar. El mundo está permanentemente cambiando, la acción es lo que caracteriza la naturaleza. Nada es nunca igual que un segundo antes. Decía Aristóteles que la tragedia es imitación de acciones; de la vida, de la felicidad y la desdicha, y que éstas sólo se manifiestan en la acción. Quizá la escritura consista en parte en un intento de congelar, de atrapar un instante de ese cambio, de esa acción perpetua, de nombrarlo para que no se extinga, de consignarlo para comprenderlo mejor, para que siempre haya algo que aprender en él. Y eso, a mi modo de ver, no es una simple enunciación.

 

  ©Enrique Mercado   2003

 Sumario Narradores sin Escamas