PERSONA

Marcos Canteli

Bimenes, Asturias, 1974. Es licenciado en Filología Española por la Universidad de Oviedo. Miembro del consejo de redacción de la revista Solaria y de la colección Nómadas de poesía. Ha publicado poemas, traducciones y reseñas en revistas como Hablar/Falar de Poesía, Cuadernos Hispanoamericanos, Quimera, El signo del gorrión, Espacio/Espaço Escrito, El Crítico. Es autor del libro de poesía Reunión (Icaria, Barcelona, 1999), así como de varios catálogos en colaboración con artistas plásticos como Bernardo Sanjurjo, Beatriz Gutiérrez o Israel de la Peña. Ha sido incluido en la antologías Poesia Espanhola, Anos 90 (Relógio D?Água, Lisboa, 2000), a cargo de Joaquim Manuel Magalhães y en Cuaderno Laberinto, (KRK, Oviedo, 1997), editada por Alfonso Fernández García. En la actualidad, cursa estudios de doctorado en Duke University y ultima la traducción del libro Pieces (Piezas) del poeta norteamericano Robert Creeley.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 POESÍA

 

 Ofrecimiento (Celan)

gestado en la cabeza

un prisma nuevo y su disolución

la propia

 bajo este foco

            otro alcance

 animales en el asfalto

afilan el aire hasta tocar la cara

se agotan formas

que no supimos abrigar

pespuntes del cauce

 cuando valerse era

en sí mismo,

 no más soledad que la ardida

en propio consuelo

 

 

©Marcos Canteli

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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POÉTICA

Taller para una poética

 El poema surge como una necesidad interior, aparece porque se busca.  

La realidad del poema no es anterior al poema, sino que surge, se crea en la lectura del mundo que propicia la aparición del poema. Antes de él, no existe ese espacio. El poema abre huecos, horada. 

La verdad de la poesía. En los poetas verdaderos, al menos en los que yo conozco, la poesía trasciende el poema o el libro. Es una presencia que tiene que ver con la vida, nunca está al margen, el poema es una huella más de la mirada. Verdad como forma de coherencia. 

No creo en el poema que se construye en el vacío; no creo en la abstracción del poema; sospecho siempre del poema o de la obra construida a partir de grandes conceptos. En mi opinión, lo que carga un poema, un cuadro, es la interacción de vida y lenguaje: un lenguaje, como explicaré más adelante, en unas condiciones especiales, un lenguaje excitado.  

Veo la poesía como un proceso, un largo camino. O lo que contaba el pintor Bernardo Sanjurjo: “No quiero hacer más cuadros, quiero pintar”. Ese camino, la búsqueda del poema, genera un estado de atención sobre el mundo, un afilamiento de la percepción que puede, o no, plasmarse en poema.

 Una poesía integral, que no excluya aspectos de la vida. Habría que, para empezar, ir socavando el anquilosamiento de algunos conceptos como belleza, pureza (horrible palabra, decía Cortázar, puré y después zá), etc. Me viene a la cabeza aquel verso que Miguel Suárez escribió mirando de reojo a Van Gogh: “La belleza del mundo en un par de botas” o el poema de W. C. W. sobre la carretilla roja.

 Nada previo al poema, excepto, como decía, esa búsqueda que tal vez sea ya el propio poema. ¿Qué es la forma de un poema? En poesía, no entiendo de diseños porque la forma es simultánea e inseparable del poema; surge con él y en él: cada poema es una forma.

 La propuesta de Williams “Not ideas but in things” como un enigma de claridad. Un poema que piense a partir de las cosas, un pensamiento construido en presencias.

 Antonio Gamoneda siempre ha defendido el origen musical del poema. Ese primer verso o primera frase zumba desde una disposición musical, ofrece el hilo que se trenzará, si hay suerte, en un orden nuevo. Memoria y música se frotan en el poema. Esta música de las palabras produce una excitación de la memoria que a su vez alimenta la prolongación de esa música. El verso (lo que vuelve), o el fraseo, cobra calidad de imán: reclama otras palabras, forma imágenes, desencadena el flujo que llamaremos poema.

 La música de la poesía es la música latente en el habla cotidiana de un tiempo” (T. S. Eliot).