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POÉTICA
Taller
para una poética
El
poema surge como una necesidad interior,
aparece porque se busca.
La
realidad del poema no es anterior al poema,
sino que surge, se crea en la lectura del
mundo que propicia la aparición del poema.
Antes de él, no existe ese espacio. El
poema abre huecos, horada.
La
verdad de la poesía. En los poetas
verdaderos, al menos en los que yo conozco,
la poesía trasciende el poema o el libro.
Es una presencia que tiene que ver con la
vida, nunca está al margen, el poema es una
huella más de la mirada. Verdad como forma
de coherencia.
No
creo en el poema que se construye en el vacío;
no creo en la abstracción del poema;
sospecho siempre del poema o de la obra
construida a partir de grandes conceptos. En
mi opinión, lo que carga un poema,
un cuadro, es la interacción de vida y
lenguaje: un lenguaje, como explicaré más
adelante, en unas condiciones especiales, un
lenguaje excitado.
Veo
la poesía como un proceso, un largo camino.
O lo que contaba el pintor Bernardo Sanjurjo:
“No quiero hacer más cuadros, quiero
pintar”. Ese camino, la búsqueda del
poema, genera un estado de atención sobre
el mundo, un afilamiento de la percepción
que puede, o no, plasmarse en poema.
Una
poesía integral, que no excluya aspectos de
la vida. Habría que, para empezar, ir
socavando el anquilosamiento de algunos
conceptos como belleza, pureza (horrible
palabra, decía Cortázar, puré y después
zá), etc. Me viene a la cabeza aquel verso
que Miguel Suárez escribió mirando de
reojo a Van Gogh: “La belleza del mundo en
un par de botas” o el poema de W. C. W.
sobre la carretilla roja.
Nada
previo al poema, excepto, como decía, esa búsqueda
que tal vez sea ya el propio poema. ¿Qué
es la forma de un poema? En poesía, no
entiendo de diseños porque la forma es
simultánea e inseparable del poema; surge
con él y en él: cada poema es una forma.
La
propuesta de Williams “Not ideas but in
things” como un enigma de claridad. Un
poema que piense a partir de las cosas, un
pensamiento construido en presencias.
Antonio
Gamoneda siempre ha defendido el origen
musical del poema. Ese primer verso o
primera frase zumba desde una disposición
musical, ofrece el hilo que se trenzará, si
hay suerte, en un orden nuevo. Memoria y música
se frotan en el poema. Esta música de las
palabras produce una excitación de la
memoria que a su vez alimenta la prolongación
de esa música. El verso (lo que vuelve), o
el fraseo, cobra calidad de imán: reclama
otras palabras, forma imágenes, desencadena
el flujo que llamaremos poema.
“La
música de la poesía es la música latente
en el habla cotidiana de un tiempo” (T. S.
Eliot).
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