| POESÍA
LA
CONVERSACION
1
alguien
había citado
al
polígono
brumoso
el
sendero dirigíase hacia un cuerpo
parecido
y de metal
reluciente
por el astro
que
lo estregaba
entre las paredes
había
rivalidad de huecos
y
escombros
tal vez algunas balas
estuvieron
de visita
yo
no podía con mi voz
anticipada
y
ajena
no podía
mencionarme
mientras la noche
absorbía
las señales
del
rocío
fundas y antifaces
a
mis recuerdos guardaban
forzosamente
callado yo era solo
andar
sin nada más
que
un número en el pecho calculando
el
peso de los diálogos remotos
el
sendero mostró lo artificial
del
astro
amarillos
cabellos
esparcidos
sobre
aquel cuerpo
emparentado
a los confines
2
alguien
lo había llamado
cabina
y supe que allí
se
mezclaban los polos y horarios
más
dispares en cordel
que
ceñía la cintura del momento
andar
solo
por
este antiguo parque
un ayer
calcado
en el mobiliario de la brisa
y aquel número
vigilante
y
detrás del arrabal las dunas
con
su pasión contenida
ver
al fin la zonangosta
el
brillo de los límites reunidos
y
adentrarse sin más impedimento
que
llevar del semblante parcas
y
anónimas referencias
adentrarse
indagando el corazón
del
polígono
el compás imperceptible
en
las cifras el redondel la caja
el
canal pidiendo monedas
y
aquel brazo que descolgué
cuando
mi oído reconoció
su
tacto
3
alguien
hablaría después
que
aquel número
del
pecho hacia el redondel fuese
por
mi dedo trasla(dado)
pero
brotaron interferencias
cables
en
forma de inexactos crucigramas
donde
las palabras extraviadas
osaron
castigar con(t)estaciones
que
se despoblarían
luego
de la bruma
el brazo
no
se había separado de mi oído
llegaban
murmullos
conversando
con mi voz
pero
yo aún tenía sellados los labios
un
tonoscuro a los cristales apropió
y
escuché de nuevo la voz agitándose
al
igual que las encías
de
los recuerdos revelados:
la
cabina controlaba cada fibra
de
mi rígidorganismo
ella era un
ventrílocuo
y
yo su eventual artefacto
para
un final premeditado
supe
que alguien me dijo adiós
más
atrás de las dunas
la noche
apagaba
los metales y los ojos numéricos
guiñaron
en conjunto al cordel
por
su concluyente
faena
en
mi cuello
©Héctor
Rosales
(Poema del libro
DESVUELO)
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