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“a
mon seul désir”

por
©Blanca
Gago
Este
año se celebra el centenario del nacimiento
del poeta, y también ensayista y dramaturgo
Luis Cernuda, con una serie de exposiciones
y homenajes que constituyen una buena excusa
para acercarse a la vida y la obra de este
sevillano que dio una de sus obras cumbres a
la poesía española: La realidad y el
deseo.
Autor
independiente, rebelde (todo poeta, según
él, debía serlo), original en sus
ambiciones, delicado y terrible a la vez,
Cernuda fue escribiendo a lo largo de su
vida una obra que es en sí misma la esencia
de la creación poética. Desde Primeras
poesías (1924-1927) hasta Desolación de la
Quimera (1956-1962), añadida póstumamente,
la obra expresa la lucha entre la realidad
inamovible y la vivencia de un deseo cierto
pero sutil, fugaz, oscuro. Las experiencias
personales están íntimamente ligadas a
este continuo proceso de creación, por eso
es importante conocer el contexto biográfico
del poeta antes de emprender la lectura de
su obra.
Luis
Cernuda nació y pasó su infancia en
Sevilla. El recuerdo de esta ciudad, de sus
calles y su ambiente, lo describe con
nostalgia en Un río, un amor (1929), libro
escrito a su llegada a la Residencia de
Estudiantes de Madrid, donde entraría a
formar parte de la Generación del 27 y
tomaría su primer contacto con el
surrealismo y las vanguardias españolas de
principios del siglo XX. De estas corrientes
se interesaría sobre todo por la utilización
de imágenes como vía de expresión de
sensaciones, impresiones, de un modo
tremendamente personal que reflejan en ese
momento sus ansias de juventud, la energía
con que acomete la vivencia cotidiana. Más
tarde, estas intuiciones expresan de forma más
contundente y dolorosa la madurez del autor
y las crueles experiencias que conforman las
líneas de su temática poética: la Guerra
Civil y el exilio errante hasta su muerte,
pero también la angustia por el sufrimiento
amoroso, la presencia cotidiana de la
soledad y la muerte, el ansia infinita de
placer... Esta última está magistralmente
tratada en Los placeres prohibidos (1931),
donde Cernuda llega a la conclusión de que
la justificación de la existencia se
alcanza por la voluntad de vivir a través
de la persona amada. Domina un tono vital,
apasionado, que irá derivando en otro mucho
más amargo y sereno a medida que se
prolonga el exilio del poeta como
consecuencia de la Guerra Civil, primero en
Inglaterra, después en Estados Unidos y
finalmente en México, donde muere en 1963.
Como quien espera el alba (1941-1944)
contiene una de las escasas muestras de la
presencia de Dios en la poesía de Cernuda,
como entidad vocativa, desconocida y
provocadora de sensaciones violentamente
contradictorias. El libro es una reflexión
sobre su tierra tan añorada, la fuerza de
su historia, la importancia de la memoria,
causante de la desolación del poeta, que
acaba admitiendo que no comprende a los
hombres.
Sin
embargo, este sentimiento entronca
directamente con el que caracteriza uno de
los libros más conocidos de Cernuda: Donde
habite el olvido (1932-1933), escrito en
pleno apogeo del Gobierno de la República
(con el que colaboró activamente en la
creación de varios proyectos culturales),
cuando él ni siquiera sospechaba que en
unos años se marcharía para siempre de su
país. Esto demuestra que el sentimiento de
exilio, la soledad y el dolor por la pérdida
del pasado, son algo inherente a la poesía
de Cernuda, un desgarro derivado de esa
polaridad entre la realidad y el deseo que
lo acompañó siempre, y que él intentó
calmar a través del olvido y de un
distanciamiento a veces rencoroso de la
vida. Es esto lo que lo convierte en un
poeta universal, con una obra intensa, fiel
a sí misma, cuyo canto último es siempre
“a mon seul désir”.
©Blanca
Gago 2002. Escritora,
colaboradora de revistas literarias en la
red: Espacio Luke, Babab, Literaturas.com,
Anceo.
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