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DOCUMENTOS
Traemos
a Documentos una información del libro editado por
Galaxia Gutemberg y Círculo de
Lectores, sobre 50 años de poesía en
lengua española (1950 - 2000) .
Presentado por sus autores - excepto
Valente - en la Residencia de
Estudiantes de Madrid. Los antólogos
se defendieron con uñas y dientes
ante las
feroces y desequilibradas criticas que
ha habido sobre el libro. "Las ínsulas
extrañas" nace con polémica, además
acertada ante las notables e
imperdonables ausencias. Esta es la
información aparecida y que
fotografía perfectamente el estado de
la cuestión.
Una
antología agita las aguas de la poesía
'Las
ínsulas extrañas' reúne los poemas
de 99 autores españoles e
hispanoamericanos
JOSÉ
ANDRÉS ROJO |
EL PAIS. España
En
1997, el Círculo de Lectores y
Galaxia Gutenberg encargaron a los
poetas españoles José Ángel Valente
y Andrés Sánchez Robayna y a los
hispanoamericanos Blanca Varela y
Eduardo Milán la elaboración de una
antología de poesía escrita en español
durante la segunda mitad del siglo XX.
El proyecto surgía inspirado en Laurel,
una célebre antología publicada en México
en 1941, y que reunió a poetas de
ambos lados del Atlántico de la
primera mitad de la pasada centuria. Las
ínsulas extrañas es el resultado
de aquel encargo. Reúne poemas de 99
autores (no pudieron ser los cien
previstos, ya que Carlos Sahagún se
negó a figurar en antología alguna,
fuera la que fuera). Las voces,
irritadas, de algunos excluidos ya se
han oído. La polémica está servida.
No
está Valente y, por tanto, no se
pueden conocer los argumentos que el
poeta hubiera dado para defender su
participación en Las ínsulas
extrañas, que Círculo de
Lectores / Galaxia Gutenberg ya ha
puesto a disposición de los socios
del club editorial y que llegará a
las librerías el próximo día 23.
Aun antes de su aparición, el libro
ha desatado ya la caja de los truenos
en el mundo de la poesía española, y
tampoco está Valente para defenderse
de las primeras reacciones,
francamente hostiles, que se han
publicado los pasados días. Carlos
Bousoño, uno de los excluidos, se ha
referido a él como 'un ser
destructivo que hizo bastante daño a
las personas que tuvieron la desgracia
de tratarlo en vida' y ha hablado del
'odio ponzoñoso que circulaba' por
sus venas. Ángel González, que
tampoco está presente en la selección,
ha sido mucho más discreto. Ha dicho
que Valente 'tenía complejo de número
uno', y ha resaltado el interés
de los antólogos por una poesía hermética,
que a él no le interesa.
La
antología es, desde luego, un
producto colectivo. No es sólo José
Ángel Valente (1929-2000) quien la
firma. Lo hacen también la poeta
peruana Blanca Varela (1926), el
uruguayo Eduardo Milán (1952) y el
español Andrés Sánchez Robayna
(1952). El propósito que han
compartido ha sido el de reunir los
poemas de los cien poetas 'que
hubieran destacado en la renovación
del lenguaje poético en el ámbito de
la lengua española', según Sánchez
Robayna, durante la segunda mitad del
siglo pasado. 'Es un ensayo', dice el
escritor canario, 'y una apuesta crítica':
elegir, entre una extensa nómina de
voces, aquellas que mejor han
contribuido a ampliar el registro
expresivo de una lengua, las que más
lejos llegaron en la renovación de la
tradición recibida.
Todos
los poetas reunidos han nacido entre
1910 y 1957. Salvo dos, Juan Ramón
Jiménez (nació en 1881, pero publicó
algunos de sus títulos más
representativos durante la segunda
mitad del siglo pasado) y Pablo Neruda
(nacido en 1904, pero también uno de
los nombres más relevantes de la lírica
escrita en español en aquel periodo).
Sánchez Robayna señala dos
cuestiones importantes que
descubrieron durante el proceso de
selección. Que había una gran
incomunicación y desconocimiento
entre los autores hispanoamericanos de
aquel periodo ('el que escribía en
Argentina no conocía al que lo hacía
en Honduras'), y que 'la poesía
escrita en España durante los últimos
veinte o treinta años ha conducido a
una degradación y empobrecimiento de
los desafíos poéticos, por no haber
evitado la repetición de las
distintas metamorfosis de la tradición
realista'.
La
polémica es, y será, inevitable. En
la antología no figuran nombres como
los ya citados, u otros como los de
Mario Benedetti, Álvaro Mutis o
Alejandra Pizarnik, por hablar del ámbito
hispanoamericano, y José Hierro (a
propósito de su exclusión, comentó
que tenía todos los defectos del
mundo menos el de la vanidad) o
Leopoldo María Panero, entre los españoles.
Cuenta
Blanca Varela: 'Lo que nos unía a los
cuatro era una forma de sentir y
concebir la poesía. Y buscábamos
aquellos nombres que hubieran influido
profundamente en el curso de la poesía
escrita en la segunda mitad de siglo.
No es que, por ejemplo, no nos
interese la poesía social, pero es
que nos atraen más aquellas voces que
han roto con lo trillado y previsible.
Ahí están los casos de Gamoneda o
Pino, por ejemplo. Luego había una
cuestión de procedimiento. Cada poema
elegido tenía que ser aprobado por
unanimidad. Los cuatro teníamos
nuestras listas y leíamos los versos.
Luego discutíamos. Alejandra Pizarnik
no pasó el examen: pensábamos
que había más literatura en torno al
personaje que en su propia obra'.
'Uno
de los objetivos principales del
proyecto', cuenta Eduardo Milán, 'era
el de poner en situación de diálogo
las obras de poetas muy diferentes, y
ver cuántas influencias compartían,
qué tenían en común, qué los
diferenciaba'. Uno de los desafíos más
radicales de Las ínsulas extrañas
ha sido el de subrayar que, entre los
autores de un lado y otro del Atlántico,
'la lengua es, verdaderamente, una
patria común' (escriben en el prólogo,
donde añaden: 'Todos ellos confirman
la existencia de un estrecho diálogo,
la inextricable trama de una
sensibilidad literaria que está por
encima de las innegables diferencias
nacionales').
No
es una historia de la poesía ('no tenían
por qué estar todos los que son',
dice Milán), no es un catálogo.
'Hemos buscado aquellos que han
buscado un decir originario que
heredara los desafíos propios de la
modernidad (innovación, ruptura,
experimentación formal, voluntad de
transformación, crítica social...)',
comenta Milán.
'Desde
hace tiempo no existe una tradición
poética única y, por lo tanto, cada
autor es libre de escoger a sus
antecesores y situarse en la dirección
en la que, por intuición o por carácter
o por destino, más afinidades
espirituales encuentre'. Eso dicen los
antólogos en el prólogo. La
pluralidad de tendencias es un signo
de estos tiempos. Elegir de todas
ellas unos poemas representativos ha
sido el reto de Las ínsulas extrañas.
El campo de batalla está abierto.
Pasen, señores poetas, y peleen.
©EL
PAIS
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