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OPINION -
COLABORACIONES 2001
Animación
a la lectura
por
©Luis
García

Ilustración ©Ombú
Muchas
Editoriales, guardan en su buen saber, "know how"
que se dice ahora, con planes específicos de Animación a la
Lectura que periódicamente desempolvan con motivo del Día
del Libro, que como todos ustedes saben conmemora no sólo
el aniversario del fallecimiento de Miguel de Cervantes, sino también
el de William Shakespeare.
Dichos
planes de Animación a la Lectura, perfectamente inútiles
por otra parte, suelen
resumirse la mayoría de las veces en la puesta en marcha de campañas
escolares en las que se incita a los niños a comprar libros
obligando a sus padres a que se los regalen bajo el pretexto de su
necesidad para leer, aunque este hecho hoy en día es sumamente
discutible ya que dada la abundancia de Bibliotecas Públicas
existentes, su propia carencia o el precio de los libros ha dejado
de ser una excusa para no hacerlo.
No
estoy en contra de dichos planes, ni mucho menos. Aunque si que es
cierto y mantengo, al
igual que aquel otro ministro que afirmaba algo parecido referido a
otro ámbito, que la mejor política cultural en el campo de la
animación a la lectura es la que no existe.
Y
me explico: Una vieja reivindicación de antaño, que coincidió con
los años de mi adolescencia, excusaba la insuficiencia cultural en
la escasez de Bibliotecas Públicas. Hoy, muchos años y libros
después, dudo mucho
que el coeficiente cultural de la ciudad en que resido haya
aumentado a pesar de la abundancia de dichas Bibliotecas (una por
barrio) entre otras razones porque, o bien no se usan, o se usan
incorrectamente.
Esta
reflexión, aparentemente pueril, nos lleva a la conclusión de que
el mal no estaba en la ausencia de los recursos, sino en el
incorrecto uso de los mismos. Algo que yo extrapolo y lo llevo al
terreno de las Campañas de Animación a la Lectura. Y con
ello, me reafirmo en lo anteriormente expuesto: la mejor campaña es
la que no existe. Pero obviando este detalle, si que es cierto que
es de agradecer dichas iniciativas aunque sólo sirvan para
recordarnos que estamos en uno de los países que menores índices
de lectura tienen, pero que más libros editan, hasta el extremo que
las novedades se pisan unas a otras en las estanterías de las
Librerías con una voracidad que raya la antropofagia. Y llegados a
este punto, si que me parece de justicia resaltar la labor de aquellas editoriales que aún pierden
tiempo y dinero en las mismas.
Recientemente
he tenido la oportunidad de releer Bartlebly el escribiente
de Herman Melville y Capitán de altura de
Jorge Amado, lecturas que no han hecho sino reafirmarme en mis
convicciones intelectuales. Pero no son de sus virtudes literarias
de las que me interesa hablar ahora, sino de la propia colección XL.
Dirigida y enfocada a los mayores, una de las horquillas de la
población más desatendida pero que más disfruta con la lectura, y
asesorada por los servicios de la ONCE, lentamente
se ha configurado, así me gusta verla, como un plan específico de Animación
a la Lectura para todos aquellos que todavía aúnen el
excesivo miedo a reencontrarse con la literatura con las
limitaciones físicas impuestas por la edad.
Y
aquí hay que reconocer que las Editoriales no siempre han sabido
conjugar comodidad con calidad, y las más de las veces teníamos
que conformarnos con unos sesudos "tochos", generalmente
infumables ya que en ellos te dejabas los ojos, si pretendías
leerte por ejemplo Madame Bovary de Flaubert, o La
Regenta de Clarín ahora que estamos en el año de su
centenario. Aunque de
centenarios... vamos bien surtidos este año. Y el que viene, y el
que viene... Sólo hay que dar con el adecuado o el políticamente
correcto, que de todo hay en la
viña del Señor. Pero eso se acabó. Ya no existen vagas
excusas para no acercarse a la lectura, salvo las propias que nos
imponga una política educativa reaccionaria.
Todos
tenemos acceso a la lectura en igualdad de condiciones, bien sea a
través de Bibliotecas
Públicas o de colecciones de bolsillo. Es por eso que me llama la
atención la existencia de una colección para mayores, para XL,
como se dice ahora. Y es por eso que me llama la atención el éxito
de dichas colección entre todos los estratos de la población, al
margen de su edad o condición. Porque, ¿no estaremos ocultando una
carencia de rango superior al de una talla o edad?.
Aunque
si que es cierto que iniciativas de este tipo ayudan y mucho a los
futuros lectores, que duda cabe que siempre resultará más cómodo
leer un libro con un tamaño de letra superior al mantenido hasta la
fecha, al igual que antes debían de tener muchas imágenes para
resultar atractivos, es posible que seya haya abierto la Caja de
Pandora y descubierto que en realidad, la carencia de lectores, no
es debido única y exclusivamente a nuestra indefensión a la hora
de acudir al oftalmólogo.
Pero
por si las moscas, vayamos al oculista, revisemos nuestra vista y
leyamos. Seguro que generaciones posteriores lo agradecerán.
©Luis
García escribe para distintos medios de comunicación relacionado
con los libros.


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