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Opinión

 

MÚSICA EN LAS PALABRAS

©Fotografía Ángela Soler

por 

©Ángela Soler 2003

Ángela Soler es Licenciada en Ciencias de la Información (Periodismo) por la

Universidad Autónoma de Barcelona. Como periodista ha trabajado para diversos

medios de comunicación: en el periódico Información de Alicante, la Revista

Arquitectura y Diseño, o Belleza y Moda, de la que ha sido Redactora Jefe.

Actualmente compagina la actividad periodística con la de cantautora. Su primer

disco, "No me Basta", se editó en el año 98 y fue presentado al público  por el cantautor francés Georges Moustaki. Ha escrito canciones popularizadas por otros autores, como "Desátame", tema cantado también por la cantante Massiel 

Su segundo disco "Lágrimas de Menta" salió al mercado en el  2001.Ganadora del Premio de Relato Ciudad de la Bañeza. Primer accésit en el Premio de Poesía José María Valverde. Ganadora Premio de Cuentos Juegos Florales de Tobarra. Ganadora Premio de Relato Los Palacios y Villafranca,Finalista en el Premio de Relato La Felguera. Finalista en el Premio de Cuentos Ciudad de Villa del Río. Dos veces finalista en el Premio Relatos de Mujer, de Bilbao.Finalista en el Premio Internacional de relatos Max Aub.Finalista en el Premio Internacional de novela Gabriel Sijé

 

Sé que en el pentagrama de las letras hay notas musicales escondidas, que la música afina los sentidos y los despierta a menudo del letargo, que tiene el don de atravesar los corazones con flechas envenenadas de dulzura. Yo misma, al escribir, no sé separar la literatura de la música, no sólo porque he realizado las dos cosas por igual y con la misma fascinación y una pasión idénticas, sino porque pierdo o gano el tiempo, a menudo, buscando la musicalidad de las palabras.

En esa búsqueda inconsciente de lo sinestésico, se enlentece, y quizás se espesa, la escritura, pero también gracias a ella se puede jugar a adivinar mensajes ocultos, aunque en realidad sólo puedan ser descifrados por almas parecidas.

Es conocida, por sus lectores, la omnipresencia de la música en los textos de Antonio Muñoz Molina. En "El Jinete Polaco" nos hace escuchar canciones de fondo citando el título de algún tema de Jim Morrison, o The Doors, cogiéndonos de la mano para trasladarnos a una época pasada, en la que no sólo se oirá de nuevo la melodía, sino el ulular del tiempo conjurando los sentidos y haciendo sentir casi lo mismo a través de una evocación fortísima. Leería "El Jinete Polaco" cientos de veces, y cada una de ellas, al empezar un capítulo, se me volvería a escapar ese suspiro denso de plenitud, la sensación de estar rozando con los dedos la belleza de un lenguaje no envuelto sólo de música con una cadencia muy suave, sino también de pintura y superposición de imágenes y hasta de olores dormidos que se empiezan a desesperezar.

Durante la etapa romántica, se tenía la sensación de que el verdadero artista nunca era sólo poeta, o pintor, o músico, sino una combinación de todos ellos. La música se hallaba latente en la poesía, la poesía en la pintura, y cada una de ellas debía de ser percibida y experimentada en la otra, como aseguraba Novalis.

En el S.XVIII estaba generaliza la idea de que la música se dirigía más a los sentidos y al corazón que al intelecto. Para Kant tenía, desde el punto de vista de la razón, menos valor que las demás artes, porque era emotiva. Decía que la música habla por medio de las sensaciones sin conceptos y por ello no deja, como la poesía, materia alguna sobre la que reflexionar. Le hermana del filósofo Feuerbach, Henriette, decía en cambio que la música era superior a todas las demás artes porque era la única que no necesitaba del pensamiento como intermediario, sino que actuaba sobre las sensibilidades como un espíritu que le habla directamente a otro. Y en la misma línea estaba la escritora George Sand, compañera sentimental de Chopin, para quien "ningún otro arte puede despertar de forma tan sublime los sentimientos humanos en lo más íntimo del corazón del hombre; ningún otro arte puede pintar para los ojos del alma los esplendores de la naturaleza, los deleites de la contemplación, el carácter de las naciones, el tumulto de sus pasiones, y la languidez de sus sufrimientos como la música".

La música literaria no es lo mismo que la literatura de la música, y de las dos, por supuesto, la primera es la que más me interesa. Dejarse llevar por el ritmo musical de un texto en el que cada frase se encadena a la siguiente, igual que en un canon musical, es una de las experiencias estéticas más gratificantes, como lo es el placer de escribir bajo los influjos de la música antigua, o de la barroca, llorar hasta vaciarse y mojar el papel, o las teclas, mientras el lamento de un violonchelo, en una Suite de Bach, lo impregna todo de una bella tristeza.

©Ángela Soler 2003

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