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DOCUMENTOS
Charla
con el psiquiatra Carlos Castilla del Pino sobre Celos,
Locura, Muerte, mantenida en 1995 con motivo de la publicación
del libro del mismo título en Editorial. Debate, y rescatada ahora
de los archivos de nuestro colaborador Joaquín Santaella. . La entrevista ha permanecido inédita hasta hoy, pero
conserva la actualidad que corresponde al asunto.
El doctor Castillo del Pino acaba de
sacar su último libro -va por la tercera edición diciembre 2000- Teoría
de los Sentimientos en Tusquets Editores
Carlos
Castilla del Pino
por
©Joaquín
Santaella
Pregunta.-
¿Qué demonios son los celos?
Respuesta.-
Los celos se han definido como la angustia ante la pérdida del
objeto amado, pero en realidad yo difiero por completo de esta
definición. Para mi los celos son la angustia ante la posibilidad
de que el objeto del deseo -que
no necesariamente es el objeto amado- te sea sustraído por otra persona. Si no hay rival, no hay
celos.
Cuando digo que no necesariamente sea objeto amado no quiero
decir que el celoso no ame al objeto, pero no es una condición
necesaria. Incluso sostengo la tesis de que el celoso necesariamente
odia al objeto, aunque en otros momentos lo puede amar. Lo odia en
la medida en que es un objeto que puede cuestionar su identidad. Así,
en el momento en que se sospecha de alguien, ese alguien es un
objeto hostil, del cual se desconfía porque puede hacer daño.
También es muy frecuente el celoso que se casa o empareja
con personas que son muy atractivas desde el punto de vista erótico,
porque el celoso, que es un inseguro, está utilizando ese objeto
como forma de apuntalar su inseguridad, o el resto de seguridad que
aún posee. El celoso está bloqueado para amar, porque en el
momento en que ama o desea a un objeto, ya está sospechando de él
y entonces ya no puede amarlo.
P.- ¿Se
puede llegar a superar los celos, o tienen algo de
positivo que tal vez convenga mantener?
R.-
No, los celos son insuperables porque responden a una profunda
insuficiencia de la persona, y nunca es positivo sentir celos. Ya
Cervantes habla en "La Gitanilla" de "la enorme
pestilencia de los celos". Los celos son un veneno que se
interfiere en una relación interpersonal.
P.- Celos,
locura, muerte...¿se trata de una
secuencia?
R.-
No es una secuencia. Yo he trabajado mucho el tema de la locura y
hecho bastante pesquisa acerca de qué es lo que caracteriza a toda
conducta que llamamos loca o psicótica, pero como eso en
psicopatología es una cuestión que no está hecha del todo, pues
escribí una especie de síntesis para ponerla con claridad y cierto
ánimo divulgador.
En cuanto a la muerte, entiendo que existen dos actitudes:
una ante la muerte en sí y otra ante el morirse, como dos cosas
distintas. Y después lo de los celos, un asunto sobre el que paradójicamente
se ha trabajado poco en psicopatología. Lo han tratado mucho los
literatos, la tragedia griega, Tirso de Molina, Shakespeare por
supuesto, más tarde Flaubert, Tolstoi, sobre todo Marcel Proust, y
Cervantes, que tiene una teoría muy curiosa, y es que el celoso, al
desconfiar, está provocando el que se le engañe; entonces se le
engaña por desconfiado y resulta que es una especie de venganza que
se toma aquella persona de la cual se desconfía inmerecidamente.
P.- La
muerte, por supuesto no 'el morirse', ¿se puede
superar?
R.-
La muerte de un ser querido es un trauma, pero del que te recuperas
por medio de ese proceso llamado 'duelo', que consiste en ir
eliminando la imagen del objeto, que se va borrando hasta el momento
en que te incorporas a la vida sin ella.
P.-
Hablemos del amor y el odio.
R.-
El odio lo considero destructivo, y todo eso desequilibra mucho. Yo
creo que los sentimientos tienden mucho al alboroto y por ello es
necesario procurar estabilizarlos a través del ejercicio mismo de
la racionalidad sobre la vida afectiva. Yo no creo que se perturbe
la vida afectiva porque ejerzamos sobre ella una racionalidad, sino
todo lo contrario. En fin, quieres a una persona y, además,
encuentras motivos para quererla. Por eso desconfío de los quereres
puramente irracionales o pasionales, pues eso se agota en seguida.
P.- ¿Cómo
abordamos la locura?
R.-
Lo importante es tener una conceptualización clara de lo que es la
locura. La locura es un trastorno del juicio, y el juicio es la
exacta percepción de lo que acontece en un momento determinado. Una
cosa es cometer errores de interpretación, que se corrigen, y otra
instalarse en el error y montar toda la vida en torno a él... En
fin, lo de Don Quijote: una vez que me creo que soy caballero
andante todo lo demás viene por añadidura. El loco es el que se
instala en el error, pero nunca voluntariamente. La locura es una
desgracia.
P.-
¿Es posible tener conciencia de la locura?
R.-
Bueno, ese es un problema que acontece a veces cuando la locura está
empezando. Cuando el sujeto está instalándose en ese error a veces
tiene sus dudas sobre si está sano o cuerdo, y son momentos muy
angustiosos. Es el caso de cuando aparece la psicosis, la
esquizofrenia, y se pasan unos días que se conocen por 'trema'; una
angustia o perplejidad, éstas voces que oigo, ¿son voces de mi
cabeza, o son voces de fuera?, ¿de donde vienen?, ¿del techo o del
rincón? Entonces piensa que se está volviendo loco.
P.- ¿Pueden
ser los celos o el amor una vía de acceso a la
locura como instalación en un error?
R.-
Si, y entonces tenemos el llamado "delirio de celos", o
"paranoia de celos", o "celotipia", pero que yo
prefiero llamar "delirio de infidelidad", porque el celoso
es un sospechoso, pero no considera que su pareja le es infiel,
mientras que el delirante lo afirma.
En cuanto a la frustración amorosa, no sólo puede llevar a
una depresión, y a veces a la locura, sino que, además, en
determinadas épocas histórico-culturales se ha cultivado eso, como
en el romanticismo. Toda pasión puede llevar a la locura, sea la
amorosa, la celosa o la del odio.
P.- ¿Tiene
cura la locura?
R.-
Si, pero lo que ocurre es que esa 'desinstalación' del sujeto con
respecto a su error ocurre por una vía indirecta, nunca por la
discusión. No se puede curar a un loco por el argumento. La única
vía es la médica, con medicación. Todo ocurre en el cerebro, como
es natural. Si el cerebro se perturba, conduce al error, como cuando
se perturba en las zonas motoras y conduce a una parálisis de
pierna o brazo
P.-
Aprecio en esta entrevista frecuentes referencias literarias, sobre
todo cervantinas. ¿Cómo se plantea usted la escritura?
R.-
Para mi, la escritura es un instrumento que está al servicio del
pensamiento y de la reflexión y yo no me reconozco con dotes de
escritor. Me interesa más transmitir la reflexión, más comunicar
la reflexión que hacer literatura.
Como lector, necesito, por una parte, que la novela me
distraiga, me agarre y me apasione, pero al mismo tiempo no me
apasiona si realmente la novela no me parece literariamente verosímil.
P.- ¿Y la
poesía?
R.-
Bien, la disposición ante la poesía es completamente distinta por
la licencia poética. El poeta exige un pacto con el lector que
consiste en "póngase en mi lugar, pues yo no le voy a
transmitir verosimilitudes, sino imágenes", en tanto que el
pacto con el novelista es aceptar que "mientras esté usted
leyendo la novela lo que le voy a contar no tiene porque responder a
la verdad", pero sí ser verosímil. Por eso hay novelas
fallidas, porque a tal personaje no le casa determinada actuación.
Una vez que creas un personaje... Por ejemplo, el Quijote, otra vez:
tanto sus locuras como sus corduras responden a su lógica.
©Joaquín Santaella
es periodista


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