OPINION - COLABORACIONES 2001


VA POR USTED

por ©Miguel Angel Cuadrado

                       Si hay que rememorar brindis que sean aquellos sin final feliz, y que fueron hechos en tarde no especialmente brillante, pero sí en circunstancias de raro dominio. Los brindis con final feliz, se defienden por si solos en el nimbo de las faenas macizas y logradas, que en su gloria flotan.

            Era un domingo de primavera nublado, en que el aficionado asistía a la novillada anunciada un tanto destemplado. Media entrada escasa, novillada encaste de Santa Coloma repleta de las dificultades propias de sus genes. Ya se barruntaba la feria de Mayo en los sueños de los cabales. Cuando a un novillo castigado a banderillas negras le recae el honor de ser brindado, por el Fundi, al presidente de Nicaragua y sandinista Daniel Ortega, en su muerte a estoque.

            El Fundi pasó fatigas y suspiros para domeñar y franquearle la  última puerta al novillo de encaste Santa Coloma. Y poco tiempo después se retiró, a recapacitar, para retornar a los ruedos y, junto a José Luis Bote, tomar la alternativa en Villaviciosa de Odón, apadrinados ambos por su compañero de Escuela Taurina, el ya afamado matador de toros José Miguel Arroyo Joselito.

            De aquella tarde y aquel brindis a Daniel Ortega, ¡olé por el Fundi!, aunque le chivaran al oído la oportunidad de una suerte tan surrealista, al aficionado le queda la imagen del rito prendida al gris melancólico del paisaje, a la nube del miedo que espoleaba la casta de una novillada de domingo en la catedral Venteña. Y saber que el Fundi tras el aparente fracaso, frenazo y reflexión, resurgiría y poco a poco se iba a hacer un lugar en la Fiesta, un nombre y un respeto. Ganado en noble y esforzada pelea a camadas de Miuras, Pablo Romero, Dolores Aguirre, ¡santo cielo!, con gallardía y corazón dispuesto.

            Antimoraleja. La última palabra siempre la  tiene el torero y la Suerte amancebada con el azar. Y no el sempiterno profeta que dicta sentencias mientras se lava las manos, a ratos salomónicas, en las aguas del torpe olvido." Zutano no va a llegar a nada, y además no sabe torear..."

            Otro brindis que tengo en mi antología particular, es el que realizara Luis de Pauloba, una tarde cálida del mes de Julio, año mil novecientos noventa y cinco, a Ernst Jünger, el autor de Radiaciones, o Sobre los acantilados de mármol, quien se encontraba en España recibiendo un homenaje por su obra cuando pasaba a engrosar el "club de los cien", pero de años cumplidos. Todo un siglo veinte cambalache.

            Alguien también suponemos que apuntaría a Luis de Pauloba la presencia de la relevante personalidad de Jünger en el coso venteño, y el torero de Aznalcóllar, Sevilla, al sonar los clarines para el último tercio, se dirigió hacia el tendido en donde estaba el escritor centenario, y al pie de la barrera le brindó la muerte del morlaco.

            No tuvo suerte Pauloba, hubo de abreviar con recursos y resignación. Pero en el recuerdo del aficionado perdura la imagen cenicienta de Jünger en el tendido, de la manera de bajar airoso las escalerillas a la hora de partir, como diciendo  ¡ahí queda eso!: la estela de sus impresionantes Diarios, como testigo mural de todos los avances, atrocidades y sueños del hombre en el siglo veinte problemático y febril.

            Qué idea se llevaría Jünger del ancestral rito taurino, incardinado a finales del cibernáutico segundo milenio, y del auténtico torero de temple y pureza sin igual, Pauloba, que todo aficionado de bien tiene en mente por sus memorables faenas. Todo son preguntas, respuestas y silencios.

            Así que, por esos brindis que en el alma dejan poso, yo me descubro a la luz del recuerdo. Y prometo guardar con celo de novicio, aquellos que el tiempo tenga por mi bien ofrecerme. A la vuelta de la esquina del milenio hablaremos. Puntos suspensivos. Tres. Como los tercios y tiempos del toreo.

            © Miguel Angel Cuadrado es comentarista taurino en España.