| POESÍA
(De
Se está
muy bien aquí. Diario de una amistad)
Ha
sido una semana agotadora:
exámenes,
trabajo, lejanos los amigos.
Hoy
domingo he venido paseando
a
este parque de Roma.
Se
escuchan los gorriones,
los
besos silenciosos de los enamorados.
Bajo
este azul de mayo me he sentado a
escribirte.
Unas
palomas comen de manos de una vieja.
Estarás
tú soñando
paraísos
de luz,
plena
de vida y gozo, o recordando
unos
bellos instantes compartidos.
Tan
sólo quise darte una amistad sencilla,
unas
horas de amor.
Y
fuimos transformando esa experiencia,
para
ti inolvidable,
en
un hondo venero de ternura.
Se
ha marchado la vieja
y
siguen las palomas desplegando armonía.
No
encierres en el sueño la esperanza.
Entrégate
a la vida,
sin
temor y en despojo
de
todo cuanto pueda recordar la tristeza,
y
ofrenda esa tu paz
a
quien yace en lo oscuro.
Algún
día el amor será más que silencio
en
ti,
como lo ha sido en esa buena anciana
que
ha vuelto a echar pan a las palomas.
Se
está muy bien aquí. Las copas de los pinos
dan
calma y sombra nueva.
Recibe
un fuerte abrazo en esta luz
te dejo.
Es
hora de comer.

(De
La
manzana o el vértigo)
Es
otoño cumplido en nuestros cuerpos,
de ese aroma sedoso de la hoja del álamo
que va cayendo, lenta, acariciando
la penúltima luz.
Y es de lluvia el deseo en tu mirada
cuando avanza la tarde, ciruela ya madura
en
nuestros labios,
mientras callan los pájaros de sombra.
Porque nos basta el tacto de la luna
al besarnos, tan sólo.
Son tus brazos un nido donde abrigarme, cálida,
del cuévano en silencio de la noche,
o acaso de una nieve presentida.
Porque mis ramas quedan al desnudo,
sintiéndote tan dentro
como sienten los álamos sus despojos más
íntimos.
Y la noche nos cubre.
Nadie.
Un eco de luna
en tanto nos amamos, sin ramajes ni sábanas.
Dan muy lentas las horas, la hojarasca, el
rocío.
Mientras las fresas húmedas del alba
nos regresan del sueño, para siempre.
©María
Pilar Martínez
Barca
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