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OPINION -
COLABORACIONES 2001
Reinaldo
Arenas versus Javier Bardem
por © Luis
Santillán
Acertada
elección la del camaleónico Javier Bardem para interpretar al
escritor cubano Reinaldo Arenas, autor maldito donde los haya, que
contribuyó a su propia leyenda suicidándose en 1990 cuando ya el
sida, la madre de todas las pestes, había hecho la suficiente mella
en él como para incitarle a renunciar a la vida. No es casual por
tanto dicha elección. Estamos ante uno de los actores con mayor
proyección internacional (con
el permiso del californiano-malagueño Antonio Banderas), uno de los
que mejor saben transformarse y uno de los que más verosimilitud
imponen a sus interpretaciones. Sea en su papel de empresario de
barrio castizo dispuesto a comerse el mundo (Huevos de oro),
de macarra de carretera (Jamón, jamón) o de chivato
drogadicto (Días contados), Javier Bardem no
defrauda. Por eso este salto a la escena internacional se le hacía
casi como obligado.

Y
lo ha hecho interpretando a uno de los grandes. No debió ser fácil
la vida de Reinaldo Arenas, pero es que no debió de haberlo sido
para quienes como él intentaron aunar fidelidad a la Revolución
con su condición de escritor homosexual. Sin embargo, llama
poderosamente la atención el que otros autores coetáneos suyos
también homosexuales, a pesar de verse en algún momento de sus
vidas marginados por el régimen, no sufrieran tan dramática
represión. Porque hay que recordar que el hecho de formar parte de
la tripulación del Mariel fue antes que nada una
humillación, un estigma que aún perdura hoy en día para todos
aquellos que como él pasaron a la historia como los marielitos.
Y ésta, justa o no, sí que resulta inmutable por muchas
correcciones que se le hagan, y sobre todo gracias al cine de
Holliwood. Por eso cobra mayor sentido ahora la película sobre la
vida del poeta y narrador Reinaldo Arenas, escritor que hizo de su
condición sexual la razón de su devenir literario, y que sin duda,
y a pesar de moverse en los ambientes gays más destructivos,
gracias a la película que pudo encumbrar a Javier Bardem cobrará
mayor éxito hoy en día. Pero ya se sabe que lo cubano está de
moda. Basta con echar un vistazo a cuanto se edita hoy en día. ¿Quién,
salvando sus incondicionales, conocía la obra de Virgilio Piñera?.
Pocos, seamos realistas. ¿Y la de Reinaldo?. Nuevamente y por
desgracia, el cine de Holliwood pasa por la izquierda a la
literatura y viene a echarnos una manita. Y obviando su pronunciada
aversión ante lo políticamente incorrecto (véase homosexualidad,
afroamericano, etc) da una vuelta de tuerca y nos recuerda que sólo
él puede encumbrar o enterrar a una figura. Felicitemos por tanto a
Javier, que se lo merece, leamos las novelas de Reinaldo Arenas
reeditadas por Tusquets, pero no perdamos de vista el que si esto es
así, se lo debemos a los sátrapas de los Grandes Estudios
que como casi siempre dan una de cal y otra de arena. Y en esta
ocasión tocó la de cal.
Pero
al margen de sus cualidades cinematográficas, conviene quedarse con
las literarias. La literatura de Reinaldo gusta, y mucho, a quienes
como él adolecen de igual condición, lo que lleva consigo el
etiquetamiento. Pero es una literatura limpia, posiblemente más de
lo que debió de ser su propia vida si hacemos caso de lo que nos
cuenta Eliseo Alberto,
también escritor y cubano como él. No es el momento por tanto de
visionar su vida desde un punto de vista morboso, aunque seguro que
los académicos no se habrán visto imposibilitados para hacerlo. Es
el momento de disfrutar con sus novelas, y de observar cuando
visionemos en video la "Gala de los Oscars 2001" la
sombra que sin duda planeará sobre el Patio de Butacas.
Porque a buen seguro, no me cabe ninguna duda de ello, que el propio
Reinaldo habrá asistido al acto, y se habrá reído un poco, por
que no, de todos aquellos que un día intentaron humillarlo bajo el
apodo de marielito.
©Luis
Santillán es Documentalista.
Y
lo ha hecho interpretando a uno de los grandes. No debió ser fácil
la vida de Reinaldo Arenas, pero es que no debió de haberlo sido
para quienes como él intentaron aunar fidelidad a la Revolución
con su condición de escritor homosexual. Sin embargo, llama
poderosamente la atención el que otros autores coetáneos suyos
también homosexuales, a pesar de verse en algún momento de sus
vidas marginados por el régimen, no sufrieran tan dramática
represión. Porque hay que recordar que el hecho de formar parte de
la tripulación del Mariel fue antes que nada una
humillación, un estigma que aún perdura hoy en día para todos
aquellos que como él pasaron a la historia como los marielitos.
Y ésta, justa o no, sí que resulta inmutable por muchas
correcciones que se le hagan, y sobre todo gracias al cine de
Holliwood. Por eso cobra mayor sentido ahora la película sobre la
vida del poeta y narrador Reinaldo Arenas, escritor que hizo de su
condición sexual la razón de su devenir literario, y que sin duda,
y a pesar de moverse en los ambientes gays más destructivos,
gracias a la película que pudo encumbrar a Javier Bardem cobrará
mayor éxito hoy en día. Pero ya se sabe que lo cubano está de
moda. Basta con echar un vistazo a cuanto se edita hoy en día. ¿Quién,
salvando sus incondicionales, conocía la obra de Virgilio Piñera?.
Pocos, seamos realistas. ¿Y la de Reinaldo?. Nuevamente y por
desgracia, el cine de Holliwood pasa por la izquierda a la
literatura y viene a echarnos una manita. Y obviando su pronunciada
aversión ante lo políticamente incorrecto (véase homosexualidad,
afroamericano, etc) da una vuelta de tuerca y nos recuerda que sólo
él puede encumbrar o enterrar a una figura. Felicitemos por tanto a
Javier, que se lo merece, leamos las novelas de Reinaldo Arenas
reeditadas por Tusquets, pero no perdamos de vista el que si esto es
así, se lo debemos a los sátrapas de los Grandes Estudios
que como casi siempre dan una de cal y otra de arena. Y en esta
ocasión tocó la de cal.
Pero
al margen de sus cualidades cinematográficas, conviene quedarse con
las literarias. La literatura de Reinaldo gusta, y mucho, a quienes
como él adolecen de igual condición, lo que lleva consigo el
etiquetamiento. Pero es una literatura limpia, posiblemente más de
lo que debió de ser su propia vida si hacemos caso de lo que nos
cuenta Eliseo Alberto,
también escritor y cubano como él. No es el momento por tanto de
visionar su vida desde un punto de vista morboso, aunque seguro que
los académicos no se habrán visto imposibilitados para hacerlo. Es
el momento de disfrutar con sus novelas, y de observar cuando
visionemos en video la "Gala de los Oscars 2001" la
sombra que sin duda planeará sobre el Patio de Butacas.
Porque a buen seguro, no me cabe ninguna duda de ello, que el propio
Reinaldo habrá asistido al acto, y se habrá reído un poco, por
que no, de todos aquellos que un día intentaron humillarlo bajo el
apodo de marielito.
©Luis
Santillán es Documentalista.


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