¿Sabías qué?



 





























 
 

 

     

 

 

 

 

 
 

 

 

Arthur Koestler  AUTOBIOGRAFÍA 2 Vols.

Editorial Debate

Flecha en el azul. Volumen I

La escritura invisible. Volumen II

 Debate rescata del olvido editorial la valiosa Autobiografía de Arthur Koestler,   publicada en dos volúmenes que abarcan los treinta y cinco primeros años de su vida. Cerca de novecientas páginas para relatar un periodo tan breve de la existencia de una persona pueden parecer un tanto excesivas, pero una vez leídas cambiaremos, sin dudarlo, de opinión. Arthur Koestler vivió muy de cerca ciertos acontecimientos de nuestro siglo de tanta trascendencia histórica, política y social, que esta obra bien podría haberse extendido unos cientos de páginas más. El primer volumen, Flecha en el azul, abarca desde su nacimiento hasta el momento en que toma la decisión de ingresar en el partido comunista alemán. Koestler nos relata su infancia y adolescencia, y, lo que es más relevante, el despertar de sus sentimientos políticos, cuya solidez y compromiso tuvieron una importancia definitiva en su trayectoria vital. El primero de esos sentimientos fue un fervoroso sionismo que lo llevo a dejar sus estudios para intentar ingresar infructuosamente en un kibutz y dedicar su vida a trabajar la tierra en Palestina. Después de su breve estancia en la colonia judía -no superó el periodo de prueba por el que debían pasar todos los candidatos-, vivió sucesivamente en Haifa, Tel Aviv y Jerusalén, ejerciendo el periodismo, y ya de vuelta a Europa, en París y Berlín. Allí llegó a ocupar el cargo de director de la sección científica en uno de los diarios más respetados de Alemania hasta su ya mencionado ingreso en el partido comunista, no sin antes haber tomado parte, en calidad de ilustre informador, en una expedición internacional al Polo Norte, ni más ni menos que en un Zeppelin. 

            La escritura invisible, el segundo volumen, es más extenso y revelador. La afiliación de Koestler al partido comunista provoca su despido de la agencia Ullstein, la poderosa cadena de diarios en la que trabaja. Auspiciado por el Comintern, de cuyo Apparat ya es miembro activo, viaja por la Unión Soviética y Asia Central. Vuelve a París donde colabora activamente con Willy Muenzenberg, otro importante agente del Comintern, en campañas de propaganda antifascista. Viaja a España en dos ocasiones, con la intención de obtener pruebas que confirmen la colaboración nazi en la sublevación del 36. En su segundo viaje es detenido y condenado a muerte, sentencia que nunca será ejecutada gracias, en gran medida, a una campaña de presión internacional promovida por Dorothy, la última compañera sentimental de esa época de su vida, de la que ya se había separado amistosamente. En la cárcel española reflexiona intensa y detenidamente sobre sus ideas políticas y, una vez liberado, decide abandonar el partido defraudado por completo por el comunismo y, más concretamente, por el estalinismo. Comienza entonces a escribir sus primeras obras. 

            Al evidente interés histórico de los hechos en los que estuvo involucrado, hay que sumar la también interesante evolución de su pensamiento político. Una evolución marcada, en muchos casos, por una "cobarde", según palabras del propio Koestler, acción de "quemar las naves", a la que recurre inconscientemente cuando la duda y el hastío se hacen insufribles y su inseguridad le paraliza. Una inseguridad que revela, por otro lado, su permanente contacto con la realidad, a la par que unas loables tolerancia y amplitud de miras.  

            La habilidad narrativa de este periodista-novelista-ensayista queda patente desde las primeras páginas del libro. Koestler nos sorprende comenzando su autobiografía con una visita a una hemeroteca a la que asistimos obligados por la propia lectura. Allí no hace otra cosa que consultar los periódicos correspondientes al día de su nacimiento, intentando trazar lo que él llama su "horóscopo secular". Así, citando textualmente el contenido de ciertas noticias y anuncios de los periódicos de aquella época -recurso que en su momento debió resultar hasta innovador-, a través de la lectura de una lectura -aspecto, por otro, lado presente desde el Quijote en la historia de la literatura-, nos introduce de forma solapada y amena en el decorado donde comienza la historia de sus antepasados más inmediatos.

 Además de sus inquietudes políticas y existenciales, nos transmite también algunas de sus reflexiones acerca de la literatura. Un interesante ejemplo es el capítulo tercero de la primera parte titulado Las trampas de la Autobiografía, donde reflexiona sobre las dificultades que entraña el adecuado desarrollo de este género. Enumera una serie de trampas en las que no debe caer el escritor de memorias, trampas que ahora no voy a desvelar para no impedir al lector disfrutar de las interesantes cavilaciones de Koestler al respecto y, lo que considero más importante, encontramos también en este capítulo una declaración de intenciones del autor: le impulsa el deseo de interesar al lector futuro más que al contemporáneo, el deseo de cambiar cien lectores de su época “por diez lectores dentro de diez años, o por un lector dentro de cien" -un deseo probablemente común a todos los grandes escritores-. Para conseguirlo el escritor no debe olvidar en ningún momento "que el lector es un pez de sangre fría al que hay que hacer cosquillas para que demuestre algún interés", y a ello se dedicará Koestler a lo largo de toda la obra.

                        Con la intención de ilustrar muchas de esas reflexiones literarias no duda en hacer referencia a sus propias obras, citando incluso algunos párrafos de las mismas, lo cual no es una mala introducción para un neófito de su obra literaria. En este aspecto resultan tanto o más interesantes las observaciones que hace sobre otros literatos húngaros, escritores europeos relacionados de una forma u otra con el comunismo, memorialistas ex-miembros del Apparat o supervivientes de campos de concentración estalinistas y nazis. Seria encomiable que más editoriales se dedicaran a recuperar  algunos de esos libros. La lista es larga: Alex Weissberg (Conspiracy of silence), Manes Sperber, Alexander Foote (Manual para espías), Walter Krivitsky (Fui un agente de Stalin), Greta Neumann-Buber (Under two dictators), Bruno Heiling (Hombres crucuficados) y otros más conocidos como Bertolt Brecht, Anna Seghers o Ignazio Silone. Es más, probablemente algunos de ellos no vieron nunca la luz en España, debido a la censura franquista, y considero (espero no ser yo sólo) que no deben ser olvidados o ignorados, principalmente por razones históricas y por ser muchos de ellos testimonio de algo que nunca debería  volver a pasar, aunque esta ultima consideración resulte un tanto tópica.

                        A pesar de su extensión, el estilo predominantemente llano y conciso, sembrado de agudas y sarcásticas apreciaciones de este inestimable observador crítico de sí mismo y del mundo que le rodea, sumado a la variedad de escenarios geográficos en que se desarrolla la obra, hacen que la lectura de estas memorias resulte fluida, ligera y francamente entretenida.

                        Hay que decir también que, aun siendo muy de agradecer esta reedición, los responsables deberían haber cuidado más la corrección del texto, en el que encontramos demasiadas y molestas erratas (¡por favor, llamen al orden a los "duendes" de su imprenta!) y la corrección del estilo, ya que se detectan algunos extraños giros derivados quizá, según mi modesta apreciación, de la utilización de alguna antigua traducción, no revisada, de la obra.

             Tirones de orejas aparte, comparto la opinión expresada por la editora en el breve prefacio que acompaña a esta edición, y me uno a ella para recomendar encarecidamente su lectura ya que, aunque podamos no compartir las ideas políticas de su autor, la visión analítica que nos muestra de su época resulta muy esclarecedora, yo diría que fundamental.

©Alejandro Pérez-Prat Madera

 


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